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sábado, 10 de noviembre de 2012

Palas (2.974m) por la chimenea Ledormeur. Descubriendo al hermano menor del Balaitús.


Pico Palas, Pirineo Aragonés, Huesca, España. 29 de Julio de 2012

El Pico de Palas (o Pallás, 2.974m) es una montaña singular pues su cima marca no sólo la frontera política entre Francia y España sino que separa los departamentos franceses de Pyrénées-Atlantiques y Hautes-Pyrénnées. Este carácter de frontera corresponde bien a la morfología de la montaña, que presenta tres caras abruptas de granito grisáceo oscuro pulidas por los hielos cuaternarios. Los antiguos glaciares dieron lugar a la abundancia de lagos de origen glaciar que podemos encontrar en las tres vertientes del Palas.

El Palas fue ascendido por primera vez por casualidad. Fueron los geodésicos franceses Peytier y Hossard quienes, en 1825, ascendieron a esta montaña por la vía clásica francesa, hoy llamada 'brèche des géodésiens' en su honor, cuando intentaban alcanzar la cumbre del Balaitús para efectuar mediciones científicas. La otra vía clásica de ascensión es la que nosotros recorreremos, la chimenea Ledormeur, a la que se accede desde la vertiente española de la montaña. 

Pocos días antes Aitor, Gorka y yo, habíamos decidido ascender esta vía en el día de nuestro reencuentro. Así pues, con los macutos preparados para una larga ruta con una interesante trepada y una bonita arista por recorrer, nos encaminamos para otra aventura juntos. 


RUTA

Desde el aparcamiento de La Sarra se toma el sendero GR.11 (marcas blancas y rojas) y se recorre en dirección a Respomuso hasta el desvío que indica claramente "Ibones de Arriel". Continuamos por un sendero más estrecho que se eleva por bosque brevemente y por pedregal después hasta alcanzar el ibón inferior de Arriel. Aquí rodeamos los ibones por el E, hasta llegar a las inmediaciones del Pico de Palas, al final del ibón superior de Arriel. En este punto empezamos a subir por trazas de senda hacia la pared SE del Palas, a la que debemos acercarnos en su parte central para divisar la placa amarillas y las marcas de pintura roja que conducen a la chimenea Ledormeur. Ascendemos la canal inclinada utilizando las buenas presas de que disponemos y, una vez en la parte superior de la misma, seguimos la senda evidente por la arista SO hasta una canal de piedra blanquecina descompuesta, que nos conduce directamente a la cima del Palas.

El mismo itinerario para descender. Existen tres puntos de anclaje equipados para rapelar la chimenea.


DIFICULTAD

Las propias de la distancia y el desnivel (1.536m), más la dificultad especifica de la vía de acceso, la chimenea Ledormeur. Su cotación es PD- II°, siendo la parte inferior la más inclinada y difícil. Otra dificultad inherente a esta vía consiste en la identificación de la buena chimenea, puesto que existen otras canales susceptibles de ser confundidas con la vía aquí descrita.

Recomendable casco, arnés, cuerda y demás material para rapelar, especialmente para montañeros inexpertos. La caída no perdona.


DESNIVEL POSITIVO

1.536m


TIEMPO

Nublado, despejándose conforme avanzaba el día. Viento débil. Temperatura en torno a los 15°C en la cima de Palas y 25°C en La Sarra.


CROQUIS


La Sarra - Ibón inferior de Arriel

Ibón inferior de Arriel - Chimenea Ledormeur - Palas


DESCRIPCIÓN

Ginebra quedó atrás y durante mi viaje a España, conforme sobrevolaba los Pirineos, pensaba para mis adentros: 'qué bien sienta volver a casa, aunque sea de vacaciones'. Con esa ansiedad pueril de quien quiere llegar ya y una vez en destino hacer todo lo que quiere hacer al mismo tiempo. Sin embargo, el reencuentro con la montaña y con mis buenos amigos Aitor Askargorta (al que no veía desde hacía mucho, pues pasó una temporada en Nueva Zelanda) y Gorka Sanz tuvo que esperar más de lo que hubiese querido.

Los días pasaban, rápido, visitando a amigos, saliendo a cenar, yendo a la playa, pero llevaba en Pamplona más de una semana y seguía sin pisar esa tierra especial, la del Pirineo, que tantas emociones nos tiene siempre reservadas. Hice una salida, el 23 de julio, con mi chica. Subimos a San Miguel de Aralar desde Uharte-Arakil, para seguir preparando las piernas para desafíos mayores y quitarme un poco el mono de montaña que estaba empezando a apoderarse de mi.

Cuando un par de días antes de nuestra excursión nos pusimos de acuerdo para subir los tres al Pico de Palas, no podía estar más contento. Habíamos estado discutiendo si era mejor hacer las Frondellas, el Balaitús por la Gran Diagonal o el Palas. Debo decir que yo era el menos convencido por esta última opción, pues sabía que tendríamos que encontrar, primero; subir, después; y finalmente, descender la chimenea Ledormeur. Y no tenía ganas de meterme en berenjenales, máxime después de haber comprobado, unos días antes con Aitor, como mi nivel de escalada había caído hasta el nivel del suelo. 

Evidentemente, como estaba en minoría y, además, íbamos a llevar material, elegimos la ascensión al Palas.

Salimos el 29 de julio temprano por la mañana de Pamplona, y en poco más de 2 horas estábamos aparcando el coche en el aparcamiento del embalse de La Sarra, cerca de Sallent de Gállego. El viaje, como siempre, especialmente cuando es un reencuentro de amigos que no se ven a menudo, fue una sucesión de bromas, historias más o menos antiguas y muchas risas. Es una parte imprescindible e insustituible de toda excursión montañera, no me cabe la menor duda. Ir sólo al monte no tiene nada que ver. Así que, entre risas y predicciones, nos pusimos en marcha en torno a las 10 de la mañana e impusimos (impusieron, si os soy sincero) un ritmo exigente para acortar al mínimo posible el largo trecho por el GR.11 que hay entre La Sarra y el desvío a los Ibones de Arriel.

En efecto, no hay que confundirse: hay un desvío previo hacia el N que lleva al Pico de Arriel. Nosotros tomamos el segundo desvío, el que conduce a los Ibones de Arriel, Pico de Palas y Balaitús por la Gran Diagonal. Y a Francia, también. La subida se hace pesada, pues es larga y la hemos recorrido varias veces. Recuerdo especialmente que en una de mis primeras salidas montañeras de entidad, cuando mi hermano Eloy y yo hicimos la ascensión de la Gran Facha desde La Sarra, habíamos caminado durante horas por este largo valle y este camino, en ocasiones pedregoso, que llegamos a creer que era interminable. 

Nada más lejos de la realidad, en poco menos de una hora nos encontramos en el desvío hacia los Ibones de Arriel. Ahora empieza otra tediosa parte del recorrido, por un pequeño bosque al principio y una gran pendiente pedregosa a continuación. Esta zona es barrida frecuentemente por avalanchas durante el invierno y la primavera, coladas de nieve que pueden resultar peligrosas no solo en esta zona en sí, sino también en el GR.11, pues suelen terminar en el curso del río Aguas Limpias. Numerosos paneles nos avisan de este peligro objetivo a lo largo de este sector del camino de gran recorrido por excelencia del Pirineo.

Decía que recorrer la pendiente pedregosa, yerma y devastada, que se extiende a los pies de los primeros contrafuertes del Pico de Arriel, es tedioso y, si no fuese por el aliciente de conducir a los magníficos Ibones de Arriel y a las grandes cumbres de este sector, no tendrían ningún interés especial. Salvando las distancias (que no son muchas), me recuerda a las Mallatas del sector de Panticosa. Esta pendiente ya la conocíamos Aitor y yo, pues habíamos acometido, un par de años antes y en compañía de Eloy, la ascensión al Balaitús por la Gran Diagonal. Esta vez, me encontraba más cansado, menos entrenado. Las dos primeras horas de ascensión, hasta los ibones, fueron bastante duras para mi, mientras que mis compañeros se encontraban bastante mejor de forma. 

Rodeamos los ibones en nuestro camino al Palas. Llegados al último ibón, el superior, lo rodeamos por la vertiente E y empezamos a subir por trazas de senda una pendiente de piedra descompuesta que nos conduce, tras una travesía serpenteante, al pie del Pico Palas. Aquí sobrevivía un pequeño nevero con su correspondiente rimaya, que tuvimos que evitar para pasar hacia el inicio de la vía. Sin embargo, no sabíamos cuál era la vía, puesto que no la habíamos identificado con precisión. Aitor opinaba que debíamos subir por una chimenea que estaba muy cerca del Pitón Von Martin; Gorka y yo pensábamos que debíamos continuar buscando, hacia el centro de la pared, la famosa chimenea herbosa conocida por chimenea Ledormeur. Mientras seguíamos preguntándonos cuál sería la buena ruta una pareja de montañeros italianos descendieron por lo que parecía la vía correcta, así que partimos a su encuentro. Ellos nos indicaron que había que subir un pequeño corredor de piedra más blanca marcado con pintura roja antes de encontrar la chimenea Ledormeur, que está relativamente escondida.

Ese día, me encontraba bastante a disgusto con mi cuerpo y mis sensaciones. Llegó el momento de ir al excusado, operación harto complicada/delicada en montaña, nunca me cansaré de decirlo, y efectivamente, mi situación mejoró ostensiblemente. Aunque ahora quedaba subir aquella chimenea verdosa, más vertical de lo que hubiera imaginado, pero que resultó realmente fácil a la subida y nada difícil a la bajada. Eso sí, siendo consciente de que una concatenación de malos pasos puede ser fatal, pero esa es la realidad de muchas vías clásicas como ésta, y no por ello son menos frecuentadas. Poco a poco, con la imponente cara O del Balaitús a nuestra espalda y siguiendo el mandamiento de los tres puntos de apoyo simultáneos, ascendemos por aquel angosto resquicio, identificando los puntos de anclaje para su posible utilización durante la bajada. 

Una vez terminada la chimenea el camino se vuelve más aéreo, pero también más asequible y recorre la parte superior de la arista S, al principio por la vertiente E y después por la vertiente O. Superando una zona  de piedra más descompuesta cerca de la antecima, llegamos a los bloques finales de ésta y, finalmente a la cima del Pico de Palas (2.974m). Hemos llegado juntos, charlando. En cima nos felicitamos por esta bonita ascensión, sabiendo que aún nos queda el otro cincuenta por ciento por recorrer, en sentido inverso. 

La cima del Palas ofrece unas vistas excepcionales sobre unos 300°, pues la parte NNE se encuentra tapada por la cresta cimera. Pese a ello tenemos unas vistas impresionantes sobre los vecinos Arriel y Balaitús, así como sobre los numerosos lagos que encuentran al pie de estas moles de roca. Entre ellos, los Ibones de Arriel, el Lac de Arrémoulit y el Lac d'Artouste. Por desgracia no podemos ver ni el Ibón Chelau ni los Lacs de Batcrabère. En la cima nos quedamos durante un buen rato, comiendo los bocadillos o, como ya viene siendo habitual para mi, un sobre de comida liofilizada. Acostumbrarse a comer caliente en el monte es algo que no tiene vuelta atrás...

Tras hacer unas buenas fotos y contemplar el bello paisaje, nos disponemos a descender por el mismo camino que a la subida. La bajada no presenta ninguna dificultad hasta la chimenea, y me quedo un poco atrás para fotografiar a mis compañeros desde la lejanía. Éstos me esperan en la parte alta de chimenea, para comenzar el descenso juntos. Como no tenía muchas ganas de pasar momentos de tensión, decidí ponerme el arnés, aunque fue en vano, porque nunca sacamos las cuerdas ni los reversos. Aitor se preguntaba jocosamente para qué me había puesto 'el pañal'... Bueno, después de unos metros bajando por la pared, vi que no era tan delicada como pensaba y que se podía destrepar con cuidado. Eso hicimos durante los 80 o 90 metros de chimenea, hasta llegar a su base y respirar más tranquilos: el tramo delicado se había superado sin problemas.

Fue entonces cuando pusimos rumbo a La Sarra a buen ritmo otra vez, primero bajando por el pedregal que se extiende bajo la cara S del Palas y después rodeando los Ibones de Arriel, donde volvimos a apreciar presencia humana (incluso alguna tienda ya montada pese a lo temprano de la hora). El descenso se hizo largo, pero las miradas atrás, para fotografiar nuestra montaña de hoy, más y más libre de nubes conforme avanzaba la tarde, se sucedían. Me fui quedando atrás fruto del cansancio también y llegué muy vacío, pero muy contento, junto a mis compañeros, que me habían esperado cerca del empalme con el GR.11, al aparcamiento de La Sarra. 

Había sido un bonito reencuentro entre amigos y una excelente experiencia montañera. Una  ascensión para recordar cuando empiece a echar de menos a mis amigos y a este precioso entorno.

Salud y Montaña.


Reportaje fotográfico: Javier Rodríguez / Gorka Sanz


Primera vista sobre el Palas.

Ibón superior de Arriel.

Pico de Arriel (2.824m).

Esta placa y las marcas rojas nos indican el camino a seguir.

El Balaitús y las Frondellas desde la base de la chimenea.

Chimenea Ledormeur (II°), desde su base.

Subiendo la chimenea (I)
Subiendo la chimenea (II)

Subiendo la chimenea (III)






































Cima del Palas (2.974m), Javier, Aitor y Gorka.

Pico de Arriel (2.824m), cara N.

Midi d'Ossau (2.884m)

Balaitús (3.144m), cara O.

Panorámica E desde la cima del Palas.

Empieza el descenso: Zona descompuesta próxima a la cima.

Bajando por la arista SO

La arista es ancha en una parte del recorrido.

Descenso de la chimenea.

Mirando la impresionante cara SE del Palas.

Una vista atrás hacia nuestra montaña de hoy.

Una señora marmota posando ante tres bípedos que la observan.

La amplia ladera S que se extiende a los pies del Pico de Arriel.

Este es el desvío hacia los Ibones de Arriel.

Volvemos tranquilamente por el GR.11.

PS: Los comentarios son fuente de motivación para la existencia de un blog. Si algo te gusta (o si no) coméntalo para que en el futuro siga habiendo nuevas entradas. Gracias.

domingo, 9 de mayo de 2010

Balaitous por la Chimenea de las Néous (AD-). Intento invernal.

Macizo del Balaitous, Parc National des Pyrénées, 16 de marzo de 2010.


Un mes después de mi última salida a la alta montaña, recuperado del duro invierno, me dispongo a calzarme las botas y los crampones de nuevo. La energía acumulada por el tiempo de inactividad me impulsan, incluso me precipitan, hacia un objetivo ambicioso, que quizá no sea lo mejor para mi cuerpo todavía. Pero en esto, como en muchas otras cosas, la cabeza manda.

Ésta es mi segunda visita al Balaitous, que ya coroné con Aitor Ascargorta y mi hermano Eloy en agosto de 2009. En aquella ocasión elegimos la ruta de la Gran Diagonal, una ruta F+, que se inicia en La Sarra y transcurre por la cara O de la mole del Balaitous, buscando el paso más fácil por la enorme hendidura de esta vertiente.

El Balaitous tiene varias rutas, frecuentadas en diferentes épocas del año. La Gran Diagonal (F+) es la vía clásica desde España en verano, siendo la ruta de la Brecha Latour (PD, II+) la normal el resto del año para los ataques desde el sur de los Pirineos. La vía francesa por excelencia para los meses fríos es la de la chimenea de las Néous (AD-). Ésta va a ser la elegida, pues tanto Gorka, mi compañero en esta ocasión, como yo mismo ya habíamos frecuentado las otras vías de acceso a la cumbre.

Con muchas ganas y con mucho respeto, en este especialmente duro invierno, nos encaminamos a la conquista de esta gran montaña, que medirá nuestra capacidad de acometer una invernal por una vía prestigiosa.


RUTA

Nuestro punto de partida se encuentra en el kilómetro 4 de la pista que conduce hacia el  Centro de Interpretación desde Arrens. Remontamos la carretera hasta dicho refugio, donde se inicia nuestro trayecto en senda hacia el SE, primero en zig-zag por un bosque y después por el valle. Hacia la cota 1750 se gira hacia el SO, para ganar altura con rapidez a través de palas inclinadas de nieve, alcanzando un valle elevado que se encauza progresivamente hacia el O. En la cota 2500 se inicia el Glaciar de las Néous, en este momento nevado y con sus grietas y rimayas cubiertas. Remontando dicho glaciar llegamos a la base de la chimenea, que es la segunda por la derecha. Existe un primer resalte de cierta dificultad, en mixto. El camino de regreso es el mismo que el de subida.


DESNIVEL POSITIVO

1900m


TIEMPO

Espléndido día azul, con temperaturas que variaron entre los -5ºC y los 5ºC. Viento nulo.


CROQUIS



DURACIÓN

Km 4 – Centro de Interpretación (1h15) – Desvío hacia Ledormeur (3h45) – Glaciar de las Néous (5h) – Chimenea de las Néous (7h15) –  Centro de Interpretación  (13h45)- Km 4 (15h). La ascensión en nieve y el desnivel acumulado son elementos muy importantes a tener en cuenta, esto tiempos se refieren a ellos. En condiciones de menos nieve, distinta cota de aparición de ésta o estivales, los tiempos pueden variar notablemente.


DIFICULTAD

La principal dificultad viene dada por la longitud de la aproximación y de la ruta en sí, sumados al desnivel que hay que salvar para llegar a la vía de acceso a cumbre. Todo ello requiere de una forma física excepcional para acometer dicha empresa en una jornada. La dificultad técnica principal es el resalte mixto de la entrada en la chimenea de las Néous (75º, 4m) y la propia chimenea helada (50º).


DESCRIPCIÓN

Salgo de trabajar y estoy eufórico, hemos estado esperando muchas semanas una oportunidad así: ir a la montaña en buenas condiciones meteorológicas y nivológicas. Habíamos empezado a pensar que necesitaríamos poco menos que una conjunción astral para ver a nuestro Pirineo bajar la guardia.

Los antecedentes hablaban por sí solos, este invierno estaba siendo muy duro en lo climatológico y en lo personal. Desde mediados de diciembre las condiciones no habían hecho sino empeorar, con gran inestabilidad atmosférica y dejando las montañas con condiciones de innivación superiores a otros años. La ida y venida constante de borrascas no habían permitido una estabilización duradera del manto nivoso en tres meses. Tiempo en el que no habíamos podido hacer más que dos incursiones invernales de poca entidad: Lakartxela y Moncayo.


En lo personal también habían sido unos meses duros viendo caer uno tras otro montañeros en las cordilleras de nuestro país, muchos de ellos muy experimentados, añadiendo una gran aflicción a la lógica impotencia que genera no poder salir a practicar nuestra actividad favorita con seguridad.

El trago más amargo lo tuve el día 23 de febrero, cuando mi buen amigo Lucas me comunicó por teléfono, con una una voz que apenas disimulaba su gran ansiedad, que su tío Alfonso había desaparecido en las inmediaciones del Pico Billare, en Lescun, Francia. Me pidió ayuda para ir a la zona. Alfonso era el hermano gemelo del padre de Lucas, un hombre del que había oído que era alpinista y escalador, y cuyas hazañas alimentaban mi imaginación cuando era adolescente. Ese alpinista capaz de ascensiones como el Mont Blanc o el Cervino, y de escaladas clásicas en el Pirineo, había desaparecido en este fatídico invierno junto a su compañero de cordada Armando.

Por casualidades de la vida, mi compañero de cordada Gorka estaba conmigo en el momento de la noticia. En cinco minutos confirmé a mi amigo que estaría con él al día siguiente. El infortunio ha hecho que a día de hoy aún no hayamos podido recuperar los cuerpos.

La montaña te lo puede dar todo, pero te lo puede quitar todo, y es ese ansía de superación y descubrimiento, de vuelta a los orígenes y de experimentación de los límites humanos, la que nos lleva a medirnos en la naturaleza. Es la belleza de la idea, de lo incólume contra lo liviano, de lo impertérrito contra lo corruptible, de la montaña y el hombre. A decir verdad, no hay razones para ir a la montaña, pues el alpinismo no es sino una pasión. Una pasión que colmata el espíritu humano, pero una pasión que puede acabar con nuestra temporalidad.


Buscando ese elixir de vida me encuentro preparando mi material de alpinismo al son de la música contemporánea que voy a aparcar dentro de poco tiempo. Hago una llamada a Gorka para avisarle de que pase por mi casa y me dejo llevar por los pensamientos mientras organizo el macuto. Llega mi compañero en pocos minutos. Aquí está casi todo listo. Solo me queda por repasar la lista de imprescindibles, cuando hablando descubro que Gorka tiene medio día más de lo previsto. Enseguida le propongo cambio de planes, tenemos hambre de algo grande: El Balaitous por la chimenea de las Néous, una vía AD muy conocida, sobre todo al otro lado de los Pirineos.

Con la excitación propia de comenzar una empresa improvisada nos dirigimos a una tienda de montaña a por el mapa 1:25000 que nos falta. Después todo será carretera, de noche. El viaje se hace entretenido, charlamos y bromeamos, hablamos de la ruta, del inmejorable tiempo y de las ganas que teníamos de ir. En esto se nos hace tarde para cenar y, ya se sabe, en Francia todo está cerrado a las 22:30. Tras intentarlo en vano en Oloron y Pau, va a ser en Lourdes donde el milagro ocurre. La virgen nos deja un Kebab abierto para que satisfagamos nuestros estómagos y tranquilicemos nuestros ánimos, pues ninguna empresa en la montaña puede tomarse en serio sin estar bien alimentado, o por lo menos bien lleno. Resultó ser un lugar muy agradable, buena y barata comida y unos dueños especialmente acogedores y simpáticos. Tanto que volveríamos a cenar allí al día siguiente. Pero esto es adelantarse a los hechos.

Ahora solo nos restaban unos minutos para llegar a destino, un aparcamiento al final de la Gave d'Arrens, en pleno Parc National des Pyrénées, ese espacio que vuelve sorprenderme. Sin duda es un lugar mágico, una reserva de vida salvaje excepcional que esconde muchas de las más bellas formaciones montañosas de toda la cordillera pirenaica, amén de una gran cantidad de variedades botánicas y animales, que son tesoros de un valor incalculable.

Y es que cuando un hombre moderno arriba a un sitio como éste se ve desbordado por la increíble serenidad de la naturaleza y por la armonía de sus formas, una calma que se ve sacudida esporádicamente por espasmos de realidad. Y ese hombre que sueña despierto reconoce una fragilidad que había dado por olvidada. Neutralizada por el progreso material y la accesibilidad a los recursos básicos, ignorada por el conocimiento científico y el desarrollo tecnológico, y despreciada por nuestra soberbia, la montaña nos devuelve a nuestro lugar en el orden natural, aunque sea temporalmente.


Sin embargo, fue una valla lo que nos dio, inesperadamente, una dosis de realidad. El paso se encontraba cortado en el cuarto kilómetro de la pista asfaltada que comunica Arrens con el Centro de Interpretación del Parque, donde esperábamos aparcar el coche. Esto suponía alargar la ascensión del día siguiente en cinco kilómetros y cuatrocientos metros de desnivel, una hora y cuarto a buen paso. Sin embargo había un motivo compartible detrás del bloqueo de la ruta, se trata de un área protegida y está cerrado su acceso desde noviembre a mayo para vehículos a motor. Y como amantes de la montaña asumimos el papel que nos tocaría interpretar al día siguiente y el desgaste extra, lo cual nos motivaba pero también nos preocupaba: la inactividad en alta montaña se nota. A las dos de la mañana apagamos la luz y nos metimos en los sacos de dormir, a la sazón en el maletero del coche.

Seis de la mañana, suena el despertador cuando me encuentro en la fase más profunda del sueño. En realidad no sé si estoy en el fondo o solo en la superficie de este océano onírico, pero la alarma me arranca violentamente de mi descanso. Estoy al caliente unos instantes más, solo para comprobar que mi compañero se despierta y que el sol empieza a iluminar las cimas circundantes. El aire dentro del habitáculo sigue siendo razonablemente respirable y la temperatura bastante suave, claro que solamente hemos estado dormitando durante cuatro horas. Tiempo que va a ser parte de nuestro combustible para acometer una empresa más ambiciosa de lo que habíamos imaginado.


Con el fresco de una mañana de invierno guardamos nuestro sacos y nos vestimos. Enseguida le toca el turno al desayuno y a las siete y diez de la mañana atravesamos la valla verde, punto de inicio y de final de nuestra aventura. Estamos ilusionados y con energía a pesar del largo viaje, el objetivo es ambicioso y el camino, largo. Nuestro ritmo es bueno desde los primeros compases, que transcurren por la carretera que termina en el  Centro de Interpretación . Son unos buenos cinco kilómetros que hacemos en zapatillas de trekking para mayor comodidad, una vez llegados al caserón cambiamos de calzado para ponernos las botas de invierno. Empieza la nieve, no tanto en una primera parte de bosque por la cual progresamos bastante rápido, sino una vez en valle abierto.

Conforme el sol se yergue sobre el magnífico cielo azul que nos contempla, las abruptas formas que nos rodean se muestran brillantes, envueltas en nieve y hielo. El escenario es grandioso y queremos corresponderle con nuestro esfuerzo. La penetración en el valle es larga, casi hasta el collado fronterizo,  giramos por inclinadas palas de nieve helada hacia nuestra derecha, dirección SO, en la cota 1750 aproximadamente.

Gorka va delante, abre huella con el paso animado de quién ama la montaña, la nieve está bastante practicable y solo nos hundimos unos centímetros. Después de un inicio de año un poco duro para mi salud no estoy para nada en forma y me cuesta progresar, dar el cien por cien puesto que mi garganta se reseca rápidamente y no quiero volver a pasar penurias. Amén de esto llevamos la mochila muy cargada de material. Pero estamos motivados, y la dificultad, el desnivel y el estado de la nieve no nos echan para atrás en ningún momento. Tampoco los restos de grandes coladas de nieve, que barren literalmente nuestra ruta, nos intimidan hoy.

Después de salvar un fuerte desnivel paramos en una roca al sol para descansar y comer algo. El sol nos baña en su calidez, nos recarga de energía, pero no nos reconforta en nuestros pensamientos y es que a estas alturas deberíamos haber encontrado un refugio libre que está por la zona, aproximadamente en la cota 1900, pero no damos con él, no hay ni rastro. “Lo veremos en el descenso”, nos decimos. Pero no, aún hoy sigue siendo un enigma su posición. Cuando volvamos por la zona esperamos encontrarlo.

Tras un breve alto en nuestro camino nos ponemos en marcha, el tiempo apremia. Ahora abrimos huella alternativamente, poniendo todo de mi parte para despejar el camino a mi compañero. La ascensión es pausada y no puede ser de otra manera pues estamos muy cansados. El camino es largo, llevamos más de 7 horas andando, con unos 1600m de desnivel encima y nuestras cabezas empiezan a trabajar en modo automático, solo nos mueve la voluntad, asistida por una razón que mira constantemente al reloj. Los últimos 400 metros de ascenso del Glaciar de las Néous fueron muy duros, pero finalmente, sorteando algunas placas sospechosas de romperse a nuestro paso y ascendiendo palas de 45º llegamos a la base de la chimenea que pretendemos atacar.


Lo hemos conseguido a base de tesón, de fuerza y resistencia física, pero sobre todo mental. Es el momento de preparar el material, las cuerdas, arneses, tornillos de hielo, sistemas y demás. Tardamos mucho, nos cuesta maniobrar en terreno muy inclinado y helado, hace frío, estamos ateridos haciendo equilibrios en el labio de una rimaya. Los dedos están con poca sensibilidad, efecto de la exposición al frío y a la deshidratación, ante lo cual decido beber y ponerme los guantes interiores de seda, con lo que la situación mejora ostensiblemente.

Transcurrido un buen rato nos acercamos a la base de la chimenea, que presenta una entrada en mixto, un resalte de unos 75º que Gorka escala de primero, con la doble cuerda asegurándole. Muy estética escalada. Mi turno, paso por el obstáculo sin pena ni gloria, ansiando atacar el primer largo de una chimenea de hielo de unos 50º y 120m de largo, pero mi cabeza me dice que no, que es el momento de renunciar. Estamos a 100 metros de la cima del Balaitous, tocando el triángulo metálico de su cumbre, pero no podemos permitirnos seguir por el cansancio acumulado y la hora tardía. Son las cuatro de la tarde y anochece pronto. Así que después de la paliza física y de la lucha mental, no hay recompensa en forma de cima. El alpinismo, a veces, es así. Y es bueno que sea así.


Emprendemos el descenso con celeridad, no queremos que se nos haga de noche en el glaciar, bajamos sin descanso hasta el valle, por nieve blanda. Se hace largo y duro, además pronto tenemos que encender los frontales y ponernos más ropa, conforme el sol desaparece por el horizonte. Hablamos, valoramos nuestras decisiones, nuestro esfuerzo, y se impone la idea de satisfacción con el enorme esfuerzo realizado, con la belleza del recorrido. Ha sido una jornada extraordinaria en todos los sentidos, una ruta para repetir. Sin embargo no hay muchas fuerzas para cavilaciones, pronto solo pensamos en regresar al coche lo antes posible. Una vez llegados al Centro de Interpretación nos ponemos las zapatillas y descendemos la larga carretera al límite de nuestras fuerzas, buscando una valla verde que nunca parece llegar, pero que al fin encontramos con alivio.

Hechos polvo nos dirigimos a Lourdes, donde cenamos de nuevo en el Kebab, donde nos reciben sonrientes y se interesan por nuestra actividad. Nuestras caras lo dicen todo, hay sonrisa, pero también mucho cansancio y la conversación es menos animada que el día anterior. Reponemos energías con una cena abundante y sabrosa que nos permite mantenernos despiertos para el viaje hasta Pamplona, que emprendemos acto seguido, llegando a las 3 de la mañana a la capital foral.


Por esta vez, la apretada disponibilidad de tiempo, la corta ventana de buen tiempo y el tratarse del último fin de semana antes del fin del invierno (para poder firmar una invernal), precipitaron nuestra elección de ruta y condujeron a la no consecución del objetivo (en dos días hubiera sido más que factible en la forma en la que nos encontrábamos). No obstante, la experiencia fue espectacular y volveremos, en breve, a presentarnos ante la chimenea de las Néous para acceder a la cima del Balaitous. Hasta entonces, será una cuenta pendiente.


Salud y Montaña


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martes, 4 de agosto de 2009

Balaitous (3.144m). Desde los Ibones de Arriel por la Gran Diagonal.

Balaitous (3.144m)


Hace un mes estuvimos en la Gran Facha, esa pirámide altiva de bellas aristas. Y desde allí, de entre todas las cumbres que vimos, nos fijamos un objetivo próximo: El Balaitous. Dicho y hecho.

El Balaitous (también Balaitús o Balaïtous) domina un macizo que es el primero en superar los 3.000 metros de altura por el oeste, desde el Mar Cantábrico. El conjunto de montañas que lo forman alberga varios de los tresmiles más difíciles de la cordillera, como la Torre de Costerillou y la Aguja D'Ussel. El Balaitous, que se apoya en poderosas aristas, es una de las mayores alturas del Pirineo y por ello resulta extraño que pasase desapercibida por los pioneros del Pirineísmo. Fueron los geodésicos militares franceses Peytier y Hossard quienes lo ascendieron por primera vez el 8 de agosto de 1825 por la hoy llamada "Vira Beraldi".

Hoy en día, las vías más utilizadas son las de la Brecha Latour (PD, IIº+) desde el Refugio de Respomuso y la de la Gran Diagonal (F, Iº+) desde los Ibones de Arriel. Ésta última va a ser nuestra elección para atacar al Balaitous.



ASCENSIÓN


Desde el embalse de La Sarra (1.438 m), tomamos el camino GR.11 en dirección al Refugio F.A.M. de Respomuso, después de unos 50 minutos encontramos un desvío a la izquierda que nos lleva a los Lagos de Arriel siguiendo un sendero evidente y marcas de pintura rojas. Una vez allí, debemos progresar por senda hasta el Ibón Alto de Arriel (2.183m). Justo antes de llegar al mismo, seguir por la derecha, por fuerte pendiente al Gourg helado (2.410m). Bordeamos el lago por la izquierda y ascendemos hasta el Abrigo Michaud (2.722m), pequeño refugio que ofrece pocas comodidades. Desde aquí vamos a ganar la arista. Todo marcado con hitos.

En este punto arranca la llamada Gran Diagonal. Una empinada cornisa pedregosa que cruza la cara Norte del pico transversalmente, por trazas de senda y fáciles trepadas (Iº), y finaliza en una canal empinada junto a la Breche des Isards. Tomamos la vía de la derecha, con piedra de color blanquecino y marcada con hitos. Trepando esta canal, con un pequeño muro en la salida (Iº+), se sale, a mano izquierda en las inmediaciones de la cima (3.146). La misma ruta para descender hasta el Abrigo Michaud, donde tomamos una senda que desciende pasando por el Collado Wallon hasta el ibón bajo de Arriel. Aquí enlazamos con el camino marcado con pintura roja por el que hemos subido anteriormente y, después, por el GR.11 hasta La Sarra.


Gráfico de la ruta: http://www.gmap-pedometer.com/?r=3063578


Desnivel positivo acumulado: 1.800m


Tiempo: Sol y nubes. Temperatura: Entre 25ºC y 15ºC.


Croquis de la ascensión:



DURACIÓN


La Sarra - Desvío hacia Lagos de Arriel (50 min) - Ibón Alto de Arriel (2h15) - Abrigo Michaud (3h10) - Cima Balaitous (4h15) - Abrigo Michaud (5h10) - Collado Wallon (5h40) - Ibón Bajo de Arriel (6h10) - Desvío hacia La Sarra (7h10) - La Sarra (8h05). Ritmo medio. Paradas no incluidas.



DIFICULTAD

Senda de Gran Recorrido (GR.11) hasta el desvío a los Lagos de Arriel, senda evidente hasta los mismos, después trazas de senda marcadas con hitos hasta la entrada a la Gran Diagonal (aérea y, en ciertos tramos expuesta), allí trazas de senda marcadas con hitos, a veces derruidos, lo que puede dificultar la orientación. En la parte final, a la altura de un gran gendarme, hay que seguir una canal inclinada a la derecha del mismo, se distingue por algunos hitos y por ser de piedra blanca. Fácil trepada (Iº+) para superar este tramo y salida a cima. Precaución al descender por la Gran Diagonal. Caídas de piedras, recomendable usar casco si sube hay gente en la vía. Mismo itinerario para la vuelta, salvo desde el Abrigo Michaud al Ibón Bajo de Arriel, por senda evidente marcada con hitos.



DESCRIPCIÓN

Salimos de Pamplona a las 6h20, con muchas ganas y cierta incertidumbre respecto a las condiciones meteorológicas. Nuestro amigo Aitor se ha animado a probar fortuna con nosotros en el Balaitous, pico que ninguno de los tres hemos ascendido todavía. Llegamos al embalse de La Sarra hacia las 8h25, aparcamos en el aparcamiento que se encuentra cerca de un asador, pasada la central hidroeléctrica. En pocos minutos nos preparamos y ponemos un forro polar fino, hace fresco, menos de 10ºC. Tomamos el GR.11 cruzando un pequeño puente sobre el río Aguas Limpias, allí una serie de paneles nos indican las características de la zona y explican los glaciares del Macizo del Balaitous. Enseguida empezamos a andar y, a un ritmo alegre propiciado a partes iguales por la temperatura y las ganas de hacer esta ascensión, vamos ganando altura muy progresivamente, remontando el río Aguas Limpias. El camino es amplio, y atraviesa zonas de bosque y claros, pasos más estrechos y algunos amplios llanos como el Llano Cheto, poco antes de alcanzar el desvío hacia los Ibones de Arriel. Éste es el segundo desvío hacia el N que aparece en nuestro caminar por el GR.11 en dirección a Respomuso, puesto que el primero es el que nos conduciría al Pico de Arriel y por ello lo pasamos de largo.

Llegamos a nuestro desvío, bien indicado con una señal de madera en la roca, después de unos 50 minutos, en los que hemos disfrutado de suaves rampas y bonitas cascadas de agua. Ahora tomamos un camino marcado con hitos que asciende en zig-zag por un bosque, primero, y por una pedrera enorme, después, llevándonos directamente al Ibón Bajo de Arriel. Es importante seguir las marcas de pintura roja que señalan en todo momento el camino, puesto que podemos perder la orientación fácilmente al tratarse de pedrera con rocas medianas muchas veces. En nuestro caso nos desviamos un poco al NO y llegamos directamente al final del Ibón Bajo de Arriel, por trazas de senda.

Después de la aventura fuera de pista volvemos a tomar la senda que comunica los Ibones entre sí y la seguimos hacia el N, con el objetivo de encontrar los hitos que nos indiquen la subida al Gourg helado o Ibón Chelau. Animados por nuestra excursión anterior decidimos remontar una pedrera que nos deja justo por encima del citado ibón, a pocos minutos del Abrigo Michaud. Desde este punto se divisa la vía a seguir, que impresiona en un primer momento por ser abrupta y verticalidad, lo cual no hace sino motivarnos más si cabe. La sensación térmica, que había ido subiendo a lo largo de la mañana hasta situarse en unas cotas agradables, desciende de forma brusca al vernos ahora azotados por viento del O. Por suerte la orientación de la vía que nos disponemos a recorrer va a protegernos de él hasta la planicie cimera.

Seguimos ascendiendo y, enseguida, alcanzamos el Abrigo Michaud, un refugio precario que aprovecha una gran roca y dispone de una cuidada pared de piedra, ventana (sin cristales) y hasta rafia en el suelo. La capacidad del abrigo puede ser de unas 6 personas para dormir, en posición sentada o de pie caben muchas más.

El Abrigo Michaud es el punto de partida de la Gran Diagonal, probablemente la vía más sencilla de las que conducen a la cima del Balaitous. No es una vía para montañeros sin experiencia en Alta Montaña, muchos tramos son muy aéreos, el terreno está descompuesto y algunos tramos están expuestos a caídas impresionantes. La vía está marcada con hitos hasta la cima y se trata de seguirlos con cuidado, pegados a la pared y buscando las piedras más estables para progresar con seguridad y no perjudicar a otros montañeros. El terreno es bastante vertical y salva mucho desnivel rápidamente, apoyando las manos ocasionalmente, por un itinerario que cruza la cara NO del Balaitous de una forma bastante linea hasta llegar a un gran gendarme que se alza a nuestra derecha. Ésta es la Breche des Isards, donde enlaza la vía de los pioneros de nuestra montaña, la Vira Beraldi, con el final de la Gran Diagonal. En este punto debemos optar por seguir cuidadosamente los hitos hacia el E, para remontar la canal que asciende a la derecha del gendarme por piedra blanquecina. La chimenea de la izquierda del gendarme es una ratonera bastante más difícil (IIº+) que acaba en un abismo, no hay posibilidad de seguir.

Superando un par de rocas que bloques que cierran el camino (Iº+), nos plantamos en un camino que nos conduce a la cima del Balaitous (3.144m) en un par de minutos. Allí se encuentran instalados un triángulo de aluminio de unos 3 metros de alto, el vértice geodésico y un vivac circular. La cima nos sienta bien, por haber encontrado la canal correcta después de habernos probado innecesariamente en la chimenea "negra" del lado izquierdo, porque estamos completamente solos allí arriba y porque hemos hecho cima en un pico emblemático, el primer tresmil desde occidente.

Las vistas son de una belleza indescriptible, sobre todo hacia el Lago de Batcrabère y sobre la cresta de las Frondellas. Al N, un mar de nubes se extiende sobre los valle de Occitania, dejando a la vista solo los picos más prominentes de su geografía. Hacia el E la vista sobre la Cresta del Diablo, y la Gran Facha es privilegiada. También se aprecia como la corona del Vignemale está cubierta intermitentemente por las nubes y la cara Norte del Taillón y los Gabietos. Mirando al S vemos el semicírculo que forman el Garmo Negro, los Algas y el Argualas. También los temidos Infiernos, con su característica "Marmolera", que pasamos hace un mes en el día que inauguró los tresmiles de este año. La vista al O nos ofrece un primer plano del Pico Pallás y de su vecino el Pico de Arriel, el cercano Midi D'Ossau está vetado por la nubosidad y también la mayoría de los relieves que se extienden más allá. Sin embargo identificamos la Peña Collarada, la Pala de Ip y los picos de Anayet.

Estamos muy a gusto en el vivac de la cima, comiendo, charlando y haciendo fotos. Son 45 minutos que se pasan en un suspiro. Son las 14 y decidimos bajar con cuidado por la vía de ascenso, destrepando ágilmente la canal y tomando el camino de la Gran Diagonal. La bajada es sencilla, pero debemos prestar atención a dónde ponemos los pies porque las piedras están muy sueltas y hay mucha tierrilla que puede hacernos resbalar. Y resbalar no está permitido aquí, especialmente en algunos tramos.

Llegamos al Abrigo Michaud en poco menos de una hora y tomamos el camino que desciende al SO debajo de las paredes de las Frondellas, pasando por el Collado Wallon (2.508m). El recorrido se hace fácil, siguiendo hitos por senda, y entretenido, al ser diferente del camino de ascensión. Desde el Ibón Bajo de Arriel, donde no deja esta senda, tomamos el mismo camino que a la subida y descendemos tranquilamente hasta La Sarra.

Hemos estado unas 10 horas en la montaña y, posiblemente, ha sido la ascensión que más corta se me ha hecho. Es entretenida en todo momento y el paisaje es espectacular, especialmente a partir de los Ibones de Arriel. La incertidumbre del tiempo ha jugado a nuestro favor y la vía se encontraba vacía, lo cual enfatizó el carácter solitario y alpino que tiene de por sí el macizo. Ha sido una bonita excursión, en la que hemos conquistado una gran montaña y descubierto un gran compañero de cordada. Un domingo redondo.

Salud y Montaña



Desvío hacia Arriel






Arriel


Pallás


La Gran Diagonal


Vista hacia el Vignemale


Nubes retenidas en vertiente norte


Infiernos y Argualas


Eloy y yo en la cumbre del Balaitous


Trío montañero




Aitor


Eloy


Comenzando la bajada


La pequeña chimenea de I°


Muy aéreo


El camino de la derecha es el bueno


Vistas espectaculares


Gran Diagonal desde abajo


Javier




Bajando hacia el Collado Wallon


Abrigo Michaud (2.722m)


Pared S del Balaitous












De vuelta por el GR.11.

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