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jueves, 22 de septiembre de 2011

Collarada (2.886m). Una invernal solitaria.

Pirineo Jacetano, Huesca, España. 2 de enero de 2011.


Con muchas ganas de retomar la actividad alpinística, dejada de lado en el otoño por mis estudios en el extranjero, contacto con mi buen amigo Aitor y le propongo, aprovechando las buenas condiciones de la nieve, una ascensión a la Collarada.

La Collarada, vieja conocida de una ascensión estival anterior, es un desafío importante en invierno puesto que tanto si se opta por salir de Villanúa como de Canfranc, el desnivel positivo a superar se aproxima a los 2.000 metros. Por otro lado, la orografía de su vertiente sur, con una inclinación media de 30°/35°, y su amplitud, dificultan la estabilización del manto nivoso en invierno y primavera. La enormidad de esta ladera sur hace que las avalanchas sean de gran amplitud, como la que sepultó, el año pasado, a tres montañeros navarros.

Por todas estas razones, a las que podemos añadir la magnífica previsión de tiempo soleado y la proximidad a Pamplona, decidimos aprovechar la oportunidad de hollar la cima de este vigía de las llanuras jacetanas el segundo día de este nuevo año.

Es una ascensión sencilla técnicamente, larga y física, pero que ofrece una perspectiva privilegiada del Circo de Ip, Peña Telera, Peña Oroel y las llanuras jacetanas.


ASCENSIÓN

Llegamos a Villanúa en coche y tomamos una pista que sale desde el albergue del pueblo, la seguimos cinco minutos hasta que vemos un poste de madera que señala el camino hacia el refugio de la Trapa. Remontamos, por camino balizado, el trecho de bosque que nos separa del refugio y continuamos por un corredor de nieve muy transformada, hacia el NE. Una vez arriba seguimos, a falta de huellas en la nieve, esa orientación, para salir finalmente a la amplia ladera sur de la Collarada. Continuamos remontando dicha vertiente hacia el casco somital, que atacamos por el evidente y helado corredor SO. Proseguimos por arista de nieve fácil unos 20 metros hacia el E y alcanzamos la cima. Descenso por el mismo itinerario.


DESNIVEL POSITIVO 

1.900 metros


TIEMPO

Excelentes condiciones de innivación y de estabilidad del manto nivoso (Riesgo 1 por debajo de 2.000 metros y 2 por encima de esa cota), nublado dando paso al sol durante la jornada. Temperatura entre 5°C y -3°C. Viento débil.


CROQUIS




DURACIÓN

Villanúa - La Trapa (2h) - Ladera Sur (2h45) - Corredor SO (4h15) - Collarada (4h45).


DIFICULTAD

Pocas dificultades técnicas, concentrándose éstas en el corredor SO, de unos 45°, que nosotros encontramos con nieve muy dura, casi hielo, y que nos obligó a subirlo y bajarlo de cara a la pared. También hacer hincapié en la altitud de esta montaña, casi 3.000 metros, y el importante desnivel positivo, máxime teniendo en cuenta que se trata de una ascensión invernal.


DESCRIPCIÓN


Aitor y yo quedamos hacia las 7 de la mañana en Pamplona. Tras hacer las comprobaciones pertinentes nos ponemos en marcha y arribamos a Villanúa a las 8h45. Aitor ha decidido portear sus esquís durante casi mil metros para intentar disfrutar de una espléndida bajada por la grandiosa vertiente sur de la Collarada. No mentiría si asegurase que buena parte de su motivación bebía de esa fuente. Enseguida nos ponemos en marcha siguiendo el camino balizado y evidente que cruza la pista para todo-terrenos que conduce al Refugio de La Trapa. La senda está libre de nieve, la progresión es rápida y sin dificultades, aunque animada por algún "enganchón" de los esquís de Aitor en la vegetación próxima al camino.

En pocos minutos calentamos nuestras cuerpos y los ponemos en sintonía con nuestra enorme motivación por subir a este pico tan emblemático del Pirineo Occidental. Aunque hace fresco, la ropa nos empieza a sobrar desde muy pronto, en nuestras frecuentes paradas para beber ponemos y quitamos capas al gusto de cada cual.

Alcanzamos el Refugio de La Trapa (1.750 metros) con celeridad, el camino del bosque se hace ameno y corto. Es entonces cuando nos planteamos si seguir la ruta normal de verano, esa que contornea el murallón rocoso que se alza justo por encima del refugio por el E o si tomamos la vía directa del corredor de nieve situado justo al N de aquel. Sin mucha discusión, optamos por la segunda posibilidad, no podía ser de otra manera con Aitor, amante de la verticalidad hasta el desplome. La nieve, que hace su aparición en los alrededores del refugio, hacia la cota 1.700, esta muy transformada, y la progresión por el corredor resulta fácil y segura.

Así, no encontramos en una sucesión de pequeñas colinas y paso estrechos nevados que nos conducen, a modo de transición, hacia la gran ladera sur de la Collarada. La imagen de esta ladera es sobrecogedora. Mil metros nos separan de la cima, y la extensión de lado a lado de esta ladera es simplemente impresionante. La inclinación suave, pero sostenida, y la nieve dura que cubre toda esta vertiente facilitan nuestra progresión, especialmente a mí, que voy con crampones. Aitor pelea con los cantos de sus esquís para no perder la verticalidad. Los más de 900 metros de desnivel se hacen largos, porque ya llevamos un rato de ejercicio y porque la sensación de ver como la corona cimera se aproxima lentamente a nosotros martillea nuestra moral. Además, por qué no decirlo, hace fresco y es 2 de enero!

Llegamos finalmente al corredor SO, parece fácil, amplio y corto. Pero, como sospechábamos desde que la nieve se había empezado a endurecer bastante desde la cota 2.500, la nieve de nuestra vía estaba muy dura. Comprobamos que sólo las puntas delanteras de los crampones entran en la nieve. Además nos hemos traído sólo un piolet por barba, con lo que la ascensión y posterior descenso prometen ser entretenidos. Aitor se pone por delante y me confirma que la vía está para clavar bien y no resbalarse. Así que poco a poco vamos progresando, sin mayor dificultad, pero con algo de tensión (una caída nos haría coger velocidad por una pendiente de 1.000 metros helada...), hasta llegar a la arista que conduce a la cima. Sin apenas cornisa hacia la vertiente norte, la amplia arista se recorre fácilmente hasta el punto más alto de la zona. En menos de cinco horas hemos hecho una cima muy merecida y disfrutamos de las vistas, ahora que las últimas nubes parecen abrirse ante nuestros ojos.


Estamos en cima unos momentos, Aitor renuncia a descender el corredor esquiando, y decidimos descender como hemos subido, con cuidado y despacito. Desde la base del corredor nos separamos, Aitor se calza los esquís y desciende haciendo rápidos zig-zags que arañan la nieve durísima de la parte más alta de la ladera sur de la Collarada. A pesar de la amplitud del panorama, le pierdo de vista en pocos minutos, después tardaré un poco en encontrarle, hasta el punto de llegar a preocuparme por una posible caída. Finalmente le encuentro detrás de una colina, hacia la cota 1.900, comiendo un poco y abrigado con la chaqueta de fibra. Nos quedamos comiendo un rato más y emprendemos el descenso hacia el coche, con gran satisfacción por volver a recorrer nuestras montañas juntos y haber vuelto a conseguir una bonita ascensión invernal un año después de la epopeya del Petit Vignemale en el día más frío en mucho tiempo en el Pirineo.

Siempre es un placer y un reto hacer montaña con Aitor, quien ahora afronta otros desafíos en otras latitudes. Hasta pronto!


Salud y Montaña
















































PS: Los comentarios son fuente de motivación para la existencia de un blog. Si algo te gusta (o si no) coméntalo para que en el futuro siga habiendo nuevas entradas. Gracias.




domingo, 9 de mayo de 2010

Balaitous por la Chimenea de las Néous (AD-). Intento invernal.

Macizo del Balaitous, Parc National des Pyrénées, 16 de marzo de 2010.


Un mes después de mi última salida a la alta montaña, recuperado del duro invierno, me dispongo a calzarme las botas y los crampones de nuevo. La energía acumulada por el tiempo de inactividad me impulsan, incluso me precipitan, hacia un objetivo ambicioso, que quizá no sea lo mejor para mi cuerpo todavía. Pero en esto, como en muchas otras cosas, la cabeza manda.

Ésta es mi segunda visita al Balaitous, que ya coroné con Aitor Ascargorta y mi hermano Eloy en agosto de 2009. En aquella ocasión elegimos la ruta de la Gran Diagonal, una ruta F+, que se inicia en La Sarra y transcurre por la cara O de la mole del Balaitous, buscando el paso más fácil por la enorme hendidura de esta vertiente.

El Balaitous tiene varias rutas, frecuentadas en diferentes épocas del año. La Gran Diagonal (F+) es la vía clásica desde España en verano, siendo la ruta de la Brecha Latour (PD, II+) la normal el resto del año para los ataques desde el sur de los Pirineos. La vía francesa por excelencia para los meses fríos es la de la chimenea de las Néous (AD-). Ésta va a ser la elegida, pues tanto Gorka, mi compañero en esta ocasión, como yo mismo ya habíamos frecuentado las otras vías de acceso a la cumbre.

Con muchas ganas y con mucho respeto, en este especialmente duro invierno, nos encaminamos a la conquista de esta gran montaña, que medirá nuestra capacidad de acometer una invernal por una vía prestigiosa.


RUTA

Nuestro punto de partida se encuentra en el kilómetro 4 de la pista que conduce hacia el  Centro de Interpretación desde Arrens. Remontamos la carretera hasta dicho refugio, donde se inicia nuestro trayecto en senda hacia el SE, primero en zig-zag por un bosque y después por el valle. Hacia la cota 1750 se gira hacia el SO, para ganar altura con rapidez a través de palas inclinadas de nieve, alcanzando un valle elevado que se encauza progresivamente hacia el O. En la cota 2500 se inicia el Glaciar de las Néous, en este momento nevado y con sus grietas y rimayas cubiertas. Remontando dicho glaciar llegamos a la base de la chimenea, que es la segunda por la derecha. Existe un primer resalte de cierta dificultad, en mixto. El camino de regreso es el mismo que el de subida.


DESNIVEL POSITIVO

1900m


TIEMPO

Espléndido día azul, con temperaturas que variaron entre los -5ºC y los 5ºC. Viento nulo.


CROQUIS



DURACIÓN

Km 4 – Centro de Interpretación (1h15) – Desvío hacia Ledormeur (3h45) – Glaciar de las Néous (5h) – Chimenea de las Néous (7h15) –  Centro de Interpretación  (13h45)- Km 4 (15h). La ascensión en nieve y el desnivel acumulado son elementos muy importantes a tener en cuenta, esto tiempos se refieren a ellos. En condiciones de menos nieve, distinta cota de aparición de ésta o estivales, los tiempos pueden variar notablemente.


DIFICULTAD

La principal dificultad viene dada por la longitud de la aproximación y de la ruta en sí, sumados al desnivel que hay que salvar para llegar a la vía de acceso a cumbre. Todo ello requiere de una forma física excepcional para acometer dicha empresa en una jornada. La dificultad técnica principal es el resalte mixto de la entrada en la chimenea de las Néous (75º, 4m) y la propia chimenea helada (50º).


DESCRIPCIÓN

Salgo de trabajar y estoy eufórico, hemos estado esperando muchas semanas una oportunidad así: ir a la montaña en buenas condiciones meteorológicas y nivológicas. Habíamos empezado a pensar que necesitaríamos poco menos que una conjunción astral para ver a nuestro Pirineo bajar la guardia.

Los antecedentes hablaban por sí solos, este invierno estaba siendo muy duro en lo climatológico y en lo personal. Desde mediados de diciembre las condiciones no habían hecho sino empeorar, con gran inestabilidad atmosférica y dejando las montañas con condiciones de innivación superiores a otros años. La ida y venida constante de borrascas no habían permitido una estabilización duradera del manto nivoso en tres meses. Tiempo en el que no habíamos podido hacer más que dos incursiones invernales de poca entidad: Lakartxela y Moncayo.


En lo personal también habían sido unos meses duros viendo caer uno tras otro montañeros en las cordilleras de nuestro país, muchos de ellos muy experimentados, añadiendo una gran aflicción a la lógica impotencia que genera no poder salir a practicar nuestra actividad favorita con seguridad.

El trago más amargo lo tuve el día 23 de febrero, cuando mi buen amigo Lucas me comunicó por teléfono, con una una voz que apenas disimulaba su gran ansiedad, que su tío Alfonso había desaparecido en las inmediaciones del Pico Billare, en Lescun, Francia. Me pidió ayuda para ir a la zona. Alfonso era el hermano gemelo del padre de Lucas, un hombre del que había oído que era alpinista y escalador, y cuyas hazañas alimentaban mi imaginación cuando era adolescente. Ese alpinista capaz de ascensiones como el Mont Blanc o el Cervino, y de escaladas clásicas en el Pirineo, había desaparecido en este fatídico invierno junto a su compañero de cordada Armando.

Por casualidades de la vida, mi compañero de cordada Gorka estaba conmigo en el momento de la noticia. En cinco minutos confirmé a mi amigo que estaría con él al día siguiente. El infortunio ha hecho que a día de hoy aún no hayamos podido recuperar los cuerpos.

La montaña te lo puede dar todo, pero te lo puede quitar todo, y es ese ansía de superación y descubrimiento, de vuelta a los orígenes y de experimentación de los límites humanos, la que nos lleva a medirnos en la naturaleza. Es la belleza de la idea, de lo incólume contra lo liviano, de lo impertérrito contra lo corruptible, de la montaña y el hombre. A decir verdad, no hay razones para ir a la montaña, pues el alpinismo no es sino una pasión. Una pasión que colmata el espíritu humano, pero una pasión que puede acabar con nuestra temporalidad.


Buscando ese elixir de vida me encuentro preparando mi material de alpinismo al son de la música contemporánea que voy a aparcar dentro de poco tiempo. Hago una llamada a Gorka para avisarle de que pase por mi casa y me dejo llevar por los pensamientos mientras organizo el macuto. Llega mi compañero en pocos minutos. Aquí está casi todo listo. Solo me queda por repasar la lista de imprescindibles, cuando hablando descubro que Gorka tiene medio día más de lo previsto. Enseguida le propongo cambio de planes, tenemos hambre de algo grande: El Balaitous por la chimenea de las Néous, una vía AD muy conocida, sobre todo al otro lado de los Pirineos.

Con la excitación propia de comenzar una empresa improvisada nos dirigimos a una tienda de montaña a por el mapa 1:25000 que nos falta. Después todo será carretera, de noche. El viaje se hace entretenido, charlamos y bromeamos, hablamos de la ruta, del inmejorable tiempo y de las ganas que teníamos de ir. En esto se nos hace tarde para cenar y, ya se sabe, en Francia todo está cerrado a las 22:30. Tras intentarlo en vano en Oloron y Pau, va a ser en Lourdes donde el milagro ocurre. La virgen nos deja un Kebab abierto para que satisfagamos nuestros estómagos y tranquilicemos nuestros ánimos, pues ninguna empresa en la montaña puede tomarse en serio sin estar bien alimentado, o por lo menos bien lleno. Resultó ser un lugar muy agradable, buena y barata comida y unos dueños especialmente acogedores y simpáticos. Tanto que volveríamos a cenar allí al día siguiente. Pero esto es adelantarse a los hechos.

Ahora solo nos restaban unos minutos para llegar a destino, un aparcamiento al final de la Gave d'Arrens, en pleno Parc National des Pyrénées, ese espacio que vuelve sorprenderme. Sin duda es un lugar mágico, una reserva de vida salvaje excepcional que esconde muchas de las más bellas formaciones montañosas de toda la cordillera pirenaica, amén de una gran cantidad de variedades botánicas y animales, que son tesoros de un valor incalculable.

Y es que cuando un hombre moderno arriba a un sitio como éste se ve desbordado por la increíble serenidad de la naturaleza y por la armonía de sus formas, una calma que se ve sacudida esporádicamente por espasmos de realidad. Y ese hombre que sueña despierto reconoce una fragilidad que había dado por olvidada. Neutralizada por el progreso material y la accesibilidad a los recursos básicos, ignorada por el conocimiento científico y el desarrollo tecnológico, y despreciada por nuestra soberbia, la montaña nos devuelve a nuestro lugar en el orden natural, aunque sea temporalmente.


Sin embargo, fue una valla lo que nos dio, inesperadamente, una dosis de realidad. El paso se encontraba cortado en el cuarto kilómetro de la pista asfaltada que comunica Arrens con el Centro de Interpretación del Parque, donde esperábamos aparcar el coche. Esto suponía alargar la ascensión del día siguiente en cinco kilómetros y cuatrocientos metros de desnivel, una hora y cuarto a buen paso. Sin embargo había un motivo compartible detrás del bloqueo de la ruta, se trata de un área protegida y está cerrado su acceso desde noviembre a mayo para vehículos a motor. Y como amantes de la montaña asumimos el papel que nos tocaría interpretar al día siguiente y el desgaste extra, lo cual nos motivaba pero también nos preocupaba: la inactividad en alta montaña se nota. A las dos de la mañana apagamos la luz y nos metimos en los sacos de dormir, a la sazón en el maletero del coche.

Seis de la mañana, suena el despertador cuando me encuentro en la fase más profunda del sueño. En realidad no sé si estoy en el fondo o solo en la superficie de este océano onírico, pero la alarma me arranca violentamente de mi descanso. Estoy al caliente unos instantes más, solo para comprobar que mi compañero se despierta y que el sol empieza a iluminar las cimas circundantes. El aire dentro del habitáculo sigue siendo razonablemente respirable y la temperatura bastante suave, claro que solamente hemos estado dormitando durante cuatro horas. Tiempo que va a ser parte de nuestro combustible para acometer una empresa más ambiciosa de lo que habíamos imaginado.


Con el fresco de una mañana de invierno guardamos nuestro sacos y nos vestimos. Enseguida le toca el turno al desayuno y a las siete y diez de la mañana atravesamos la valla verde, punto de inicio y de final de nuestra aventura. Estamos ilusionados y con energía a pesar del largo viaje, el objetivo es ambicioso y el camino, largo. Nuestro ritmo es bueno desde los primeros compases, que transcurren por la carretera que termina en el  Centro de Interpretación . Son unos buenos cinco kilómetros que hacemos en zapatillas de trekking para mayor comodidad, una vez llegados al caserón cambiamos de calzado para ponernos las botas de invierno. Empieza la nieve, no tanto en una primera parte de bosque por la cual progresamos bastante rápido, sino una vez en valle abierto.

Conforme el sol se yergue sobre el magnífico cielo azul que nos contempla, las abruptas formas que nos rodean se muestran brillantes, envueltas en nieve y hielo. El escenario es grandioso y queremos corresponderle con nuestro esfuerzo. La penetración en el valle es larga, casi hasta el collado fronterizo,  giramos por inclinadas palas de nieve helada hacia nuestra derecha, dirección SO, en la cota 1750 aproximadamente.

Gorka va delante, abre huella con el paso animado de quién ama la montaña, la nieve está bastante practicable y solo nos hundimos unos centímetros. Después de un inicio de año un poco duro para mi salud no estoy para nada en forma y me cuesta progresar, dar el cien por cien puesto que mi garganta se reseca rápidamente y no quiero volver a pasar penurias. Amén de esto llevamos la mochila muy cargada de material. Pero estamos motivados, y la dificultad, el desnivel y el estado de la nieve no nos echan para atrás en ningún momento. Tampoco los restos de grandes coladas de nieve, que barren literalmente nuestra ruta, nos intimidan hoy.

Después de salvar un fuerte desnivel paramos en una roca al sol para descansar y comer algo. El sol nos baña en su calidez, nos recarga de energía, pero no nos reconforta en nuestros pensamientos y es que a estas alturas deberíamos haber encontrado un refugio libre que está por la zona, aproximadamente en la cota 1900, pero no damos con él, no hay ni rastro. “Lo veremos en el descenso”, nos decimos. Pero no, aún hoy sigue siendo un enigma su posición. Cuando volvamos por la zona esperamos encontrarlo.

Tras un breve alto en nuestro camino nos ponemos en marcha, el tiempo apremia. Ahora abrimos huella alternativamente, poniendo todo de mi parte para despejar el camino a mi compañero. La ascensión es pausada y no puede ser de otra manera pues estamos muy cansados. El camino es largo, llevamos más de 7 horas andando, con unos 1600m de desnivel encima y nuestras cabezas empiezan a trabajar en modo automático, solo nos mueve la voluntad, asistida por una razón que mira constantemente al reloj. Los últimos 400 metros de ascenso del Glaciar de las Néous fueron muy duros, pero finalmente, sorteando algunas placas sospechosas de romperse a nuestro paso y ascendiendo palas de 45º llegamos a la base de la chimenea que pretendemos atacar.


Lo hemos conseguido a base de tesón, de fuerza y resistencia física, pero sobre todo mental. Es el momento de preparar el material, las cuerdas, arneses, tornillos de hielo, sistemas y demás. Tardamos mucho, nos cuesta maniobrar en terreno muy inclinado y helado, hace frío, estamos ateridos haciendo equilibrios en el labio de una rimaya. Los dedos están con poca sensibilidad, efecto de la exposición al frío y a la deshidratación, ante lo cual decido beber y ponerme los guantes interiores de seda, con lo que la situación mejora ostensiblemente.

Transcurrido un buen rato nos acercamos a la base de la chimenea, que presenta una entrada en mixto, un resalte de unos 75º que Gorka escala de primero, con la doble cuerda asegurándole. Muy estética escalada. Mi turno, paso por el obstáculo sin pena ni gloria, ansiando atacar el primer largo de una chimenea de hielo de unos 50º y 120m de largo, pero mi cabeza me dice que no, que es el momento de renunciar. Estamos a 100 metros de la cima del Balaitous, tocando el triángulo metálico de su cumbre, pero no podemos permitirnos seguir por el cansancio acumulado y la hora tardía. Son las cuatro de la tarde y anochece pronto. Así que después de la paliza física y de la lucha mental, no hay recompensa en forma de cima. El alpinismo, a veces, es así. Y es bueno que sea así.


Emprendemos el descenso con celeridad, no queremos que se nos haga de noche en el glaciar, bajamos sin descanso hasta el valle, por nieve blanda. Se hace largo y duro, además pronto tenemos que encender los frontales y ponernos más ropa, conforme el sol desaparece por el horizonte. Hablamos, valoramos nuestras decisiones, nuestro esfuerzo, y se impone la idea de satisfacción con el enorme esfuerzo realizado, con la belleza del recorrido. Ha sido una jornada extraordinaria en todos los sentidos, una ruta para repetir. Sin embargo no hay muchas fuerzas para cavilaciones, pronto solo pensamos en regresar al coche lo antes posible. Una vez llegados al Centro de Interpretación nos ponemos las zapatillas y descendemos la larga carretera al límite de nuestras fuerzas, buscando una valla verde que nunca parece llegar, pero que al fin encontramos con alivio.

Hechos polvo nos dirigimos a Lourdes, donde cenamos de nuevo en el Kebab, donde nos reciben sonrientes y se interesan por nuestra actividad. Nuestras caras lo dicen todo, hay sonrisa, pero también mucho cansancio y la conversación es menos animada que el día anterior. Reponemos energías con una cena abundante y sabrosa que nos permite mantenernos despiertos para el viaje hasta Pamplona, que emprendemos acto seguido, llegando a las 3 de la mañana a la capital foral.


Por esta vez, la apretada disponibilidad de tiempo, la corta ventana de buen tiempo y el tratarse del último fin de semana antes del fin del invierno (para poder firmar una invernal), precipitaron nuestra elección de ruta y condujeron a la no consecución del objetivo (en dos días hubiera sido más que factible en la forma en la que nos encontrábamos). No obstante, la experiencia fue espectacular y volveremos, en breve, a presentarnos ante la chimenea de las Néous para acceder a la cima del Balaitous. Hasta entonces, será una cuenta pendiente.


Salud y Montaña


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jueves, 18 de febrero de 2010

Moncayo (2.316m) por el Corredor Central de Morca (PD+, 45º-55º).



Sistema Ibérico, Sierra del Moncayo, Zaragoza, España. 24 de febrero de 2010.

El del 23 y 24 de enero fue un fin de semana muy productivo. El sábado nos acercamos al Pirineo navarro para realizar una interesante ascensión al macizo Keleta-LaKartxela con mi amigo Aitor. El domingo, en previsión de nevadas en el Pirineo, cambiamos de cordillera para atacar el Moncayo por corredor y acometer una bella y gélida travesía. La ruta elegida: El corredor central del Circo de Morca, con una variante de 55º aproximadamente en la parte final.

El Moncayo, rodeado de planicie, destaca en el horizonte como una montaña alta y aislada. Frontera de los territorios navarro, aragonés y castellano, los romanos la bautizaron como "Mons Caunus", la montaña blanca, por las nieves que lo cubrían durante buena parte del año. El macizo del Moncayo cuenta con tres circos glaciares, San Miguel, San Gaudioso y Morca. Éstos, junto a los bellos bosques que pueblan sus laderas, conforman el Parque Natural de la Dehesa del Moncayo.

En compañía de mis amigos Gorka, Pablo y Luis, emprendemos la ascensión por el Circo de Morca, por el corredor central, tomando un pequeño corredor mixto empinado (55º) para finalizar la escalada. La travesía en el cordal bajo la ventisca de nieve y el descenso por el Circo de San Miguel son parte de esta historia. El Moncayo es siempre una buena actividad.


ASCENSIÓN

Nuestro punto de partida se sitúa en el Albergue del Santuario de la Virgen del Moncayo, a unos 1.621m de altitud. Tomamos el camino, en dirección S, que apenas gana altura y recorre las laderas adyacentes a los circos glaciares. Seguimos la senda hasta la altura del Circo de Morca, entonces, nos desviamos hacia el O, para alcanzar la base de dicho circo. Allí, emprendemos la ascensión del corredor central (especificado en las fotos) de unos 40º-45º, para terminar la escalada con una pequeña "goulotte" mixta de 55º, muy asequible. Una vez en el cordal, con el abismo a nuestra derecha (E) continuamos hacia el N, buscando la cima del Morca, primero, y del Moncayo. Cuando hemos llegado a la cima del Moncayo es preciso encontrar la ruta de descenso, que en nuestro caso es por la Hoya de San Miguel. Tanteando su parte central, encontramos que el descenso se puede hacer en buenas condiciones hasta la base del circo y, desde ahí, hasta el punto de inicio.


DESNIVEL POSITIVO

750m


TIEMPO

Nubes y claros a la salida del Albergue, que se convirtieron en niebla y ventisca de nieve durante el ascenso, travesía y descenso. Sensación térmica entre 0º y -15ºC.


CROQUIS



DURACIÓN

Albergue-Base del Circo de Morca (40 min)-Cordal(1h30)-Morca(2h15)-Moncayo(3h)-Base del Circo de San Miguel(3h50)- Albergue(4h40). Paradas para ponerse los crampones, quitárselos y abrigarse.


DIFICULTAD

Recorrido que, en cuanto a dificultad técnica, califico de PD+. Corredor de Morca, tiene 45º máximo, pero la "goulotte" final que elegimos tiene unos 55º. El descenso también tiene entre 45º y 50º en su parte más vertical. El principal problema de esta ruta es la meteorología, si sale un día con niebla densa como el que tuvimos necesitais buenas dotes de orientación, además de templanza y conocimiento del terreno. Sobra decir mapa y brújula y, el que tenga, GPS.


DESCRIPCIÓN

Son las 7 de la mañana y, por fin, vamos a poder salir a la montaña toda la cuadrilla montañera junta. Lástima que Aitor nos falle en el último momento. No obstante, Pablo, Gorka y yo tenemos mucha ilusión y un amigo de Pablo, Luis, se ha animado a venir con nosotros. Como el Pirineo pinta gris, o más bien blanco, nos decidimos por el Moncayo, viejo conocido que ofrece desde bellos paseos a escaladas más comprometidas.

Salimos de Pamplona con unas ganas increíbles de camino al albergue del Santuario de la Virgen del Moncayo, aunque la nieve en el tramo final de la pista nos desaconseja llegar hasta sus puertas. Dejamos el coche, pues, en el aparcamiento anterior, a unos 700m del edificio. Preparamos, entre bromas mañaneras y el buen rollo de costumbre, nuestros macutos y nos vestimos para la ocasión. El plan ya lo habíamos hablado durante el viaje: Vamos a buscarnos un corredor de 45º a 55º, bien en el Circo de Morca, bien en el de San Gaudioso, para alcanzar el cordal. Después seguiremos al N, para hacer cima en el Moncayo y acto seguido descendemos por el "Cucharón" hasta el punto de inicio. Eso es lo que hicimos.

Los primeros pasos, iluminados por unos esperanzadores rayos de sol que se abren paso entre las nubes, discurren tranquilos, sin apenas desnivel, hasta el albergue. Allí tomamos el camino que bordea los tres circos glaciares, lo que, a la postre, nos obligará a subir por el Circo de Morca, pues sospechamos que no hay camino hacia San Gaudioso por esta senda. No importa, vamos charlando animadamente en busca de las paredes nevadas del circo más oriental.

Sin ganar mucha altura y con un ritmo alegre, vamos a ir desviándonos poco a poco de la senda para alcanzar la base del Circo de Morca. Allí, para nuestra sopresa, ya había un grupo de montañeros atacando... ¡el mismo corredor que habíamos decidido en la distancia! "Qué se le va a hacer, estará hecho papilla cuando lleguemos", pienso. A todo esto, el día se estaba empezando a cubrir, y una grata sorpresa se estaba convirtiendo en el deprimente guión anunciado. La orientación con nieve y niebla en el Moncayo es complicada, sobre todo en el cordal, pero ya he estado varias veces aquí y llevamos material.

Después de unos minutos, interminables, colocándonos los crampones, los guantes y sacando los piolets, estamos listos para empezar. Hemos estado observando el corredor y tiene buena pinta, pero se nos plantea muy fácil, así que buscamos alguna variante para "darle emoción" al asunto. Esto es, vamos a ascender una pequeña "goulotte" a la izquierda de unos 55º, muy estrecha, para salir al cordal. Dicho y hecho, el corredor se nos hace corto, apenas paramos, y enseguida estamos metidos en el meollo. Entre tanto, Luis tiene alguna dificultad con sus crampones, pero lo soluciona parcialmente. Ahora, Gorka toma la iniciativa que, hasta ese momento, me había correspondido y tira fuerte por el estrechamiento, que salva sin problemas. La nieve es buena y las hojas de los piolets responden con suficiencia, las paredes de roca se convierten en buenos apoyos para falicitar nuestra progresión y la inclinación se mantiene durante pocos metros. En unos pocos más estamos arriba, junto a Gorka. Pero para entonces había hecho aparición el malo de la película: la niebla que luego se convirtió en ventisca de nieve.

Estamos en el cordal, rodeados por una niebla densa que no nos deja ver a más de 10 metros y con bastante viento. Recuerdo a mis compañeros que tenemos mapa, brújula, nuestra huella y ropa de abrigo. Vamos a por el Moncayo. Las condiciones no eran muy malas en ese momento, solo niebla y frío, la nieve cristalizada vino después.

Con sentido de la orientación, dejando el abismo a la derecha de nuestra marcha (E), seguimos el cordal, que tarde o temprano nos ha de llevar hasta nuestra cima objetivo. Asumiendo tácitamente unos galones que quizá no me correpondan (Gorka, por ejemplo, ha hecho más invernales que yo), me pongo al frente y asumo la responsabilidad del sentido de la marcha. Una cosa es segura, si no perdemos de vista el vacío de nuestra derecha, llegaremos seguro, solo es cuestión de tiempo. Pero, claro, el otro tiempo está empezando a deteriorarse de forma rápida, y lo que era una inocente niebla se ha convertido en una ventisca de nieve que azota nuestros rostros con sus látigos cristalizados. Nos ponemos toda la ropa, el Gore y el buff o máscara. Tal era la fuerza del viento que los copos de nieve helados se colaban en los diminutos agujeros de mi máscara de neopreno, realmente fustigante.

El caminar se torna dificultoso, pues caminamos con fuerte viento de lado, y nuestra progresión se hace más lenta. Después de unos buenos minutos peleando contra los elementos, nos damos de bruces con la cima del Pico de Morca (2.283m). No hay ganas ni de fotos ni de nada, aunque nos quitamos los guantes para comer una barrita de cereales. Dos minutos, y las manos, heladas. Vamos a hacer el esfuerzo de llegar al Moncayo, porque, una vez allí todo será más fácil y estaremos reanimados por el éxito de la cumbre.

La sensación de claustrofobia que da estar caminando en un infierno blanco, sin apenas visibilidad y con cristales de agua golpeando a rachas tu rostro es una sensación que no había experimetado nunca. He de decir que muy agradable no es, pero tenía la total seguridad de lo que estábamos haciendo y del lugar en el que nos encontrábamos. Seguíamos una huella ficticia, pues si alguna vez hubo una (puede incluso que una reciente), se había helado y venteado hasta el punto de quedar irreconocible en aquel manto blanco. Había alguna duda en el equipo, las dudas que siempre te asaltan la primera vez que vas con alguien a la montaña. Sabía que podía pasar, porque a mí me había pasado. Y cayó la pregunta: "¿Sabes por donde vamos? Quiero decir... la orientación que llevamos... me da la sensación de que estamos dando vueltas en círculo" me pregunta Pablo, el más neófito en esta bella actividad. Le respondo con la seguridad que tengo, pero sobre todo que él requiere: "Estamos yendo todo el rato en hacia el norte, y como seguimos con la vista el vacío que nos sirve de referencia a nuestra derecha, a veces vamos pleno norte, a veces noreste y a veces noroeste". Alguien saca una brújula: efectivamente, ahora estamos caminando noroeste. "Estamos en el último circo", pienso.

Pronto llegamos al enorme collado del circo de San Miguel, sé que la cima está a 200m, vamos bien. Además consta de un gran punto geodésico y de otro pilar de hormigón con una cruz de Santiago. ¡Lo tenemos que encontrar! Me acerco al abismo, intentando recordar la vía por la que llegué el año anterior a este punto, vamos un poco a izquierda y derecha, remontamos un poco más... ¡ya está! Parece que Gorka ha visto algo, nos juntamos, lo vemos todos, es una de las columnas de hormigón. La cima está un poco más allá. Es nuestra. Abrazo de astronauta y sonrisas debajo de las máscaras. Está todo envuelto hielo húmedo y quebradizo, el viento no amaina y la visibilidad sigue siendo nula, pero ahora estamos en la cumbre y disfrutamos de ella durante 6 o 7 minutos. Hace mucho frío.

Nos hacemos unas fotos y decidimos buscar un camino de bajada, en principio, por el cucharón. Pero, ¿desde qué punto? No se ve nada a cinco metros y la decisión recae en mí, que es quien conoce la zona algo más. Tanteo el terreno, me acerco a la pared del circo, hay una pequeña cornisa, pues ha estado soplando de SO. Me lo pienso, sé que volver a bajar por donde hemos subido supone mucho desgaste sin seguridad de encontrar la ruta, sé que bajar a Cueva de Ágreda es un largo camino que luego hemos de solucionar con transporte hasta nuestro coche. No hay otra, "chavales, voy a bajar por aquí", les digo. A alguno le pareció una locura, pero la locura era quedarse parado a pensar más de lo necesario, en montaña hay que ser rápido de pensamiento y de ejecución. Es un medio hostil.

Desaparezco en la niebla por debajo de mis compañeros, tanteo la nieve, es buena. Voy descendiendo de espaldas la parte más inclinada, por ser la rampa de salida, del circo, que tendrá unos 50º. Impresiona, pero en después de pocos pasos grito a mis compañeros que lo veo bien como para llegar abajo y que sé que la pendiente se suaviza después de unos 150m. Me siguen. Escrupulosamente, vamos moviéndonos en paralelo por la pared, encontrando tramos de nieve más dura y partes de nieve blanda, apenas transformada. Conforme vamos descendiendo la pendiente se vuelve menos vertical... cuando de repente oímos un grito de una montañera, a nuestra derecha. Parece venir de la zona de los gendarmes y hemos creído oir que pedía ayuda. No nos lo pensamos, aceleramos la marcha, aún de espaldas al valle, hacia el lugar de donde venía el sonido. Al poco rato contestamos, preguntamos si todo va bien. Afirmativo, nos tranquilizamos. Ahora la pendiente es de 40º, nos damos la vuelta y vamos a su encuentro, queremos verles, pues hace mucho tiempo que no hemos visto nada que no fuese blanco.

Son un grupo numeroso, bien equipado y con un perro. Estaban ascendiendo por el cucharón, pero no han hecho cima, han sido muy prudentes. Posiblemente su grupo era bastante heterogéneo y eso les ha animado a ser conservadores. Ahora que la tensión se ha disipado, descendemos tranquilamente hasta le albergue. Queremos un almuerzo contundente, a la altura de la experiencia. Y consta de: Migas con chorizo y una buena cerveza. Lo más importante, que estamos los cuatro juntos alrededor de una estufa, después de un frío día de montaña. Como siempre, el Moncayo no deja indiferente a nadie. El Moncayo nunca defrauda.


Salud y Montaña


Reportaje fotográfico: Pablo Goenaga / Javier Rodríguez / Gorka Sanz


Salimos del bosque para acercarnos a Morca.

Ya divisamos nuestra ruta de hoy: Este amplio corredor con una variante de salida.

Otro grupo va delante.

Ultimo vistazo a la pendiente....

... y manos (y pies) a la obra.

Se va nublando conforme subimos.

Ahí estaba el dilema.

Saliendo del corredor.

En alguna parte entre Morca y Moncayo...

Hemos encontrado la cima sin demasiada dificultad.

Moncayo (2.316) invernal con los protagonistas de la ascensión.



PS: Los comentarios son fuente de motivación para la existencia de un blog. Si algo te gusta (o si no), coméntalo para que en el futuro siga habiendo nuevas entradas. Gracias.


miércoles, 10 de febrero de 2010

LaKartxela (1.982m) por el Corredor Sacro (PD+, 55º, 400m). Invernal en Belagua.

LaKartxela (1.982m), Pirineo Navarro, España. 24 de enero de 2010.


Parón navideño, la experiencia del Petit Vignemale tuvo efectos retroactivos en forma de gastroenteritis. No es el mejor momento del año para estar a dieta de arroz y zanahorias y, al verme ante las tradicionales tentaciones gastronómicas, la convalecencia se alargó. No está de más decir que ha estado aliñada con un episodio de faringitis aguda, que ha debilitado mi cuerpo y mi mente durante este largo mes de enero. Afortunadamente, no hay mal que 100 años dure, vuelvo a la actividad con dos propuestas interesantes para debutantes en esto de la montaña invernal. La primera de ellas es una ascensión por corredor al Pico Sacro, Peña Ezkieta y LaKartxela. En el descenso también hollamos la Bimbaleta.

El valle de Belagua se encuentra en el extremo nororiental de Navarra, cerrando el puerto del mismo nombre que se dibuja en el horizonte un cordal de cimas espléndidas, que rozan los dos mil metros de altitud, y cuya cúspide es LaKartxela. Montaña conocida por montañeros y excursionistas, su ascensión supone alcanzar un magnífico observatorio de las vertientes septentrional y meridional de esta verdosa parte del Pirineo, así como de cumbres emblemáticas como el Ori (primer dos mil viniendo desde el Mar Cantábrico), el Anie y todo el grupo de Ansabère.

Es éste un retorno a la montaña marcado por un objetivo asequible y buenas condiciones para la práctica del alpinismo. Una pequeña montaña para una gran actividad.


RUTA

El inicio de nuestra ruta circular, y por tanto también el final, es la venta de Juan Pito (1.160m), en las inmediaciones del Cuartel de Yegüaceros, a la que se accede desde la carretera NA-1370, km 68'5. Desde este punto existe un camino balizado con marcas amarillas y blancas (PR) que asciende por un bosque durante un breve tiempo, después sigue por una loma desprovista de árboles, siempre en dirección NNO. En este lugar descendemos hacia una depresión donde hay un caos de bloques y ascendemos directamente hacia el macizo de Keleta, Sacro y Ezkieta por un pequeño barranco. Saliendo del mismo y abandonando definitivamente cualquier forma de vida arbórea, nos encontramos en la antesala del Corredor Sacro (PD+, 45°-55º max.-, 400m), que ascendemos directamente hasta llegar a un pequeño collado entre el Pico Sacro y la Peña Ezkieta. Subimos al Sacro por cresta descompuesta, volvemos sobre nuestros pasos y realizamos un flanqueo a la cresta de la Peña Ezkieta por terreno inclinado de nieve dura (60º), hasta encontrar un pequeño corredor que da acceso a la cima. Desde aquí seguimos la arista mixta, si bien fácil, hasta la cima de E de LaKartxela y , después, hasta su cima principal. El descenso se realiza por la ladera N, en zig-zag, hasta el collado de Gimbeleta, donde tomamos el camino ascendente hasta la Bimbaleta. Volvemos sobre nuestros pasos para descender por camino marcado (PR) hasta el punto de inicio. Gráfico de la ruta


DESNIVEL POSITIVO

1000m


TIEMPO

Nubes y claros, riesgo 2 de aludes hasta 2.000m, temperaturas suaves entre 0ºC y 8ºC. Viento nulo o casi nulo.


CROQUIS



DURACIÓN

Venta de Juan Pito - Base del Corredor Sacro (1h) - Pico Sacro (2h15) - Peña Ezkieta (2h45) - Lakartxela (3h15) - Bimbaleta (4h) - Venta de Juan Pito (5h20). Ritmo normal. Paradas en todas las cumbres para sacar fotos y beber.


DIFICULTAD

Orientación fácil, con huella antigua en la primera parte del camino. Pendientes severas en nieve dura, en el corredor y en el flanqueo (hasta 60º), bastante estable. Le pondría un PD+ al corredor y un AD- al flaqueo, que si bien es corto (100m), es expuesto. En resumen, es una excursión para montañeros acostumbrados a invernales y con buena técnica de piolets y crampones.


DESCRIPCIÓN

Este invierno está siendo revuelto como pocos, no recuerdo tres días de anticiclón sobre nuestros cielos y, de producirse una tregua entre tanta precipitación, siempre cae entre semana. ¡Qué le vamos a hacer! Teniendo esto en cuenta, íbamos a salir a la mínima oportunidad que se nos presentase un sábado o un domingo, incluso con la faringe al 60%. La montaña es una pasión, no es un deporte en el sentido clásico, es un ejercicio de esfuerzo y contemplación como ningún otro. Es un medio y es un fin en sí mismo.

En esta ocasión quedo con mi amigo Aitor a las 7, de forma que a las 9 estuviésemos en la zona de Belagua. Salimos de Pamplona con una enorme ilusión y una pequeña incertidumbre respecto al tiempo y las condiciones de la nieve. Habíamos elegido esta zona por su relativa poca altitud, lo que favorece un asentamiento más firme del manto nivoso, y el interés de algunas rutas reseñadas por otros montañeros. En esta ocasión hemos tomado como referencia la esquiada de Fidel, reseñada en su blog, a este bello corredor. 

Aitor llevaba esquís de travesía y yo me disponía a ir a pie. Llegamos a la venta de Juan Pito, a 1120m de altura, hacia las 9 de la mañana. En sus inmediaciones aparcamos y preparamos los macutos, que pesan lo suyo, al haberles añadido tornillos, algunas bagas, sistemas, cuerdas... en fin, todos los necesarios para asegurar, además de arnés y casco. Después nos daríamos cuenta de que no eran necesarios, pero nunca está de más llevarlos.

Comenzamos nuestro recorrido por camino señalizado y animados por las suaves temperaturas y un cielo nublado pero para nada amenazante. Las mochilas pesan, pero la inactividad navideña es el mayor lastre. Ascendemos pesadamente por el bosque, Aitor con sus botas de plástico, yo con mis circunstancias, si bien enseguida alcanzamos una sucesión de lomas nevadas donde el elemento arbóreo empieza a echarse en falta. Estamos a unos 1350m y la innivación no es muy alta, habiéndose visto especialmente reducida tras las últimas lluvias en alta cota. Por ello la poca nieve que hay también se supone estable, y eso es lo que andábamos buscando.

Aitor se puede poner los esquís y empezar a disfrutar un poco mientras ascendemos sobre la última loma, desde la cual la vista sobre nuestro objetivo impresiona, parece más vetical de lo que en principio habíamos calculado. Es un efecto óptico, no pasa de 55º, que se alcanzan solo a pocos metros del final de la vía. Para ganar la base del corredor tenemos que descender hacia un llano de deposición de grandes bloques de roca, donde mi compañero deja sus esquís, vencido por la falta de nieve. No hay tiempo para más, tomamos el camino más recto, que nos lleve al principio de la actividad más técnica. Para ello remontamos un barranco por donde discurre, medio tapado medio al descubierto, un pequeño curso de agua. Aquí la nieve está en polvo y abrimos huella fatigosamente hasta, transcurridos veinte minutos, alcanzar el punto donde nos calzamos los crampones y cogemos nuestros nuevos piolets técnicos. En principio el estado de la nieve es muy bueno, por lo que no vemos la necesidad de perder tiempo asegurando un corredor más bien fácil. La verdad es que el equipo da mucha seguridad y permite ascender sin sobresaltos con buena técnica. El corredor Sacro traza su línea por el centro del macizo Keleta-LaKartxela en su vertiente NE, la estética vía tiene un trazado sinuoso que esconde la salida de la misma hasta bien entrada la ascensión. Su pendiente es mantenida entre los 45º de la parte inferior a los 55º de la salida, un poco acornisada. La parte central del corredor pasa al lado de un característico "dedo" al estilo de los famosos de la Brecha de Rolando o del Monte Perdido. Es una ascensión muy bonita y con mucho ambiente. Y, la verdad, se pasa volando a pesar de su longitud. "¡Qué gozada de material! ¡Y qué gozada de corredor!", pienso al llegar a la arista. Allí me estaba esperando Aitor, más entrenado y liberado del peso de sus esquís.

Nos encontramos en una arista bastante aérea que une el Pico Sacro con la Peña Ezkieta, y afrontamos la ascensión del primero con una pequeña trepada mixta, bastante fácil. Tras hacer cima y observar la magnífica perspectiva que ofrece del Keleta, volvemos sobre nuestros pasos para encarar la siguiente cumbre, y en este punto se nos plantea una disyuntiva: seguir por la cresta, con alguna trepada maja en mixto y con crampones, o realizar un flanqueo por terreno expuesto, aéreo y bastante inclinado. Pues, la confianza en la nieve y el material fue tal, que nos animamos a recorrer lateralmente unos 100m de pared, a unos 60º de inclinación y sobre buena nieve. Así transcurría mi travesía, con máxima concentración y sondeando las condiciones de la nieve a cada paso... hasta que me doy cuenta de que he perdido de vista a Aitor. Le llamo, le grito, nada. El bueno de mi compañero había desaparecido dejando un rastro de huellas apenas visibles. Pero no me preocupa, sé donde está, él quería haber subido por el terreno mixto de la cresta y sabía que a la mínima iba a subirse a ella. Así es cómo pocos metros después le oigo señalarme su posición, que había alcanzado después de subir un pequeño corredor de nieve de unos 20 metros. Ya estamos los dos en la cima de la Peña Ezkieta, desde donde divisamos, por primera vez en el día, las dos cimas de LaKartxela.

El recorrido por la cresta es fantástico, fácil, pero expuesto. Después pasamos al lado de una espectacular cornisa de unos 3 metros de alto, para enseguida remontar por terreno más estable hasta la cima oriental de LaKartxea, donde solo un hito pedregoso nos indica que hemos ganado el punto más alto. El paseo por el cordal es muy bonito, y por más adelante nos espera la cima principal, donde la cantidad de nieve es considerable, pues prácticamente tapa el buzón verde que señala los 1982m de altitud a la que nos encontramos. Bella vista del Ori y de las montañas que separan Navarra de Aragón, desde el Arlas hasta el Chinebral de Gamueta, pasando por todas las cumbres que nos son familiares a los navarros: Anie, Mesa de los Tres Reyes, Petrechema, Mallo de Acherito. Al fondo Midi d'Ossau y Bisaurín aparecen dominando las alturas.

Aitor está preocupado por sus esquís, que ha dejado abajo, no los puede ver desde arriba y volvemos a buen ritmo por la ruta normal, la que pasa por el collado de Gimbeleta. Pero antes de bajar nos animamos a subir a la Bimbaleta, pequeño repunte altitudinal que me cuesta bastante esfuerzo: la inactividad. Con estaa cumbre nos damos por satisfechos y bajamos, cada uno por un sitio diferente hasta la venta de Juan Pito, donde disfrutaremos de un merecido bocadillo y refresco. Buena actividad en una tregua meteorológica. Ahora a recuperar la forma, que aún queda mucho invierno.

Salud y Montaña


Invernal a Lakartxela (1.981m) por el corredor Sacro (PD+, 55° max). Aitor Askargorta / Javier Rodríguez


martes, 15 de diciembre de 2009

Invernal al Petit Vignemale (3.032m). Forjando carácter.


Petit Vignemale (3.032m), Macizo del Vignemale, Pirineo Francés, Francia. 13 y 14 de diciembre de 2009.

Las nevadas del Puente de la Constitución han asentado y disponemos de unos días libres en los que vamos a intentar alguna cima importante, en nuestra primera invernal de entidad este invierno. La ola de frío presenta un panorama de estabilidad atmosférica que oculta temperaturas muy frías.

El Petit Vignemale es una cumbre secundaria del Macizo de Vignemale, si bien fue la primera de sus cumbres en verse hollada, en el año 1789 por La Beumella. Todas las montañas del macizo tienen su historia propia y ésta tiene su momento culminante en la primera ascensión de la "Vía de los Séracs" (AD inf), en 1925 a cargo de Marie-Louise Orta, Jean Arlaud y Charles Laffont en julio de ese año. Anteriormente, en 1908 se había producido un gran desprendimiento de parte de la barrera de séracs.

Siendo nuestro objetivo inicial la corona de Vignemale, la cima del Petit Vignemale, en las condiciones extremas que hemos soportado, nos sabe a gran victoria. Bella montaña y bellas vistas.


RUTA

Punto de partida en el aparcamiento de Pont D'Espagne (1.500m), tomamos la pista GR.10 (HRP) en dirección S, para tomar altura y alcanzar el Lago de Gaube. Éste se flanquea por la derecha del mismo y posteriormente el camino sigue el riachuelo, alternando orillas. Cerca de la cabecera del valle, se encuentra el Refugio de Oulettes de Gaube (2.151m), desde donde la vía a seguir asciende hacia el E primero y luego hacia el S, para acabar doblando al E en el repecho final a la Hourquette d'Ossoue (2.738m). Aquí el camino sigue, en ligero descenso, hasta el Refugio de Bayssellance (2.651m). Desde el refugio tomamos la directa hacia la cresta que tenemos justo al S, para ir remontándola (40º) hasta la cima del Petit Vignemale (3.032m). Descenso directo a la Hourquette d'Ossoue, y después misma vía que para la subida. Gráfico de la ruta.


DESNIVEL POSITIVO

1650m


TIEMPO

Frío extremo. -8ºC en Pont D'Espagne (1.500m), -12ºC en Oulettes de Gaube (2.151m), - 15ºC en Bayssellance (2.651m), -18ºC en Petit Vignemale (3.032m) con viento a 20 km/h. Nublado y después despejado. Nivel de las nubes: 2.300m.


CROQUIS



DURACIÓN

Lo normal, sin equivocarse de camino: Pont D'Espagne - Lago de Gaube (1h) - Oulettes de Gaube (3h) - Hourquette D'Ossoue (4h45) - Bayssellance (5h15) - Petit Vignemale (6h30). A nosotros nos costó 7h15 llegar a Baysellance.


DIFICULTAD

Ninguna dificultad técnica reseñable, si se domina la técnica de cramponaje y progresión con piolet. Dificultades principales derivadas de la orientación nocturna, la falta de huella clara en tramos y el extremo frío. Ruta larga y con mucho desnivel, para hacer en dos etapas.


DESCRIPCIÓN

Salimos de Pamplona con retraso, hacia las 13:20, con lo que ya sabíamos que no íbamos a ver ni pizca de sol y que la "aproximación" (¡menuda aproximación!) iba a ser de noche. Fuimos por Jaca y el Portalet, donde no había ni un alma esquiando, por la poca nieve y porque el mercurio testimoniaba -7ºC. Allí nos paramos a comprar comida y bebida, y comimos en el coche, un bocata rápido.

En cuanto pasamos a los valles franceses pudimos observar la magnitud de la ola de frío, todo estaba cubierto por una niebla heladora y el paisaje envuelto en escarcha. Se nos estaba haciendo de noche, así que nos propusimos no parar más y tomar el camino más corto. Por desgracia el puerto de Aubisque está cerrado de noviembre a mayo, como reza el panel colocado a pie de carretera, así que tuvimos que seguir hasta Lourdes y desde allí subir a Cauterets. Esta famosa estación de esquí estaba recién nevada, con un dedo de nieve fresca en la carretera, y aún nos quedaba subir hasta el aparcamiento de Pont D'Espagne (1.500m). Poco a poco y con marchas largas (sin poner las cadenas), llegamos a destino. Tres coches aparcados, uno en marcha que se presta a largarse. Aquello parece muerto. El termómetro del coche daba -8ºC, pero nosotros teníamos ya ánimo y ganas de darle a las botas. Nos vestimos, guardamos las cosas en el maletero y nos ponemos en marcha enseguida, son las 18:55 y tenemos, en principio 4h30 de marcha hasta el Refugio de Bayssellance (2.651m).

En total oscuridad, con unas temperaturas que no invitan a quedarse quieto y con el cuerpo destemplado, empezamos a andar siguiendo la luz de nuestros frontales. Nos cuesta un poco encontrar la pista, el GR 10 (HRP, para los franceses), que remonta el Valle de Gaube. El primer aviso lo tenemos en el camino empedrado del comienzo: una capa de hielo de espesor variable (2 a 3 dedos) se cuela entre las piedras y tenemos que progresar apoyando sobre la punta de las piedras que queda al aire. La progresión es penosa, os lo podeis imaginar. Todo estaba más que helado. Pero nuestro ánimo es bueno y lo estamos pasando bien.

Nuestro mapa indica que, en el largo ascenso hacia la cabecera del valle, el primer punto de referencia es el lago de Gaube, que deberíamos haber alcanzado a la hora y media de caminata. Nunca lo vimos, andábamos como autómatas y no nos percatamos del flanqueo que hicimos del lago, solo nos interesaba seguir la huella, no hacía tiempo para nada más. No sacamos ni una sola fotografía en toda la noche, implicaba perder demasiada energía, y la íbamos a necesitar.

Preocupados por no encontrar muestras de que estabamos yendo por el buen camino, continuamos por la huella. La temperatura se hace notar, por suerte no hay casi viento, solo una ligera brisa de vez en cuanto castiga la poca piel que tenemos al aire. Las pestañas se hielan, la nariz se vuelve insensible. Abro y cierro las manos continuamente para que circule la sangre. Seguimos adelante, haciendo amagos de perder la huella de vez en cuando, no perdemos mucho tiempo.

En poco más de 3 horas llegamos al Refugio de Oulettes de Gaube, que está cerrado, algo que ya sabíamos. Está situado a 2151m de altitud y es enorme, como dos veces el de Góriz. En este punto empezarían nuestras dificultades, que en este momento no eran graves. Damos la vuelta al refugio buscando seguir la vía, nuestras posibilidades de éxito pasan por encontrar una huella hecha que conduzca a Bayssellance. La retirada ni se nos pasa por la cabeza a estas alturas, así que, con paciencia, finalmente identificamos pisadas y acto seguido un hito que marca la vía a seguir.

El rastro asciende decididamente, aún podemos progresar sin crampones, pero se está haciendo cada vez más difícil. Pero eso no era lo peor. En cierto momento, habiendo ascendido unos cuantos centenares de metros, perdemos las huellas. Para ser exactos, aparecen rastros múltiples, lo cual nos confunde y, como suele pasar cuando se está a -16ºC, de noche, en un lugar de Alta Montaña en el que no hay nadie en km a la redonda y reventados por el esfuerzo, seguimos el camino equivocado. Ascendimos por una pala de unos 45-50º de inclinación unos 200 metros de desnivel, siguiendo el rastro imaginario de lo que parecían huellas. No debimos hacerlo, estábamos subiendo hacia nuestra miseria, hacia el punto de inflexión que nos hizo tomar otra conciencia de la situación. Extenuados por el esfuerzo, sin otras referencias que las alargadas siluetas de la cara norte de la Pique Longue de Vignemale y sus hermanas menores y con el ánimo bajo mínimos, tomamos la decisión de volver al coche. Es lo más lógico, hay que aceptar la derrota, un alpinista también tiene que saber renunciar con la cabeza. Pero su corazón nunca descansa.

Nos ponemos más ropa, los crampones, sacamos los piolets. Vamos a irnos hacia abajo cuando, casi a la vez, Aitor y yo nos proponemos un último intento si conseguimos ver una huella fiable. Si algo tenemos en común los dos es nuestra perseverancia y capacidad de sufrimiento, así que nos damos esta última oportunidad. Esto podía ponernos en un punto de no retorno, puesto que las penas que sufriríamos de pasar la noche vivaqueando sin saco, hubieran sido enormes. Fue una decisión difícil. Pero, todo hay que decirlo, no había opción buena, era pasar miseria cuesta abajo o pasarla cuesta arriba, y en ese momento estábamos más cerca del Refugio de Bayssellance que del coche. 

Bajamos por la pala, cada vez más helada, con todas las precauciones. El desgaste nervioso es enorme, todo se hace con la máxima precisión. En un punto de la bajada, me parece ver una cuerda... ¿una cuerda? ¿aquí? Nos acercamos para comprobar que era la toma de agua del Refugio de Oulettes de Gaube. Ojeamos la zona y vemos que un rastro de huellas de raquetas y de pisadas sigue hacia la derecha, en la orientación correcta según nuestro mapa. Es nuestra huella, es nuestra oportunidad.

Seguimos la huella, nuestras fuerzas están más congeladas aún que el entorno que nos rodea, la progresión es muy lenta. Aitor va un poco más rápido que yo, adecúo mi ritmo a un esfuerzo que me permita llegar al refugio, por una parte, y que me permita generar calor, por otra. Nuestras posibilidades pasan por adoptar esta técnica, pero tenemos que parar de vez en cuando, cada vez que paro me acuerdo de alguien y mi mente sonríe, porque mis labios ya no pueden. No podemos quedarnos parados más de 2 minutos, a pesar de toda la ropa y del esfuerzo, la dispersión térmica que sufrimos inclementemente nos enfría enseguida. Sabemos lo que significa quedarse parado. Sabemos lo que significa la somnolencia que nos conmina a no dar un paso más y tirarnos en la nieve a dormir.

El cielo está limpio y las pétreas siluetas del Vignemale y sus acólitos apuntan al espectáculo irreal de una bóveda celeste poblada por miles de estrellas y constelaciones. Nunca habíamos visto algo así, parecía que se fuese a caer encima nuestra, de tan saturada que se encontraba. Esta grandiosa visión, solo posible en un entorno natural salvaje, con una nula contaminación lumínica y con una atmósfera limpia y gélida de invierno, parece compensar todo nuestro esfuerzo y nos anima a seguir ascendiendo en busca del collado de Hourquette D'Ossoue, que ya no está lejos.

La huella no nos ha abandonado, es antigua, pero se puede seguir bien. El último repecho antes del collado se hace duro, clavamos los crampones de frente, traccionamos con el piolet alternativamente. Mi cuerpo, acostumbrado ya al ritmo pesado que mi cabeza le ha marcado como método de supervivencia, alcanza el collado sin ninguna emoción. Ahora ya solo queda bajar hasta el Refugio de Bayssellance (2.651m). Estamos muy cerca de lograr lo que horas antes era un imposible. Como dos exploradores de lo irreal, vemos la puerta metálica del refugio, Aitor la abre y trata de abrir la puerta interior, pero la cerradura está helada. Busco otra puerta para entrar en la parte libre del inmueble, cuando Aitor me comunica que ha conseguido abrir la puerta, estamos dentro. Nos abrazamos, lo hemos pasado mal, hemos luchado mucho. Pero estamos bien. Son las 2:15 del 14 de diciembre.

Hace mucho frío en el interior unos -10ºC, pero ya no hay viento y estamos a salvo. Nos quitamos lo justo, la parte interior de mi chaqueta de gore-tex tiene escarcha, por haber respirado en el interior. Me pongo el chaleco de plumas, deseando que fuese un buzo. El frío ahí fuera ha sido extremo.

Exploramos las habitaciones. Como era de suponer, estamos solos. Sacamos nuestros víveres e intentamos hacer un fuego en la estufa de leña que hay en el recinto de comidas. Todo está helado y húmedo, no hay quien haga un fuego, así que sacamos el hornillo y la comida y preparamos unos tortelinni que encontramos en la cocina.

Comemos como si no lo hubiésemos hecho en semanas, de todo, la pasta, fuet, leche condensada... fundimos nieve para beber. Entramos en calor, por decir algo. Vamos a intentar dormir lo mejor posible, vamos a la cama con todo aquello que no queremos que se congele. Lentillas, batería de la cámara... Nos echamos tres mantas de un grosor considerable, pero les cuesta retener nuestro calor, que se escapa por cualquier sitio. Duermo en posición fetal, con el chaleco de plumas, mallas, calcetines, guantes, gorro. La nariz mejor tenerla debajo de las mantas también.

Noche muy fría, pero dormimos, nos despertamos a las 9:15. Nos ponemos en marcha muy despacio, después de haber preparado un desayuno caliente muy nutritivo y haber fundido un montón de nieve para poder hidratarnos. El líquido es fundamental. Las barritas energéticas también, aunque estén duras como piedras, eran barritas "de chupar". Entre bocado y sorbo nos ponemos a hablar de los objetivos, teniendo en cuenta el enorme desgaste sufrido la noche anterior. Nos proponemos el Petit Vignemale (3.032m), muy asequible técnicamente y de rápido acceso desde le refugio. El día es magnífico, frío como ninguno, pero el viento es casi nulo y brilla el sol por encima de un mar de nubes que se extiende en todas direcciones, aproximadamente en la cota 2.300.

Emprendemos la marcha a las 11:20, con todo el equipo preparado y recogido. Queremos subir por la zona soleada, así que nos dirigimos directamente al S, para ganar la arista que remonta hasta nuestro objetivo. La nieve esta perfecta, polvo con una costra dura que haría las delicias de los esquiadores. En algunos tramos de umbría hay hielo, a veces azulado. Subir con los crampones por la bella arista mixta es un placer y las vistas hacia Ordesa, hacia Bigorre o hacia Balaitous y compañía son impresionantes. La subida se hace amena, si bien se siente el esfuerzo de hace unas horas. Alcanzamos la antecima a las 12:35 y vemos que el punto más alto requiere pasar una arista nevada de unos 10 metros. La nieve está perfecta y estable, no hay cornisas y el paso es bastante ancho. Llegamos a la cima del Petit Vignemale (3.032m), que nos sabe a triunfo de los grandes. La temperatura a esta altitud es de -18ºC, con un ligero viento de unos  20 km/h, nos da una sensación térmica de aproximadamente -26 ºC. Nunca habíamos pasado tanto frío. Apenas hablamos, nos basta con mirarnos: Estamos felices. Hacemos las fotos de nuestra victoria y exploramos con la vista la arista que conduce a la Punta Chausenque y hacia la Pique Longue, así como la salida del corredor terminal de la Vía de los Séracs (AD inf.) al Petit Vignemale.

El momento de éxtasis se apaga. Unas nubes están cubriendo el sol y quieren ocultar la visión que tenemos de la Pique Longue, así que decidimos bajar sin demora y directamente a Hourquette D'Ossoue. Cuando llegamos a este collado está ya casi todo cubierto. Es hora de apretar el paso y llegar al coche lo más rápido posible dentro de lo que nuestras fuerzas nos permiten. Antes de despedirnos de la cara norte del macizo, sacamos unas fotos. Ahora nos adentramos en el mar de nubes, donde está nevando ligeramente, en el Refugio de Oulettes de Gaube nos quitamos los crampones. Más peso a una espalda maltrecha por una mochila llena a rebosar. Seguimos nuestra senda helada y muy incómoda, se hace difícil mantener la verticalidad, la temperatura exterior está en -15ºC y la humedad es muy alta, un riachuelo discurre al lado del camino. Sentimos curiosidad por ver el lago que la noche nos ocultó, por fin llegamos, casi sin perder altura a una gran explanada donde se encuentra mitad helado, mitad líquido, el huidizo ibón. Para comprobar el grosor de la capa de hielo lanzamos varias piedras de diferente tamaños sobre la parte helada: Ni una sola fue capaz de penetrar el hielo, que debía tener entre tres y cuatro dedos de espesor.

El cielo se está oscureciendo y queremos llegar al coche antes del anochecer, pero el camino helado no nos deja progresar con rapidez, un resbalón puede tener malas consecuencias y tenemos que estar atentos hasta el final. Por fin, a las 17:30 llegamos al coche (el termómetro marcaba -8ºC a 1.500m) y concluimos nuestra ascensión express al Petit Vignemale en el día más frío del año. Una experiencia extrema, una lección dura.

Salud y Montaña


Slideshow Petit Vignemale (3.032m). Ascensión invernal: Javier Rodríguez

Reportaje fotográfico: Javier Rodríguez


Llegada a las 2:15 al Refugio de Bayssellance.


Habitación de invierno.

Impecable, pero frío...

La placa del refugio.

Mirando por la ventana del refugio.

La cresta que conduce al Petit Vignemale.

En la cresta.

Precioso día de montaña.

El refugio va quedando atrás.

Bello mar de nubes hacia Gavarnie.

Ultimos pasos.

Cima del Petit Vignemale (3.032m, -18°C),

La arista desde el Petit Vignemale a la Pique Longue.

El Montferrat.

Se aprecia las huellas de nuestro descenso desde el Petit Vignemale hasta Hourquette D'Ossoue.

Cara N del Vignemale.

Aitor con el Vignemale.

Mar de nubes en el valle de Gaube.

Lac de Gaube.




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