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domingo, 29 de enero de 2012

Posets (3.375m). Ascensión clásica por la "vía Real", desde Eriste.

Posets (3.375m), Parque Natural Posets-Maladeta, Pirineo Aragonés, España. 6 de septiembre de 2011.


Septiembre es un mes fantástico, por lo general, para la práctica del montañismo en el Pirineo. Es una pena que coincida con el fin de las vacaciones aunque, por suerte, mi hermano Eloy y yo aún disponemos de unos días para patear la cordillera pirenaica. Aprovechamos el buen tiempo para descubrir una parte del Pirineo que no habíamos visitado aún: el macizo del Posets. 

El macizo del Posets pertenece al Parque Natural Posets-Maladeta, situado en el extremo nororiental de la provincia de Huesca. El pico Posets es la cumbre más elevada de este conjunto montañoso que alberga una gran cantidad de picos que superan la barrera mítica de los tres mil metros, entre los que destacan Pavots (3.121m), Espadas (3.322m), Diente de Llardana (3.094m) y el Pico de la Paúl (3.085m).

La primera ascensión oficial del pico Posets data del 6 de agosto de 1856, y fue realizada por el británico Henri Halkett en compañía de los guías occitanos Pierre Redonnet y Pierre Barrau. Figuras destacadas del pirineísmo, como el conde Henri Russel (1863) o el geógrafo Franz Schrader (1878) se acercan este pico, durante mucho tiempo denostado y que era, sin embargo, el segundo más alto de toda la cordillera pirenaica. La primera ascensión invernal la realizan, en 1880, Roger de Monts y el guía de éste, Dominique Courrège.

Para nuestra ascensión Eloy y yo tomamos la llamada "vía Real", hoy en día la ruta normal, que asciende desde la localidad de Eriste, en el valle de Benasque, hacia el refugio Ángel Orús, la llamada "Canal Fonda" y la arista S del Posets. Es una vía fácil, que fue ascendida por primera vez por un grupo de seis personas encabezadas por el doctor Adolphe Mony en 1883. Otras rutas de interés son la cresta de las Espadas, que recorre la arista entre el Pavots y el Posets, y el corredor Jean Arlaud, en la cara NO del macizo.

Preparados para otra emocionante aventura, que se convertirá en una ascensión express al Posets desde Eriste, nos dirigimos al singular valle de Benasque.

RUTA

Aparcamos el coche en el pueblo de Eriste (1.120m), y ascendemos hacia la parte alta del pueblo, donde unos paneles nos indican el camino a seguir. Tomamos una senda que discurre entre piezas rústicas y que gana altura paulatinamente, hasta cruzarse con la pista asfaltada cuyo inicio se encuentra también en el pueblo de Eriste. Recorremos la pista hasta su final, y allí nos adentramos en el parque natural, tomando altura por la senda que conduce al refugio Ángel Orús (2.100m). Una vez en este punto, hay que seguir una senda evidente que sale al E del refugio y asciende hacia el N-NO. Al llegar aproximadamente a la cota 2.500, tomamos la senda evidente, y marcada con hitos, que asciende hacia la canal fonda, donde tenemos que recorrer un camino salpicado por pequeñas incomodidades en forma de terreno pedregoso inestable. Al final de dicha canal se encuentra el Collado del Diente (3.010m), donde empieza la Espalda del Posets, cresta que debemos recorrer por terreno pedregoso fácil y con una arista final entretenida pero muy asequible. Mismo camino para la vuelta.


DESNIVEL POSITIVO

2.250 metros


TIEMPO

Espléndido. Día soleado con temperaturas ligeramente frescas para esta época del año. Temperatura entre 25°C y 15°C. Viento nulo.


CROQUIS





DURACIÓN

Eriste - Refugio Ángel Orús (2h15) - Collado del Diente (5h15) - Posets (6h30) - Ibón de Llardaneta (8h15) - Refugio Ángel Orús (10h) - Eriste (12h). Muchas pausas cortas para beber, y dos un poco más largas para comer.


DIFICULTAD
 

Ascensión bastante fácil técnicamente, pero difícil físicamente. La mayor parte del recorrido se hace por senda o pista sin ninguna dificultad, hay un tramo de senda por terreno pedregoso, más desagradable que difícil. La parte final del recorrido es una amplia cresta, aérea en el tramo final cimero. La mayor dificultad reside en el desnivel positivo que hay que superar -más de dos mil metros- para hacer la cima saliendo del pueblo de Eriste. La mayoría de los montañeros hacen la ascensión en dos jornadas.


DESCRIPCIÓN

Eloy y yo salimos de Pamplona el día 5 de septiembre por la tarde en dirección a Benasque. El viaje discurre tranquilo, pero se hace largo y llegamos a la villa aragonesa ya al anochecer. Nos damos una vuelta por el pueblo, pero enseguida nos dirigimos al camping Ixeia, donde ya había recalado en mi anterior visita al valle de Benasque. Aquí cenamos copiosamente y diseñamos un plan de 3 días, en los que intentaríamos hacer una ruta circular por el macizo del Posets haciendo cumbre en 3 tresmiles. Las predicciones meteorológicas eran buenas y nuestro ánimo el mejor. Siempre es especial para mi cuando voy con mi hermano a la montaña, y creo que el tiene la misma sensación.

Dormimos en un barracón con una veintena de literas que está vacío. Somos los únicos huéspedes, y nos sentimos como en casa, cogiendo unas cuantas mantas cada uno y conversando animadamente. A la mañana siguiente el despertador suena temprano, a la siete de la mañana, y enseguida nos ponemos en marcha: lentillas, ropa, desayuno, comprobamos las mochilas... y directos al coche. Hace fresco, el camping se encuentra junto al río y el grado de humedad es muy alto, así que nos abrigamos bien.

Tras un breve viaje, aparcamos el coche en el pueblo de Eriste, junto a la presa. Cruzando la carretera nos internamos en el pueblo, donde varios paneles, colocados sobre los muros de las bellas casas de la villa, que conserva su particular arquitectura de montaña, nos indican el camino a seguir para adentrarnos en el valle de Eriste. A pesar de ello nuestros primeros pasos son equivocados, encontrándonos desorientados en un pequeño pueblo de menos de 200 habitantes, lo cual no deja de ser una broma mañanera. Enseguida encontramos el camino correcto, que avanza por entre los verdes prados y campos de labor que circundan el pueblo. Eloy y yo conversamos alegremente, nos preguntamos sobre la ruta, nos ponemos objetivos, contamos algún chiste... nos divertimos mientras hacemos una de nuestras actividades favoritas.

Caminamos a un ritmo fuerte a pesar de llevar una importante carga en nuestras mochilas. Llevamos mochilas de 55 litros, y cada uno de nosotros la lleva repleta, con tienda, saco, ropa, comida y líquido para tres días, por lo que pesan mucho. Esto no nos desanima, pues se van a ir descargando a medida que avance el día, y la excursión, pensamos. En pocos minutos, abandonamos el camino y alcanzamos la pista forestal que parte del pueblo de Eriste y se interna en el valle del mismo nombre, donde nos encontramos con un grupo de montañeros que va camino del refugio Ángel Orús, como nosotros. Los saludamos y seguimos nuestro camino hasta la cascada de Espigantosa (1.500m), donde termina la pista y se encuentra un pequeño aparcamiento en el que hay dos furgonetas. Este aparcamiento es una opción muy recomendable si se quiere evitar los cuatrocientos primeros metros de desnivel desde el pueblo de Eriste, pero presenta el problema de que se suelen formar barranqueras en la pista y también hay importantes agujeros en la calzada.  

Hechas las fotos de rigor frente a la bella cascada, Eloy y yo continuamos nuestro itinerario, ahora ya sí, por el Parque Natural Posets-Maladeta. Unas señales verticales ofrecen una interesante información acerca del parque y un mapa de la zona del Posets, que nos paramos a mirar con detenimiento. Ya en el camino, el sol empieza a hacer acto de presencia por encima de nuestras cabezas, tornando el fresco inicio en una cálida ruta mañanera que nos conduce hasta el refugio Ángel Orús, al que llegamos después de poco más de dos horas de marcha casi ininterrumpida.

En este punto nos detenemos, en el exterior del refugio, puesto que a la hora a la que llegamos (alrededor de las 11 de la mañana), están limpiando y cierran el acceso al mismo. Nos hidratamos bien, nos quitamos ropa y entablamos conversación con un montañero estaba allí parado y  que nos cuenta su plan. Había salido de Eriste, y quería subir al Posets por la normal, descenderlo por su vertiente septentrional, pasar la noche en el refugio de Estós y poder atacar el Perdiguero al día siguiente. Nos pareció un plan estupendo y le deseamos buena suerte antes de despedirnos. Como iba equipado ligero y estaba en buena forma, enseguida nos dejó atrás en su camino hacia la segunda altura del Pirineo.

Cuando reanudamos la marcha habíamos estado parados unos veinte minutos, mucho tiempo, pero por entonces aún creíamos en nuestro plan original de pasar tres días en la montaña, así que no teníamos ninguna prisa. Poco a poco, ascendemos por la senda y las placas que separan el refugio del inicio de la llamada Canal Fonda. Cruzamos a varios grupos de montañeros que descendían del Posets, y que habían hecho cumbre a una hora temprana gracias, problablemente, a su pernocta en el refugio Ángel Orús la noche anterior.

Por nuestra parte, el ritmo que habíamos impuesto después de nuestra larga pausa, junto con el efecto de la altitud (ahora estamos en la cota 2.300 aproximadamente), comenzaba a hacer efecto en mí, que no en mi hermano. Nos paramos unos cinco minutos y volví a beber, esta vez agua, para compensar el montón de bebida isotónica que había engullido durante la pausa anterior. Enseguida se me pasó el malestar pasajero y nos pusimos de nuevo en marcha.

Hacia la una de la tarde nos adentramos en la parte más aburrida y sombría de nuestra ruta, la Canal Fonda.   En pocas palabras, se trata de una canal pedregosa encerrada entre dos murallas de roca, al O las estribaciones del Diente de Llardana y al E la Sierra de Llardana. Es una canal larga que, por su orientación y profundidad, alberga un nevero la mayor parte del año. Nosotros tuvimos suerte y nos encontramos la canal pelada. Así, tras superar los cuatrocientos metros de desnivel de los que consta este tramo del recorrido, llegamos al Collado del Diente (3.010m), donde encontramos a tres montañeros descansando a la sombra. Tras un breve saludo, nos giramos hacia el inicio de la Espalda del Posets, una amplísima cresta en cuya base nos detenemos para comer un poco, aprovechando el malestar que ahora parecemos padecer ambos hermanos. Un pequeña pausa nos vendrá bien -pensamos-, al fin y al cabo ya llevamos dos mil metros de desnivel positivo, y nos encontramos a más de 3.100m. Bocadillo de atún y sardinas tamaño XL para recuperar fuerzas, y bebida isotónica para mantenerse despiertos. Y funcionó.

Poco después, estábamos recorriendo el final de la cresta, allí donde se vuelve una arista de bloques que precisa apoyar las manos para progresar, aunque no presenta mayores dificultades, hasta la llegar a la cima del Posets. Nuestro objetivo estaba conseguido, habíamos subido desde Eriste en menos de siete horas, paradas incluidas. Nos felicitamos y empezamos a sacar fotografías de las bellas panorámicas que ofrece este punto, tanto hacia la cresta de las Espadas, al SO, hacia el Perdiguero, al NE, y hacia las Maladetas, al E. Impresionantes vistas, magnífico mirador.

En ese momento ocurrió algo extraño, por inusual: la batería de mi cámara desfallece. Eso significaba quedarse sin más fotos durante el día, pero también los demás días de travesía. Pensando en el desgaste de haber subido hasta aquí y en la cantidad de líquido que habíamos utilizado, Eloy y yo empezamos a barajar la posibilidad de bajar hasta Eriste e irnos a Pamplona en el mismo día. Así que emprendimos la marcha cuesta abajo con tranquilidad... hasta que Eloy se dio cuenta de que había dejado sus gafas en la cima, por lo que tuvo que remontar unos 60 metros de desnivel para recuperarlas. Le acompañé. Entre tanto, nos habíamos cruzado con el montañero con el que habíamos conversado en las inmediaciones del refugio: traía una cara de susto increíble. El pobre hombre había tenido que desistir de su plan original al verse casi enriscado en la bajada por la vertiente norte... y se tuvo que dar la vuelta, para bajar por donde había subido.

Con todas nuestras pertenencias sobre nosotros, ahora sí, bajamos por la misma ruta que habíamos recorrido con anterioridad, pero a la altura de la cota 2.600 nos desviamos hacia el Ibón de Llardaneta, que nos apetecía ver. Debo decir que mereció la pena el rodeo, aún estando cansados, porque es un paraje maravilloso. Nuestra posición a orillas del lago nos permitió echar un ojo sobre el paso de las Forquetas, que debía haber sido nuestra ruta de haber seguido el plan original. Nos pareció un poco tieso, así que definitivamente nos fuimos para abajo.

En el refugio Ángel Orús efectuamos la única parada en todo el descenso. Nos apetecía ver las instalaciones y beber algo fresco, a ser posible una cerveza, pero al ver que la jarra de sangría casera nos salía por poco más, nos decantamos por esta opción. Gran elección! Estaba buenísima, aunque un poco cargada, con lo que nos reanimamos sobremanera. El descenso fue muy entretenido, conversación fluida y filosófica para terminar un día memorable.

Había sido un gran día, porque como suele pasar cuando Eloy y yo vamos hacemos una escapada juntos, no medimos nuestras fuerzas. La emoción de ir juntos, y la soterrada y sana competición que existe en toda pareja de hermanos, nos lleva a dar el 120% en todas nuestras salidas en equipo. Siempre nos lo pasamos muy bien.

Pero, más allá del estado de ánimo especial, hay toda una serie de factores, nada despreciables, que son la base de nuestro éxito en esta ascensión relámpago al Posets. Para empezar, hemos descansado bien el día anterior, a 1.100m de altitud, en una buena litera. Tener el cuerpo descansado es fundamental. En segundo lugar, hemos desayunado bien, fuerte. Tercero, durante la ruta utilizamos todo el líquido que tenemos (3'5 litros cada uno), lo cual nos mantiene bien hidratados y sin bajones físicos. Cuarto, adaptamos el ritmo al más lento, generalmente quien escribe este relato. Quinto, comemos bien a mediodía. Sexto, estamos en buena forma, después de haber hecho bastante deporte en verano. Séptimo y último, las condiciones de temperatura, luz y viento son perfectas. 

Así pues, por una vez las buenas decisiones se unieron con buena condición física, buena planificación y buen tiempo. Subir y bajar en el día al Posets no es ningún logro sobrehumano, ni mucho menos, pero superar la barrera de los 2.250 metros en un día, con una carga en la espalda bastante importante, hablaba bien de nuestra condición física, y eso siempre es motivo de satisfacción.

Cansados, eso sí, muy cansados, llegamos al punto donde habíamos aparcado el coche ya de noche. Hicimos un par de sobres de comida liofilizada con el agua que nos quedaba para cenar y emprendimos el camino hacia Pamplona, con buena música y una sensación de victoria inmensa.

Salud y Montaña


Reportaje fotográfico: Javier Rodríguez


En la salida del pueblo de Eriste

Señalización orientativa

Boulevard verdoso

PR 36

Cascada de Espigantosa

Refugio Ángel Orús

Yo cerca del refugio.

Eloy con el camino por donde venimos.

Pico d'els Corbets (2.904m)

Paisajes espectaculares.

Cresta de las Espadas desde la cima del Posets.

Macizo del Perdiguero y Macizo de las Maladetas desde la cima del Posets.

Eloy. Cima del Posets (3.375m).

Canal Fonda

Piedra descompuesta echando la vista atrás sobre la Canal Fonda.

 Ibon de Llardaneta


PS: Los comentarios son fuente de motivación para la existencia de un blog. Si algo te gusta (o si no) coméntalo para que en el futuro siga habiendo nuevas entradas. Gracias.

martes, 27 de octubre de 2009

Arista Noroeste del Txindoki (AD+, IVº+).

Larrunarri o Txindoki (1.345m)

El monte Larrunarri o Txindoki, nombre éste que proviene de una borda de pastores que se sitúa a los pies de la cumbre, es un lugar sagrado para los vascos. En su cumbre tiene "Mari", la diosa por excelencia del Olimpo Vasco, una de sus residencias. También la tradición cristiana tiene su lugar a los pies de la montaña, en la ermita de Nuestra Señora de los Remedios. Pero la bella mole de Txindoki no solo evoca fenómenos metafísicos, también es un lugar de culto para alpinistas y escaladores, y en cuyas rectilíneas formas se han iniciado muchas generaciones de montañeros vascos y navarros.

La mole caliza de Txindoki se alza 1000 m sobre el Santuario de Larraitz, su alfilado pico de caliza y su arista se alzan sobre el entorno verde de los extensos pastizales y bosques de hoja caduca de la Sierra de Aralar, que delimita por el norte. La revista "Pyrenaica" describía así al Txindoki y sus tradiciones en 1927:

"Al norte del Aralar, se yergue majestuoso e imponente, encumbrado y denso, el peñascal de Larrunarri. Otros lo conocen por el más típico nombre de Txindokí y en el Goyerri guipuzcoano lo llaman también Ñañarri, quizá por parecer más delgado y frágil visto por este lado. Pero por donde quiera que se le mire, siempre es imponente y se presenta majestuoso a nuestra vista: parduzco en los días grises, azulado en días de sol. Los tejos, espinos, jarales y demás arbustos desparramados por sus laderas, tienen raíces de sangre entre sus duras rocas. Se alza a 1.430 metros sobre el nivel del mar y aunque esta altitud sólo le permite ocupar el tercer lugar entre sus hermanos, Gambo e Irumugarrieta son más altos que el Larrunarri, es siempre el más majestuoso. Txindoki, visto desde el vallecito de Zaldivia, tiene alguna semejanza con el perfil del Cervino".

La Arista NW, la vía más elegante de ascender a esta montaña, nos ofrece una bella escalada de ambiente alpino muy accesible, con dificultades puntuales de IVº grado y mucho IIIº y IIº. Una iniciación en los terrenos de aventura donde no abundan reuniones ni seguros fijos, a camino entre escalada deportiva y clásica.

Bonita ruta que realizamos en dos cordadas; los vascos Aitor y Xabier, y los navarros Gorka y Javier. Primer proyecto del otoño, el impresionante "Cervino Vasco".


RUTA

Desde el amplio aparcamiento sito en el barrio de Larraitz (400m) se toma la vía normal que asciende hacia el S por una pista ancha que poco a poco, según subimos, va estrechándose y haciendo zetas en su recorrido. Después de un empinado ascenso, observamos a la izquierda el inicio de la arista, primero herbosa y luego con afloraciones de roca. Nos desviamos por trazas de senda, superando una valla para ganado.

Ascendemos por la inclinada ladera, rodeando por el O la primera estribación rocosa, hasta ganar la base de la arista trepando un poco al final (IIº), donde apreciamos la reunión de salida en la pared. En este punto se convierte en una vía de escalada discontinua, donde siempre se progresa asegurado por una cuerda.

La primera dificultad es un diedro (IVº) bastante fácil, pero con las presas muy pulidas, superado el cual continuamos por terreno más fácil pero muy aéreo hasta una brecha donde se encuentra la primera reunión. Seguidamente, se supera una chimenea (IIIº+) y terreno delicado (que no se encuentre equipado y conviene asegurar) hasta alcanzar la segunda reunión al pie de la "placa bonita". Éste es el siguiente punto a superar (IVº), es corto y se encuentra bien protegido, después se progresa por terreno fácil (IIº-IIIº) hasta la tercera reunión.

Desde aquí solo queda superar el tramo más complicado, pero menos aéreo, de toda la arista: un diedro con techo y salida acrobática (IVº+) seguido de terreno resbaladizo de tierra y rocas, no muy bien protegido (solo 1 clavo). Una vez superado esto, se acaba la escalada y podemos disfrutar de un camino estrecho pero muy llevadero hasta la cumbre (IIº). El descenso se efectúa por la ruta normal, esto es, la pala SE hasta el Collado de Egurra y después descendiendo el barranco para enlazar con el camino de Larraitz. Gráfico de la ruta.


DESNVIEL POSITIVO

900 m


TIEMPO

Sol y nubes. Temperatura: Entre 10ºC y 15ºC. Con viento muy frío que hacía descender la sensación térmica a valores cercanos a 0ºC.


CROQUIS



DURACIÓN


Larraitz - Base de la Arista NW (50 minutos) - Erlabetzeko Puntie (3h15) - Txindoki (3h45) - Larraitz (5h)


DIFICULTAD

Camino evidente hasta el desvío para remontar las campas previas a la arista, entonces trazas de senda y trepadas fáciles hasta la reunión de salida. Vía de escalada (AD+) semiequipada con dificultades máximas de IVº+ y sostenidas de III. Cresteo hasta la cima con pasos de IIº sostenido. Descenso andando por senda y sin dificultades.


DESCRIPCIÓN:

La famosa Arista NW del Txindoki nos invitaba, de la mano de Aitor, a acercarnos a su afilada ruta en un fresco día de otoño. Por fin íbamos a escalar una vía que, desde aquí lo digo, tenía dudas de que pudiese realizar alguien con tan poca experiencia escalando como es el que escribe estas líneas. Partimos pues desde la cautela y la prudencia, que nunca sobran en la montaña.

A las 10:45 dejamos un precioso día de sol en Pamplona para dirigirnos al barrio de Larraitz, en el municipio guipuzcoano de Abaltzisketa. Abandonamos el coche en el amplio aparcamiento habilitado para los visitantes y, después de seleccionar el material, emprendemos la marcha por una amplia pista que supera, en un primer momento, una barrera para ganado.

Las primeras rampas son suaves y el camino gana altura dibujando generosas zetas que hacen accesible el Txindoki a miles de personas cada año. Éstas facilidades y nuestra ansiedad por llegar al inicio de la escalada hacen que llevemos un ritmo muy alegre, casi frenético. Pronto alcanzamos el desvío que nos conduce, a mano izquierda, a las laderas herbosas previas al inicio de la arista, que remontamos con la misma celeridad. Los terruños irregulares, ocultos por la hierba alta que crece sobre ellos, y húmedos por un rocío mañanero que el sol todavía no ha conseguido secar hacen la progresión cuando menos entretedida. A esto se suman las pequeñas trepadas (IIº) de calentamiento, ya por terreno más agreste, previas al inicio de nuestra anhelada escalada.

Ya estamos ante la reunión cero, el punto donde vamos a comenzar una aérea y bella ruta que va a exigirnos precisión y buena cabeza para alcanzar el final. En la base de la pared esperamos a que una cordada, que allí se encontraba, suba delante de nosotros mientras nos ponemos los arneses, los pies de gato y preparamos el resto del material. La espera es tensa, estamos con muchas ganas de subir y por fin lo hacemos, con la "cordada vasca" encabezando la escalada, que para eso son los anfitriones. La lentitud en las maniobras de la cordada precedente nos ralentiza en nuestra progresión y nos vemos abocados a esperar, estando a merced de un viento muy frío que empieza a levantarse y que acabaría haciéndonos temblar de la manera más inmisericorde durante buena parte de nuestra escalada, sobre todo asegurando al compañero.

Después de un buen rato la "cordada navarra" se lanza a la ascensión, encadenando largos con gran soltura, siempre siguiendo los pasos de Aitor y Xabier. La escalada del primer diedro (IVº) resulta muy fácil, además de estar bien protegido. La siguiente dificultad reseñable es la bajada hasta la primera reunión, antes de la cual hay que destrepar por un sitio delicado, con vacío a los lados. Después de esto hay que superar, de salida, una chimenea muy aérea (IIIº+), pero bien protegida (la reunión esta muy cerca) que nos conduce a terreno delicado donde nos hay seguros, por lo que conviene poner alguna cinta o fisurero en el trayecto. La siguiente reunión está al pie de la "placa bonita", una placa lisa y muy vertical con agarres buenos pero pequeños (IIIº+). Una vez alcanzada la tercera reunión solo nos queda superar el diedro final (IVº+) que se ve desde ella, la parte más difícil del recorrido puesto que tiene un techito y hay que superar con un paso acrobático hacia la izquierda. Tras esto, solo nos queda salvar un largo trecho de terreno resbaladizo (IIº+) donde la roca húmeda y la hierba alta complican nuestra progresión, estando el tramo solo protegido por un oxidado clavo con argolla. Una vez aquí se acaban las dificultades y recogemos nuestro material. Los vascos nos estaban esperando, ya cambiados.

El camino que resta hasta la cima del Txindoki es muy disfrutón, ya no hay tanto patio a los lados y las dificultades disminuyen drásticamente, al tiempo que el desnivel a superar se vuelve insignificante. En pocos minutos llegamos a la Erlabetzeko Puntie (1.312m), mausoleo a una montañera desaparecida en esta montaña años atrás, donde una cruz y una placa reclaman su memoria. Siguiendo la trazas de senda llegamos a la cruz y buzón, todo bastante destartalado, de la cima del Txindoki (1.345m), donde nos detenemos entre las nubes a comer nuestros bocadillos y a hidratarnos. Ahora ya hemos llegado, estamos los cuatro muy contentos y no paramos de hablar de la arista, en la que hemos disfrutado mucho y también hemos pasado mucho frío. Nos queda el descenso por la vía normal, que da más pereza que otra cosa.

El camino de descenso transcurre por la ladera SE de la montaña, la que da a Navarra, y consiste en un camino ancho que se multiplica en muchos ramales que se separan y se juntan. El deterioro de la vía es evidente y por ello, sin mucho acierto me temo, los responsables del mantenimiento de la misma han optado por poner pequeñas barreras para "guiar" el camino. No creo que sea efectivo y el trabajo para instalarlas ha debido de ser ingente. Descendiendo con cuidado alcanzamos el Collado de Egurra, desde el cual hacemos un recto y bajamos por el empinado barranco campo a través, hasta retomar el camino que desciende hacia Larraitz.

Observamos mientras bajamos el estético perfil de la arista que hemos descubierto hoy, con la satisfacción de haberla superado y la fascinación que, a pesar de ello, sigue despertando en nosotros sus paredes. Atardece en el Goierri y la silueta del Cervino Vasco desaparece bajo los últimos rayos del sol despidiéndose de nosotros hasta una próxima ocasión. Descendemos hasta el aparcamiento, casi vacío y lanzamos una última mirada hacia una montaña que tiene bien merecida su fama.


Salud y Montaña

Reportaje fotográfico: Javier Rodríguez / Gorka Sanz


Arista O del Txindoki desde el punto donde dejamos el camino para acercarnos a la vía.

Campiña guipuzcoana.

Los protagonistas de hoy.

El diedro de entrada (IV°).

Xabi ya lo ha superado.

Asegurando a Gorka desde la 'placa bonita'.

Vista atrás sobre la arista.

Caminando por las alturas.

Última reunión antes del diedro de salida.

Diedro de salida (IV°+)

Cima del Txindoki (1.346m).

Cruz de cima.

La arista al atardecer.


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lunes, 29 de junio de 2009

Picos del Infierno (Occidental, 3.075m; Central, 3.083m; Oriental, 3.079m) por los Ibones Azules.


Picos del Infierno, Sector Panticosa, Pirineo Aragonés, España. 28 de junio de 2009.

Los Infiernos son los elegidos para iniciar nuestra temporada estival de montañismo, están compuestos de tres cimas principales (Occidental, Central y Oriental), todas ellas por encima de los tres mil metros de altitud. Son uno de los mayores atractivos para montañeros con experiencia en la zona de Panticosa, a la cual nos hemos acercado por primera vez y que nos ha parecido muy bella y alpina.


RUTA

Ascensión cuyo punto de partida se sitúa en los Baños de Panticosa, concretamente en el mítico refugio de montaña de la Casa de Piedra (1.636m). A la derecha del mismo sale un camino (GR.11) que seguimos hasta el cuello del Infierno (2.721m), después de pasar por las presas de Bachimaña y por los Ibones Azules. Trazas de senda y zonas de trepada muy fácil para acceder al Infierno Occidental, desde aquí seguir el cordal para alcanzar Infiernos Central y Oriental. Bajada entre el Infierno Central y el Oriental por la cara SW, trazas de senda estrecha y expuesta. Travesía por roca descompuesta y neveros hasta Cuello de Pondiellos y bajada por senda marcada con hitos hasta Baños de Panticosa. Gráfico de la ruta


DESNIVEL POSITIVO

1650 m


TIEMPO

Sol y nubes. Temperatura entre 20ºC y 25ºC. Ligero viento en cima.


CROQUIS



DURACIÓN

Baños de Panticosa - Ibones Azules (2h) - Cuello del Infierno (3h) - Infierno Occidental (3h50) - Infierno Central (4h05) - Infierno Oriental (4h15) - Cuello de Pondiellos (6h) - Baños de Panticosa (8h). Paradas para beber, comer y sacar fotos. Ritmo medio.


DIFICULTAD

Senda GR (Gran Recorrido, marcas blancas y rojas), hasta Cuello del Infierno. Trazas de senda y trepadas sencillas (Iº como máximo) para alcanzar la cresta. Especial atención en la zona de la "Marmolera", entre el Infierno Occidental y el Central, que puede ser resbaladiza si está mojada, estrecha y aérea (no apto para personas con vértigo). Cresta fácil con trazas de senda. Camino de bajada en zig-zag desde Infierno central hasta Valle de Pondiellos, máxima precaución, estrecho y con patio. Senda marcada con hitos para bajar desde Cuello de Pondiellos a Baños de Panticosa.


DESCRIPCIÓN

Salimos de Pamplona a las 8 de la mañana hacia el Pirineo oscense, pasando Biescas llegamos al desvío de Panticosa y continuamos hasta los Baños, donde podemos comprobar el macro complejo turístico allí instalado. Aparcamos cerca del lago. Con todo preparado nos encaminamos hacia el lago, el cual bordeamos por la derecha para cruzar un pequeño arroyo y seguir hacia la izquierda en busca del refugio de la Casa de Piedra (1.636m). Éste es nuestro punto de partida.

Por no mirar el mapa y por las ganas de empezar, pues ya íbamos un poco tarde, tomamos el camino que sale a la derecha del refugio, el GR.11, en dirección a los Ibones Azules. La senda asciende junto a un arroyo, y sus bellas cascadas de agua, que viene directamente de los Embalses de Bachimaña. Una vez allí, nos paramos a tomar fotografías y a beber un poco. De paso, aprovecho para mirar el mapa y descubro (ya lo sospechaba desde hacía rato) que nos habíamos desviado considerablemente de la ruta de ascenso al Garmo Negro, que era el objetivo inicial de esta jornada de montañismo.

En los alrededores del Embalse bajo de Bachimaña encontramos a varios excursionistas haciendo fotos y algunos pescando en la propia presa. La verdad es que el día estaba siendo, hasta ese momento, precioso y con un cielo completamente despejado. La temperatura no era excesiva y, por tanto, este último domingo de junio se había convertido en un día ideal para disfrutar de la montaña sin tener que soportar los rigores del verano.

Conscientes de las distancias y de la hora, seguimos nuestro camino por el GR.11 hacia el Cuello del Infierno. Hemos cambiado de objetivo, ahora son los exigentes y renombrados Picos del Infierno. La senda va ganando altura bordeado el Embalse alto de Bachimaña y los Ibones Azules, el paisaje que se abre ante nosotros es espectacular, destacando el macizo del Vignemale hacia el E y los Infiernos hacia el O. En la zona de los Ibones Azules buscamos un sitio para recargar energía en forma de bebida isotónica y bocadillo de tortilla. Después nos encaminamos hacia el Cuello del Infierno.

En este tramo del GR.11, después de pasar los Ibones Azules, la nieve empieza a hacer aparición de una forma más continua, estamos en la cota 2.500m. Seguimos la huella por los neveros, éstos están pesados, con la nieve blanda, que dificulta la ascensión y desgasta nuestras fuerzas. Nos detenemos para hidratarnos. En poco menos de 3 horas nos habíamos plantado en el Cuello del Infierno, donde acabó nuestro sufrimiento con la nieve, de momento, y disfrutamos de privilegiadas vistas sobre el Ibón de Tebarray y el pico del mismo nombre.

Ascendemos en dirección S, por trazas de senda marcadas ocasionalmente con hitos, aunque la existencia de neveros dificulta un poco la orientación. En nuestro caso, vamos a ir hacia la cara E de los Infiernos para orientarnos en la subida, de este modo alcanzamos una cumbre secundaria, el Garmo Blanco (2.960m), desde la que divisamos el camino correcto, que discurre a tan solo unos pocos metros de donde nos encontramos. Aquí paramos para beber y comer nuestro segundo bocadillo. En unos 10 minutos llegamos a la cumbre del Infierno Occidental (3.075m), desde el cual divisamos la famosa "Marmolera", digo famosa porque es la que hay que atravesar para acceder al Infierno Central y no es apta para personas que sufran de vértigo, pues el patio a ambos lados del filo es muy considerable. A nosotros, en condiciones de seco, nos pareció asequible, con buenos agarres y muy bella.

Una vez del otro lado del paso, llegamos al Infierno Central (3.083m), donde echamos la vista atrás para deleitarnos con el espectáculo que ofrece el cordal que acabamos de superar. En poco minutos, por trazas de senda, estaríamos también coronando el Infierno Oriental (3.079m). Gran satisfacción,aderazada con vistas excepcionales en 360º, con los macizos de Vignemale, Monte Perdido, Balaitús, la montaña jacetana, el Midi D'Ossau y los picos de Anayet, entre otros, medio cubiertos por la nieve a finales de junio. Y, por supuesto, aire puro.

Ahora toca descender y, puesto que ya era un poco tarde y se había cubierto el cielo con alguna nube grisácea, decidimos hacerlo por el camino más corto. Tomamos el que desciende del Infierno Central hacia los Ibones de Pondiellos, un camino en zig-zag que pierde altura con mucha rapidez y donde hay que ayudarse de las manos frecuentemente. Hay una canal de unos 45º o 50º de inclinación, tapada por unos 80 cm de nieve en el momento en el que estuvimos, nada recomendable para bajar puesto que ya se habían formado rimayas a ambos lados y la nieve estaba lo suficientemente dura como para hacernos resbalar hasta el final del cono de deyección... donde nos esperan piedras de considerable tamaño. Por lo tanto, el camino mencionado antes era la mejor y, quizá, única opción prudente para descender por este lado de los Infiernos.

Una vez en la base de la pared, nos dirigimos al segundo collado que vemos (el primero por la izquierda es el Cuello Saretas), al Cuello de Pondiellos. Desde allí, por nevero primero y senda marcada con hitos después, descendemos hasta la Mallata Alta, en cuyo lado izquierdo en el sentido de bajada observamos la devastación provocada, presumiblemente, por un alud: pinos arrancados de cuajo y otros partidos por la mitad, un auténtico cementerio de árboles.

Continuamos la senda, hacia los Baños de Panticosa, pasando por la Mallata Baja, donde paramos para hacernos unas fotos en una ermita, antes de terminar nuestro primer día de montaña estival, con mucho sabor a primavera, por la nieve todavía existente en altas cotas.

Una ruta más que recomendable, muy alpina, con vistas extraordinarias, con presencia de ibones, crestas y zonas de trepada. Demasiado bueno para ser un plan improvisado.

Salud y Montaña


Reportaje fotográfico: Javier Rodríguez


De ahí venimos, del Balneario de Panticosa.

Llegamos al Ibón bajo de Bachimaña.

Ibón alto de Bachimaña y Peña Xuans a la derecha.

Se empiezan a ver los objetivos de hoy.

Picos del Infierno con su pequeño glaciar.

Cerca del Collado del Infierno.

Bonita vista hacia las Frondellas y el Balaitús.

Excelentes vistas sobre los Ibones de Pondiellos y el Garmo Negro.

Primera cima del día: Infierno Occidental (3.075m).

La famosa 'marmolera'.

Eloy señalando al Midi d'Ossau y al Balaitús.

Seguimos caminando cual funambulistas...

...y llegamos al Infierno Central (3.083m).

Magníficas vistas sobre el Macizo del Vignemale.

Tercera cima de hoy: Infierno Oriental (3.079m).

Por ahí hemos bajado.

Circo de Pondiellos.

Detalle de la bajada por la pared de la izquierda. Extremar las precauciones, un tropezón es fatal.

Cuello de Pondiellos y Aguja de Pondiellos.

El Balneario está lejos.

Huellas de actividad avalanchosa.


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