Mostrando entradas con la etiqueta Arista. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Arista. Mostrar todas las entradas

domingo, 29 de enero de 2012

Posets (3.375m). Ascensión clásica por la "vía Real", desde Eriste.

Posets (3.375m), Parque Natural Posets-Maladeta, Pirineo Aragonés, España. 6 de septiembre de 2011.


Septiembre es un mes fantástico, por lo general, para la práctica del montañismo en el Pirineo. Es una pena que coincida con el fin de las vacaciones aunque, por suerte, mi hermano Eloy y yo aún disponemos de unos días para patear la cordillera pirenaica. Aprovechamos el buen tiempo para descubrir una parte del Pirineo que no habíamos visitado aún: el macizo del Posets. 

El macizo del Posets pertenece al Parque Natural Posets-Maladeta, situado en el extremo nororiental de la provincia de Huesca. El pico Posets es la cumbre más elevada de este conjunto montañoso que alberga una gran cantidad de picos que superan la barrera mítica de los tres mil metros, entre los que destacan Pavots (3.121m), Espadas (3.322m), Diente de Llardana (3.094m) y el Pico de la Paúl (3.085m).

La primera ascensión oficial del pico Posets data del 6 de agosto de 1856, y fue realizada por el británico Henri Halkett en compañía de los guías occitanos Pierre Redonnet y Pierre Barrau. Figuras destacadas del pirineísmo, como el conde Henri Russel (1863) o el geógrafo Franz Schrader (1878) se acercan este pico, durante mucho tiempo denostado y que era, sin embargo, el segundo más alto de toda la cordillera pirenaica. La primera ascensión invernal la realizan, en 1880, Roger de Monts y el guía de éste, Dominique Courrège.

Para nuestra ascensión Eloy y yo tomamos la llamada "vía Real", hoy en día la ruta normal, que asciende desde la localidad de Eriste, en el valle de Benasque, hacia el refugio Ángel Orús, la llamada "Canal Fonda" y la arista S del Posets. Es una vía fácil, que fue ascendida por primera vez por un grupo de seis personas encabezadas por el doctor Adolphe Mony en 1883. Otras rutas de interés son la cresta de las Espadas, que recorre la arista entre el Pavots y el Posets, y el corredor Jean Arlaud, en la cara NO del macizo.

Preparados para otra emocionante aventura, que se convertirá en una ascensión express al Posets desde Eriste, nos dirigimos al singular valle de Benasque.

RUTA

Aparcamos el coche en el pueblo de Eriste (1.120m), y ascendemos hacia la parte alta del pueblo, donde unos paneles nos indican el camino a seguir. Tomamos una senda que discurre entre piezas rústicas y que gana altura paulatinamente, hasta cruzarse con la pista asfaltada cuyo inicio se encuentra también en el pueblo de Eriste. Recorremos la pista hasta su final, y allí nos adentramos en el parque natural, tomando altura por la senda que conduce al refugio Ángel Orús (2.100m). Una vez en este punto, hay que seguir una senda evidente que sale al E del refugio y asciende hacia el N-NO. Al llegar aproximadamente a la cota 2.500, tomamos la senda evidente, y marcada con hitos, que asciende hacia la canal fonda, donde tenemos que recorrer un camino salpicado por pequeñas incomodidades en forma de terreno pedregoso inestable. Al final de dicha canal se encuentra el Collado del Diente (3.010m), donde empieza la Espalda del Posets, cresta que debemos recorrer por terreno pedregoso fácil y con una arista final entretenida pero muy asequible. Mismo camino para la vuelta.


DESNIVEL POSITIVO

2.250 metros


TIEMPO

Espléndido. Día soleado con temperaturas ligeramente frescas para esta época del año. Temperatura entre 25°C y 15°C. Viento nulo.


CROQUIS





DURACIÓN

Eriste - Refugio Ángel Orús (2h15) - Collado del Diente (5h15) - Posets (6h30) - Ibón de Llardaneta (8h15) - Refugio Ángel Orús (10h) - Eriste (12h). Muchas pausas cortas para beber, y dos un poco más largas para comer.


DIFICULTAD
 

Ascensión bastante fácil técnicamente, pero difícil físicamente. La mayor parte del recorrido se hace por senda o pista sin ninguna dificultad, hay un tramo de senda por terreno pedregoso, más desagradable que difícil. La parte final del recorrido es una amplia cresta, aérea en el tramo final cimero. La mayor dificultad reside en el desnivel positivo que hay que superar -más de dos mil metros- para hacer la cima saliendo del pueblo de Eriste. La mayoría de los montañeros hacen la ascensión en dos jornadas.


DESCRIPCIÓN

Eloy y yo salimos de Pamplona el día 5 de septiembre por la tarde en dirección a Benasque. El viaje discurre tranquilo, pero se hace largo y llegamos a la villa aragonesa ya al anochecer. Nos damos una vuelta por el pueblo, pero enseguida nos dirigimos al camping Ixeia, donde ya había recalado en mi anterior visita al valle de Benasque. Aquí cenamos copiosamente y diseñamos un plan de 3 días, en los que intentaríamos hacer una ruta circular por el macizo del Posets haciendo cumbre en 3 tresmiles. Las predicciones meteorológicas eran buenas y nuestro ánimo el mejor. Siempre es especial para mi cuando voy con mi hermano a la montaña, y creo que el tiene la misma sensación.

Dormimos en un barracón con una veintena de literas que está vacío. Somos los únicos huéspedes, y nos sentimos como en casa, cogiendo unas cuantas mantas cada uno y conversando animadamente. A la mañana siguiente el despertador suena temprano, a la siete de la mañana, y enseguida nos ponemos en marcha: lentillas, ropa, desayuno, comprobamos las mochilas... y directos al coche. Hace fresco, el camping se encuentra junto al río y el grado de humedad es muy alto, así que nos abrigamos bien.

Tras un breve viaje, aparcamos el coche en el pueblo de Eriste, junto a la presa. Cruzando la carretera nos internamos en el pueblo, donde varios paneles, colocados sobre los muros de las bellas casas de la villa, que conserva su particular arquitectura de montaña, nos indican el camino a seguir para adentrarnos en el valle de Eriste. A pesar de ello nuestros primeros pasos son equivocados, encontrándonos desorientados en un pequeño pueblo de menos de 200 habitantes, lo cual no deja de ser una broma mañanera. Enseguida encontramos el camino correcto, que avanza por entre los verdes prados y campos de labor que circundan el pueblo. Eloy y yo conversamos alegremente, nos preguntamos sobre la ruta, nos ponemos objetivos, contamos algún chiste... nos divertimos mientras hacemos una de nuestras actividades favoritas.

Caminamos a un ritmo fuerte a pesar de llevar una importante carga en nuestras mochilas. Llevamos mochilas de 55 litros, y cada uno de nosotros la lleva repleta, con tienda, saco, ropa, comida y líquido para tres días, por lo que pesan mucho. Esto no nos desanima, pues se van a ir descargando a medida que avance el día, y la excursión, pensamos. En pocos minutos, abandonamos el camino y alcanzamos la pista forestal que parte del pueblo de Eriste y se interna en el valle del mismo nombre, donde nos encontramos con un grupo de montañeros que va camino del refugio Ángel Orús, como nosotros. Los saludamos y seguimos nuestro camino hasta la cascada de Espigantosa (1.500m), donde termina la pista y se encuentra un pequeño aparcamiento en el que hay dos furgonetas. Este aparcamiento es una opción muy recomendable si se quiere evitar los cuatrocientos primeros metros de desnivel desde el pueblo de Eriste, pero presenta el problema de que se suelen formar barranqueras en la pista y también hay importantes agujeros en la calzada.  

Hechas las fotos de rigor frente a la bella cascada, Eloy y yo continuamos nuestro itinerario, ahora ya sí, por el Parque Natural Posets-Maladeta. Unas señales verticales ofrecen una interesante información acerca del parque y un mapa de la zona del Posets, que nos paramos a mirar con detenimiento. Ya en el camino, el sol empieza a hacer acto de presencia por encima de nuestras cabezas, tornando el fresco inicio en una cálida ruta mañanera que nos conduce hasta el refugio Ángel Orús, al que llegamos después de poco más de dos horas de marcha casi ininterrumpida.

En este punto nos detenemos, en el exterior del refugio, puesto que a la hora a la que llegamos (alrededor de las 11 de la mañana), están limpiando y cierran el acceso al mismo. Nos hidratamos bien, nos quitamos ropa y entablamos conversación con un montañero estaba allí parado y  que nos cuenta su plan. Había salido de Eriste, y quería subir al Posets por la normal, descenderlo por su vertiente septentrional, pasar la noche en el refugio de Estós y poder atacar el Perdiguero al día siguiente. Nos pareció un plan estupendo y le deseamos buena suerte antes de despedirnos. Como iba equipado ligero y estaba en buena forma, enseguida nos dejó atrás en su camino hacia la segunda altura del Pirineo.

Cuando reanudamos la marcha habíamos estado parados unos veinte minutos, mucho tiempo, pero por entonces aún creíamos en nuestro plan original de pasar tres días en la montaña, así que no teníamos ninguna prisa. Poco a poco, ascendemos por la senda y las placas que separan el refugio del inicio de la llamada Canal Fonda. Cruzamos a varios grupos de montañeros que descendían del Posets, y que habían hecho cumbre a una hora temprana gracias, problablemente, a su pernocta en el refugio Ángel Orús la noche anterior.

Por nuestra parte, el ritmo que habíamos impuesto después de nuestra larga pausa, junto con el efecto de la altitud (ahora estamos en la cota 2.300 aproximadamente), comenzaba a hacer efecto en mí, que no en mi hermano. Nos paramos unos cinco minutos y volví a beber, esta vez agua, para compensar el montón de bebida isotónica que había engullido durante la pausa anterior. Enseguida se me pasó el malestar pasajero y nos pusimos de nuevo en marcha.

Hacia la una de la tarde nos adentramos en la parte más aburrida y sombría de nuestra ruta, la Canal Fonda.   En pocas palabras, se trata de una canal pedregosa encerrada entre dos murallas de roca, al O las estribaciones del Diente de Llardana y al E la Sierra de Llardana. Es una canal larga que, por su orientación y profundidad, alberga un nevero la mayor parte del año. Nosotros tuvimos suerte y nos encontramos la canal pelada. Así, tras superar los cuatrocientos metros de desnivel de los que consta este tramo del recorrido, llegamos al Collado del Diente (3.010m), donde encontramos a tres montañeros descansando a la sombra. Tras un breve saludo, nos giramos hacia el inicio de la Espalda del Posets, una amplísima cresta en cuya base nos detenemos para comer un poco, aprovechando el malestar que ahora parecemos padecer ambos hermanos. Un pequeña pausa nos vendrá bien -pensamos-, al fin y al cabo ya llevamos dos mil metros de desnivel positivo, y nos encontramos a más de 3.100m. Bocadillo de atún y sardinas tamaño XL para recuperar fuerzas, y bebida isotónica para mantenerse despiertos. Y funcionó.

Poco después, estábamos recorriendo el final de la cresta, allí donde se vuelve una arista de bloques que precisa apoyar las manos para progresar, aunque no presenta mayores dificultades, hasta la llegar a la cima del Posets. Nuestro objetivo estaba conseguido, habíamos subido desde Eriste en menos de siete horas, paradas incluidas. Nos felicitamos y empezamos a sacar fotografías de las bellas panorámicas que ofrece este punto, tanto hacia la cresta de las Espadas, al SO, hacia el Perdiguero, al NE, y hacia las Maladetas, al E. Impresionantes vistas, magnífico mirador.

En ese momento ocurrió algo extraño, por inusual: la batería de mi cámara desfallece. Eso significaba quedarse sin más fotos durante el día, pero también los demás días de travesía. Pensando en el desgaste de haber subido hasta aquí y en la cantidad de líquido que habíamos utilizado, Eloy y yo empezamos a barajar la posibilidad de bajar hasta Eriste e irnos a Pamplona en el mismo día. Así que emprendimos la marcha cuesta abajo con tranquilidad... hasta que Eloy se dio cuenta de que había dejado sus gafas en la cima, por lo que tuvo que remontar unos 60 metros de desnivel para recuperarlas. Le acompañé. Entre tanto, nos habíamos cruzado con el montañero con el que habíamos conversado en las inmediaciones del refugio: traía una cara de susto increíble. El pobre hombre había tenido que desistir de su plan original al verse casi enriscado en la bajada por la vertiente norte... y se tuvo que dar la vuelta, para bajar por donde había subido.

Con todas nuestras pertenencias sobre nosotros, ahora sí, bajamos por la misma ruta que habíamos recorrido con anterioridad, pero a la altura de la cota 2.600 nos desviamos hacia el Ibón de Llardaneta, que nos apetecía ver. Debo decir que mereció la pena el rodeo, aún estando cansados, porque es un paraje maravilloso. Nuestra posición a orillas del lago nos permitió echar un ojo sobre el paso de las Forquetas, que debía haber sido nuestra ruta de haber seguido el plan original. Nos pareció un poco tieso, así que definitivamente nos fuimos para abajo.

En el refugio Ángel Orús efectuamos la única parada en todo el descenso. Nos apetecía ver las instalaciones y beber algo fresco, a ser posible una cerveza, pero al ver que la jarra de sangría casera nos salía por poco más, nos decantamos por esta opción. Gran elección! Estaba buenísima, aunque un poco cargada, con lo que nos reanimamos sobremanera. El descenso fue muy entretenido, conversación fluida y filosófica para terminar un día memorable.

Había sido un gran día, porque como suele pasar cuando Eloy y yo vamos hacemos una escapada juntos, no medimos nuestras fuerzas. La emoción de ir juntos, y la soterrada y sana competición que existe en toda pareja de hermanos, nos lleva a dar el 120% en todas nuestras salidas en equipo. Siempre nos lo pasamos muy bien.

Pero, más allá del estado de ánimo especial, hay toda una serie de factores, nada despreciables, que son la base de nuestro éxito en esta ascensión relámpago al Posets. Para empezar, hemos descansado bien el día anterior, a 1.100m de altitud, en una buena litera. Tener el cuerpo descansado es fundamental. En segundo lugar, hemos desayunado bien, fuerte. Tercero, durante la ruta utilizamos todo el líquido que tenemos (3'5 litros cada uno), lo cual nos mantiene bien hidratados y sin bajones físicos. Cuarto, adaptamos el ritmo al más lento, generalmente quien escribe este relato. Quinto, comemos bien a mediodía. Sexto, estamos en buena forma, después de haber hecho bastante deporte en verano. Séptimo y último, las condiciones de temperatura, luz y viento son perfectas. 

Así pues, por una vez las buenas decisiones se unieron con buena condición física, buena planificación y buen tiempo. Subir y bajar en el día al Posets no es ningún logro sobrehumano, ni mucho menos, pero superar la barrera de los 2.250 metros en un día, con una carga en la espalda bastante importante, hablaba bien de nuestra condición física, y eso siempre es motivo de satisfacción.

Cansados, eso sí, muy cansados, llegamos al punto donde habíamos aparcado el coche ya de noche. Hicimos un par de sobres de comida liofilizada con el agua que nos quedaba para cenar y emprendimos el camino hacia Pamplona, con buena música y una sensación de victoria inmensa.

Salud y Montaña


Reportaje fotográfico: Javier Rodríguez


En la salida del pueblo de Eriste

Señalización orientativa

Boulevard verdoso

PR 36

Cascada de Espigantosa

Refugio Ángel Orús

Yo cerca del refugio.

Eloy con el camino por donde venimos.

Pico d'els Corbets (2.904m)

Paisajes espectaculares.

Cresta de las Espadas desde la cima del Posets.

Macizo del Perdiguero y Macizo de las Maladetas desde la cima del Posets.

Eloy. Cima del Posets (3.375m).

Canal Fonda

Piedra descompuesta echando la vista atrás sobre la Canal Fonda.

 Ibon de Llardaneta


PS: Los comentarios son fuente de motivación para la existencia de un blog. Si algo te gusta (o si no) coméntalo para que en el futuro siga habiendo nuevas entradas. Gracias.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Collarada (2.886m). Una invernal solitaria.

Pirineo Jacetano, Huesca, España. 2 de enero de 2011.


Con muchas ganas de retomar la actividad alpinística, dejada de lado en el otoño por mis estudios en el extranjero, contacto con mi buen amigo Aitor y le propongo, aprovechando las buenas condiciones de la nieve, una ascensión a la Collarada.

La Collarada, vieja conocida de una ascensión estival anterior, es un desafío importante en invierno puesto que tanto si se opta por salir de Villanúa como de Canfranc, el desnivel positivo a superar se aproxima a los 2.000 metros. Por otro lado, la orografía de su vertiente sur, con una inclinación media de 30°/35°, y su amplitud, dificultan la estabilización del manto nivoso en invierno y primavera. La enormidad de esta ladera sur hace que las avalanchas sean de gran amplitud, como la que sepultó, el año pasado, a tres montañeros navarros.

Por todas estas razones, a las que podemos añadir la magnífica previsión de tiempo soleado y la proximidad a Pamplona, decidimos aprovechar la oportunidad de hollar la cima de este vigía de las llanuras jacetanas el segundo día de este nuevo año.

Es una ascensión sencilla técnicamente, larga y física, pero que ofrece una perspectiva privilegiada del Circo de Ip, Peña Telera, Peña Oroel y las llanuras jacetanas.


ASCENSIÓN

Llegamos a Villanúa en coche y tomamos una pista que sale desde el albergue del pueblo, la seguimos cinco minutos hasta que vemos un poste de madera que señala el camino hacia el refugio de la Trapa. Remontamos, por camino balizado, el trecho de bosque que nos separa del refugio y continuamos por un corredor de nieve muy transformada, hacia el NE. Una vez arriba seguimos, a falta de huellas en la nieve, esa orientación, para salir finalmente a la amplia ladera sur de la Collarada. Continuamos remontando dicha vertiente hacia el casco somital, que atacamos por el evidente y helado corredor SO. Proseguimos por arista de nieve fácil unos 20 metros hacia el E y alcanzamos la cima. Descenso por el mismo itinerario.


DESNIVEL POSITIVO 

1.900 metros


TIEMPO

Excelentes condiciones de innivación y de estabilidad del manto nivoso (Riesgo 1 por debajo de 2.000 metros y 2 por encima de esa cota), nublado dando paso al sol durante la jornada. Temperatura entre 5°C y -3°C. Viento débil.


CROQUIS




DURACIÓN

Villanúa - La Trapa (2h) - Ladera Sur (2h45) - Corredor SO (4h15) - Collarada (4h45).


DIFICULTAD

Pocas dificultades técnicas, concentrándose éstas en el corredor SO, de unos 45°, que nosotros encontramos con nieve muy dura, casi hielo, y que nos obligó a subirlo y bajarlo de cara a la pared. También hacer hincapié en la altitud de esta montaña, casi 3.000 metros, y el importante desnivel positivo, máxime teniendo en cuenta que se trata de una ascensión invernal.


DESCRIPCIÓN


Aitor y yo quedamos hacia las 7 de la mañana en Pamplona. Tras hacer las comprobaciones pertinentes nos ponemos en marcha y arribamos a Villanúa a las 8h45. Aitor ha decidido portear sus esquís durante casi mil metros para intentar disfrutar de una espléndida bajada por la grandiosa vertiente sur de la Collarada. No mentiría si asegurase que buena parte de su motivación bebía de esa fuente. Enseguida nos ponemos en marcha siguiendo el camino balizado y evidente que cruza la pista para todo-terrenos que conduce al Refugio de La Trapa. La senda está libre de nieve, la progresión es rápida y sin dificultades, aunque animada por algún "enganchón" de los esquís de Aitor en la vegetación próxima al camino.

En pocos minutos calentamos nuestras cuerpos y los ponemos en sintonía con nuestra enorme motivación por subir a este pico tan emblemático del Pirineo Occidental. Aunque hace fresco, la ropa nos empieza a sobrar desde muy pronto, en nuestras frecuentes paradas para beber ponemos y quitamos capas al gusto de cada cual.

Alcanzamos el Refugio de La Trapa (1.750 metros) con celeridad, el camino del bosque se hace ameno y corto. Es entonces cuando nos planteamos si seguir la ruta normal de verano, esa que contornea el murallón rocoso que se alza justo por encima del refugio por el E o si tomamos la vía directa del corredor de nieve situado justo al N de aquel. Sin mucha discusión, optamos por la segunda posibilidad, no podía ser de otra manera con Aitor, amante de la verticalidad hasta el desplome. La nieve, que hace su aparición en los alrededores del refugio, hacia la cota 1.700, esta muy transformada, y la progresión por el corredor resulta fácil y segura.

Así, no encontramos en una sucesión de pequeñas colinas y paso estrechos nevados que nos conducen, a modo de transición, hacia la gran ladera sur de la Collarada. La imagen de esta ladera es sobrecogedora. Mil metros nos separan de la cima, y la extensión de lado a lado de esta ladera es simplemente impresionante. La inclinación suave, pero sostenida, y la nieve dura que cubre toda esta vertiente facilitan nuestra progresión, especialmente a mí, que voy con crampones. Aitor pelea con los cantos de sus esquís para no perder la verticalidad. Los más de 900 metros de desnivel se hacen largos, porque ya llevamos un rato de ejercicio y porque la sensación de ver como la corona cimera se aproxima lentamente a nosotros martillea nuestra moral. Además, por qué no decirlo, hace fresco y es 2 de enero!

Llegamos finalmente al corredor SO, parece fácil, amplio y corto. Pero, como sospechábamos desde que la nieve se había empezado a endurecer bastante desde la cota 2.500, la nieve de nuestra vía estaba muy dura. Comprobamos que sólo las puntas delanteras de los crampones entran en la nieve. Además nos hemos traído sólo un piolet por barba, con lo que la ascensión y posterior descenso prometen ser entretenidos. Aitor se pone por delante y me confirma que la vía está para clavar bien y no resbalarse. Así que poco a poco vamos progresando, sin mayor dificultad, pero con algo de tensión (una caída nos haría coger velocidad por una pendiente de 1.000 metros helada...), hasta llegar a la arista que conduce a la cima. Sin apenas cornisa hacia la vertiente norte, la amplia arista se recorre fácilmente hasta el punto más alto de la zona. En menos de cinco horas hemos hecho una cima muy merecida y disfrutamos de las vistas, ahora que las últimas nubes parecen abrirse ante nuestros ojos.


Estamos en cima unos momentos, Aitor renuncia a descender el corredor esquiando, y decidimos descender como hemos subido, con cuidado y despacito. Desde la base del corredor nos separamos, Aitor se calza los esquís y desciende haciendo rápidos zig-zags que arañan la nieve durísima de la parte más alta de la ladera sur de la Collarada. A pesar de la amplitud del panorama, le pierdo de vista en pocos minutos, después tardaré un poco en encontrarle, hasta el punto de llegar a preocuparme por una posible caída. Finalmente le encuentro detrás de una colina, hacia la cota 1.900, comiendo un poco y abrigado con la chaqueta de fibra. Nos quedamos comiendo un rato más y emprendemos el descenso hacia el coche, con gran satisfacción por volver a recorrer nuestras montañas juntos y haber vuelto a conseguir una bonita ascensión invernal un año después de la epopeya del Petit Vignemale en el día más frío en mucho tiempo en el Pirineo.

Siempre es un placer y un reto hacer montaña con Aitor, quien ahora afronta otros desafíos en otras latitudes. Hasta pronto!


Salud y Montaña
















































PS: Los comentarios son fuente de motivación para la existencia de un blog. Si algo te gusta (o si no) coméntalo para que en el futuro siga habiendo nuevas entradas. Gracias.




jueves, 16 de septiembre de 2010

Pique Longue (3.298m). Un recorrido por la corona del Vignemale, desde Montferrat al Piton Carré.

Macizo del Vignemale, Pirineo francés, 3, 4 y 5 de septiembre de 2010.



El estío va llegando a su fin. El tiempo, cada vez más cambiante, anuncia la venida del otoño, pero aún quedan algunas jornadas soleadas y calurosas para disfrutar de nuestro deporte. La montaña, que este año ha conservado algunos neveros en zonas de umbría, va poco a poco viéndose arropada por una capa de hojas muertas de diversas tonalidades, al tiempo que los bosques de media montaña empiezan a desvelar sus esqueletos.

Unos días libres me permiten volver a donde todo empezó: al Pirineo. Me pongo en contacto con mi cuadrilla montañera, sondeando disponibilidades, y recibo la buena disposición de Gorka para pasar unos días en la montaña. Como tenemos tiempo, hablamos de planes más o menos ambiciosos y, finalmente nos decantamos por el macizo del Vignemale, un grande del Pirineo que nos rechazó por dos veces en el pasado. Esta vez no iba a haber ningún fallo.

El Vignemale es un macizo fronterizo, un altar de roca y hielo mítico en ambas vertientes y sobre cuya conquista se han vertido ríos de tinta. Su nombre proviene del antiguo gascón vinhamala, cuyas dos raíces preindoeuropeas, vin y mal, son sinónimos de "montaña". En el dialecto aragonés se le conoce por Comachibosa. El punto culminante de su corona es la Pique Longue, de 3.298m., aunque cuenta con más de diez cimas principales por encima de los 3000 metros.

La historia de la conquista del Vignemale nos remite al año de 1792, cuando los geodésicos franceses encargaron a pastores de la zona hacer señales desde diferentes cimas del macizo, a fin de establecer con cierto rigor la línea fronteriza que separaría la convulsa España de Carlos IV y la nueva Francia revolucionaria. No se tiene conocimiento del nombre de aquellos primeros conquistadores de la Pique Longue, por ello han quedado en la historia Henri Cazaux y Bernard Guillembet como los pioneros, habiendo realizado la ascensión del punto culminante el 8 de octubre de 1837. Un año más tarde tendrá lugar la carrera de conquista de la cima entre el Príncipe de la Moskowa y la Miss Anne Lister, que ganará esta última por cuestión de días, y que deja su impronta en la toponimia de la zona, dando nombre a un corredor y a un collado.

La primera invernal tiene lugar en febrero de 1869 por el Conde Henri Russell, Hypollite Passet y Henri Passet. Sería la primera invernal a una gran cima de Europa. Veinte años más tarde Henri Brulle, Jean Bazillac y Roger des Monts, acompañados por los guías Passet y Bernat-Salles abrirían una vía novedosa y directa al glaciar por el norte, el Couloir de Gaube. Es una vía de hielo y roca que se cuentan entre las clásicas de dificultad invernales. En ese mismo año de 1889, Henri Russell alquila simbólicamente el macizo del Vignemale, donde construirá siete cuevas a diversas altitudes y cuya cima más importante hollará más de treinta veces, la última de ellas con más de 70 años de edad.

Nosotros, muchos años después, aspiramos a descubrir el grandioso valle de Ossoue, caminar sobre los hielos milenarios del glaciar homónimo, recorrer la bella arista del Montferrat y disfrutar de las inmejorables vistas que ofrece la cima de la Pique Longue. Meternos en la piel de Henri Russell y pernoctar en una de las cuevas que encargó construir quedará para la próxima vez. Porque en el Vignemale siempre hay una próxima vez.




ASCENSIÓN


Llegamos a Gavarnie, atravesamos el pueblo y tomamos el desvío del Barrage d’Ossoue, siguiendo por carretera y luego pista hasta el refugio de Milhas (libre, 5 plazas). Aquí dormimos. Seguimos con el coche hasta el Barrage (1.834m), donde aparcamos. Tomamos el GR.10 en dirección del refugio de Baysselance, el camino, que no tiene pérdida, asciende sinuosamente hasta llegar a la parte alta de las grutas Bellevue (2.420m), donde tomamos el desvío al O que nos introduce en la morrena. Siguiendo los hitos por trazas de senda y rocas, alcanzamos unos neveros y la base del glaciar de Ossoue (2.780m). Desde este punto vamos ascendiendo el glaciar buscando la pared del Montferrat, hacia el S. Trepamos por roca descompuesta y por arista vertiginosa (II-, expuesto y aéreo) hasta la cumbre bífida del Montferrat (3.219m). A continuación volvemos sobre nuestros pasos sobre la arista (I+, aérea y expuesta) para continuarla en dirección al Pico Central (3.235m) y después al Cerbillona (3.247m) y al Clot de la Hount (3.289m). Seguidamente descendemos hasta el glaciar y afrontamos la trepada de la pared S de la Pique Longue (3.298m, I+, expuesto, mala roca). Descendemos al glaciar y subimos al Piton Carré (3.197m). Desde aquí descendemos por la parte izquierda del glaciar hasta las grutas Bellevue. Al día siguiente descendemos hasta la presa.


Desnivel positivo acumulado: 1750m

Tiempo: Magnífico, con ligera nubosidad en altura, temperaturas agradables de 30°C en el valle y 17°C en la cumbre de la Pique Longue. Viento imperceptible.

Croquis:




DURACIÓN


Barrage d’Ossoue – Grutas Bellevue (1h45) – Montferrat (3h30) – Pico Central (4h15) – Pico Cerbillona (5h, pausa larga para comer) – Clot de la Hount (7h) – Pique Longue (7h50) – Piton Carré (8h45) – Grutas Bellevue (10h).


DIFICULTAD


Recorrido glaciar: manejo de crampones y piolet. Si el glaciar presenta grietas abiertas, encordamiento. Trepadas diversas de I y II, la arista del Montferrat es aérea y expuesta. Subida al Clot de la Hount expuesta a ambas vertientes y aérea, atención. Subida a la Pique Longue con trepadas varias, prestar atención y portar casco, sobre todo si hay más gente en el itinerario. Hacer este recorrido completo significa estar muchas horas por encima de 3.200m, es necesario estar en buena forma (o dormir el día anterior en altura, en Bellevue, a 2.420m, por ejemplo).



DESCRIPCIÓN

Viernes 3 de septiembre, estoy en mi casa de Pamplona esperando a Gorka. Hemos quedado a las 17, nos vamos a la montaña. Estoy contento, casi ansioso, por ver a mi amigo y empezar una nueva aventura en un macizo que ya nos había dado un par de lecciones recientemente. Nos saludamos y sin más dilación nos ponemos en marcha hacia Gavarnie, por pequeñas carreteras y valles aislados. Tardamos algo más que por la autopista, pero ganamos en paisaje y economía: teniendo tiempo vale la pena perderse por la Baja Navarra y descubrir sus bonitos pueblos. Además, nos ahorramos peajes y kilómetros.

El viaje transcurre poniendo al día el uno al otro, puesto que no nos hemos visto en todo el verano. Es ameno, se hace corto. Hablamos del Vignemale, de Gavarnie, del conde Russell y del Piméné. Y en esas estamos cuando empieza a anochecer, una extraña sensación de déjà vu me asalta, estamos atravesando Lourdes, y busco con la mirada inquieta aquel bar donde comimos un kebab en una fría noche de invierno, Gorka y yo.

En aquella ocasión íbamos a por el Balaitous, en invernal, por la chimenea de las Néous. Fue un día épico que quedó grabado en nuestra memoria, a pesar de no haber hollado la cumbre. Porque, muchas veces, como ya he escrito en alguna parte, la cumbre no es lo más importante. No es lo primordial pero significa, en cierto modo, una recompensa al esfuerzo y un mirador para deleite de los sentidos. Con esta ascensión al Vignemale queremos disfrutar y por ello la tomamos con tiempo y tranquilidad, con la pasión del montañero que reniega de otras ambiciones deportivas. Por eso escogemos una vía de las llamadas normales para acercarnos a estos gigantes.

Llegamos tarde en la noche a Gavarnie, es la primera vez que visitamos esta pequeña villa, cuna del Pirineísmo francés. Encontrar el camino correcto iba a ser, sin embargo, más fácil que previsto, bastaba con seguir la carretera que sale del pueblo hacia las pistas de esquí y girar a la derecha para penetrar en el valle de Ossoue. En los primeros compases recorremos una calzada asfaltada en buenas condiciones, que progresivamente se va deteriorando para transformarse en una pista bastante mala. Nuestra idea inicial era vivaquear en el entorno del Barrage d’Ossoue pero, de pronto, vemos luz y coches aparcados cerca de lo que parece un refugio libre. En efecto, se trata de una caseta llamada "refugio de Milhas" que se encuentra a unos 3 km antes de la presa, es libre y tiene una capacidad para 4 o 5 personas. Allí se encontraban dos curtidos montañeros de San Sebastián que no solo nos dieron valiosas indicaciones sino que nos invitaron a dormir allí mismo, puesto que había sitio y era mucho mejor que hacer un vivac fuera. Aceptamos gustosos y nos instalamos, cenamos e incluso nos ofrecieron vino. Mejor imposible.

Éramos dos cordadas con objetivos similares, si bien su proyecto revestía ciertamente más dificultad. Ellos iban a hacer el recorrido integral desde el Petit Vignemale hasta el Montferrat por la arista; nosotros haríamos lo mismo en el sentido opuesto, terminando en la Espalda Chausenque. Lo cierto es que ninguno de los dos equipos llevaron sus ideas a buen puerto, pero me estoy adelantando a los hechos. En este momento estamos seguros de poder acometer nuestras rutas completamente, al menos nosotros.

Nos despertamos con las primeras luces del día, cuyos reflejos anaranjados sobre el espléndido azul del cielo hacen prever una jornada perfecta para nuestra actividad. Preparamos el desayuno al tiempo que recogemos nuestro material, en un ejercicio de disciplina mañanera memorable, mientras comentamos lo espectacular del entorno. Tenemos muchas ganas de empezar a caminar, enseguida estamos en el coche para salvar los últimos kilómetros de pista que nos separan del punto de inicio: el Barrage d’Ossoue (1.834m). La zona de la presa dispone de una amplia zona de aparcamiento y de un refugio. Algunos paneles recuerdan la legislación del Parc National des Pyrénées y otros indican direcciones y tiempos de acceso. Lo cierto es que el área estaba, desde temprano, colmatada por la presencia de excursionistas y alpinistas, decidimos partir lo antes posible.

El camino, que no es otro que el GR.10, la senda pirenaica que recorre la cordillera en toda su extensión por la vertiente francesa, es ancho y agradable. Recorre, en un primer momento la depresión que normalmente ocupan, casi en su totalidad, las aguas retenidas por el pequeño embalse. A principios de septiembre la imagen es la de amplios pastizales que se extienden a ambos lados del curso de agua proveniente de los glaciares, retorcido en multitud de meandros y ralentizado por una orografía radicalmente plana. Casi al final de este valle cruzamos un recién construido puente de madera, que vino a sustituir el anterior de piedra y madera, destruido por la fuerza de los elementos, posiblemente durante la primavera pasada. La naturaleza puede vestirse de idílica y tranquila, pero también de caprichosa y brutal. Hay que ser consciente de ello.

Continuando por la senda a buen ritmo, atravesamos varios pasajes sobre roca más o menos pulida, que en condiciones de lluvia o nieve son pasos con una cierta exposición al vacío. Entiendo enseguida porque se recomienda evitar esta ruta en condiciones desfavorables, pero lo acabo de asimilar poco después, al ver los enormes neveros que persistían en las zonas de umbría y debían su origen, con casi total seguridad, a poderosas avalanchas de nieve. En efecto, la ruta de Ossoue no solo presenta pasajes expuestos sino también un alto riesgo de avalanchas durante buena parte del año. Enseguida nos toca atravesar los neveros y ni Gorka ni yo contemplamos la posibilidad de ponernos los crampones, aunque estos campos de nieve están bien helados y la huella no ayuda prácticamente en nada a superarlos. Con tiento y los dos bastones a pleno rendimiento los pasamos.

Nos preguntamos donde estarán las grutas Bellevue y apretamos el paso, deseosos de adentrarnos en la morrena y, sobre todo de pisar el hielo milenario (expresión patentada por Gorka) del glaciar de Ossoue. Estamos cerca de hacerlo. En pocos minutos alcanzamos las grutas más bajas que encargó el Conde Russell, donde volvemos a coincidir con nuestros compañeros de refugio, los donostiarras. Investigamos someramente las cuevas y observamos el panorama que se abre ante nuestros ojos; efectivamente, tal y como delata el nombre de estas construcciones, las vistas tanto hacia el glaciar como hacia el valle son muy bellas. Aquí charlamos unos minutos y nos hidratamos, un ritual que vamos a repetir mucho en esta salida a la montaña, tenemos todo el tiempo del mundo.

Pero, como ocurre cada vez que retomamos la marcha después de una buena parada, comenzamos a caminar deprisa y nos pasamos de la entrada a la morrena. No hay problema, hacemos un ladeo y seguimos por una estética cresta hasta enlazar con el camino más arriba. En el límite del primer nevero nos ponemos los crampones y sacamos muchas, muchísimas fotografías; el entorno se presta. Estamos justo debajo del Petit Vignemale, delante del Montferrat, en medio de la morrena, con el valle a nuestros pies, y en el horizonte se empiezan a divisar las cumbres más significativas de Ordesa. Son ese tipo de imágenes que quedan grabadas en la retina y nunca nos cansamos de volver a ver, imágenes que combinadas con el placer de respirar aire puro suponen una experiencia sensorial maravillosa. Como me gusta.

Atacamos el glaciar por la parte derecha, debajo del Petit Vignemale, para irnos acercando progresivamente, conforme tomamos altura, a las faldas del Montferrat. Echamos un vistazo a la pared y decidimos ascenderla por un itinerario que combina trazas de senda con pequeñas trepadas; la roca está muy descompuesta, lo cual no hace esta parte del recorrido especialmente agradable, pero es un tramo que se salva en pocos minutos. De hecho, enseguida estamos en medio de la característica arista grisácea que une Montferrat y Pico Central. Nos asomamos al imponente vacío que se abre ante nosotros y cuya primer escalón se encuentra medio kilómetro más abajo, en los neveros de Labaza; al fondo, el valle del río Ara, viejo conocido de anteriores visitas. En este punto intermedio dejamos las mochilas y nos dirigimos a las dos cumbres del Montferrat (3.219m) que, al no identificar cual es la buena, es decir la “oficial”, reciben ambas nuestra visita después de superar las pequeñas dificultades de acceso que presentan. En nuestro camino nos cruzamos con dos montañeros de Barcelona que vienen de realizar la travesía de la arista desde el Pic du Milieu, una actividad de cotación AD+ muy interesante y, ciertamente, más comprometida que nuestro paseo por las alturas. Su objetivo era hacer la integral del Vignemale desde el Milieu hasta el Petit Vignemale, bajando a coronar las agujas de la Cerbillona y del Clot de la Hount. Un plan ambicioso.

Gorka y yo seguimos nuestro camino y, volviendo sobre nuestros pasos, recuperamos nuestras mochilas. No es que no pesasen, pero estaban menos cargadas que en nuestras anteriores salidas de dos o tres días. Me explico: Gracias a anteriores experiencias, en las que habíamos cargado con material innecesario y bultos demasiado voluminosos, aprendimos a hacer una mochila de alpinismo como es debido o, en todo caso, mejor que antes. Pocas latas, comida liofilizada, hornillo ultraligero, bombonas de gas minúsculas, aislante ultraligero… Hemos reducido a lo necesario, que no imprescindible, nuestros macutos, y la espalda lo siente. Además, en mi caso particular, adquirí una buena mochila, muy cómoda y claramente más espaciosa que la que había estado usando anteriormente. No voy a hacer propaganda de nada de este material, está en algunas fotos si tenéis curiosidad. Pero la verdad es que hubo un cambio para mejor, bastante mejor.

Con nuestra casa sobre los hombros nos medimos con la arista que une Montferrat con Pico Central, es una arista que tiene dos lados bastante desiguales en cuanto a sensación de vacío. La vertiente de los neveros de Labaza es espectacular, muy aérea si acometemos la vía por el filo mismo; por otro lado, la vertiente del glaciar es más suave, expuesta, pero una caída no sería fatal. Es mucho menos aérea también. Así que, en este panorama progresamos rápidamente, superando secciones más estrechas y otras más cómodas, buscando el filo en lo posible y evitándolo en las partes con mala roca. La llegada al Pico Central se efectúa por una de esas pedreras descompuestas tan comunes en este macizo. Coronamos el Pico Central (3.235m) y nos saludamos.

Seguidamente descendemos por una pedrera igualmente incómoda y llegamos al collado de Lady Lister (3.200m), que debería llamarse de Miss Lister, puesto que la referida señorita inglesa no detentaba título nobiliario alguno. En su defensa debo señalar aquí que, en su ascensión de agosto de 1838, había utilizado la vía que luego, injustamente, pasaría a llamarse corredor de la Moskowa, en honor de este noble que también escaló el Vignemale por esta vía. Lo uno por lo otro, debió pensar el encargado de la toponimia. Polémicas decimonónicas aparte, allí nos encontrábamos Gorka y yo sondeando el horizonte en busca del famoso corredor, que creímos distinguir bien unos cientos de metros al S de nuestra posición.

Ahora le tocaba el turno a la Cerbillona (3.247m), que se asciende en un abrir y cerrar de ojos, los pulmones llenos de aire puro y la vista desbordada por tanta belleza. Nos tomamos un tiempo en disfrutar de la cumbre y pronto mi mirada curiosa descubre parte del equipo de los dos catalanes. Desciendo unos metros, mientras Gorka aprovecha para tomar fotografías del entorno, para observar las evoluciones de tan simpática pareja, pero no los encuentro. Han ido a la cumbre de la Aguja de la Cerbillona, tresmil oficial y por lo tanto deseado por los coleccionistas de cumbres. Después de un rato dando vueltas por terreno escabroso, vuelvo a la cima donde me espera Gorka. El hambre aprieta y vamos a aprovechar uno de los magníficos vivacs del collado de la Cerbillona para cocinar un poco de pollo al curry con arroz (liofilizado, claro está). Pero en esto reaparecen los catalanes y la curiosidad me puede: desciendo a hablar con ellos acerca de las agujas del Clot de la Hount, que debían ser sus próximos objetivos. Sin embargo, me confiesan el esfuerzo que ha representado su actividad hasta el momento, prefiriendo volver en otra ocasión a este bello macizo para completar el trabajo. Nos despedimos de ellos, hasta la próxima.

Volviendo a la comida, que llevaba una buena hora haciéndose desear, cocinamos el mencionado pollo y sacamos unas sardinas y algo de delicioso jamón y lomo embuchado que Gorka había traído. Nos supo a gloria comer caliente a 3.200m en un escenario tan especial. Bebimos abundantemente, tanto que nos dimos cuenta que tendríamos que bajar o fundir nieve para obtener más líquido, pero con lo que teníamos podíamos continuar unas horas más. Por eso lo primero que hicimos al terminar de comer fue guardar las cosas y, dejando las mochilas en el collado, emprender la ascensión al Clot de la Hount (3.289m). Una ascensión que debo decir que es más aérea y expuesta de lo que la había supuesto. Se pasa bien si no se tiene mucho vértigo, ya que la cresta es amplia, pero en algunos puntos se estrecha o hay que utilizar las manos. Sobre todo impresiona a la bajada, cuando el vacío flaquea nuestro descenso a ambos lados de la vía y la piedra suelta mantiene la amenaza hasta el final.

Gorka, que desprende una absoluta frialdad ante el abismo más oscuro, deshace el camino con una pasmosa tranquilidad y se entretiene sacando fotos de mi técnica de bajada. Menudo personaje. Poco después, recuperamos las mochilas y mi compañero divisa un grupo que se acerca a la vía de ascenso a la Pique Longue, me previene, y un pensamiento fugaz atraviesa nuestras mentes, que parecen percibir el mismo peligro a la vez: están cargados y es tarde, quieren dormir en el mismo sitio que nosotros. Gorka está más preocupado que yo, me anima a correr, pero tengo claro que llegaremos antes y además no me importa demasiado, pues no estoy muy de acuerdo con vivaquear en la gruta Paraíso, a más de 3.200m.

Como almas que lleva el Diablo alcanzamos la base de la pared y empezamos a ascenderla, me giro y pregunto al grupo si tienen intención de dormir en la más alta gruta del Conde Russell. Una voz femenina me contesta que ésa es su intención y, sonriendo interiormente, entiendo automáticamente que por esta vez no dormiremos en la antigua morada del noble francés. Prometemos echar un vistazo y comunicarles las plazas disponibles en la cueva tan pronto como la inspeccionemos, así que seguimos subiendo por terreno descompuesto, algo expuesto y con nulas referencias. Pronto alcanzamos la gruta y confirmamos lo que nos veníamos temiendo desde hacía unos minutos, había ya un montañero instalado. En la cima, él mismo nos ratifica que va a pasar la noche allí y, puede ser impresión mía, pero no parece muy simpático el francés.

Pero estamos en la cima de la Pique Longue (3.298m), del gran Vignemale, la montaña más alpina de todo el Pirineo, la cara Norte más impresionante. La montaña que obsesionó a Henri Russell y que nos ha llevado a intentar su ascensión en diversas ocasiones. En la cima nuestra alegría es enorme, proporcional al esfuerzo acumulado de tantos kilómetros, frío y otras penalidades sufridas intentando llegar al punto más alto del macizo. Hoy lo hemos conseguido, Gorka y yo, pero también Aitor y Pablo. Ellos también han compartido esfuerzos aquí y les dedicamos un pensamiento desde la cima. Por supuesto me acuerdo mucho de mi hermano que, a su manera, también ha estado siempre un poco enamorado de esta montaña. Pero hay alguien a quien siempre llevo en el pensamiento y que me acompaña allí donde vaya, que me inspira y me motiva, y por eso llevo su bandera a modo de koala: Puss Kattis!

Después de disfrutar en la cima descendemos hasta la gruta Paraíso de nuevo y recogemos nuestras cosas, en el camino de bajada nos cruzamos con el grupo de 4 pamplonesas y charlamos un poco con ellas. En efecto, hemos tomado la mejor decisión renunciando a la noche en la cueva, puesto que 7 personas en un espacio tan reducido hubiese creado incomodidades, léase conflicto. Con nuestra decisión tienen espacio suficiente, no tienen que hacer el esfuerzo de descender y el simpático galo quizá ve mejorado su humor al estar rodeado de mujeres. Por lo menos creímos hacer lo mejor. Y con esa buena conciencia llegamos al pie de la pared y emprendemos el camino al Piton Carré (3.197m), que ascendemos rápidamente y cuya cima suspendida en el vacío ofrece una perspectiva estremecedora, y hasta terrorífica, de la cara Norte del macizo, que contrasta con los bellos efectos de luz que los últimos rayos de sol crean sobre el entorno casi otoñal del valle de Gaube. Es una delicia para los sentidos.

Sin tiempo que perder, pues se acerca la puesta de sol, nos dirigimos a la Punta Chausenque, a la que renunciamos después de constatar nuestro cansancio y la mala calidad de la roca. Nos vamos a dormir a las grutas Bellevue, donde vamos a coincidir con dos navarros algo neófitos en esto de la montaña y una pareja franco-española. Nos repartimos las 3 cuevas. Pasamos el rato charlando con los navarros acerca de la montaña, dándoles algunas indicaciones que les pueden ser útiles para la ascensión que se disponen a hacer al día siguiente y hablando de astronomía. Por mi parte me encuentro cocinando en el exterior de la cueva, pero Gorka mantiene una animada conversación sobre constelaciones y galaxias, novas y estrellas con uno de los pamplonicas. Como el tema, a pesar de ser un gran desconocido para mí, siempre ha despertado mi curiosidad, no me pierdo una línea de la conversación mientras preparo un delicioso puré de patatas con trozos de carne.

Pasamos un buen rato observando la increíble bóveda salpicada de estrellas y polvo cósmico, observando la aparente armonía con la que se mueven los cuerpos celestes y empezando a identificar constelaciones gracias a las indicaciones de nuestro astrónomo aficionado, cuando, de repente, detecto un frontal moviéndose por la morrena del glaciar. Va por la parte equivocada, la sección S, con lo que a cada paso que desciende se aproxima a un barranco difícil de detectar en la más absoluta oscuridad. Enseguida empiezo a hacerle señales con mi frontal, tratando de guiar sus pasos hacia una posición segura, y hablando con Gorka concluimos que no debe conocer la morrena. Lo siguiente es comunicarle mediante voz que se dirija a su izquierda, y como en francés no funciona lo intentamos en castellano, con éxito. Mi compañero y yo, un poco impacientes con las intermitencias del frontal misterioso, nos adentramos en la morrena para encontrarnos con el montañero extraviado, pero éste llega a las grutas antes de que hayamos avanzado demasiado.

Se trataba de un montañero de Castellón, un trotamundos de las montañas que había accedido al macizo por el corredor de la Moscowa, haciendo toda la corona hasta la Pique Longue. Con la tardanza, se le había hecho de noche y tuvo que descender por un camino que no conocía, de ahí su desorientación. Tuvo suerte Asís, que así es como se llama, sin faro lo hubiera pasado mal.

Así que, a nuestra ya de por sí animada conversación, se suma la aventura que acaba de terminar bien para este montañero. Nos vamos a dormir y, entonces, Gorka y yo constatamos que nuestra cueva es demasiado húmeda, habitada por gusanos, arañas y demás fauna en las cuatro paredes. Decidimos hacer un vivac sobre el camino, un vivac que sería muy agradable después de todo, después de esta increíble jornada de montaña en el macizo del Vignemale.

A la mañana siguiente nos despedimos de la pareja, de los navarros y de Asís, con quien nos cruzamos varias veces en nuestro descenso al Barrage d’Ossoue. Le queda un palizón hasta Bujaruelo y muchas horas de coche hasta su ciudad. Le deseamos suerte. Nosotros llegamos al coche y nos cambiamos, todavía es muy temprano. El domingo ha amanecido espléndido, claro y caluroso. Se adivina un gran día de montaña, vámonos a Gavarnie!


Salud y Montaña

Barrage d'Ossoue

Subiendo al Vignemale

Cascada de agua espectacular

Dejamos atrás el valle

Neveros que anticipan el glaciar de Ossoue

Cresta del Petit Vignemale

En el glaciar

Montañeros en el Petit Vignemale

Bello panorama

Subida al Monferrat

La corona del Vignemale desde el Monferrat

Vista al valle de Ossoue

Gorka en la cresta que vamos a recorrer

Atrás queda el Monferrat y su cresta amarmolada

Flores a 3.000m

Collado de la Cerbillona, Clot de la Hount y Pique Longue

Desde la cima del Cerbillona

Vistas hacia el valle de Gaube desde la Pique Longue

El glaciar de Ossoue y Ordesa, al fondo

En la cumbre de la Pique Longue, pensando en mi chica

Placa en memoria de Henry Russell, en la entrada de la cueva paraíso, en la Pique Longue

Cueva Paraíso

Viejos pitones para asegurar la subida a la Pique Longue

Roca pulida

Camino de vuelta al valle

Frecuentes son los vivacs

El camino atraviesa pedreras

Flores

Desde la cumbre hasta el valle

Grandes neveros residuales

Neveros que se atraviesan varias veces

Vuelta a la calidez del valle

Flores

Más flores

PS: Los comentarios son fuente de motivación para la existencia de un blog. Si algo te gusta (o si no), coméntalo para que en el futuro siga habiendo nuevas entradas. Gracias.