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jueves, 22 de septiembre de 2011

Collarada (2.886m). Una invernal solitaria.

Pirineo Jacetano, Huesca, España. 2 de enero de 2011.


Con muchas ganas de retomar la actividad alpinística, dejada de lado en el otoño por mis estudios en el extranjero, contacto con mi buen amigo Aitor y le propongo, aprovechando las buenas condiciones de la nieve, una ascensión a la Collarada.

La Collarada, vieja conocida de una ascensión estival anterior, es un desafío importante en invierno puesto que tanto si se opta por salir de Villanúa como de Canfranc, el desnivel positivo a superar se aproxima a los 2.000 metros. Por otro lado, la orografía de su vertiente sur, con una inclinación media de 30°/35°, y su amplitud, dificultan la estabilización del manto nivoso en invierno y primavera. La enormidad de esta ladera sur hace que las avalanchas sean de gran amplitud, como la que sepultó, el año pasado, a tres montañeros navarros.

Por todas estas razones, a las que podemos añadir la magnífica previsión de tiempo soleado y la proximidad a Pamplona, decidimos aprovechar la oportunidad de hollar la cima de este vigía de las llanuras jacetanas el segundo día de este nuevo año.

Es una ascensión sencilla técnicamente, larga y física, pero que ofrece una perspectiva privilegiada del Circo de Ip, Peña Telera, Peña Oroel y las llanuras jacetanas.


ASCENSIÓN

Llegamos a Villanúa en coche y tomamos una pista que sale desde el albergue del pueblo, la seguimos cinco minutos hasta que vemos un poste de madera que señala el camino hacia el refugio de la Trapa. Remontamos, por camino balizado, el trecho de bosque que nos separa del refugio y continuamos por un corredor de nieve muy transformada, hacia el NE. Una vez arriba seguimos, a falta de huellas en la nieve, esa orientación, para salir finalmente a la amplia ladera sur de la Collarada. Continuamos remontando dicha vertiente hacia el casco somital, que atacamos por el evidente y helado corredor SO. Proseguimos por arista de nieve fácil unos 20 metros hacia el E y alcanzamos la cima. Descenso por el mismo itinerario.


DESNIVEL POSITIVO 

1.900 metros


TIEMPO

Excelentes condiciones de innivación y de estabilidad del manto nivoso (Riesgo 1 por debajo de 2.000 metros y 2 por encima de esa cota), nublado dando paso al sol durante la jornada. Temperatura entre 5°C y -3°C. Viento débil.


CROQUIS




DURACIÓN

Villanúa - La Trapa (2h) - Ladera Sur (2h45) - Corredor SO (4h15) - Collarada (4h45).


DIFICULTAD

Pocas dificultades técnicas, concentrándose éstas en el corredor SO, de unos 45°, que nosotros encontramos con nieve muy dura, casi hielo, y que nos obligó a subirlo y bajarlo de cara a la pared. También hacer hincapié en la altitud de esta montaña, casi 3.000 metros, y el importante desnivel positivo, máxime teniendo en cuenta que se trata de una ascensión invernal.


DESCRIPCIÓN


Aitor y yo quedamos hacia las 7 de la mañana en Pamplona. Tras hacer las comprobaciones pertinentes nos ponemos en marcha y arribamos a Villanúa a las 8h45. Aitor ha decidido portear sus esquís durante casi mil metros para intentar disfrutar de una espléndida bajada por la grandiosa vertiente sur de la Collarada. No mentiría si asegurase que buena parte de su motivación bebía de esa fuente. Enseguida nos ponemos en marcha siguiendo el camino balizado y evidente que cruza la pista para todo-terrenos que conduce al Refugio de La Trapa. La senda está libre de nieve, la progresión es rápida y sin dificultades, aunque animada por algún "enganchón" de los esquís de Aitor en la vegetación próxima al camino.

En pocos minutos calentamos nuestras cuerpos y los ponemos en sintonía con nuestra enorme motivación por subir a este pico tan emblemático del Pirineo Occidental. Aunque hace fresco, la ropa nos empieza a sobrar desde muy pronto, en nuestras frecuentes paradas para beber ponemos y quitamos capas al gusto de cada cual.

Alcanzamos el Refugio de La Trapa (1.750 metros) con celeridad, el camino del bosque se hace ameno y corto. Es entonces cuando nos planteamos si seguir la ruta normal de verano, esa que contornea el murallón rocoso que se alza justo por encima del refugio por el E o si tomamos la vía directa del corredor de nieve situado justo al N de aquel. Sin mucha discusión, optamos por la segunda posibilidad, no podía ser de otra manera con Aitor, amante de la verticalidad hasta el desplome. La nieve, que hace su aparición en los alrededores del refugio, hacia la cota 1.700, esta muy transformada, y la progresión por el corredor resulta fácil y segura.

Así, no encontramos en una sucesión de pequeñas colinas y paso estrechos nevados que nos conducen, a modo de transición, hacia la gran ladera sur de la Collarada. La imagen de esta ladera es sobrecogedora. Mil metros nos separan de la cima, y la extensión de lado a lado de esta ladera es simplemente impresionante. La inclinación suave, pero sostenida, y la nieve dura que cubre toda esta vertiente facilitan nuestra progresión, especialmente a mí, que voy con crampones. Aitor pelea con los cantos de sus esquís para no perder la verticalidad. Los más de 900 metros de desnivel se hacen largos, porque ya llevamos un rato de ejercicio y porque la sensación de ver como la corona cimera se aproxima lentamente a nosotros martillea nuestra moral. Además, por qué no decirlo, hace fresco y es 2 de enero!

Llegamos finalmente al corredor SO, parece fácil, amplio y corto. Pero, como sospechábamos desde que la nieve se había empezado a endurecer bastante desde la cota 2.500, la nieve de nuestra vía estaba muy dura. Comprobamos que sólo las puntas delanteras de los crampones entran en la nieve. Además nos hemos traído sólo un piolet por barba, con lo que la ascensión y posterior descenso prometen ser entretenidos. Aitor se pone por delante y me confirma que la vía está para clavar bien y no resbalarse. Así que poco a poco vamos progresando, sin mayor dificultad, pero con algo de tensión (una caída nos haría coger velocidad por una pendiente de 1.000 metros helada...), hasta llegar a la arista que conduce a la cima. Sin apenas cornisa hacia la vertiente norte, la amplia arista se recorre fácilmente hasta el punto más alto de la zona. En menos de cinco horas hemos hecho una cima muy merecida y disfrutamos de las vistas, ahora que las últimas nubes parecen abrirse ante nuestros ojos.


Estamos en cima unos momentos, Aitor renuncia a descender el corredor esquiando, y decidimos descender como hemos subido, con cuidado y despacito. Desde la base del corredor nos separamos, Aitor se calza los esquís y desciende haciendo rápidos zig-zags que arañan la nieve durísima de la parte más alta de la ladera sur de la Collarada. A pesar de la amplitud del panorama, le pierdo de vista en pocos minutos, después tardaré un poco en encontrarle, hasta el punto de llegar a preocuparme por una posible caída. Finalmente le encuentro detrás de una colina, hacia la cota 1.900, comiendo un poco y abrigado con la chaqueta de fibra. Nos quedamos comiendo un rato más y emprendemos el descenso hacia el coche, con gran satisfacción por volver a recorrer nuestras montañas juntos y haber vuelto a conseguir una bonita ascensión invernal un año después de la epopeya del Petit Vignemale en el día más frío en mucho tiempo en el Pirineo.

Siempre es un placer y un reto hacer montaña con Aitor, quien ahora afronta otros desafíos en otras latitudes. Hasta pronto!


Salud y Montaña
















































PS: Los comentarios son fuente de motivación para la existencia de un blog. Si algo te gusta (o si no) coméntalo para que en el futuro siga habiendo nuevas entradas. Gracias.




martes, 10 de agosto de 2010

Travesía Aig. de la Bérangère - Dômes de Miage. Aristas nevadas en el macizo del mont Blanc.

Massif du mont Blanc, France, 7 y 8 de agosto de 2010.



Volver a los orígenes: Ginebra, los Alpes. Ginebra es la ciudad en que nací; los Alpes son, simplemente, el escenario original de las grandes gestas de los hombres en la montaña. Aquí nació el Alpinismo, y aquí quiero proseguir esta pasión que me lleva a recorrer sendas, a escalar crestas y a hollar cimas. Instalado en la ciudad de Calvino, desde la cual, en los días claros, se ve el mont Blanc, estoy en el emplazamiento idóneo para continuar mi relación con la montaña. A otro nivel.

Para comenzar con buen pie en el macizo del Mont Blanc tenía que asegurar dos cosas: Una ascensión de dificultad baja o media, y un compañero de cordada. Está claro que lo uno dependía de lo otro, así que me lancé en el ciberespacio alpinístico con varias propuestas, entre las que se encontraba la travesía de los Dômes de Miage. Gracias a la red me puse en contacto con Radek, un alpinista polaco que reside en Francia, para hacer esta salida juntos.

Los Dômes de Miages son unas unas montañas situadas en el macizo del mont Blanc, al sur del mismo.Fueron conquistados por vez primera el 2 de septiembre de 1858 por T.Coleman, F.Mollard y J.Jacquemont. La cresta comienza en la Aiguille de la Bérangère (3.425m) y recorre cinco Dômes hasta llegar al Refugio Durier. La arista de nieve que recorre la parte central de la travesía está considerada como una de las más bellas del macizo del Mont Blanc. Nosotros haremos la travesía hasta el tercer dôme, para volver sobre el glaciar de Tré la tête. Ha sido un buen estreno, una toma de contacto con las dimensiones exageradas que toman aquí las cosas y un cambio de mentalidad respecto al Pirineo. Ahí vamos.



ASCENSIÓN

El inicio de esta travesía se sitúa en el pueblo de Les Contamines - Montjoie, en la Alta Saboya francesa. Debemos atravesar el pueblo y dejar el coche en el aparcamiento de Cugnon, desde ahí tomamos una calle que nos lleva a lo alto del pueblo, donde hay varios carteles. En ellos se indica el camino a seguir y el tiempo de acceso a los refugios de Tré la tête y de Conscrits, que son los que nos interesan. Hay una buena senda, que salva un desnivel importante, hasta el refugio de Tré la tête (1.970m), después el camino se hace más estrecho y delicado (zona conocida como "mauvais pas", es decir, del 'mal paso'), que está equipada con cadenas y barandillas. Siguiendo los hitos nos subimos a la morrena terminal del glaciar de Tré la tête, recubierta de piedras, seguimos los hitos y llegamos a una barrera de seracs, donde giramos a la izquierda para buscar unas escaleras verticales en sus 50 primeros metros, que nos ayudan a salvar un buen desnivel en una pared casi lisa. Desde lo alto de via equipada hay un camino que nos lleva hasta el refugio de Conscrits en una hora.

Desde el moderno refugio de Conscrits, seguimos unas trazas de senda hacia el NE, donde pronto encontramos un camino que cruza hacia el E, es el camino del glaciar. Nosotros continuamos hacia el NE, para ganar poco a poco las rampas de nieve previas a la Aiguille de la Bérangère. Una vez en su base, ponemos los crampones e iniciamos la ascensión del la cúspide rocosa, de unos 80 metros de altura, en mixto fácil pero expuesto. Cima de Aiguille de la Bérangère (3.425m). Desde aquí, encordados, seguimos la arista mixta hacia el Col de la Bérangère, situado al NE de nuestra posición. Descenso delicado en mixto expuesto, se puede ir bien en ensamble.

Desde el Col de la Bérangère se sigue la línea de arista, a veces fina y muy expuesta, en todo momento hacia el NE, hollamos los 3 dômes y descendemos al Col des Dômes (3.564m). Desde aquí, una buena huella nos conduce hacia el centro del glaciar de Tré la tête. Podemos seguir la huella que conduce al refugio o descender por el centro del glaciar, muy agrietado. Una vez en la zona de acumulación del glaciar, seguimos el centro del mismo evitando las grietas mayores y descendemos la pendiente a 30° que nos devuelve a la morrena terminal, donde siguiendo los hitos, en sentido descendente, volvemos a Les Contamines - Montjoie.



Desnivel positivo acumulado: Día 1 -> 1.600m; Día 2 -> 1050m.

Tiempo: Soleado y templado durante la aproximación del primer día. Nublado y fresco durante la travesía Bérangère - Dômes de Miage, visibilidad 20 metros y temperatura del aire 0°C. Niebla desde 2.900m. Sol y nubes en el descenso por la tarde, con temperaturas agradables.


Croquis de la ruta completa desde Les Contamines - Montjoie:





Croquis de la travesía Refuge des Conscrits - Aiguille de la Bérangère - Dômes de Miage - Col des Dômes - Refuge des Conscrits:







DURACIÓN

DÍA 1: Cugnon - Refuge Tré la tête (1h35) - Escaleras (3h40) - Refuge des Conscrits (5h); DÍA 2: Refuge des Conscrits - Aiguille de la Bérangère (3h30) - Dôme W (5h) - Col des Dômes (6h30) - Glacier Tré la tête, zona de acumulación (10h30) - Refuge Tré la tête (12h) - Cugnon (14h).

*Tiempos de cordada Radek - Javier. Si la cordada es fuerte y compensada se pueden rebajar 1 hora al día 1 y 5 horas al día 2.




DIFICULTAD

Recorrido sencillo, senda ancha hasta el refuge de Tré la tête. Senda estrecha con pasos equipados con cadenas y barandillas (zona del "mauvais pas", en francés), hitos que señalan la vía sobre el glaciar. Escaleras verticales y pasos equipados con cadenas en una pared de 150m, vertiginoso y expuesto. Hay enganches de "cola de cerdo" cada 6 metros aproximadamente. Desde lo alto, camino sencillo hasta el refuge des Conscrits.

Ascensión por neveros de poca inclinación (25° a 30°) hasta la base de la Bérangère, ahí se empina hasta los 40°, para seguir los últimos 60 metros en mixto fácil, pero expuesto. Desde la cima de la Bérangère se toma la arista en mixto fácil, aérea y expuesta en su mayor parte. Encordamiento en ensamble, está bien meter una o dos bagas para asegurar, muchas posibilidades de colocar puntos intermedios. Algún destrepe.

Arista de nieve ancha entre el Col de la Bérangère y el Dôme W, arista fina, aérea y expuesta hasta el Dôme C. El paso más estrecho se hace en descenso, es muy impresionante, sobre todo si la nieve no está perfecta. Desde el Col des Dômes se baja por huella bien hecha hacia el glaciar, impresionantes seracs y grietas gigantescas. Cuidado, cuerda tensa. Recorrido glaciar hasta el final del mismo, con sus peligros objetivos.

A tener en cuenta: Travesía larga y de varias horas por encima de 3.400m, muy buena forma física imprescindible. Descenso largo. Peligros objetivos en el glaciar.



DESCRIPCIÓN

Llevaba tiempo esperando poder hacer algo interesante en los Alpes, ahora que vengo de instalarme en Ginebra. Se entiende que lo que quería era un recorrido glaciar, a ser posible en travesía, para ver cuanto más, mejor. Y así me decidí por los Dômes de Miage, de los que había leído que tenían unas aristas de nieve fabulosas. Así que me puse a buscar compañero de cordada y lo encontré en la persona de Radek, un alpinista polaco afincado en Grenoble que también buscaba hacer esta ruta.

Es sábado por la mañana, soleado y cálido en Ginebra, preparo mi mochila, como y me marcho a Les Contamines - Montjoie, adonde llego después de 1h15 de coche. Allí, en el centro del pueblo, conozco en persona a Radek. Organizamos el material y vamos hasta el aparcamiento de Cugnon, en la salida del pueblo, donde dejamos el coche a las 14h35. Ajustamos los bastones y nos ponemos en marcha, en principio para cinco horas. Las primeras son duras, el camino asciende haciendo zetas e incluso hay algún paso equipado con cadena y puente, para salvar un torrente. En poco más de 1h35 llegamos al refuge de Tré la tête después de haber hecho unos 900 metros de desnivel, Radek quiere pararse y aprovechamos para beber algo. En unos minutos retomamos nuestro camino, que sale justo por encima de la casa y está bien indicado, pasamos rápidamente a la vertiente E y observamos desde la altura la lengua terminal del glaciar de Tré la tête, recubierta de piedras y desprendimientos.

La bella senda se pierde en un escenario cada vez más rocoso e inerte, de forma que enseguida tenemos que seguir hitos que señalan la buena dirección. Pasamos por una zona de grandes bloques lisos, a menudo equipados con cadenas y barandillas, de forma que su travesía sea segura, pues son pasajes expuestos. En las guías francesas se conoce este tramo como "mauvais pas", 'mal paso' en castellano. Se pasa bien cuando está seco, incluso sin ayudas, pero me imagino que con mal tiempo o nieve se complica bastante.

Las trazas de senda siguen un camino descente, que nos lleva a la base del glaciar, al cual nos subimos siguiendo los "cairn", como dicen por aquí a los hitos. Al principio, aunque el camino parece evidente, buscamos con insitencia las señales que nos permitan avanzar camino del refugio, y pronto alcanzamos a unos alemanes que iban delante nuestra. Les preguntamos si conocen la ruta, nos dicen que no y se ponen a seguirnos. Así que proseguimos siguiendo los dificilmente identificables hitos en este mar de piedras, por suerte el camino sigue la lógica de ir por el punto más alto, en una especie de cresta, y así alcanzamos la barrera de seracs del glaciar. En este punto, la masa amorfa de hielo ennegrecido, de piedras y demás desprendimientos daba paso a unas rampas de hielo agrietadas y bastante inclinadas en su parte central y de seracs, más o menos amenazantes, en sus laterales.

Nuestra ruta pasaba ahora bien por remontar las pendientes de hielo a 30° y pasar el campo de grietas para alcanzar el refugio, lo cual era una opción bastante larga, si bien hubiésemos reconocido el glaciar de cara al día siguiente; bien por utilizar las escaleras, cadenas y demás estructuras metálicas instaladas en la pared E. Optamos por subir la ferrata, que dispone de puntos de aseguramiento en caso de subir en ensamble. Preferimos no encordarnos. Para cuando llegamos aquí, ya nos había alcanzado otro grupo de franceses, debido al ritmo lento que llevábamos, por lo menos íbamos disfrutando del paisaje. Subo el primero. Los primeros 50 metros son verticales, después se inclina y se hacen varias travesías laterales, hasta alcanzar, a 150 metros de la base, la senda que conduce al refugio. Es un recorrido vertiginoso, pero que no debe representar ninguna dificultad ni peligro si nos centramos en la coordinación de nuestros movimientos, pero a la vez exigente físicamente. Después de la subida mi compañero, los alemanes y la mayoría de los franceses tardaron en recuperarse, así que me adelanté y seguí hasta el refuge de Conscrits.

Conscrits es un moderno refugio del Club Alpin Français, que se encuentra a 2.602m de altitud, dominando el glaciar de Tré la tête. Dispone de agua corriente, 85 camas, está guardado todo el verano y tiene una amplia zona de recepción y secadero. La verdad es que me sentí cómodo desde el principio, los guardas son simpáticos y el ambiente es bueno. Nada más llegar me quito la mochila, dejo mi piolet, la cuerda y los bastones en la entrada, mis botas las dejo a ventilar también y cojo unos zuecos. Subo al comedor y pido una cerveza, en la terraza espero a mi compañero, que llega un poco más tarde.

Esperamos que el turno de cena acabe mientras tomamos unas cañas en la terraza, el sol se pone por el horizonte después de haber lucido en un día magnífico para la práctica del montañismo. Nada hacía presagiar lo del día siguiente, en fin. Una vez despejado el comedor, nos acomodamos y pedimos un litro de agua caliente, para preparar nuestra comida, deshidratada de sobre. Radek ha olvidado su plato principal, pero tiene unas sopas y se contenta con eso; yo tengo un sobre de carne de ternera con puré de patatas y verduras: está cojonudo, sobre todo porque me esperaba algo mucho peor. Así que con eso y un buen té me voy a la cama. Nuestra habitación tiene unos 35m2 y hay unas 25 personas, entre los cuales dos roncadores de campeonato que no nos dejan descansar a los demás. Puedo decir que es la peor noche que he pasado en un refugio de montaña, apenas dormí 30 minutos y sudando de manera brutal.

Con los ojos entreabiertos en todo momento no es difícil detectar el primer movimiento anormal en la sala, efectivamente, son las 3h40 y los montañeros empiezan a despertarse. Enseguida salgo de la habitación, que apestaba a humanidad, con todas mis pertenencias, no quiero seguir ni un minuto más ahí. He sudado mucho, así que bajo a la sala de desayuno, donde enseguida viene Radek y nos ponemos unos zumos de naranja. El desayuno, por suerte es abundante y bueno, así que cogimos fuerzas para afrontar la larga travesía.

Todo el mundo baja a la vez a la zona del material, allí no cabe ni un alfiler, y en esas nos colocamos pantalón, chaqueta, arnés, polainas, botas y demás. A las 5 de la mañana salimos en dirección a Aiguille de la Bérangère con el frontal sobre nuestros cascos. Nuestro ritmo es bueno, vamos ganando altura de forma rapida y constante. En un momento dado nos desviamos de la ruta del glaciar para continuar por las rampas mixtas, al principio, y nevadas después, que conducen hacia el primer pico del día. Pronto empiezo a constatar que mi compañero, como el día precedente, no sigue mi ritmo, por otra parte, nada elevado. Me encuentro en la tesitura de esperarle y enfriarme o seguir y esperarle en la cima con la chaqueta de fibra. Opto por lo segundo, así que sigo mi camino superando a otras cordadas hasta llegar a la zona mixta de la pirámide somital, a falta de 60 metros para la cumbre me pongo los crampones y continúo hasta la cima, donde espero con la chaqueta de fibra puesta.

Van pasando todas las personas que he adelantado y Radek aparece media hora más tarde, estaba claro que algo no iba bien. El día anterior había cenado poco, quizá también había dormido poco como yo, y luego también cada uno tiene un ritmo diferente. Cuando llegó me confirmó que tenía algunos problemas estomacales y que se sentía cansado, probablemente por la altitud. Como aquí empezaba la zona técnica de la travesía, nos encordamos a 7 metros y empezamos a bajar, justo cuando estaba empezando a sentir, en forma de frío, la inactividad en la cima. Radek va primero y yo le sigo con dos aros de cuerda en la mano. Bajamos con precaución la arista mixta, que si bien es fácil técnicamente y ofrece buenas posibilidades de asegurar, es aérea y expuesta. Con paciencia llegamos al Col de la Bérangère, desde donde empezamos la ascensión al punto culminante de la ruta. La huella es buena y la pendiente no pasa de 35°, pero estamos a más de 3.350m y Radek no siente ninguna mejoría, de hecho nuestras paradas son cada vez más frecuentes, ante lo que empiezo a desesperarme, pero somos un equipo y nuestra seguridad depende del otro, así que intento ayudarle.

Poco a poco seguimos nuestro camino y alcanzamos la cumbre del Dôme W (3.670m), desde el cual descendemos por una afilada, aérea y expuesta arista, en medio de una niebla que no deja ver a más de 20 metros. Hasta el momento la bella travesía estaba siendo una sucesión de despropósitos, pero en la montaña hay días así. Bajando por la arista, cuya huella era estable solo sobre 40cm de ancho, llegamos a un pequeño collado y enseguida remontamos hacia el Dôme C (3.666m), para descender por una pendiente acusada, pero poco expuesta, hacia el Col des Dômes (3.564m).

Aquí el día se despeja mínimamente y nos permite observar los relieves circundantes, antes de volver a cubrinos con un espeso manto de nubes y devolvernos a la realidad de un día gris. Llevamos un retraso impresionante respecto al horario previsto, lo cual, al atravesar un glaciar, es más bien peligroso, así que insisto en que bajemos lo antes posible. Por suerte la huella es buena y podemos descender a buen ritmo entre los enormes seracs y grietas que nos rodean. Entre la niebla todo aquel escenario colosal parecía irreal, aterrador, especialmente cuando, ocasionalmente se oían crujidos que parecían salir de las entrañas del hielo. Con la cuerda tensa y la atención fijada en la ruta, descendemos con celeridad para alcanzar una parte más palna del glaciar, pero expuesta a la caída de todo lo que cuelga de las paredes de hielo y roca de nuestra derecha. Seguimos bastante rápido, pues la bajada de altitud y los peligros objetivos reaniman a Radek.

Hacia las 14h30 salimos de la niebla y nos encontramos un cielo con nubes y claros, en una zona más segura descansamos para comer algo y beber. Seguimos una buena huella que parece conducir al refuge des Conscrits, pero nuestro deseo es bajar al glaciar y alcanzar su zona terminal, para evitar las escaleras a la bajada. Esto se convierte en una odisea de destrepes por el lateral de la morrena que acaba por fatigarnos enormemente. En este punto del recorrido ya estoy un poco de mala uva porque hemos acumulado aún más retraso del que ya llevábamos, sobre todo por no seguir hacia el refugio, como yo quería, y complicarnos la vida sobremanera.

Por fin llegamos a la pared del glaciar, después de sortear muchas grietas y otros peligros. Poco después nos estaríamos quitando los crampones, pantalones de gore y demás parafernalia que ya no nos hacía falta. Encendidos por la sed y el retraso empezamos a caminar rapidamente hacia el refuge de Tré la tête, donde tomamos unos refrescos y descansamos un poco. Después nos quedaba aún toda la bajada hasta el aparcamiento de Cugnon, que se hace larga y deja 2500 metros de bajada, por momentos tensa.

Caída la noche llegamos al coche, con el frontal en la cabeza de nuevo, donde nos despedimos hasta una próxima ruta en los Alpes. Radek se queda por Chamonix, yo regreso a Ginebra. Por encima de todo, ha sido una experiencia interesante, y un punto de partida en un universo de roca, hielo y nieve que poco tiene que ver con mi querido Pirineo.

A la prochaine!



























































































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