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sábado, 23 de marzo de 2013

Tour du Mont-Blanc 2012. Día 3: Lago di Combal - Rifugio Bonatti

Massif du Mont-Blanc, Val d'Aosta (Italia). 6 de septiembre de 2012.

Esta etapa transcurre enteramente en territorio italiano, entre el Lago di Combal y el Rifugio Bonatti. No es lo común, pues normalmente se pernocta en el Rifugio Elisabetta Soldini y se va hasta Courmayeur o el Rifugio Bertone. Etapa 'sui generis' un día más, y especialmente dura para mi cuerpo y mi mente, que empiezan a acusar los kilómetros y la casi inactividad veraniega.


RUTA

El punto de partida se sitúa a unos 300 metros de la represa del Lago di Combal (1.950m), 100 metros antes de llegar a dicho punto cogemos un desvío bien señalizado hacia el SE. El camino gana altura rápidamente en esa dirección y, posteriormente, hacia el E-NE. Poco después de enderezar el rumbo, se llega al collado situado en la cota 2420, desde donde se continúa la senda evidente que recorre el flanco del Val Vény. Dicha senda desciende progresivamente, pasando por las inmediaciones del Lago Checrouit (2.165m), hacia Rifugio 'Maison Vieille' (1.956m). Desde este punto, se desciende pleno E por las pistas hasta la estación de Plan Checrouit (1.700m), donde tomamos un camino que desciende haciendo zetas por un pinar. Este camino nos deja en Dolonne. Cruzando el pueblo, encontramos un puente que nos deja en la otra orilla del río que atraviesa el valle, en Courmayeur (1.224m), donde es preciso encaminarse hacia la salida NE del pueblo para encontrar un tramo asfaltado de TMB. Hay que recorrer esta carretera durante un par de kilómetros, hasta la cota 1420, donde giramos a la izquierda y tomamos la pista que sube en zig-zag un enorme pinar orientado al S. Ascendiendo por la sinuosa senda, superado el límite superior de vegetación arbórea, llegamos al Rifugio 'G.Bertone' (1.970m). Desde este punto, solo queda ascender unos pocos metros más para tomar la senda que se desvía al N y, después, al NE, para recorrer el flanco del Val Ferret hasta el Rifugio Bonatti (2.025m), que alcanzamos tras una última y corta subida.


DIFICULTAD

El camino discurre por sendas bien señalizadas, ninguna dificultad en la orientación, salvo quizá, a la hora de coger la senda que desciende a Dolonne desde Plan Checrouit. Calor y aridez importantes, favorecidos por la orientación S,  en los kilómetros previos y posteriores a Courmayeur.


DESNIVEL POSITIVO/DISTANCIA

1.550m / 21.8 km.


TIEMPO

Completemente despejado. Entre 5°C y 23°C de temperatura. Viento nulo.


CROQUIS



Lago di Combal - Rifugio Bonatti



DESCRIPCIÓN

La noche a orillas del Lago di Combal ha sido lluviosa y fría, nunca he encontrado la posición ideal en mi improvisado vivac y me he levantado con una incómoda sensación de cansancio. Compruebo, después de efectuar el enésimo escorzo de la mañana en el saco de dormir, que el termómetro que cuelga del techo interior de mi tienda marca solo 5°C al amanecer. Un frío penetrante reforzado por la gran humedad del entorno que hace que la tienda esté mojada por dentro y por fuera.

A tientas, intentando no mojar mis calcetines ni posarme sobre la hierba circundante, salgo de mi morada para contemplar como los primeros rayos de sol de levante empiezan a iluminar las cumbres más altas. No tengo mucho para desayunar, un par de barritas bastante tiesas y algo de agua a temperatura ambiente, afortunadamente hoy tengo pensado reponer alimento y, sobre todo, bebida en Courmayeur. El Glaciar de Miage, la Aguja Negra de Peuterey, el Rifugio Bonatti... el día de hoy está llamado a ser increíble, salvaje, y al mismo tiempo pasaré por Courmayeur, una pincelada de civilización en este cuadro de montaña. 

Mi mente viaja durante el desayuno, mis ojos se clavan en la cara S del Petit Mont-Blanc, buscando la ruta que ascendimos mi hermano y yo hace unos meses. Pero hace frío y no quiero quedarme más de lo necesario parado, no me puedo permitir ponerme enfermo porque sería el final de una aventura que acaba de empezar y que tanta ilusión me hace. Enseguida me pongo a sacudir y a guardar la tienda. Organizo mi mochila. Aunque la tienda esté húmeda aún, de aquí a Les Houches aguantará bien. Bueno, eso espero.

Soy optimista, creo que puedo completar la vuelta el domingo. Seis etapas, cuatro días completos de marcha y dos medias jornadas. Algunas etapas salen a casi 30 km, pero ayer ya hice una larga, ¿por qué no un par más? Veremos.

Empiezo a caminar a las 8h15, con una pereza tremenda. La primera cuesta me sienta mal, como un golpe bajo en un estómago ya de por sí maltratado esta mañana, así que me pongo a rueda de una señora que camina junto a un caballo de carga. La he visto antes, mientras recogía la tienda, pasando por la senda que yo debía seguir después camino de Courmayeur. Es una mujer fuerte, bien equipada y, presumiblemente, acostumbrada a hacer el trayecto entre los valles franceses y los valles italianos. Digo esto porque el caballo lleva dos sacos estancos de gran tamaño a cada lado de su lomo y su dueña avanza a buen ritmo, sin el menor sofoco, como si llevara haciendo esto toda la vida. Así que decido darme una tregua y me instalo en su ritmo, que me conviene perfectamente, hasta que entre en calor.

Poco a poco voy sintiéndome algo mejor, pero no acabo de tenerlas todas conmigo. Me duelen las piernas, me pesa la mochila y me siento cansado, vacío. Es una mala señal, significa mal sueño y mala recuperación, y de vez en cuando, aunque de manera recurrente, una pizca de pesimismo me invade. Se deshacen los cálculos que mi mente elaboraba esta mañana sobre la base de un esfuerzo mal medido, el que me di ayer.

En estas estoy, dándole vueltas a la cabeza y esperando llegar al primer collado del día, bajo la atenta  mirada del Mont Fortin y el Mont Favre, cuando diviso en el horizonte dos jóvenes de mi edad. Por fin llego al collado, en la cota 2.420, las vistas sobre la vertiente italiana del Mont-Blanc, con los impresionantes glaciares del Brouillard y de Freney y, por supuesto, con el Mont-Blanc de Courmayeur dominado el panorama, se abren ante mis ojos. Extraordinario. Eso les debió parecer también a las dos británicas que acababan de alcanzar el collado, pues me piden que les saque un par de fotos, a lo que corresponden sacándome idéntico número de instantáneas con el increíble paisaje de fondo. Charlamos un poco y les deseo buena suerte.

Ahora desciendo, muy paulatinamente, sin perder casi altura y ladeando la montaña, en dirección al lago Chécrouit, un pequeño lago verdoso, aislado y muy estético. Poco más adelante está el Rifugio 'Maison Vieille' (1.956m), donde me paro un buen rato para ir al servicio y, entre otras cosas, lavarme las manos para poder ponerme las lentillas. Una vez más, recurro a la explosión de azúcar y cafeína que me proporciona la bebida de la fórmula secreta, a la que -sin ser mi intención, pero es lo más eficiente que hay en los refugios- ya he hecho bastante publicidad en este blog. Es mi salvavidas para llegar hasta dónde me he propuesto hoy , hasta el refugio que lleva el nombre de un hombre al que conocí a través del libro 'Montañas de una vida', y cuyas gestas y valores me han llevado a admirarle. Es el gran alpinista y explorador italiano Walter Bonatti.

Dejando atrás 'Maison Vieille', desciendo por las amplias pistas de gravilla que dibujan eses en su camino a Courmayeur. La orientación S en que se encuentran esta multitud de pistas e instalaciones de teleski, en el llamado Plan Chécrouit, bajo el Mont Chétif, le dan un aspecto aún más desolador, árido, mediterráneo. En el peor sentido de la palabra, evidentemente. El camino que desciende hacia Dolonne, primero, y Courmayeur, atraviesa pinares asentados sobre una tierra seca que se levanta en forma de polvareda a cada paso. Las condiciones han cambiado de forma brutal en pocos kilómetros, los que separan una vertiente de la otra, y el calor empieza a ser intenso, más aún teniendo en cuenta que estoy bajando a cotas relativamente bajas que no he visitado desde que dejé Les Contamines el día anterior. 

En el pueblo de Dolonne, una preciosa villa de montaña que conserva sus bellas formas medievales, hago una parada para comprar una pequeña toalla y jabón biodegradable, así al menos no tendré que volver a esperar a encontrar un refugio para ponerme las lentillas... pero sobre todo, podré darme una ducha que estoy empezando a merecer (y a necesitar). Salgo de la tienda y me dirijo al N, callejeando por las rúas del pueblo, cuando me encuentro con un 'randonneur' igual de perdido que yo mismo, que no encuentra el puente para pasar al otro lado del río que separa Dolonne de Courmayeur. David es bretón y camina con una pesada mochila a la espalda (cuando he visto su mochila, imposible volver a quejarme de la mía) y una riñonera bastante grande por delante de la cintura, tiene el verbo ágil y hace el mismo recorrido que yo, el TMB, pero a otro ritmo. Y tanto. Estamos un rato juntos por Courmayeur, en el supermercado y en el 'Café des Guides', donde comemos unos paninis y aprovechamos para enviar algunas fotos a través de la Wifi del bar. Hablamos animadamente sobre nuestras experiencias en la montaña y sobre cómo estamos afrontando cada uno esta vuelta al Mont-Blanc: él con su cámara réflex, buscando fotos espectaculares y caminando tranquilamente; yo buscando mejorar mi forma física, afrontando el reto de quitarme días, más ligero, en semi-autonomía. Me despido de él y le deseo suerte para llegar al Bonatti.

Los paninis de jamón y queso me han sentado bien, la cerveza con limón me ha calmado la sed. Con fuerzas renovadas dejo Courmayeur por el NE, en dirección al Rifugio Bertone, primero por la carretera y después tomando una senda que sube haciendo zetas por otro bonito pinar orientado al S. Los trescientos primeros metros son amenos, fáciles, pero poco a poco me voy quedando sin gasolina. Me preocupa. Y mucho. Acabo de comer, he descansado un buen rato, he repuesto fuerzas y me he hidratado bien en el pueblo, ¿por qué me encuentro otra vez vacío como si nada de esto hubiera pasado? Algo me dice que el bajón físico que acuso desde la primera cuesta del día puede cargarse mi vuelta al Mont-Blanc, pues me quedan otros tres días de dura marcha.

El camino hacia el Rifugio Bertone (1.970m), sencillo, pero que gana altitud bastante rápido, se convierte en un infierno. No disfruto nada, sufro. Llego al refugio después de haberme parado dos veces en 400 metros, exhausto, y decido volver a jugar la carta de la bomba de azúcar y cafeína. También compro una  botella de agua grande. De ahora en adelante el camino es prácticamente llano, así que no debería acusar los dos kilos suplementarios. Y así es, me pongo en marcha otra vez, sabiendo que voy a llegar al Bonatti, después del sufrido día de hoy, en 1h45 cubro la distancia entre los dos refugios.

Cuando he llegado al Rifugio Bonatti (2.025m) el día está en su ocaso, las enormes paredes de las Grandes Jorasses, que dominan el valle y el refugio, llevan unas horas a la sombra ya, y se tornan ahora azules, casi negras. Me sorprende la cantidad de gente que hay en el refugio, es un mundo totalmente diferente al del vivac o, incluso, al del cámping. Mi primer impulso es salir corriendo de allí, pero no estoy en condiciones de hacerlo. Una pequeña exploración del refugio que lleva el nombre de mi ídolo alpinístico -y que es un verdadero museo de Bonatti- me hace cambiar de opinión, me daré un ducha, comeré bien y dormiré sobre un colchón. Si quiero tener alguna oportunidad de recuperarme bien para la segunda parte del viaje, no tengo más remedio que moverme entre la muchedumbre, más turista que montañista, que puebla el lugar.

El refugio es bonito, moderno, está limpio y ofrece muchas comodidades. El único pero son las duchas, no es que estén mal, el caso es que, al coger la pernocta nos dan una ficha con la que se activa la ducha... bueno, en realidad, los 12 litros de agua caliente de los que dispone cada persona. Como no me lo explicaron, me tengo que aclarar con agua fría, pero al menos es una ducha. Merced a la sala de secado, puedo lavar parte de mi ropa y tenerla lista para el día siguiente, así que lo hago y sin más dilación me voy a escribir mi diario. Y enseguida a la cama.

Estando tendido en la cama, me doy cuenta de que me cuesta conciliar el sueño, y no por culpa de ningún compañero de habitación ruidoso, sino de puro cansancio. Cansancio severo. No bajo de 90 pulsaciones estando completamente inmóvil y me pregunto si podré recuperarme en unas pocas horas. De lo contrario tendría que abandonar, volver a Courmayeur y coger un bus que me lleve a casa. Tras una buena docena de vueltas sobre mí mismo, por fin noto que me llega el sueño, después de un día tan duro, es lo mínimo que merezco. Espero estar bien mañana, no quisiera tener que dejarlo ahora.

Salud y Montaña


Reportaje fotográfico: Javier Rodriguez



Primeras luces del día al salir del vivac. No está mal.

Amanece en las cumbres

Todo muy bien señalizado

Lago di Combal

Bonito amanecer sobre el Mont-Blanc de Corumayeur

El famoso caballo de carga

Esta vez toca seguir por la izquierda

Vista al S desde el collado de la cota 2420

Impresionante vista sobre el Mont-Blanc de Courmayeur, la Aguja Negra de Peuterey, el Glaciar del Brouillard...

Lago Checrouit

Aiguilles de Rochefort

Vista atrás (zoom) hacia la Aiguille des Glaciers

Dejando atrás el primer collado del día. 

Agujas de Rochefort (i) y Mont Chetif (c) en el descenso hacia Courmayeur.

Rifugio Maison Vieille

Vista atrás sobre la senda que baja desde Plan Checrouit


Bonitas calles de Dolonne

Café des Guides. Courmayeur.

Vista atrás hacia Courmayeur


Rifugio G. Bertone


Desvío hacia el Rifugio Bonatti


Panorámica desde las inmediaciones del Rifugio Bonatti



Rifugio Bonatti

PS: Los comentarios son fuente de motivación para la existencia de un blog. Si algo te gusta (o si no), coméntalo para que en el futuro siga habiendo nuevas entradas. Gracias.


lunes, 12 de noviembre de 2012

Tour du Mont-Blanc 2012. Día 1: Les Houches - Les Contamines


Massif du Mont-Blanc, Haute-Savoie, France. 4 de septiembre de 2012.

Finales de agosto. Apenas un par de ascensiones interesantes y todavía mucha energía en las piernas, problema. Durante varias semanas mi cabeza valoraba la posibilidad de hacer algo grande, una travesía larga, dura, solitaria, algo que me hiciera volver a sentir montañero. Y la encontré, cerca de casa, en el macizo del Mont-Blanc.

El TMB es un sendero de gran recorrido clásico, una ruta circular que, atravesando tres países (Francia, Suiza e Italia), rodea el macizo del Mont-Blanc. Esta travesía de 166 km y casi 10.000m de desnivel positivo (y negativo) acumulado tarda en completarse entre siete y diez días, aunque los mejores corredores del Ultra-Trail del Mont-Blanc (UTMB) que se disputa sobre el mismo recorrido, cubren esta distancia en menos de 24 horas.

Las próximas seis entradas, una por etapa, van dedicadas a relatar esta experiencia increíble e inolvidable, el Tour del Mont-Blanc en solitario, que realicé entre el 4 y el 9 de septiembre de 2012. 


RUTA

La ruta empieza en el pueblo de Les Houches, concretamente el primer panel se encuentra al lado de la estación de ferrocarril. Desde aquí, atravesamos el puente sobre el Arve y continuamos por la acera hasta el pueblo de Les Houches. Atravesamos el pueblo por la carretera principal hasta el complejo residencial 'Le Grand Balcon', donde subimos por unas escaleras verdosas hasta llegar a otro tramo de carretera. Pisamos asfalto y gravilla en nuestra subida por las laderas del pueblo, siempre siguiendo las indicaciones precisas de los numerosos paneles que vamos encontrando en nuestro camino. Abandonando ya de la parte alta de Les Houches llegamos a una instalación de telesilla. Desde este punto la ruta consiste en seguir las pistas de esquí hasta el Col de Voza, que se hace visible tras atravesar un prado que sale a la izquierda de nuestra pista, en la cota 1650 aproximadamente.

Llegados a Voza, descendemos por la pista convenientemente señalizada hasta la aldea de Le Crozat y después hasta el pueblo de Bionnassay, donde tomamos el camino que sale a la izquierda de la capilla y descendemos hasta Le Champel. Saliendo del pueblo se puede divisar el Val Montjoie. Continuamos por pista y pista asfaltada hasta La Visaille y, cruzando la carretera principal del valle, hasta Le Quy. Ya no abandonamos el lado O del valle hasta el pueblo de Les Contamines, que ignoramos para continuar por la vera del río hasta el camping 'Le Pontet'.


DIFICULTAD

Ninguna en particular.

Es una ruta que discurre siempre por buenos caminos, pistas de esquí y pistas asfaltadas. Hay que tener en cuenta la distancia y el desnivel de la etapa, pero es la etapa más fácil de las seis. Pensad en llevar buen calzado.

La orientación es sencilla merced a una muy buena señalízación, en general. Si bien cabe reseñar dos pequeñas dificultades: la primera consiste en encontrar el desvío para el Col de Voza, que es un pequeño camino que sale a la izquierda de la pista de esquí, hacia un claro, un prado, que esconde tras de sí el dicho collado. La segunda dificultad reside en la localización del cámping, que no está en la orilla del río, sino que hay que buscarlo cerca de la carretera que surca el valle. Es una buena idea llevar un mapa preciso de la zona.


DESNIVEL POSITIVO / DISTANCIA

900 metros / 17,3 Km.


TIEMPO

Nublado, lluvia al final del día. Sin viento. Temperatura en torno a los 20°C durante toda la jornada.


CROQUIS

Primera parte de la etapa: Les Houches - Col de Voza.

Segunda parte de la etapa: Col de Voza - Camping Le Pontet.

Etapa completa: Les Houches - Camping Le Pontet.



DESCRIPCIÓN

Último trabajo del Máster. Se acabó, lo he entregado, soy libre. Me evadiré de todo lo que me ha rodeado durante las últimas semanas en la montaña, solos, mi mochila y yo. También mi pulsera 'de la amistad', un modelo de pulsera que compramos Aitor, Pablo, Gorka y yo en Granada, recién descendidos de nuestro periplo por Sierra Nevada

Hoy comienza la aventura y no quepo en mi cuerpo de la felicidad. Tengo en mente hacerla en semi-autonomía, así que cargo conmigo lo esencial: comida liofilizada, barritas, cartera, gafas, botiquín, tienda, saco, ropa para cambiarme y de abrigo, cámara, teléfono móvil, hornillo, gas y poco más. He reducido al máximo lo que debía llevar para hacer la ruta medianamente confortable y, a la vez, poder hacerla en menos días de lo habitual. El agua la tomaré de las abundantes fuentes y riachuelos (previa potabilización) y dormir lo haré en mi tienda tantas veces como sea posible, aunque en esta primera noche, como llueve con intensidad, he decidido dormir en la cabaña del cámping. No tengo ganas de mojar mi material la primera noche. Volveré sobre este punto.

Hoy me he levantado tarde, como de costumbre, salvo que hoy no debía retrasarme. Sin duda, acumulo fatiga desde hace unos días y no ha sido fácil saltar de la cama. En realidad, el despertador no ha sonado. Así pues, he salido tarde de casa, a las 10h15, y no he llegado a Les Houches hasta las 14h33, cuando el pequeño tren rojo que comunica Saint-Gervais con el valle de Chamonix me ha dejado en el punto de inicio de mi ruta. Nada más bajar del tren me embarga una intensa emoción por la aventura que estoy a punto de comenzar. Saco algunas fotos de la estación y de las bonitas vistas sobre la Aiguille du Midi y la Aiguille du Gouter, visibles a pesar de las nubes que poblaban las cimas.

Acto seguido me topo con el primer panel de señalización del TMB. ¡Tiene el número 1! Eso para que no haya dudas. Así, empiezo a andar en dirección al pueblo des Les Houches cruzando el puente sobre el Arve y subiendo al lado de la carretera. En el pueblo continuo por la acera izquierda, atravesando el pueblo,  sus supermercados, telesillas y tiendas de deporte, y siguiendo los paneles que me indican el camino hacia el Col de Voza, collado por el que pasaré del valle de Chamonix al Val Montjoie. No me paro en el pueblo, no tenía necesidad, pero también tenía prisa. Prisa porque había salido tarde de casa. Prisa porque tenía que volver a casa el día 9 por la noche. Así, se puede decir que mi TMB iba a hacerse a buen ritmo. 

En pocos minutos, abandono la carretera a la altura de un complejo residencial llamado Le Grand Balcon, al principio tengo alguna duda, pues parece una propiedad privada, pero dos paneles de señalización indican certeramente la ruta que continúa por unas escaleras de madera que atraviesan un prado y que son bastante verticales. Aquí empieza mi corazón bombear de verdad. La subida es ahora contínua, a veces sobre el asfalto de la carretera que sube a lo más alto de Les Houches y a veces sobre algún tramo de pista o de camino que sube abruptamente a modo de atajo, para librarnos en lo posible del negro betún.

Hacia las 15h10 llego a la última estación de telesilla del pueblo. Aquí me paro a comer, pues había desayunado poco y estaba empezando a notar la falta de energía. Me zampo un delicioso (sic) puré de patatas con queso, debidamente rehidratado con agua caliente. No era muy bueno, pero podía haber sido peor. Hizo las veces de almuerzo energético, completado con unos sorbos de bebida isotónica.

Tras esta pequeña pausa, continuo subiendo por pistas de esquí, que es algo que aborrezco, pero que es bastante habitual en bajas cotas aquí en los Alpes. Sin embargo, no quiero acostumbrarme a esto... bueno, ¿acaso es posible aceptar con naturalidad estos monstruos de metal y grava? No lo creo. Quizá porque voy haciendo por enésima vez esta reflexión conforme subo, la dicha pendiente se me hace dura, interminable, horrenda. Esperaba con todas mis fuerzas que fuese el tramo más feo de todo el TMB. Y cuando parecía que nada podía ser peor que eso, veo que empieza a subir por la pista un tractor, cuyo ruido y dióxido de carbono también tengo que soportar antes de encontrar el desvío, sutil, que me conduce sobre un prado de hierba alta que esconde tras de sí el Col de Voza (1.650m). Estoy contento, esto era lo más duro de la primera etapa y no he llegado demasiado cansado. En realidad, me ha costado poco menos de hora y media.

Es el punto más alto de hoy. Ahora es todo bajar. Pero, todo bajar no significa que el destino final esté cerca. De eso me daré cuenta más tarde. El tiempo tampoco ha mejorado nada en el transcurso de la jornada y la lluvia está a la vuelta de la esquina, no se ven las cimas ya, ni siquiera el cercano glaciar de Bionnassay. Una pena. En cambio, los senderos y las pueblecitos (en realidad aldeas) de montaña que voy recorriendo son magníficos: Le Crozat (1.420m), Bionnassay (1.300m) y Le Champel (1.225m) son lugares imbuidos de una belleza simple, natural, que enamora. Cuando llego a Le Champel llevo dos horas y media de caminata.

Empieza a hacerse tarde, son casi las 18, y aprovecho el descenso y lo relativamente llano del terreno para apretar el paso un poco más para llegar lo antes posible al camping. Desgraciadamente, se pone a llover, no muy fuerte, pero de forma continua. Me paro para ponerme el chubasquero, pero no lo hago en en pueblo de Les Contamines, villa que ignoro siguiendo la orilla del río. Ya pasé por aquí una vez además, cuando hice la ascensión, en dos días, de los Dômes de Miage y la Aiguille de la Bérangère con Radek.

Cuando ya estoy dejando atrás el pueblo de Les Contamines me cruzo con un senderista inglés, John Horn, que estaba buscando un lugar donde dormir. Es la única persona que está haciendo el TMB que me he encontrado en todo el día. En efecto, lo bueno de empezar tarde, y además en un día de lluvia, es que uno tiene el camino para sí, sin hormigueo de senderistas (es el único día que disfruté de la soledad de la montaña). Con el bueno de John recorro la última parte del camino y con él me tomo una pinta de cerveza en el camping para rematar bien el día mientras me cuenta cómo piensa afrontar esta bonita aventura de 166 km que acabamos de empezar.

Salud y Montaña


Reportaje fotográfico: Javier Rodríguez


¡Billete al TMB!

Mi compañera para esta aventura (a falta de Kattis :p)

Aquí empieza (y acaba) todo.

Pintoresca estación.

Pequeña presa sobre el río Arve

Primer panel de señalización de la ruta.

Una torrentera bien acondicionada para encauzar las aguas del deshielo.

Una vista sobre la Aiguille du Gouter, vía normal al Mont-Blanc.

La bonita iglesia de Les Houches.

El primer desvío. Se ven a la izquierda las escaleras que se han de subir.

Las escaleras rompepiernas (mala distancia entre peldaños).

Le Tremble, en la parte alta del pueblo de Les Houches

Alternamos pistas con asfalto.

Foto importante: Este es el aspecto del camino que lleva al Col de Voza desde las pistas de esquí.

He atravesado el prado que se ve detrás de esta casa.

Col de Voza con su trenecito (sube al Nid d'Aigle, inicio de la ruta normal al Mont-Blanc) y su cantina.

Entre las nubes se intuyen los hielos del glaciar de Bionnassay.

¿A medio camino?

Aldea de Le Crozat.

Ambiente pastoril.

Escuela de Bionnassay.

Capilla de Bionnassay.

Cruzando las aguas que vienen del glaciar.

Dejo atrás la aldea de Le Champel y me adentro en Val Montjoie.

Guía de conducta para excursionistas.

Estoy casi en destino. Se pone a llover y guardo la cámara. Hasta mañana.

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