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martes, 10 de agosto de 2010

Travesía Aig. de la Bérangère - Dômes de Miage. Aristas nevadas en el macizo del mont Blanc.

Massif du mont Blanc, France, 7 y 8 de agosto de 2010.



Volver a los orígenes: Ginebra, los Alpes. Ginebra es la ciudad en que nací; los Alpes son, simplemente, el escenario original de las grandes gestas de los hombres en la montaña. Aquí nació el Alpinismo, y aquí quiero proseguir esta pasión que me lleva a recorrer sendas, a escalar crestas y a hollar cimas. Instalado en la ciudad de Calvino, desde la cual, en los días claros, se ve el mont Blanc, estoy en el emplazamiento idóneo para continuar mi relación con la montaña. A otro nivel.

Para comenzar con buen pie en el macizo del Mont Blanc tenía que asegurar dos cosas: Una ascensión de dificultad baja o media, y un compañero de cordada. Está claro que lo uno dependía de lo otro, así que me lancé en el ciberespacio alpinístico con varias propuestas, entre las que se encontraba la travesía de los Dômes de Miage. Gracias a la red me puse en contacto con Radek, un alpinista polaco que reside en Francia, para hacer esta salida juntos.

Los Dômes de Miages son unas unas montañas situadas en el macizo del mont Blanc, al sur del mismo.Fueron conquistados por vez primera el 2 de septiembre de 1858 por T.Coleman, F.Mollard y J.Jacquemont. La cresta comienza en la Aiguille de la Bérangère (3.425m) y recorre cinco Dômes hasta llegar al Refugio Durier. La arista de nieve que recorre la parte central de la travesía está considerada como una de las más bellas del macizo del Mont Blanc. Nosotros haremos la travesía hasta el tercer dôme, para volver sobre el glaciar de Tré la tête. Ha sido un buen estreno, una toma de contacto con las dimensiones exageradas que toman aquí las cosas y un cambio de mentalidad respecto al Pirineo. Ahí vamos.



ASCENSIÓN

El inicio de esta travesía se sitúa en el pueblo de Les Contamines - Montjoie, en la Alta Saboya francesa. Debemos atravesar el pueblo y dejar el coche en el aparcamiento de Cugnon, desde ahí tomamos una calle que nos lleva a lo alto del pueblo, donde hay varios carteles. En ellos se indica el camino a seguir y el tiempo de acceso a los refugios de Tré la tête y de Conscrits, que son los que nos interesan. Hay una buena senda, que salva un desnivel importante, hasta el refugio de Tré la tête (1.970m), después el camino se hace más estrecho y delicado (zona conocida como "mauvais pas", es decir, del 'mal paso'), que está equipada con cadenas y barandillas. Siguiendo los hitos nos subimos a la morrena terminal del glaciar de Tré la tête, recubierta de piedras, seguimos los hitos y llegamos a una barrera de seracs, donde giramos a la izquierda para buscar unas escaleras verticales en sus 50 primeros metros, que nos ayudan a salvar un buen desnivel en una pared casi lisa. Desde lo alto de via equipada hay un camino que nos lleva hasta el refugio de Conscrits en una hora.

Desde el moderno refugio de Conscrits, seguimos unas trazas de senda hacia el NE, donde pronto encontramos un camino que cruza hacia el E, es el camino del glaciar. Nosotros continuamos hacia el NE, para ganar poco a poco las rampas de nieve previas a la Aiguille de la Bérangère. Una vez en su base, ponemos los crampones e iniciamos la ascensión del la cúspide rocosa, de unos 80 metros de altura, en mixto fácil pero expuesto. Cima de Aiguille de la Bérangère (3.425m). Desde aquí, encordados, seguimos la arista mixta hacia el Col de la Bérangère, situado al NE de nuestra posición. Descenso delicado en mixto expuesto, se puede ir bien en ensamble.

Desde el Col de la Bérangère se sigue la línea de arista, a veces fina y muy expuesta, en todo momento hacia el NE, hollamos los 3 dômes y descendemos al Col des Dômes (3.564m). Desde aquí, una buena huella nos conduce hacia el centro del glaciar de Tré la tête. Podemos seguir la huella que conduce al refugio o descender por el centro del glaciar, muy agrietado. Una vez en la zona de acumulación del glaciar, seguimos el centro del mismo evitando las grietas mayores y descendemos la pendiente a 30° que nos devuelve a la morrena terminal, donde siguiendo los hitos, en sentido descendente, volvemos a Les Contamines - Montjoie.



Desnivel positivo acumulado: Día 1 -> 1.600m; Día 2 -> 1050m.

Tiempo: Soleado y templado durante la aproximación del primer día. Nublado y fresco durante la travesía Bérangère - Dômes de Miage, visibilidad 20 metros y temperatura del aire 0°C. Niebla desde 2.900m. Sol y nubes en el descenso por la tarde, con temperaturas agradables.


Croquis de la ruta completa desde Les Contamines - Montjoie:





Croquis de la travesía Refuge des Conscrits - Aiguille de la Bérangère - Dômes de Miage - Col des Dômes - Refuge des Conscrits:







DURACIÓN

DÍA 1: Cugnon - Refuge Tré la tête (1h35) - Escaleras (3h40) - Refuge des Conscrits (5h); DÍA 2: Refuge des Conscrits - Aiguille de la Bérangère (3h30) - Dôme W (5h) - Col des Dômes (6h30) - Glacier Tré la tête, zona de acumulación (10h30) - Refuge Tré la tête (12h) - Cugnon (14h).

*Tiempos de cordada Radek - Javier. Si la cordada es fuerte y compensada se pueden rebajar 1 hora al día 1 y 5 horas al día 2.




DIFICULTAD

Recorrido sencillo, senda ancha hasta el refuge de Tré la tête. Senda estrecha con pasos equipados con cadenas y barandillas (zona del "mauvais pas", en francés), hitos que señalan la vía sobre el glaciar. Escaleras verticales y pasos equipados con cadenas en una pared de 150m, vertiginoso y expuesto. Hay enganches de "cola de cerdo" cada 6 metros aproximadamente. Desde lo alto, camino sencillo hasta el refuge des Conscrits.

Ascensión por neveros de poca inclinación (25° a 30°) hasta la base de la Bérangère, ahí se empina hasta los 40°, para seguir los últimos 60 metros en mixto fácil, pero expuesto. Desde la cima de la Bérangère se toma la arista en mixto fácil, aérea y expuesta en su mayor parte. Encordamiento en ensamble, está bien meter una o dos bagas para asegurar, muchas posibilidades de colocar puntos intermedios. Algún destrepe.

Arista de nieve ancha entre el Col de la Bérangère y el Dôme W, arista fina, aérea y expuesta hasta el Dôme C. El paso más estrecho se hace en descenso, es muy impresionante, sobre todo si la nieve no está perfecta. Desde el Col des Dômes se baja por huella bien hecha hacia el glaciar, impresionantes seracs y grietas gigantescas. Cuidado, cuerda tensa. Recorrido glaciar hasta el final del mismo, con sus peligros objetivos.

A tener en cuenta: Travesía larga y de varias horas por encima de 3.400m, muy buena forma física imprescindible. Descenso largo. Peligros objetivos en el glaciar.



DESCRIPCIÓN

Llevaba tiempo esperando poder hacer algo interesante en los Alpes, ahora que vengo de instalarme en Ginebra. Se entiende que lo que quería era un recorrido glaciar, a ser posible en travesía, para ver cuanto más, mejor. Y así me decidí por los Dômes de Miage, de los que había leído que tenían unas aristas de nieve fabulosas. Así que me puse a buscar compañero de cordada y lo encontré en la persona de Radek, un alpinista polaco afincado en Grenoble que también buscaba hacer esta ruta.

Es sábado por la mañana, soleado y cálido en Ginebra, preparo mi mochila, como y me marcho a Les Contamines - Montjoie, adonde llego después de 1h15 de coche. Allí, en el centro del pueblo, conozco en persona a Radek. Organizamos el material y vamos hasta el aparcamiento de Cugnon, en la salida del pueblo, donde dejamos el coche a las 14h35. Ajustamos los bastones y nos ponemos en marcha, en principio para cinco horas. Las primeras son duras, el camino asciende haciendo zetas e incluso hay algún paso equipado con cadena y puente, para salvar un torrente. En poco más de 1h35 llegamos al refuge de Tré la tête después de haber hecho unos 900 metros de desnivel, Radek quiere pararse y aprovechamos para beber algo. En unos minutos retomamos nuestro camino, que sale justo por encima de la casa y está bien indicado, pasamos rápidamente a la vertiente E y observamos desde la altura la lengua terminal del glaciar de Tré la tête, recubierta de piedras y desprendimientos.

La bella senda se pierde en un escenario cada vez más rocoso e inerte, de forma que enseguida tenemos que seguir hitos que señalan la buena dirección. Pasamos por una zona de grandes bloques lisos, a menudo equipados con cadenas y barandillas, de forma que su travesía sea segura, pues son pasajes expuestos. En las guías francesas se conoce este tramo como "mauvais pas", 'mal paso' en castellano. Se pasa bien cuando está seco, incluso sin ayudas, pero me imagino que con mal tiempo o nieve se complica bastante.

Las trazas de senda siguen un camino descente, que nos lleva a la base del glaciar, al cual nos subimos siguiendo los "cairn", como dicen por aquí a los hitos. Al principio, aunque el camino parece evidente, buscamos con insitencia las señales que nos permitan avanzar camino del refugio, y pronto alcanzamos a unos alemanes que iban delante nuestra. Les preguntamos si conocen la ruta, nos dicen que no y se ponen a seguirnos. Así que proseguimos siguiendo los dificilmente identificables hitos en este mar de piedras, por suerte el camino sigue la lógica de ir por el punto más alto, en una especie de cresta, y así alcanzamos la barrera de seracs del glaciar. En este punto, la masa amorfa de hielo ennegrecido, de piedras y demás desprendimientos daba paso a unas rampas de hielo agrietadas y bastante inclinadas en su parte central y de seracs, más o menos amenazantes, en sus laterales.

Nuestra ruta pasaba ahora bien por remontar las pendientes de hielo a 30° y pasar el campo de grietas para alcanzar el refugio, lo cual era una opción bastante larga, si bien hubiésemos reconocido el glaciar de cara al día siguiente; bien por utilizar las escaleras, cadenas y demás estructuras metálicas instaladas en la pared E. Optamos por subir la ferrata, que dispone de puntos de aseguramiento en caso de subir en ensamble. Preferimos no encordarnos. Para cuando llegamos aquí, ya nos había alcanzado otro grupo de franceses, debido al ritmo lento que llevábamos, por lo menos íbamos disfrutando del paisaje. Subo el primero. Los primeros 50 metros son verticales, después se inclina y se hacen varias travesías laterales, hasta alcanzar, a 150 metros de la base, la senda que conduce al refugio. Es un recorrido vertiginoso, pero que no debe representar ninguna dificultad ni peligro si nos centramos en la coordinación de nuestros movimientos, pero a la vez exigente físicamente. Después de la subida mi compañero, los alemanes y la mayoría de los franceses tardaron en recuperarse, así que me adelanté y seguí hasta el refuge de Conscrits.

Conscrits es un moderno refugio del Club Alpin Français, que se encuentra a 2.602m de altitud, dominando el glaciar de Tré la tête. Dispone de agua corriente, 85 camas, está guardado todo el verano y tiene una amplia zona de recepción y secadero. La verdad es que me sentí cómodo desde el principio, los guardas son simpáticos y el ambiente es bueno. Nada más llegar me quito la mochila, dejo mi piolet, la cuerda y los bastones en la entrada, mis botas las dejo a ventilar también y cojo unos zuecos. Subo al comedor y pido una cerveza, en la terraza espero a mi compañero, que llega un poco más tarde.

Esperamos que el turno de cena acabe mientras tomamos unas cañas en la terraza, el sol se pone por el horizonte después de haber lucido en un día magnífico para la práctica del montañismo. Nada hacía presagiar lo del día siguiente, en fin. Una vez despejado el comedor, nos acomodamos y pedimos un litro de agua caliente, para preparar nuestra comida, deshidratada de sobre. Radek ha olvidado su plato principal, pero tiene unas sopas y se contenta con eso; yo tengo un sobre de carne de ternera con puré de patatas y verduras: está cojonudo, sobre todo porque me esperaba algo mucho peor. Así que con eso y un buen té me voy a la cama. Nuestra habitación tiene unos 35m2 y hay unas 25 personas, entre los cuales dos roncadores de campeonato que no nos dejan descansar a los demás. Puedo decir que es la peor noche que he pasado en un refugio de montaña, apenas dormí 30 minutos y sudando de manera brutal.

Con los ojos entreabiertos en todo momento no es difícil detectar el primer movimiento anormal en la sala, efectivamente, son las 3h40 y los montañeros empiezan a despertarse. Enseguida salgo de la habitación, que apestaba a humanidad, con todas mis pertenencias, no quiero seguir ni un minuto más ahí. He sudado mucho, así que bajo a la sala de desayuno, donde enseguida viene Radek y nos ponemos unos zumos de naranja. El desayuno, por suerte es abundante y bueno, así que cogimos fuerzas para afrontar la larga travesía.

Todo el mundo baja a la vez a la zona del material, allí no cabe ni un alfiler, y en esas nos colocamos pantalón, chaqueta, arnés, polainas, botas y demás. A las 5 de la mañana salimos en dirección a Aiguille de la Bérangère con el frontal sobre nuestros cascos. Nuestro ritmo es bueno, vamos ganando altura de forma rapida y constante. En un momento dado nos desviamos de la ruta del glaciar para continuar por las rampas mixtas, al principio, y nevadas después, que conducen hacia el primer pico del día. Pronto empiezo a constatar que mi compañero, como el día precedente, no sigue mi ritmo, por otra parte, nada elevado. Me encuentro en la tesitura de esperarle y enfriarme o seguir y esperarle en la cima con la chaqueta de fibra. Opto por lo segundo, así que sigo mi camino superando a otras cordadas hasta llegar a la zona mixta de la pirámide somital, a falta de 60 metros para la cumbre me pongo los crampones y continúo hasta la cima, donde espero con la chaqueta de fibra puesta.

Van pasando todas las personas que he adelantado y Radek aparece media hora más tarde, estaba claro que algo no iba bien. El día anterior había cenado poco, quizá también había dormido poco como yo, y luego también cada uno tiene un ritmo diferente. Cuando llegó me confirmó que tenía algunos problemas estomacales y que se sentía cansado, probablemente por la altitud. Como aquí empezaba la zona técnica de la travesía, nos encordamos a 7 metros y empezamos a bajar, justo cuando estaba empezando a sentir, en forma de frío, la inactividad en la cima. Radek va primero y yo le sigo con dos aros de cuerda en la mano. Bajamos con precaución la arista mixta, que si bien es fácil técnicamente y ofrece buenas posibilidades de asegurar, es aérea y expuesta. Con paciencia llegamos al Col de la Bérangère, desde donde empezamos la ascensión al punto culminante de la ruta. La huella es buena y la pendiente no pasa de 35°, pero estamos a más de 3.350m y Radek no siente ninguna mejoría, de hecho nuestras paradas son cada vez más frecuentes, ante lo que empiezo a desesperarme, pero somos un equipo y nuestra seguridad depende del otro, así que intento ayudarle.

Poco a poco seguimos nuestro camino y alcanzamos la cumbre del Dôme W (3.670m), desde el cual descendemos por una afilada, aérea y expuesta arista, en medio de una niebla que no deja ver a más de 20 metros. Hasta el momento la bella travesía estaba siendo una sucesión de despropósitos, pero en la montaña hay días así. Bajando por la arista, cuya huella era estable solo sobre 40cm de ancho, llegamos a un pequeño collado y enseguida remontamos hacia el Dôme C (3.666m), para descender por una pendiente acusada, pero poco expuesta, hacia el Col des Dômes (3.564m).

Aquí el día se despeja mínimamente y nos permite observar los relieves circundantes, antes de volver a cubrinos con un espeso manto de nubes y devolvernos a la realidad de un día gris. Llevamos un retraso impresionante respecto al horario previsto, lo cual, al atravesar un glaciar, es más bien peligroso, así que insisto en que bajemos lo antes posible. Por suerte la huella es buena y podemos descender a buen ritmo entre los enormes seracs y grietas que nos rodean. Entre la niebla todo aquel escenario colosal parecía irreal, aterrador, especialmente cuando, ocasionalmente se oían crujidos que parecían salir de las entrañas del hielo. Con la cuerda tensa y la atención fijada en la ruta, descendemos con celeridad para alcanzar una parte más palna del glaciar, pero expuesta a la caída de todo lo que cuelga de las paredes de hielo y roca de nuestra derecha. Seguimos bastante rápido, pues la bajada de altitud y los peligros objetivos reaniman a Radek.

Hacia las 14h30 salimos de la niebla y nos encontramos un cielo con nubes y claros, en una zona más segura descansamos para comer algo y beber. Seguimos una buena huella que parece conducir al refuge des Conscrits, pero nuestro deseo es bajar al glaciar y alcanzar su zona terminal, para evitar las escaleras a la bajada. Esto se convierte en una odisea de destrepes por el lateral de la morrena que acaba por fatigarnos enormemente. En este punto del recorrido ya estoy un poco de mala uva porque hemos acumulado aún más retraso del que ya llevábamos, sobre todo por no seguir hacia el refugio, como yo quería, y complicarnos la vida sobremanera.

Por fin llegamos a la pared del glaciar, después de sortear muchas grietas y otros peligros. Poco después nos estaríamos quitando los crampones, pantalones de gore y demás parafernalia que ya no nos hacía falta. Encendidos por la sed y el retraso empezamos a caminar rapidamente hacia el refuge de Tré la tête, donde tomamos unos refrescos y descansamos un poco. Después nos quedaba aún toda la bajada hasta el aparcamiento de Cugnon, que se hace larga y deja 2500 metros de bajada, por momentos tensa.

Caída la noche llegamos al coche, con el frontal en la cabeza de nuevo, donde nos despedimos hasta una próxima ruta en los Alpes. Radek se queda por Chamonix, yo regreso a Ginebra. Por encima de todo, ha sido una experiencia interesante, y un punto de partida en un universo de roca, hielo y nieve que poco tiene que ver con mi querido Pirineo.

A la prochaine!



























































































PS: Los comentarios son fuente de motivación para la existencia de un blog. Si algo te gusta (o si no), coméntalo para que en el futuro siga habiendo nuevas entradas. Gracias.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Peña Itzaga (1.361m). Entrenando para las invernales.

Peña Itzaga


Parecía que la nieve se iba a quedar con nosotros desde principio de noviembre, pero un tardío verano de San Martín nos ha privado de disfrutar del blanco elemento hasta finales de mes. Afortunadamente, la nieve ha llegado para quedarse y con ello damos por inaugurada la temporada de invernales, cuyo campo de pruebas va a ser, entre otras montañas menores, Peña Itzaga.

Itzaga es un monte que separa los valles navarros de Izagaondoa y Unciti, al norte, del de Ibargoiti al sur. Sus 1.361 metros de altitud sobre el nivel del mar hacen de esta cumbre una de las mayores elevaciones del entorno de Pamplona, pero destaca especialmente por su prominencia de casi 800 metros, que le otorgan vistas sobre la Cuenca del Pamplona y el Pirineo impresionantes.

Con ganas de probar parte del material de invierno que he adquirido me encamino a esta montaña fetiche del montañero pamplonés, donde muchos de nosotros entrenamos en vistas a actividades más serias en la cordillera pirenaica. Un buen aperitivo para lo que viene. ¡A pisar nieve!



ASCENSIÓN


Ascensión cuyo punto de partida se sitúa en el pueblo de Reta (660m), donde aparcamos el coche en su salida sur, en un rellano herboso. Desde aquí tomamos la calle que asciende hacia el S y luego se convierte en pista en esa dirección. La pista atraviesa campos de cultivo durante un buen rato hasta que llegamos al área de desbroce, donde seguimos los cortafuegos hacia el SO, a mano derecha veremos una senda que se interna en el bosque. La senda asciende entre los árboles y salva una estribación rocosa que nos da acceso a la zona superior de la montaña. Llegamos por este camino a la Ermita de San Miguel, donde se muere la pista que viene de Zuazu. Un paseo por la amplia cresta somital nos lleva a la cima sin mayor dificultad.

Desnivel positivo acumulado: 700 metros

Tiempo: Nublado y bancos de niebla, temperatura de 5ºC en Reta, 0ºC en cima. Viento a 35km/h en cumbre.

Ruta: http://www.gmap-pedometer.com/?r=3348893


DURACIÓN

Reta - Inicio de la senda del bosque (20 min) - Ermita de San Miguel (55 min) - Cima de Itzaga (1h05 min). Ritmo normal. Sin paradas.


DIFICULTAD

Ninguna aparente, se camina desde el pueblo hasta la cumbre sin tener que superar ningún paso complicado. Desnivel asequible. Las únicas dificultades son las referentes a la orientación, que puede resultar complicada antes de entrar en el bosque, puesto que la zona está en proceso de desbroce. Dentro del bosque la senda se une con otras y solo la intuición y los escasos hitos nos ayudarán a seguir el buen camino.


DESCRIPCIÓN


La última semana de noviembre ha sido muy desapacible, el viento y la lluvia se han apoderado del cielo y han barrido cualquier evidencia de buen tiempo pasado. Hacía falta que llegasen las precipitaciones, para la tierra y para el hombre. Precisamente quien suscribe estas líneas estaba ya deseando ver nieve y acercarse a la montaña en condiciones propias de la época del año en la que nos encontramos. Tan pronto como el tiempo ha abierto un paréntesis de estabilidad, me he lanzado a entrenar a una de mis montañas fetiche, que conozco como pocas por ser muy próxima a Pamplona.

La Peña Itzaga lució su manto nivoso en la lejanía, visible desde la Cuenca de Pamplona, y atrajo mi mirada el día anterior. La mañana siguiente, salgo de Pamplona por la autopista, primero dirección Zaragoza, luego Jaca y, posteriormente me desvío hacia Urroz. En pocos kilómetros dejo la carretera autonómica para entrar en una comarcal que me conduce a Reta. Aquí aparco mi coche y me preparo con la ropa de invierno, básicamente una malla interior y calcetines gruesos, no está el día para más.

Me pongo en marcha a una hora ya tardía siguiendo la pista que asciende hacia el S, que estaba bastante embarrada, con lo que la progresión, aparte de penosa, es lenta. Conforme voy dejando atrás el pueblo y los campos de cultivo, voy tomando consciencia de la magnitud del incendio que devastó buena parte de la montaña este último verano. Al parecer un rayo impactó en la zona de matorral durante una tormenta eléctrica, en julio, y las llamas se propagaron con violencia, dejando más de 900 ha calcinadas. Recuerdo con pena el día que tuve conocimiento de aquel hecho, Itzaga ha sido y es una montaña que significa mucho para mí.

La realidad del lugar, hoy en día, es que las máquinas han tomado la parte baja del monte, en su vertiente norte, para desbrozar toda aquella naturaleza muerta durante el estío. La imagen es dantesca, el manto arbóreo se ha retraído unas decenas de metros y las herbosas pistas son ahora grises cortafuegos. La ceniza se ha disuelto en las capas superiores de la tierra, dándoles un aspecto negruzco nada familiar. En este escenario, desesperante, estaba yo buscando el inicio de la senda del bosque. Era como buscar una aguja en un pajar, donde antes había 2 pistas ahora hay 10 cortafuegos, árboles marcados de todos los colores y ninguna huella de montañeros. Después de haber estado divagando, y contemplando la posibilidad de retirarme ante la neblina y el frío imperantes, encuentro el camino de casualidad. Cambio de planes otra vez, me voy hacia arriba.

El inicio de la senda del bosque está marcado con una señal de unos 30x15cm, clavada en un árbol. No es fácil verla hasta que no se está a pocos metros. El camino aparece cubierto con un espeso manto de hojas humedecidas por las precipitaciones de los últimos días y por la niebla que envuelve la montaña en esos momentos. El matorral que puebla las bases de los árboles refuerza esa imagen de abrigo que desprende el bosque, cuyas hayas, por el contrario, están ya desnudas atestiguando la entrada de la estación fría.

Siguiendo el camino casi de memoria, ya que nadie ha pasado por allí en las últimas horas y la tupida alfombra de hojas aparece uniforme, progreso hacia la cima. La senda se une con otra que asciende desde la vecina población de Ardanaz, situada al O de Reta, y sigue un perfil sinuoso para salvar una pared de considerables dimensiones que, a primera vista, parece proteger el acceso a la parte superior de la montaña.

Saliendo del bosque entramos en un tramo que solía ser de matorral y ahora se ve convertido en testigo de la destrucción causada por el fuego. Sea como fuere, de las inertes ramas negras de aquellos arbustos están saliendo pequeños brotes verdes, desconozco si de la misma variedad arbórea o de otra distinta, pero la vida vuelve al lugar. Tras un breve paso por esta zona alcanzamos la Ermita de San Miguel de Izagaondoa, cuidadosamente restaurada y perfectamente visible desde las poblaciones del valle al estar en el perfil de la montaña.

Hace un rato que me he puesto el gorro cortaviento de forro polar debajo de la capucha, al salir de la zona protegida por la vegetación, las ráfagas de viento se hacen notar, máxime teniendo en cuenta la baja temperatura. La nieve hace acto de presencia también poco después de abandonar la ermita, pero está poco asentada por la continua acción del viento. En pocos minutos alcanzo la cima, envuelta en niebla y con un viento que no invita a quedarse más de lo necesario.

Enseguida emprendo la vuelta, desandando lo andado y habiendo experimentado el viento frío y la nieve por primera vez esta temporada. Y esto solo es el principio.

Salud y Montaña




jueves, 1 de octubre de 2009

Midi d'Ossau (2.884m). Más que una montaña.

Midi d'Ossau (2.884m), Pirineo Francés, Francia. Septiembre de 2009.

El Midi d'Ossau no es una montaña más, es una cumbre emblemática del Pirineo. Esta mole de roca volcánica, que se eleva sobre el territorio circundante varios centenares de metros desvelando su origen violento, tiene probalemente la silueta más fácilmente identificable de todas las que se ven en el Pirineo Occidental. Se trata de una pirámide monolítica de lava solidificada en lo que antiguamente fue una chimenea de un volcán. Éste, al ser erosionado, desapareció, dejando al descubierto el negro magma de su interior. La fuerza y belleza de esta montaña atraen las miradas, sus abruptos relieves desafían a los montañeros. Su escalada es el objeto de deseo de todo pirineísta.

Las características del Midi d'Ossau suscitaron el interés de muchos montañeros y exploradores desde muy temprano, y por ello fue una de las primeras montañas pirenáicas en ser ascendida. Varios intentos fracasados durante los siglos XVI y XVII dieron paso al hito de su coronamiento en 1787 por un pastor del Valle de Aspe, hazaña que no sería repetida hasta 1797, cuando Guillaume Delfau lograra alcanzar la cima de la mítica montaña. La conquista de todas las puntas del Midi d'Ossau no se realizó en una sola vez; fueron en años diferentes. Si el Grand Pic fue coronado en 1787, sus hermanos menores lo serían en 1858 el Petit Pic, en 1907 Punta Aragón y en 1928 la Punta Jean Santé.

Hoy en día, la vía más utilizada es la que se inicia en el Col de Suzon y remonta el espolón NO de la montaña, superando tres chimeneas con grados comprendidos entre el Iº+ y el IIº+, y remontando el Rein de Pombie. También, para escaladores más experimentados, es una buena opción la vía de la Arista de Peyreget, con dificultades de hasta IIIº+. Las paredes del Midi d'Ossau ofrecen una multitud de vías de escalada, con dificultades muy diversas.

Proyecto ineludible en la carrera de todo pirineísta, su consecución ha sido, problemente, el punto final de mis ascensiones estivales de 2009. El más bello epílogo.


RUTA

Desde el aparcamiento de la Cabane d'Araille (1.709m), situado a 1km del Portalet, ya en territorio francés, se toma el camino bien señalizado que comienza al cruzar la carretera. La senda cruza un puente de hormigón y toma altura progresivamente hacia el N-NO. Pronto pasamos una cabaña de pastores y el camino empieza a empinarse y hacer zig-zags, que finalizan en el Col du Soum de Pombie. Desde este punto se observa ya la majestuosidad de nuestro objetivo. La senda discurre ahora, en trayectoria descendente, por la ladera del Peyreget, alcanzando en pocos minutos el Refugio de Pombie (2.032m) y el bello lago del mismo nombre que se encuentra a los pies del Midi d'Ossau. La senda continua hacia el NE atravesando la enorme morrena del Midi, llamada "Grande Raillère de Pombie", hasta llegar al Col de Suzon (2.127m), donde gira al O-SO. Ahora remontamos el espolón NE de la montaña hasta encontrar la primera de las chimeneas (IIº), continuamos brevemente por camino evidente hasta la segunda chimenea (IIº+), después de la cual avanzamos por trazas de senda marcada con hitos hasta la tercera chimenea (Iº+). Una vez superada ésta última llegamos al Portillón, con la Croix de Fer (2.657m) a nuestra izquierda, y solo nos queda remontar el Rein de Pombie por trazas de senda marcadas con hitos hasta la antecima. Superando la pequeña brecha que nos separa de la cumbre principal (Iº+), alcanzamos la cima del Midi d'Ossau (2.884m).

El camino del regreso es el mismo, debiendo estar atento a las referencias para bajar, tanto la Croix de Fer como los hitos que señalan las demás chimeneas. En el caso de las dos más bajas, se recomienda rapelar o bajar asegurado. Existen buenos anclajes con chapas y cadenas. Gráfico de la ruta


DESNIVEL POSITIVO

1.300m


TIEMPO

Despejado. Temperatura: Entre 25ºC y 15ºC. Sin viento.


CROQUIS




DURACIÓN

Cabane d'Araille - Col du Soum de Pombie (50 min) - Refugio de Pombie (1h05) - Col de Suzon (1h35) - Portillón (2h15) - Cima Midi d'Ossau (2h45) - Portillón (3h20) - Col de Suzon (4h50) - Col du Soum de Pombie (5h50) - Cabane d'Araille (6h35)


DIFICULTAD

El camino transcurre principalmente por senda ancha y evidente hasta el Col de Suzon, donde se convierte en una senda estrecha evidente.

Dificultades objetivas:

Chimenea 1: Grado II, 15 metros, angosta fisura tumbada con buenos agarres y placa lisa de 3 metros equipada con un clavo metálico. Rápel equipado con dos chapas unidas por una cadena. En buen estado.;

Chimenea 2: Grado II+, 25 metros, puede ascenderse por el diedro de la izquierda o de manera directa por una pared con buenas presas. Rápel equipado con dos chapas unidas por una cadena y un maillón. Todo en perfecto estado. ;

Chimenea 3: Grado I+, 40 metros, fácil trepada con magníficas presas y algún clavo para facilitar la progresión. Dos equipaciones de rápel, no tan buenas como las anteriores, debido a que la chimenea es muy fácil para destrepar.

Brecha antecima - cima: Grado I+, muy corta, requiere atención al destreparla.


DESCRIPCIÓN:

Domingo por la noche, suena el teléfono móvil: malas noticias. Mi compañero de cordada, Aitor, se ha lesionado una rodilla en una marcha de montaña y no va a poder acompañarme en la ascensión al Midi d'Ossau que habíamos planeado la semana anterior. Soy consciente de que ya estamos en otoño y pueden ser los últimos días para intentar una ascensión estival a una montaña que se complica bastante en otras condiciones. Está decidido, voy a intentarlo solo, no es la primera vez.

Sin el acicate de tener que recoger a nadie, salgo de Pamplona a las 7h05, camino del Portalet, donde termina el Valle de Tena, en el Pirineo Oscense. Tras 2h20 de viaje, llego al aparcamiento de la Cabane d'Araille, sito a 1 km del puerto fronterizo, en territorio francés. Preparo mis cosas con el fresco de la mañana y a las 9h40 me pongo en marcha enlazando con el camino que parte del otro lado de la carretera, enseguida cruzo un riachuelo por un puente de hormigón, delante del cual me he parado a leer la normativa del Parc National des Pyrénees. Estoy en un espacio protegido, y no es para menos: el entorno es espectacular.

El ancho camino remonta una amplia ladera de forma gradual, pasando por una caseta de pastores. Desde este punto, se vuelve más empinado y salva un mayor desnivel en menos metros, a base de zig-zags. Esto supone un buen calentamiento, han pasado 20 minutos y ya estoy mirando el reloj. Siempre con la guindilla en el culo. En esta parte más dura alcanzo una pareja de montañeros franceses con los que charlo brevemente. Pronto llego al Col du Soum de Pombie (2.129m), donde el coloso se muestra imponente e inexpugnable. Estoy deseando llegar a su base. También impresiona sobremanera la enorme morrena que desciende desde la pared S del Midi d'Ossau, muy cerca de ella se divisa el Refugio de Pombie (2.032m), que alcanzo en pocos minutos de rápido descenso.

Allí se encuentran más montañeros y escaladores, pero el tiempo apremia y sigo mi ruta. "Ya pararé a la vuelta", pienso. Tomo el camino de la morrena, que se atraviesa bastante bien, puesto que la senda discurre sobre bloques más o menos estables. Después de esto, el camino asciende suavemente hasta el Col de Suzon (2.127m), desde donde las vistas en todas direcciones son magníficas, por un lado el Pico de Saoubiste y por otro el espolón del Midi, hacia el N los verdes valles franceses y hacia el S la "Grande Raillère de Pombie". Aquí me detengo para beber y hacer una llamada. Hay buena cobertura. De pronto veo a otros montañeros franceses que han renunciado a ascender las chimeneas y descienden por la zona baja del espolón.

Enseguida remonto el corto tramo de senda que me conduce a la primera chimenea, donde otra pareja francesa está teniendo dificultades para superar la angosta fisura y la placa posterior. Recojo mis bastones y me encomiendo a la subida, no es nada difícil, y la clavija ayuda bastante para subir. Una vez arriba busco el anclaje para el rápel que haré en el descenso, por si acaso le saco una foto por si luego no lo encuentro. Sigo por el camino, que se ha convertido en una senda marcada con hitos, hasta la segunda chimenea, que supero por el paso de la derecha, una especie de escalera de presas muy buenas que nos dejan justo al pie del anclaje de rápel. Repito el procedimiento del paso anterior. "Ya ha pasado lo peor, no era para tanto", me digo. Y no me equivocaba, porque a partir de ese momento el camino es fácil y está bastante bien señalizado por los hitos que nos vamos encontrando hasta llegar al pie de la tercera chimenea. Pero antes de llegar me cruzo con unos sujetos, que con toda probabilidad eran los que habían gritado desde la cima unos minutos antes, me quedo mirándoles con cara de "sois unos garrulos y no os habeis enterado de que estamos en un Parque Nacional... o directamente maleducados". En fin. La tercera chimenea es bastante fácil, aunque impresiona desde abajo, pues dispone de buenas presas para manos y pies y hasta de algún clavo innecesario, que más que para ayudar puede servir para ensartarse a uno mismo.

Una vez arriba, estamos en el Portillón (2.657m), donde la Cruz de Hierro de nuestra izquierda señala la entrada o salida de la chimenea más alta. Es una buena referencia para el descenso, puesto que la senda y los hitos son confusos. En este punto doy caza a otros dos montañeros, que descansan y se hidratan antes de afrontar el Rein de Pombie, gran pedregal que conduce a la antecima del Midi d'Ossau. Remontar este trecho se hace cansino, se nota que llevo un mes sin ir a la montaña, tengo las piernas como las piedras sobre las que ando. En media hora alcanzo la antecima y, tras superar un pequeña brecha en la que es importante estar concentrado, llego a la cima del Midi d'Ossau (2.884m). Con las manos sobre el hito cimero, decorado con banderitas tibetanas, dedico mis pensamientos a mucha gente pero especialmente a mis habituales compañeros de cordada, Eloy y Aitor, que ansiaban esta cima tanto como yo. Estoy muy contento y solo, aunque por poco tiempo. Pronto aparecen los montañeros franceses que he adelantado en el Portillón y con los que comparto el almuerzo en la cumbre.

Ahora es el momento de descender, ya me he colocado el arnés y el casco y me voy a por las chimeneas, este va a ser el verdadero reto del día: rapelar. Tras decender por el tortuoso Rein de Pombie y acertar con la chimenea más alta, me dispongo a descenderla destrepando y, como suponía, no tiene ninguna dificultad y solo requiere tener cuidado con manos y pies. En poco minutos estoy en la entrada de la chimenea intermedia, la más larga y difícil, donde busco el anclaje de rápel. Uniendo una baga a mi anillo ventral con un nudo de alondra y a su vez con un mosquetón de seguridad al anclaje de la pared, empiezo a preparar el rápel: Primero uno mis dos cuerdas (2 x 30m x 8mm) para tener 60m de cuerda y poder descender en doble. Para ello hago un triple pescador sobre cada cabo. Luego paso la cuerda por el maillón y paso las dos cuerdas por el reverso, mosquetoneándolo todo a la baga. A continuación hago un nudo Machard sobre las dos cuerdas y lo uno con otro mosquetón a la anilla ventral. Por último suelto el mosquetón que me mantenía asegurado al anclaje de rápel. Ya estoy listo para bajar, todo correcto y con precaución me estreno en esta técnica. Perfecto, ahora recojo la cuerda tirando del cabo correcto y me voy hacia la chimenea baja, donde repito la operación.

Entre una cosa y otra me ha costado bastante tiempo bajar, pero ha merecido la pena hacerlo con seguridad, pues el destrepe libre no es muy aconsejable y, en esta ocasión, no tenía a nadie que me asegurase.

Una vez abajo, guardo mi material y me dispongo a descender rápido porque empieza a nublarse. No me detengo en el refugio, otra vez será, sigo mi camino con celeridad, parándome solo en el Col du Soum de Pombie a observar las maniobras del helicóptero de rescate sobre la pared S del Midi, maniobras muy cerca de la pared que comento con la pareja que encontré en este mismo punto unas horas antes. Es tiempo de volver y desciendo con la satisfacción de haber resuelto el problema del descenso en rápel y el enigma del Midi d'Ossau. Ha sido un magnífico colofón a un verano muy fructífero. Ahora, las invernales.


Salud y Montaña


Punto de partida. Se adivinan las zetas del camino.

Pasado el Col du Soum de Pombie. Por ahí he venido.

Primera estampa del Midi d'Ossau. Imponente.


Grande Raillère de Pombie

Hacia el Col de Suzon

Vista del Midi d'Ossau desde el Col de Suzon. Por esa pared hay que subir.


Instalación de rápel de la chimenea inferior

Chimenea intermedia. En principio, la más complicada.


Instalación de rápel de la chimenea intermedia


Cruz de hierro que indica el acceso a la chimenea superior (a la bajada)

Rein de Pombie. La pedregosa parte final.

Solo apto para cracks

Corredor de la cara N. Enorme sombra proyectada


Desde la antecima


Vista hacia el E desde la cima del Midi d'Ossau (2.884m). *Foto gran formato.

Petit Pic du Midi d'Ossau (2.807m)


Verticalidad


Regreso al pedregal


Autoretrato en la cruz


Chimenea superior

Instalación de rápel de la chimenea superior


Trazas de senda e hitos dispersos nos guían por esta enorme pared


Cómo montar un rápel (1). *Foto gran formato
Cómo montar un rápel (2). *Foto gran formato


Rapelando la chimenea inferior

Pico Saoubiste (i) y sus hermanos mayores

Impresionante pedregal a un lado

Verdes prados al otro

Masa volcánica

Ultima mirada


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