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miércoles, 7 de noviembre de 2012

Mont Joly (2.525m), una nueva perspectiva sobre el Mont-Blanc.


Mont Joly, Alpes Françaises, Haute-Savoie, France. 17 de julio de 2012.

Este año mi temporada estival de montaña empieza relativamente tarde, a mediados de julio. Por diversas circunstancias no he podido hacer todas las salidas que me hubiese gustado, pero en las siguientes entradas voy a relatar varias experiencias de interés que he vivido durante el verano y parte del otoño de 2012. Entre ellas, esta agradable subida al Mont Joly con Kattis, una bonita ascensión al Palas por la Chimenea Ledormeur con mis amigos Aitor y Gorka, y mi apasionante Tour del Mont-Blanc en solitario.

Este año mis vacaciones han empezado oficialmente el 15 de julio. Nada de fiestas de San Fermín, nada de salidas montañeras en junio. Durante las primeras semanas del estío, seguía clavado a mis obligaciones académico-profesionales, viendo como los días soleados se sucedían sin yo poder darme un respiro de aire de alta montaña. Llegó el día, sin embargo, y Kattis y yo nos fuimos a buscar las bellas vistas del Macizo del Mont-Blanc que ofrece el Mont Joly.

El Mont-Joly es una montaña cuya cumbre panorámica, situada a 2.525m, ofrece una bella perspectiva de la ruta normal francesa (la llamada Voie Royale) al Mont-Blanc, así como de la Aiguille de Bionnassay y de los Dômes de Miage, montañas de recuerdo agridulce para quien escribe. Mont Joly constituye el punto culminante de una cresta que separa los valles de Arly, al NO, y de Montjoie, al SE.

Ruta fácil, con un desnivel medio y que transcurre por caminos asequibles a excursionistas de todos los niveles, la ascensión del Mont Joly desde el aparcamiento de Le Planay es nuestra primera jornada de montaña de este verano. Un magnífico día para recuperar sensaciones y respirar el aire puro de la montaña.


RUTA

Llegamos al aparcamiento de Le Planay (1.439m) desde Megève. Dejamos el coche en un pequeño aparcamiento de grava y seguimos una pista que se encamina al NE. Continuamos por pista bien balizada, siguiendo los paneles que indican 'Hermance'. Desde esta aldea de pastores se puede observar la ruta que nos conduce, entre remontes y teleféricos, a la cresta que separa los valles de Arly y Montjoie. Una vez llegados a la cresta continuamos por la pista que nos lleva hacia el S hasta el Refuge du Mont Joly (2.002m). Aquí continuamos por una pista (de esquí) a ratos muy empinada que nos lleva a la arista cimera, donde el sendero se estrecha y se vuelve más aéreo. Superando la parte final, algo más pedregosa, llegamos a la cumbre panorámica del Mont Joly (2.525m). El camino de descenso es el mismo que el de subida.


DESNIVEL POSITIVO

1086 metros


TIEMPO

Principalmente despejado, con algunos pasajes nubosos. Viento débil con alguna racha moderada. Temperatura en torno a los 24° en Le Planay y a 16°C en la cima de Mont Joly.


CROQUIS

Le Planay - Mont Joly - Le Planay


DURACIÓN

Aparcamiento Le Planay - Hermance (1h15min) – Refuge Mont Joly (1h45) – Arista cimera (2h20) - Cima Mont Joly (3h) - Refuge Mont Joly (4h) - Aparcamiento Le Planay (5h30).


DIFICULTAD

Pista ancha, bien balizada hasta la arista cimera, donde se transforma en un sendero evidente, bien señalizado que se vuelve progresivamente más pedregoso. Hay que superar un pequeño resalte, muy fácil, de un metro, donde hay que apoyar las manos.


DESCRIPCIÓN

Salimos de Ginebra un martes por la mañana en dirección a Megève. Liberados de la ciudad, nos aprestamos a disfrutar de una bella jornada estival en montaña. Katarina siempre le tiene respeto, cuando no directamente miedo, a la primera salida del verano. Sabe que las piernas y el corazón necesitan su tiempo para rendir adecuadamente y el que el primer día suelen notar la falta de ejercicio regular.

Sea como fuere, tanto ella como yo teníamos unas ganas enormes de salir ahí afuera. Después de unas vueltas alrededor de Megève con el coche, por fin encontramos la buena pista, la que nos ha de llevar al aparcamiento de Le Planay. En realidad, dicho aparcamiento no es tal, sino unos espacios al lado de la pista donde pueden caber unos 15 coches como mucho, y donde nosotros encontramos un espacio para el nuestro. Suerte que era martes y que no es la ruta más utilizada por los excursionistas, pues hace falta superar un desnivel de casi 1.100 metros para alcanzar la cumbre del Mont Joly.

Empezamos a andar a las 10h45 de la mañana, hace bueno, los días son largos. No hay de qué preocuparse, solo de disfrutar. Tomamos una pista que sale hacia el NE, muy evidente, y que llega pronto a un desvío en el que tomamos la única alternativa posible, el camino que remonta a la izquierda, pues la pista principal se adentra en una propiedad privada. El camino, en todo momento perfectamente señalizado, se vuelve empinado y atraviesa una serie de prados, riachuelos y bosques antes de llegar a la aldea de pastores de Hermance. Desde este punto se puede observar una gran parte del recorrido que nos aguarda y que, aunque no sea muy estético, transcurre en buena parte por pistas de esquí reconvertidas en itinerarios senderistas y de BTT en las estaciones en las que la nieve se encuentra ausente.

Sin prisa, pero sin (casi) pausa, seguimos nuestro camino, ya con ganas de disfrutar de la bella perspectiva que nos ofrece la cresta del Mont Joly. Con un ritmo medio, el camino se hace ameno y Kattis me instruye sobre los fenómenos geológicos que podemos contemplar, en concreto sobre un incipiente corrimiento de tierra que se podía apreciar justo al lado de la pista por donde debíamos pasar en nuestro camino hacia el Refuge Mont Joly. Una vez alcanzada la cresta, el número de excursionistas crece exponencialmente debido a la confluencia de nuestra ruta y la que empieza en Saint Gervais, pero muy especialmente a la existencia de un teleférico que comunica Megève con el Mont Joux (1.958m).

Tras pasar de largo el Refuge Mont Joly (2.002m), tomamos la pista que continua por la cara O del Mont Joly, desechando el camino, más técnico y aéreo, de la Épaule. El esfuerzo y la altitud empiezan a notarse y nos paramos más frecuentemente para beber, sabiendo que la cima no está muy lejos. Nuestra parada principal, para comer, se produce al llegar a la arista, en la cota 2.300. Después de un merecido descanso afrontamos la última parte de la ascensión, siguiendo el camino evidente y bien balizado que salva una pendiente pedregosa conducente a la cumbre panorámica del Mont Joly. Hemos llegado, las vistas son impresionantes, la cumbre es amplia, pero aérea hacia la vertiente de Montjoie, y las vistas de la cresta que continúa hacia el SO son magníficas. Dan ganas de recorrerla, pero será para otra ocasión.

Tras una media hora en cumbre, empezamos a descender, tranquilamente, por el mismo camino de subida y nos paramos a contemplar el paisaje y a disfrutar de un refresco en el Refuge Mont Joly. Una hora y media después llegamos al coche después de un bonito día de montaña. El verano no ha hecho más que empezar.


Salud y Montaña


Reportaje fotográfico: Javier Rodríguez


El inicio de la pista.

Ganando altura por los pastizales.

Aldea de pastores de Hermance.

El Mont Joux (1.982m).

Refugio del Mont Joly (2.002m)

Vamos bien. Aquí se endereza un poco la pista.

En la cresta del Mont Joly. El macizo del Mont Blanc está un poco nublado.

Cima del Mont Joly (2.525m).

Mesa de orientación.

Una panorámica desde la cima.

Los protagonistas de esta excursión.

Bonita para ver... y para recorrer.

Dômes de Miage.

El telesilla del Mont Joly.

Formaciones geológicas llamativas.

Camino compartido.

Ambiente pastoril.

PS: Los comentarios son fuente de motivación para la existencia de un blog. Si algo te gusta (o si no) coméntalo para que en el futuro siga habiendo nuevas entradas. Gracias.

martes, 10 de agosto de 2010

Travesía Aig. de la Bérangère - Dômes de Miage. Aristas nevadas en el macizo del mont Blanc.

Massif du mont Blanc, France, 7 y 8 de agosto de 2010.



Volver a los orígenes: Ginebra, los Alpes. Ginebra es la ciudad en que nací; los Alpes son, simplemente, el escenario original de las grandes gestas de los hombres en la montaña. Aquí nació el Alpinismo, y aquí quiero proseguir esta pasión que me lleva a recorrer sendas, a escalar crestas y a hollar cimas. Instalado en la ciudad de Calvino, desde la cual, en los días claros, se ve el mont Blanc, estoy en el emplazamiento idóneo para continuar mi relación con la montaña. A otro nivel.

Para comenzar con buen pie en el macizo del Mont Blanc tenía que asegurar dos cosas: Una ascensión de dificultad baja o media, y un compañero de cordada. Está claro que lo uno dependía de lo otro, así que me lancé en el ciberespacio alpinístico con varias propuestas, entre las que se encontraba la travesía de los Dômes de Miage. Gracias a la red me puse en contacto con Radek, un alpinista polaco que reside en Francia, para hacer esta salida juntos.

Los Dômes de Miages son unas unas montañas situadas en el macizo del mont Blanc, al sur del mismo.Fueron conquistados por vez primera el 2 de septiembre de 1858 por T.Coleman, F.Mollard y J.Jacquemont. La cresta comienza en la Aiguille de la Bérangère (3.425m) y recorre cinco Dômes hasta llegar al Refugio Durier. La arista de nieve que recorre la parte central de la travesía está considerada como una de las más bellas del macizo del Mont Blanc. Nosotros haremos la travesía hasta el tercer dôme, para volver sobre el glaciar de Tré la tête. Ha sido un buen estreno, una toma de contacto con las dimensiones exageradas que toman aquí las cosas y un cambio de mentalidad respecto al Pirineo. Ahí vamos.



ASCENSIÓN

El inicio de esta travesía se sitúa en el pueblo de Les Contamines - Montjoie, en la Alta Saboya francesa. Debemos atravesar el pueblo y dejar el coche en el aparcamiento de Cugnon, desde ahí tomamos una calle que nos lleva a lo alto del pueblo, donde hay varios carteles. En ellos se indica el camino a seguir y el tiempo de acceso a los refugios de Tré la tête y de Conscrits, que son los que nos interesan. Hay una buena senda, que salva un desnivel importante, hasta el refugio de Tré la tête (1.970m), después el camino se hace más estrecho y delicado (zona conocida como "mauvais pas", es decir, del 'mal paso'), que está equipada con cadenas y barandillas. Siguiendo los hitos nos subimos a la morrena terminal del glaciar de Tré la tête, recubierta de piedras, seguimos los hitos y llegamos a una barrera de seracs, donde giramos a la izquierda para buscar unas escaleras verticales en sus 50 primeros metros, que nos ayudan a salvar un buen desnivel en una pared casi lisa. Desde lo alto de via equipada hay un camino que nos lleva hasta el refugio de Conscrits en una hora.

Desde el moderno refugio de Conscrits, seguimos unas trazas de senda hacia el NE, donde pronto encontramos un camino que cruza hacia el E, es el camino del glaciar. Nosotros continuamos hacia el NE, para ganar poco a poco las rampas de nieve previas a la Aiguille de la Bérangère. Una vez en su base, ponemos los crampones e iniciamos la ascensión del la cúspide rocosa, de unos 80 metros de altura, en mixto fácil pero expuesto. Cima de Aiguille de la Bérangère (3.425m). Desde aquí, encordados, seguimos la arista mixta hacia el Col de la Bérangère, situado al NE de nuestra posición. Descenso delicado en mixto expuesto, se puede ir bien en ensamble.

Desde el Col de la Bérangère se sigue la línea de arista, a veces fina y muy expuesta, en todo momento hacia el NE, hollamos los 3 dômes y descendemos al Col des Dômes (3.564m). Desde aquí, una buena huella nos conduce hacia el centro del glaciar de Tré la tête. Podemos seguir la huella que conduce al refugio o descender por el centro del glaciar, muy agrietado. Una vez en la zona de acumulación del glaciar, seguimos el centro del mismo evitando las grietas mayores y descendemos la pendiente a 30° que nos devuelve a la morrena terminal, donde siguiendo los hitos, en sentido descendente, volvemos a Les Contamines - Montjoie.



Desnivel positivo acumulado: Día 1 -> 1.600m; Día 2 -> 1050m.

Tiempo: Soleado y templado durante la aproximación del primer día. Nublado y fresco durante la travesía Bérangère - Dômes de Miage, visibilidad 20 metros y temperatura del aire 0°C. Niebla desde 2.900m. Sol y nubes en el descenso por la tarde, con temperaturas agradables.


Croquis de la ruta completa desde Les Contamines - Montjoie:





Croquis de la travesía Refuge des Conscrits - Aiguille de la Bérangère - Dômes de Miage - Col des Dômes - Refuge des Conscrits:







DURACIÓN

DÍA 1: Cugnon - Refuge Tré la tête (1h35) - Escaleras (3h40) - Refuge des Conscrits (5h); DÍA 2: Refuge des Conscrits - Aiguille de la Bérangère (3h30) - Dôme W (5h) - Col des Dômes (6h30) - Glacier Tré la tête, zona de acumulación (10h30) - Refuge Tré la tête (12h) - Cugnon (14h).

*Tiempos de cordada Radek - Javier. Si la cordada es fuerte y compensada se pueden rebajar 1 hora al día 1 y 5 horas al día 2.




DIFICULTAD

Recorrido sencillo, senda ancha hasta el refuge de Tré la tête. Senda estrecha con pasos equipados con cadenas y barandillas (zona del "mauvais pas", en francés), hitos que señalan la vía sobre el glaciar. Escaleras verticales y pasos equipados con cadenas en una pared de 150m, vertiginoso y expuesto. Hay enganches de "cola de cerdo" cada 6 metros aproximadamente. Desde lo alto, camino sencillo hasta el refuge des Conscrits.

Ascensión por neveros de poca inclinación (25° a 30°) hasta la base de la Bérangère, ahí se empina hasta los 40°, para seguir los últimos 60 metros en mixto fácil, pero expuesto. Desde la cima de la Bérangère se toma la arista en mixto fácil, aérea y expuesta en su mayor parte. Encordamiento en ensamble, está bien meter una o dos bagas para asegurar, muchas posibilidades de colocar puntos intermedios. Algún destrepe.

Arista de nieve ancha entre el Col de la Bérangère y el Dôme W, arista fina, aérea y expuesta hasta el Dôme C. El paso más estrecho se hace en descenso, es muy impresionante, sobre todo si la nieve no está perfecta. Desde el Col des Dômes se baja por huella bien hecha hacia el glaciar, impresionantes seracs y grietas gigantescas. Cuidado, cuerda tensa. Recorrido glaciar hasta el final del mismo, con sus peligros objetivos.

A tener en cuenta: Travesía larga y de varias horas por encima de 3.400m, muy buena forma física imprescindible. Descenso largo. Peligros objetivos en el glaciar.



DESCRIPCIÓN

Llevaba tiempo esperando poder hacer algo interesante en los Alpes, ahora que vengo de instalarme en Ginebra. Se entiende que lo que quería era un recorrido glaciar, a ser posible en travesía, para ver cuanto más, mejor. Y así me decidí por los Dômes de Miage, de los que había leído que tenían unas aristas de nieve fabulosas. Así que me puse a buscar compañero de cordada y lo encontré en la persona de Radek, un alpinista polaco afincado en Grenoble que también buscaba hacer esta ruta.

Es sábado por la mañana, soleado y cálido en Ginebra, preparo mi mochila, como y me marcho a Les Contamines - Montjoie, adonde llego después de 1h15 de coche. Allí, en el centro del pueblo, conozco en persona a Radek. Organizamos el material y vamos hasta el aparcamiento de Cugnon, en la salida del pueblo, donde dejamos el coche a las 14h35. Ajustamos los bastones y nos ponemos en marcha, en principio para cinco horas. Las primeras son duras, el camino asciende haciendo zetas e incluso hay algún paso equipado con cadena y puente, para salvar un torrente. En poco más de 1h35 llegamos al refuge de Tré la tête después de haber hecho unos 900 metros de desnivel, Radek quiere pararse y aprovechamos para beber algo. En unos minutos retomamos nuestro camino, que sale justo por encima de la casa y está bien indicado, pasamos rápidamente a la vertiente E y observamos desde la altura la lengua terminal del glaciar de Tré la tête, recubierta de piedras y desprendimientos.

La bella senda se pierde en un escenario cada vez más rocoso e inerte, de forma que enseguida tenemos que seguir hitos que señalan la buena dirección. Pasamos por una zona de grandes bloques lisos, a menudo equipados con cadenas y barandillas, de forma que su travesía sea segura, pues son pasajes expuestos. En las guías francesas se conoce este tramo como "mauvais pas", 'mal paso' en castellano. Se pasa bien cuando está seco, incluso sin ayudas, pero me imagino que con mal tiempo o nieve se complica bastante.

Las trazas de senda siguen un camino descente, que nos lleva a la base del glaciar, al cual nos subimos siguiendo los "cairn", como dicen por aquí a los hitos. Al principio, aunque el camino parece evidente, buscamos con insitencia las señales que nos permitan avanzar camino del refugio, y pronto alcanzamos a unos alemanes que iban delante nuestra. Les preguntamos si conocen la ruta, nos dicen que no y se ponen a seguirnos. Así que proseguimos siguiendo los dificilmente identificables hitos en este mar de piedras, por suerte el camino sigue la lógica de ir por el punto más alto, en una especie de cresta, y así alcanzamos la barrera de seracs del glaciar. En este punto, la masa amorfa de hielo ennegrecido, de piedras y demás desprendimientos daba paso a unas rampas de hielo agrietadas y bastante inclinadas en su parte central y de seracs, más o menos amenazantes, en sus laterales.

Nuestra ruta pasaba ahora bien por remontar las pendientes de hielo a 30° y pasar el campo de grietas para alcanzar el refugio, lo cual era una opción bastante larga, si bien hubiésemos reconocido el glaciar de cara al día siguiente; bien por utilizar las escaleras, cadenas y demás estructuras metálicas instaladas en la pared E. Optamos por subir la ferrata, que dispone de puntos de aseguramiento en caso de subir en ensamble. Preferimos no encordarnos. Para cuando llegamos aquí, ya nos había alcanzado otro grupo de franceses, debido al ritmo lento que llevábamos, por lo menos íbamos disfrutando del paisaje. Subo el primero. Los primeros 50 metros son verticales, después se inclina y se hacen varias travesías laterales, hasta alcanzar, a 150 metros de la base, la senda que conduce al refugio. Es un recorrido vertiginoso, pero que no debe representar ninguna dificultad ni peligro si nos centramos en la coordinación de nuestros movimientos, pero a la vez exigente físicamente. Después de la subida mi compañero, los alemanes y la mayoría de los franceses tardaron en recuperarse, así que me adelanté y seguí hasta el refuge de Conscrits.

Conscrits es un moderno refugio del Club Alpin Français, que se encuentra a 2.602m de altitud, dominando el glaciar de Tré la tête. Dispone de agua corriente, 85 camas, está guardado todo el verano y tiene una amplia zona de recepción y secadero. La verdad es que me sentí cómodo desde el principio, los guardas son simpáticos y el ambiente es bueno. Nada más llegar me quito la mochila, dejo mi piolet, la cuerda y los bastones en la entrada, mis botas las dejo a ventilar también y cojo unos zuecos. Subo al comedor y pido una cerveza, en la terraza espero a mi compañero, que llega un poco más tarde.

Esperamos que el turno de cena acabe mientras tomamos unas cañas en la terraza, el sol se pone por el horizonte después de haber lucido en un día magnífico para la práctica del montañismo. Nada hacía presagiar lo del día siguiente, en fin. Una vez despejado el comedor, nos acomodamos y pedimos un litro de agua caliente, para preparar nuestra comida, deshidratada de sobre. Radek ha olvidado su plato principal, pero tiene unas sopas y se contenta con eso; yo tengo un sobre de carne de ternera con puré de patatas y verduras: está cojonudo, sobre todo porque me esperaba algo mucho peor. Así que con eso y un buen té me voy a la cama. Nuestra habitación tiene unos 35m2 y hay unas 25 personas, entre los cuales dos roncadores de campeonato que no nos dejan descansar a los demás. Puedo decir que es la peor noche que he pasado en un refugio de montaña, apenas dormí 30 minutos y sudando de manera brutal.

Con los ojos entreabiertos en todo momento no es difícil detectar el primer movimiento anormal en la sala, efectivamente, son las 3h40 y los montañeros empiezan a despertarse. Enseguida salgo de la habitación, que apestaba a humanidad, con todas mis pertenencias, no quiero seguir ni un minuto más ahí. He sudado mucho, así que bajo a la sala de desayuno, donde enseguida viene Radek y nos ponemos unos zumos de naranja. El desayuno, por suerte es abundante y bueno, así que cogimos fuerzas para afrontar la larga travesía.

Todo el mundo baja a la vez a la zona del material, allí no cabe ni un alfiler, y en esas nos colocamos pantalón, chaqueta, arnés, polainas, botas y demás. A las 5 de la mañana salimos en dirección a Aiguille de la Bérangère con el frontal sobre nuestros cascos. Nuestro ritmo es bueno, vamos ganando altura de forma rapida y constante. En un momento dado nos desviamos de la ruta del glaciar para continuar por las rampas mixtas, al principio, y nevadas después, que conducen hacia el primer pico del día. Pronto empiezo a constatar que mi compañero, como el día precedente, no sigue mi ritmo, por otra parte, nada elevado. Me encuentro en la tesitura de esperarle y enfriarme o seguir y esperarle en la cima con la chaqueta de fibra. Opto por lo segundo, así que sigo mi camino superando a otras cordadas hasta llegar a la zona mixta de la pirámide somital, a falta de 60 metros para la cumbre me pongo los crampones y continúo hasta la cima, donde espero con la chaqueta de fibra puesta.

Van pasando todas las personas que he adelantado y Radek aparece media hora más tarde, estaba claro que algo no iba bien. El día anterior había cenado poco, quizá también había dormido poco como yo, y luego también cada uno tiene un ritmo diferente. Cuando llegó me confirmó que tenía algunos problemas estomacales y que se sentía cansado, probablemente por la altitud. Como aquí empezaba la zona técnica de la travesía, nos encordamos a 7 metros y empezamos a bajar, justo cuando estaba empezando a sentir, en forma de frío, la inactividad en la cima. Radek va primero y yo le sigo con dos aros de cuerda en la mano. Bajamos con precaución la arista mixta, que si bien es fácil técnicamente y ofrece buenas posibilidades de asegurar, es aérea y expuesta. Con paciencia llegamos al Col de la Bérangère, desde donde empezamos la ascensión al punto culminante de la ruta. La huella es buena y la pendiente no pasa de 35°, pero estamos a más de 3.350m y Radek no siente ninguna mejoría, de hecho nuestras paradas son cada vez más frecuentes, ante lo que empiezo a desesperarme, pero somos un equipo y nuestra seguridad depende del otro, así que intento ayudarle.

Poco a poco seguimos nuestro camino y alcanzamos la cumbre del Dôme W (3.670m), desde el cual descendemos por una afilada, aérea y expuesta arista, en medio de una niebla que no deja ver a más de 20 metros. Hasta el momento la bella travesía estaba siendo una sucesión de despropósitos, pero en la montaña hay días así. Bajando por la arista, cuya huella era estable solo sobre 40cm de ancho, llegamos a un pequeño collado y enseguida remontamos hacia el Dôme C (3.666m), para descender por una pendiente acusada, pero poco expuesta, hacia el Col des Dômes (3.564m).

Aquí el día se despeja mínimamente y nos permite observar los relieves circundantes, antes de volver a cubrinos con un espeso manto de nubes y devolvernos a la realidad de un día gris. Llevamos un retraso impresionante respecto al horario previsto, lo cual, al atravesar un glaciar, es más bien peligroso, así que insisto en que bajemos lo antes posible. Por suerte la huella es buena y podemos descender a buen ritmo entre los enormes seracs y grietas que nos rodean. Entre la niebla todo aquel escenario colosal parecía irreal, aterrador, especialmente cuando, ocasionalmente se oían crujidos que parecían salir de las entrañas del hielo. Con la cuerda tensa y la atención fijada en la ruta, descendemos con celeridad para alcanzar una parte más palna del glaciar, pero expuesta a la caída de todo lo que cuelga de las paredes de hielo y roca de nuestra derecha. Seguimos bastante rápido, pues la bajada de altitud y los peligros objetivos reaniman a Radek.

Hacia las 14h30 salimos de la niebla y nos encontramos un cielo con nubes y claros, en una zona más segura descansamos para comer algo y beber. Seguimos una buena huella que parece conducir al refuge des Conscrits, pero nuestro deseo es bajar al glaciar y alcanzar su zona terminal, para evitar las escaleras a la bajada. Esto se convierte en una odisea de destrepes por el lateral de la morrena que acaba por fatigarnos enormemente. En este punto del recorrido ya estoy un poco de mala uva porque hemos acumulado aún más retraso del que ya llevábamos, sobre todo por no seguir hacia el refugio, como yo quería, y complicarnos la vida sobremanera.

Por fin llegamos a la pared del glaciar, después de sortear muchas grietas y otros peligros. Poco después nos estaríamos quitando los crampones, pantalones de gore y demás parafernalia que ya no nos hacía falta. Encendidos por la sed y el retraso empezamos a caminar rapidamente hacia el refuge de Tré la tête, donde tomamos unos refrescos y descansamos un poco. Después nos quedaba aún toda la bajada hasta el aparcamiento de Cugnon, que se hace larga y deja 2500 metros de bajada, por momentos tensa.

Caída la noche llegamos al coche, con el frontal en la cabeza de nuevo, donde nos despedimos hasta una próxima ruta en los Alpes. Radek se queda por Chamonix, yo regreso a Ginebra. Por encima de todo, ha sido una experiencia interesante, y un punto de partida en un universo de roca, hielo y nieve que poco tiene que ver con mi querido Pirineo.

A la prochaine!



























































































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