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lunes, 12 de noviembre de 2012

Tour du Mont-Blanc 2012. Día 1: Les Houches - Les Contamines


Massif du Mont-Blanc, Haute-Savoie, France. 4 de septiembre de 2012.

Finales de agosto. Apenas un par de ascensiones interesantes y todavía mucha energía en las piernas, problema. Durante varias semanas mi cabeza valoraba la posibilidad de hacer algo grande, una travesía larga, dura, solitaria, algo que me hiciera volver a sentir montañero. Y la encontré, cerca de casa, en el macizo del Mont-Blanc.

El TMB es un sendero de gran recorrido clásico, una ruta circular que, atravesando tres países (Francia, Suiza e Italia), rodea el macizo del Mont-Blanc. Esta travesía de 166 km y casi 10.000m de desnivel positivo (y negativo) acumulado tarda en completarse entre siete y diez días, aunque los mejores corredores del Ultra-Trail del Mont-Blanc (UTMB) que se disputa sobre el mismo recorrido, cubren esta distancia en menos de 24 horas.

Las próximas seis entradas, una por etapa, van dedicadas a relatar esta experiencia increíble e inolvidable, el Tour del Mont-Blanc en solitario, que realicé entre el 4 y el 9 de septiembre de 2012. 


RUTA

La ruta empieza en el pueblo de Les Houches, concretamente el primer panel se encuentra al lado de la estación de ferrocarril. Desde aquí, atravesamos el puente sobre el Arve y continuamos por la acera hasta el pueblo de Les Houches. Atravesamos el pueblo por la carretera principal hasta el complejo residencial 'Le Grand Balcon', donde subimos por unas escaleras verdosas hasta llegar a otro tramo de carretera. Pisamos asfalto y gravilla en nuestra subida por las laderas del pueblo, siempre siguiendo las indicaciones precisas de los numerosos paneles que vamos encontrando en nuestro camino. Abandonando ya de la parte alta de Les Houches llegamos a una instalación de telesilla. Desde este punto la ruta consiste en seguir las pistas de esquí hasta el Col de Voza, que se hace visible tras atravesar un prado que sale a la izquierda de nuestra pista, en la cota 1650 aproximadamente.

Llegados a Voza, descendemos por la pista convenientemente señalizada hasta la aldea de Le Crozat y después hasta el pueblo de Bionnassay, donde tomamos el camino que sale a la izquierda de la capilla y descendemos hasta Le Champel. Saliendo del pueblo se puede divisar el Val Montjoie. Continuamos por pista y pista asfaltada hasta La Visaille y, cruzando la carretera principal del valle, hasta Le Quy. Ya no abandonamos el lado O del valle hasta el pueblo de Les Contamines, que ignoramos para continuar por la vera del río hasta el camping 'Le Pontet'.


DIFICULTAD

Ninguna en particular.

Es una ruta que discurre siempre por buenos caminos, pistas de esquí y pistas asfaltadas. Hay que tener en cuenta la distancia y el desnivel de la etapa, pero es la etapa más fácil de las seis. Pensad en llevar buen calzado.

La orientación es sencilla merced a una muy buena señalízación, en general. Si bien cabe reseñar dos pequeñas dificultades: la primera consiste en encontrar el desvío para el Col de Voza, que es un pequeño camino que sale a la izquierda de la pista de esquí, hacia un claro, un prado, que esconde tras de sí el dicho collado. La segunda dificultad reside en la localización del cámping, que no está en la orilla del río, sino que hay que buscarlo cerca de la carretera que surca el valle. Es una buena idea llevar un mapa preciso de la zona.


DESNIVEL POSITIVO / DISTANCIA

900 metros / 17,3 Km.


TIEMPO

Nublado, lluvia al final del día. Sin viento. Temperatura en torno a los 20°C durante toda la jornada.


CROQUIS

Primera parte de la etapa: Les Houches - Col de Voza.

Segunda parte de la etapa: Col de Voza - Camping Le Pontet.

Etapa completa: Les Houches - Camping Le Pontet.



DESCRIPCIÓN

Último trabajo del Máster. Se acabó, lo he entregado, soy libre. Me evadiré de todo lo que me ha rodeado durante las últimas semanas en la montaña, solos, mi mochila y yo. También mi pulsera 'de la amistad', un modelo de pulsera que compramos Aitor, Pablo, Gorka y yo en Granada, recién descendidos de nuestro periplo por Sierra Nevada. 

Hoy comienza la aventura y no quepo en mi cuerpo de la felicidad. Tengo en mente hacerla en semi-autonomía, así que cargo conmigo lo esencial: comida liofilizada, barritas, cartera, gafas, botiquín, tienda, saco, ropa para cambiarme y de abrigo, cámara, teléfono móvil, hornillo, gas y poco más. He reducido al máximo lo que debía llevar para hacer la ruta medianamente confortable y, a la vez, poder hacerla en menos días de lo habitual. El agua la tomaré de las abundantes fuentes y riachuelos (previa potabilización) y dormir lo haré en mi tienda tantas veces como sea posible, aunque en esta primera noche, como llueve con intensidad, he decidido dormir en la cabaña del cámping. No tengo ganas de mojar mi material la primera noche. Volveré sobre este punto.

Hoy me he levantado tarde, como de costumbre, salvo que hoy no debía retrasarme. Sin duda, acumulo fatiga desde hace unos días y no ha sido fácil saltar de la cama. En realidad, el despertador no ha sonado. Así pues, he salido tarde de casa, a las 10h15, y no he llegado a Les Houches hasta las 14h33, cuando el pequeño tren rojo que comunica Saint-Gervais con el valle de Chamonix me ha dejado en el punto de inicio de mi ruta. Nada más bajar del tren me embarga una intensa emoción por la aventura que estoy a punto de comenzar. Saco algunas fotos de la estación y de las bonitas vistas sobre la Aiguille du Midi y la Aiguille du Gouter, visibles a pesar de las nubes que poblaban las cimas.

Acto seguido me topo con el primer panel de señalización del TMB. ¡Tiene el número 1! Eso para que no haya dudas. Así, empiezo a andar en dirección al pueblo des Les Houches cruzando el puente sobre el Arve y subiendo al lado de la carretera. En el pueblo continuo por la acera izquierda, atravesando el pueblo,  sus supermercados, telesillas y tiendas de deporte, y siguiendo los paneles que me indican el camino hacia el Col de Voza, collado por el que pasaré del valle de Chamonix al Val Montjoie. No me paro en el pueblo, no tenía necesidad, pero también tenía prisa. Prisa porque había salido tarde de casa. Prisa porque tenía que volver a casa el día 9 por la noche. Así, se puede decir que mi TMB iba a hacerse a buen ritmo. 

En pocos minutos, abandono la carretera a la altura de un complejo residencial llamado Le Grand Balcon, al principio tengo alguna duda, pues parece una propiedad privada, pero dos paneles de señalización indican certeramente la ruta que continúa por unas escaleras de madera que atraviesan un prado y que son bastante verticales. Aquí empieza mi corazón bombear de verdad. La subida es ahora contínua, a veces sobre el asfalto de la carretera que sube a lo más alto de Les Houches y a veces sobre algún tramo de pista o de camino que sube abruptamente a modo de atajo, para librarnos en lo posible del negro betún.

Hacia las 15h10 llego a la última estación de telesilla del pueblo. Aquí me paro a comer, pues había desayunado poco y estaba empezando a notar la falta de energía. Me zampo un delicioso (sic) puré de patatas con queso, debidamente rehidratado con agua caliente. No era muy bueno, pero podía haber sido peor. Hizo las veces de almuerzo energético, completado con unos sorbos de bebida isotónica.

Tras esta pequeña pausa, continuo subiendo por pistas de esquí, que es algo que aborrezco, pero que es bastante habitual en bajas cotas aquí en los Alpes. Sin embargo, no quiero acostumbrarme a esto... bueno, ¿acaso es posible aceptar con naturalidad estos monstruos de metal y grava? No lo creo. Quizá porque voy haciendo por enésima vez esta reflexión conforme subo, la dicha pendiente se me hace dura, interminable, horrenda. Esperaba con todas mis fuerzas que fuese el tramo más feo de todo el TMB. Y cuando parecía que nada podía ser peor que eso, veo que empieza a subir por la pista un tractor, cuyo ruido y dióxido de carbono también tengo que soportar antes de encontrar el desvío, sutil, que me conduce sobre un prado de hierba alta que esconde tras de sí el Col de Voza (1.650m). Estoy contento, esto era lo más duro de la primera etapa y no he llegado demasiado cansado. En realidad, me ha costado poco menos de hora y media.

Es el punto más alto de hoy. Ahora es todo bajar. Pero, todo bajar no significa que el destino final esté cerca. De eso me daré cuenta más tarde. El tiempo tampoco ha mejorado nada en el transcurso de la jornada y la lluvia está a la vuelta de la esquina, no se ven las cimas ya, ni siquiera el cercano glaciar de Bionnassay. Una pena. En cambio, los senderos y las pueblecitos (en realidad aldeas) de montaña que voy recorriendo son magníficos: Le Crozat (1.420m), Bionnassay (1.300m) y Le Champel (1.225m) son lugares imbuidos de una belleza simple, natural, que enamora. Cuando llego a Le Champel llevo dos horas y media de caminata.

Empieza a hacerse tarde, son casi las 18, y aprovecho el descenso y lo relativamente llano del terreno para apretar el paso un poco más para llegar lo antes posible al camping. Desgraciadamente, se pone a llover, no muy fuerte, pero de forma continua. Me paro para ponerme el chubasquero, pero no lo hago en en pueblo de Les Contamines, villa que ignoro siguiendo la orilla del río. Ya pasé por aquí una vez además, cuando hice la ascensión, en dos días, de los Dômes de Miage y la Aiguille de la Bérangère con Radek.

Cuando ya estoy dejando atrás el pueblo de Les Contamines me cruzo con un senderista inglés, John Horn, que estaba buscando un lugar donde dormir. Es la única persona que está haciendo el TMB que me he encontrado en todo el día. En efecto, lo bueno de empezar tarde, y además en un día de lluvia, es que uno tiene el camino para sí, sin hormigueo de senderistas (es el único día que disfruté de la soledad de la montaña). Con el bueno de John recorro la última parte del camino y con él me tomo una pinta de cerveza en el camping para rematar bien el día mientras me cuenta cómo piensa afrontar esta bonita aventura de 166 km que acabamos de empezar.

Salud y Montaña


Reportaje fotográfico: Javier Rodríguez


¡Billete al TMB!

Mi compañera para esta aventura (a falta de Kattis :p)

Aquí empieza (y acaba) todo.

Pintoresca estación.

Pequeña presa sobre el río Arve

Primer panel de señalización de la ruta.

Una torrentera bien acondicionada para encauzar las aguas del deshielo.

Una vista sobre la Aiguille du Gouter, vía normal al Mont-Blanc.

La bonita iglesia de Les Houches.

El primer desvío. Se ven a la izquierda las escaleras que se han de subir.

Las escaleras rompepiernas (mala distancia entre peldaños).

Le Tremble, en la parte alta del pueblo de Les Houches

Alternamos pistas con asfalto.

Foto importante: Este es el aspecto del camino que lleva al Col de Voza desde las pistas de esquí.

He atravesado el prado que se ve detrás de esta casa.

Col de Voza con su trenecito (sube al Nid d'Aigle, inicio de la ruta normal al Mont-Blanc) y su cantina.

Entre las nubes se intuyen los hielos del glaciar de Bionnassay.

¿A medio camino?

Aldea de Le Crozat.

Ambiente pastoril.

Escuela de Bionnassay.

Capilla de Bionnassay.

Cruzando las aguas que vienen del glaciar.

Dejo atrás la aldea de Le Champel y me adentro en Val Montjoie.

Guía de conducta para excursionistas.

Estoy casi en destino. Se pone a llover y guardo la cámara. Hasta mañana.

PS: Los comentarios son fuente de motivación para la existencia de un blog. Si algo te gusta (o si no), coméntalo para que en el futuro siga habiendo nuevas entradas. Gracias.


miércoles, 7 de noviembre de 2012

Mont Joly (2.525m), una nueva perspectiva sobre el Mont-Blanc.


Mont Joly, Alpes Françaises, Haute-Savoie, France. 17 de julio de 2012.

Este año mi temporada estival de montaña empieza relativamente tarde, a mediados de julio. Por diversas circunstancias no he podido hacer todas las salidas que me hubiese gustado, pero en las siguientes entradas voy a relatar varias experiencias de interés que he vivido durante el verano y parte del otoño de 2012. Entre ellas, esta agradable subida al Mont Joly con Kattis, una bonita ascensión al Palas por la Chimenea Ledormeur con mis amigos Aitor y Gorka, y mi apasionante Tour del Mont-Blanc en solitario.

Este año mis vacaciones han empezado oficialmente el 15 de julio. Nada de fiestas de San Fermín, nada de salidas montañeras en junio. Durante las primeras semanas del estío, seguía clavado a mis obligaciones académico-profesionales, viendo como los días soleados se sucedían sin yo poder darme un respiro de aire de alta montaña. Llegó el día, sin embargo, y Kattis y yo nos fuimos a buscar las bellas vistas del Macizo del Mont-Blanc que ofrece el Mont Joly.

El Mont-Joly es una montaña cuya cumbre panorámica, situada a 2.525m, ofrece una bella perspectiva de la ruta normal francesa (la llamada Voie Royale) al Mont-Blanc, así como de la Aiguille de Bionnassay y de los Dômes de Miage, montañas de recuerdo agridulce para quien escribe. Mont Joly constituye el punto culminante de una cresta que separa los valles de Arly, al NO, y de Montjoie, al SE.

Ruta fácil, con un desnivel medio y que transcurre por caminos asequibles a excursionistas de todos los niveles, la ascensión del Mont Joly desde el aparcamiento de Le Planay es nuestra primera jornada de montaña de este verano. Un magnífico día para recuperar sensaciones y respirar el aire puro de la montaña.


RUTA

Llegamos al aparcamiento de Le Planay (1.439m) desde Megève. Dejamos el coche en un pequeño aparcamiento de grava y seguimos una pista que se encamina al NE. Continuamos por pista bien balizada, siguiendo los paneles que indican 'Hermance'. Desde esta aldea de pastores se puede observar la ruta que nos conduce, entre remontes y teleféricos, a la cresta que separa los valles de Arly y Montjoie. Una vez llegados a la cresta continuamos por la pista que nos lleva hacia el S hasta el Refuge du Mont Joly (2.002m). Aquí continuamos por una pista (de esquí) a ratos muy empinada que nos lleva a la arista cimera, donde el sendero se estrecha y se vuelve más aéreo. Superando la parte final, algo más pedregosa, llegamos a la cumbre panorámica del Mont Joly (2.525m). El camino de descenso es el mismo que el de subida.


DESNIVEL POSITIVO

1086 metros


TIEMPO

Principalmente despejado, con algunos pasajes nubosos. Viento débil con alguna racha moderada. Temperatura en torno a los 24° en Le Planay y a 16°C en la cima de Mont Joly.


CROQUIS

Le Planay - Mont Joly - Le Planay


DURACIÓN

Aparcamiento Le Planay - Hermance (1h15min) – Refuge Mont Joly (1h45) – Arista cimera (2h20) - Cima Mont Joly (3h) - Refuge Mont Joly (4h) - Aparcamiento Le Planay (5h30).


DIFICULTAD

Pista ancha, bien balizada hasta la arista cimera, donde se transforma en un sendero evidente, bien señalizado que se vuelve progresivamente más pedregoso. Hay que superar un pequeño resalte, muy fácil, de un metro, donde hay que apoyar las manos.


DESCRIPCIÓN

Salimos de Ginebra un martes por la mañana en dirección a Megève. Liberados de la ciudad, nos aprestamos a disfrutar de una bella jornada estival en montaña. Katarina siempre le tiene respeto, cuando no directamente miedo, a la primera salida del verano. Sabe que las piernas y el corazón necesitan su tiempo para rendir adecuadamente y el que el primer día suelen notar la falta de ejercicio regular.

Sea como fuere, tanto ella como yo teníamos unas ganas enormes de salir ahí afuera. Después de unas vueltas alrededor de Megève con el coche, por fin encontramos la buena pista, la que nos ha de llevar al aparcamiento de Le Planay. En realidad, dicho aparcamiento no es tal, sino unos espacios al lado de la pista donde pueden caber unos 15 coches como mucho, y donde nosotros encontramos un espacio para el nuestro. Suerte que era martes y que no es la ruta más utilizada por los excursionistas, pues hace falta superar un desnivel de casi 1.100 metros para alcanzar la cumbre del Mont Joly.

Empezamos a andar a las 10h45 de la mañana, hace bueno, los días son largos. No hay de qué preocuparse, solo de disfrutar. Tomamos una pista que sale hacia el NE, muy evidente, y que llega pronto a un desvío en el que tomamos la única alternativa posible, el camino que remonta a la izquierda, pues la pista principal se adentra en una propiedad privada. El camino, en todo momento perfectamente señalizado, se vuelve empinado y atraviesa una serie de prados, riachuelos y bosques antes de llegar a la aldea de pastores de Hermance. Desde este punto se puede observar una gran parte del recorrido que nos aguarda y que, aunque no sea muy estético, transcurre en buena parte por pistas de esquí reconvertidas en itinerarios senderistas y de BTT en las estaciones en las que la nieve se encuentra ausente.

Sin prisa, pero sin (casi) pausa, seguimos nuestro camino, ya con ganas de disfrutar de la bella perspectiva que nos ofrece la cresta del Mont Joly. Con un ritmo medio, el camino se hace ameno y Kattis me instruye sobre los fenómenos geológicos que podemos contemplar, en concreto sobre un incipiente corrimiento de tierra que se podía apreciar justo al lado de la pista por donde debíamos pasar en nuestro camino hacia el Refuge Mont Joly. Una vez alcanzada la cresta, el número de excursionistas crece exponencialmente debido a la confluencia de nuestra ruta y la que empieza en Saint Gervais, pero muy especialmente a la existencia de un teleférico que comunica Megève con el Mont Joux (1.958m).

Tras pasar de largo el Refuge Mont Joly (2.002m), tomamos la pista que continua por la cara O del Mont Joly, desechando el camino, más técnico y aéreo, de la Épaule. El esfuerzo y la altitud empiezan a notarse y nos paramos más frecuentemente para beber, sabiendo que la cima no está muy lejos. Nuestra parada principal, para comer, se produce al llegar a la arista, en la cota 2.300. Después de un merecido descanso afrontamos la última parte de la ascensión, siguiendo el camino evidente y bien balizado que salva una pendiente pedregosa conducente a la cumbre panorámica del Mont Joly. Hemos llegado, las vistas son impresionantes, la cumbre es amplia, pero aérea hacia la vertiente de Montjoie, y las vistas de la cresta que continúa hacia el SO son magníficas. Dan ganas de recorrerla, pero será para otra ocasión.

Tras una media hora en cumbre, empezamos a descender, tranquilamente, por el mismo camino de subida y nos paramos a contemplar el paisaje y a disfrutar de un refresco en el Refuge Mont Joly. Una hora y media después llegamos al coche después de un bonito día de montaña. El verano no ha hecho más que empezar.


Salud y Montaña


Reportaje fotográfico: Javier Rodríguez


El inicio de la pista.

Ganando altura por los pastizales.

Aldea de pastores de Hermance.

El Mont Joux (1.982m).

Refugio del Mont Joly (2.002m)

Vamos bien. Aquí se endereza un poco la pista.

En la cresta del Mont Joly. El macizo del Mont Blanc está un poco nublado.

Cima del Mont Joly (2.525m).

Mesa de orientación.

Una panorámica desde la cima.

Los protagonistas de esta excursión.

Bonita para ver... y para recorrer.

Dômes de Miage.

El telesilla del Mont Joly.

Formaciones geológicas llamativas.

Camino compartido.

Ambiente pastoril.

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martes, 10 de agosto de 2010

Travesía Aig. de la Bérangère - Dômes de Miage. Aristas nevadas en el macizo del mont Blanc.

Massif du mont Blanc, France, 7 y 8 de agosto de 2010.



Volver a los orígenes: Ginebra, los Alpes. Ginebra es la ciudad en que nací; los Alpes son, simplemente, el escenario original de las grandes gestas de los hombres en la montaña. Aquí nació el Alpinismo, y aquí quiero proseguir esta pasión que me lleva a recorrer sendas, a escalar crestas y a hollar cimas. Instalado en la ciudad de Calvino, desde la cual, en los días claros, se ve el mont Blanc, estoy en el emplazamiento idóneo para continuar mi relación con la montaña. A otro nivel.

Para comenzar con buen pie en el macizo del Mont Blanc tenía que asegurar dos cosas: Una ascensión de dificultad baja o media, y un compañero de cordada. Está claro que lo uno dependía de lo otro, así que me lancé en el ciberespacio alpinístico con varias propuestas, entre las que se encontraba la travesía de los Dômes de Miage. Gracias a la red me puse en contacto con Radek, un alpinista polaco que reside en Francia, para hacer esta salida juntos.

Los Dômes de Miages son unas unas montañas situadas en el macizo del mont Blanc, al sur del mismo.Fueron conquistados por vez primera el 2 de septiembre de 1858 por T.Coleman, F.Mollard y J.Jacquemont. La cresta comienza en la Aiguille de la Bérangère (3.425m) y recorre cinco Dômes hasta llegar al Refugio Durier. La arista de nieve que recorre la parte central de la travesía está considerada como una de las más bellas del macizo del Mont Blanc. Nosotros haremos la travesía hasta el tercer dôme, para volver sobre el glaciar de Tré la tête. Ha sido un buen estreno, una toma de contacto con las dimensiones exageradas que toman aquí las cosas y un cambio de mentalidad respecto al Pirineo. Ahí vamos.



ASCENSIÓN

El inicio de esta travesía se sitúa en el pueblo de Les Contamines - Montjoie, en la Alta Saboya francesa. Debemos atravesar el pueblo y dejar el coche en el aparcamiento de Cugnon, desde ahí tomamos una calle que nos lleva a lo alto del pueblo, donde hay varios carteles. En ellos se indica el camino a seguir y el tiempo de acceso a los refugios de Tré la tête y de Conscrits, que son los que nos interesan. Hay una buena senda, que salva un desnivel importante, hasta el refugio de Tré la tête (1.970m), después el camino se hace más estrecho y delicado (zona conocida como "mauvais pas", es decir, del 'mal paso'), que está equipada con cadenas y barandillas. Siguiendo los hitos nos subimos a la morrena terminal del glaciar de Tré la tête, recubierta de piedras, seguimos los hitos y llegamos a una barrera de seracs, donde giramos a la izquierda para buscar unas escaleras verticales en sus 50 primeros metros, que nos ayudan a salvar un buen desnivel en una pared casi lisa. Desde lo alto de via equipada hay un camino que nos lleva hasta el refugio de Conscrits en una hora.

Desde el moderno refugio de Conscrits, seguimos unas trazas de senda hacia el NE, donde pronto encontramos un camino que cruza hacia el E, es el camino del glaciar. Nosotros continuamos hacia el NE, para ganar poco a poco las rampas de nieve previas a la Aiguille de la Bérangère. Una vez en su base, ponemos los crampones e iniciamos la ascensión del la cúspide rocosa, de unos 80 metros de altura, en mixto fácil pero expuesto. Cima de Aiguille de la Bérangère (3.425m). Desde aquí, encordados, seguimos la arista mixta hacia el Col de la Bérangère, situado al NE de nuestra posición. Descenso delicado en mixto expuesto, se puede ir bien en ensamble.

Desde el Col de la Bérangère se sigue la línea de arista, a veces fina y muy expuesta, en todo momento hacia el NE, hollamos los 3 dômes y descendemos al Col des Dômes (3.564m). Desde aquí, una buena huella nos conduce hacia el centro del glaciar de Tré la tête. Podemos seguir la huella que conduce al refugio o descender por el centro del glaciar, muy agrietado. Una vez en la zona de acumulación del glaciar, seguimos el centro del mismo evitando las grietas mayores y descendemos la pendiente a 30° que nos devuelve a la morrena terminal, donde siguiendo los hitos, en sentido descendente, volvemos a Les Contamines - Montjoie.



Desnivel positivo acumulado: Día 1 -> 1.600m; Día 2 -> 1050m.

Tiempo: Soleado y templado durante la aproximación del primer día. Nublado y fresco durante la travesía Bérangère - Dômes de Miage, visibilidad 20 metros y temperatura del aire 0°C. Niebla desde 2.900m. Sol y nubes en el descenso por la tarde, con temperaturas agradables.


Croquis de la ruta completa desde Les Contamines - Montjoie:





Croquis de la travesía Refuge des Conscrits - Aiguille de la Bérangère - Dômes de Miage - Col des Dômes - Refuge des Conscrits:







DURACIÓN

DÍA 1: Cugnon - Refuge Tré la tête (1h35) - Escaleras (3h40) - Refuge des Conscrits (5h); DÍA 2: Refuge des Conscrits - Aiguille de la Bérangère (3h30) - Dôme W (5h) - Col des Dômes (6h30) - Glacier Tré la tête, zona de acumulación (10h30) - Refuge Tré la tête (12h) - Cugnon (14h).

*Tiempos de cordada Radek - Javier. Si la cordada es fuerte y compensada se pueden rebajar 1 hora al día 1 y 5 horas al día 2.




DIFICULTAD

Recorrido sencillo, senda ancha hasta el refuge de Tré la tête. Senda estrecha con pasos equipados con cadenas y barandillas (zona del "mauvais pas", en francés), hitos que señalan la vía sobre el glaciar. Escaleras verticales y pasos equipados con cadenas en una pared de 150m, vertiginoso y expuesto. Hay enganches de "cola de cerdo" cada 6 metros aproximadamente. Desde lo alto, camino sencillo hasta el refuge des Conscrits.

Ascensión por neveros de poca inclinación (25° a 30°) hasta la base de la Bérangère, ahí se empina hasta los 40°, para seguir los últimos 60 metros en mixto fácil, pero expuesto. Desde la cima de la Bérangère se toma la arista en mixto fácil, aérea y expuesta en su mayor parte. Encordamiento en ensamble, está bien meter una o dos bagas para asegurar, muchas posibilidades de colocar puntos intermedios. Algún destrepe.

Arista de nieve ancha entre el Col de la Bérangère y el Dôme W, arista fina, aérea y expuesta hasta el Dôme C. El paso más estrecho se hace en descenso, es muy impresionante, sobre todo si la nieve no está perfecta. Desde el Col des Dômes se baja por huella bien hecha hacia el glaciar, impresionantes seracs y grietas gigantescas. Cuidado, cuerda tensa. Recorrido glaciar hasta el final del mismo, con sus peligros objetivos.

A tener en cuenta: Travesía larga y de varias horas por encima de 3.400m, muy buena forma física imprescindible. Descenso largo. Peligros objetivos en el glaciar.



DESCRIPCIÓN

Llevaba tiempo esperando poder hacer algo interesante en los Alpes, ahora que vengo de instalarme en Ginebra. Se entiende que lo que quería era un recorrido glaciar, a ser posible en travesía, para ver cuanto más, mejor. Y así me decidí por los Dômes de Miage, de los que había leído que tenían unas aristas de nieve fabulosas. Así que me puse a buscar compañero de cordada y lo encontré en la persona de Radek, un alpinista polaco afincado en Grenoble que también buscaba hacer esta ruta.

Es sábado por la mañana, soleado y cálido en Ginebra, preparo mi mochila, como y me marcho a Les Contamines - Montjoie, adonde llego después de 1h15 de coche. Allí, en el centro del pueblo, conozco en persona a Radek. Organizamos el material y vamos hasta el aparcamiento de Cugnon, en la salida del pueblo, donde dejamos el coche a las 14h35. Ajustamos los bastones y nos ponemos en marcha, en principio para cinco horas. Las primeras son duras, el camino asciende haciendo zetas e incluso hay algún paso equipado con cadena y puente, para salvar un torrente. En poco más de 1h35 llegamos al refuge de Tré la tête después de haber hecho unos 900 metros de desnivel, Radek quiere pararse y aprovechamos para beber algo. En unos minutos retomamos nuestro camino, que sale justo por encima de la casa y está bien indicado, pasamos rápidamente a la vertiente E y observamos desde la altura la lengua terminal del glaciar de Tré la tête, recubierta de piedras y desprendimientos.

La bella senda se pierde en un escenario cada vez más rocoso e inerte, de forma que enseguida tenemos que seguir hitos que señalan la buena dirección. Pasamos por una zona de grandes bloques lisos, a menudo equipados con cadenas y barandillas, de forma que su travesía sea segura, pues son pasajes expuestos. En las guías francesas se conoce este tramo como "mauvais pas", 'mal paso' en castellano. Se pasa bien cuando está seco, incluso sin ayudas, pero me imagino que con mal tiempo o nieve se complica bastante.

Las trazas de senda siguen un camino descente, que nos lleva a la base del glaciar, al cual nos subimos siguiendo los "cairn", como dicen por aquí a los hitos. Al principio, aunque el camino parece evidente, buscamos con insitencia las señales que nos permitan avanzar camino del refugio, y pronto alcanzamos a unos alemanes que iban delante nuestra. Les preguntamos si conocen la ruta, nos dicen que no y se ponen a seguirnos. Así que proseguimos siguiendo los dificilmente identificables hitos en este mar de piedras, por suerte el camino sigue la lógica de ir por el punto más alto, en una especie de cresta, y así alcanzamos la barrera de seracs del glaciar. En este punto, la masa amorfa de hielo ennegrecido, de piedras y demás desprendimientos daba paso a unas rampas de hielo agrietadas y bastante inclinadas en su parte central y de seracs, más o menos amenazantes, en sus laterales.

Nuestra ruta pasaba ahora bien por remontar las pendientes de hielo a 30° y pasar el campo de grietas para alcanzar el refugio, lo cual era una opción bastante larga, si bien hubiésemos reconocido el glaciar de cara al día siguiente; bien por utilizar las escaleras, cadenas y demás estructuras metálicas instaladas en la pared E. Optamos por subir la ferrata, que dispone de puntos de aseguramiento en caso de subir en ensamble. Preferimos no encordarnos. Para cuando llegamos aquí, ya nos había alcanzado otro grupo de franceses, debido al ritmo lento que llevábamos, por lo menos íbamos disfrutando del paisaje. Subo el primero. Los primeros 50 metros son verticales, después se inclina y se hacen varias travesías laterales, hasta alcanzar, a 150 metros de la base, la senda que conduce al refugio. Es un recorrido vertiginoso, pero que no debe representar ninguna dificultad ni peligro si nos centramos en la coordinación de nuestros movimientos, pero a la vez exigente físicamente. Después de la subida mi compañero, los alemanes y la mayoría de los franceses tardaron en recuperarse, así que me adelanté y seguí hasta el refuge de Conscrits.

Conscrits es un moderno refugio del Club Alpin Français, que se encuentra a 2.602m de altitud, dominando el glaciar de Tré la tête. Dispone de agua corriente, 85 camas, está guardado todo el verano y tiene una amplia zona de recepción y secadero. La verdad es que me sentí cómodo desde el principio, los guardas son simpáticos y el ambiente es bueno. Nada más llegar me quito la mochila, dejo mi piolet, la cuerda y los bastones en la entrada, mis botas las dejo a ventilar también y cojo unos zuecos. Subo al comedor y pido una cerveza, en la terraza espero a mi compañero, que llega un poco más tarde.

Esperamos que el turno de cena acabe mientras tomamos unas cañas en la terraza, el sol se pone por el horizonte después de haber lucido en un día magnífico para la práctica del montañismo. Nada hacía presagiar lo del día siguiente, en fin. Una vez despejado el comedor, nos acomodamos y pedimos un litro de agua caliente, para preparar nuestra comida, deshidratada de sobre. Radek ha olvidado su plato principal, pero tiene unas sopas y se contenta con eso; yo tengo un sobre de carne de ternera con puré de patatas y verduras: está cojonudo, sobre todo porque me esperaba algo mucho peor. Así que con eso y un buen té me voy a la cama. Nuestra habitación tiene unos 35m2 y hay unas 25 personas, entre los cuales dos roncadores de campeonato que no nos dejan descansar a los demás. Puedo decir que es la peor noche que he pasado en un refugio de montaña, apenas dormí 30 minutos y sudando de manera brutal.

Con los ojos entreabiertos en todo momento no es difícil detectar el primer movimiento anormal en la sala, efectivamente, son las 3h40 y los montañeros empiezan a despertarse. Enseguida salgo de la habitación, que apestaba a humanidad, con todas mis pertenencias, no quiero seguir ni un minuto más ahí. He sudado mucho, así que bajo a la sala de desayuno, donde enseguida viene Radek y nos ponemos unos zumos de naranja. El desayuno, por suerte es abundante y bueno, así que cogimos fuerzas para afrontar la larga travesía.

Todo el mundo baja a la vez a la zona del material, allí no cabe ni un alfiler, y en esas nos colocamos pantalón, chaqueta, arnés, polainas, botas y demás. A las 5 de la mañana salimos en dirección a Aiguille de la Bérangère con el frontal sobre nuestros cascos. Nuestro ritmo es bueno, vamos ganando altura de forma rapida y constante. En un momento dado nos desviamos de la ruta del glaciar para continuar por las rampas mixtas, al principio, y nevadas después, que conducen hacia el primer pico del día. Pronto empiezo a constatar que mi compañero, como el día precedente, no sigue mi ritmo, por otra parte, nada elevado. Me encuentro en la tesitura de esperarle y enfriarme o seguir y esperarle en la cima con la chaqueta de fibra. Opto por lo segundo, así que sigo mi camino superando a otras cordadas hasta llegar a la zona mixta de la pirámide somital, a falta de 60 metros para la cumbre me pongo los crampones y continúo hasta la cima, donde espero con la chaqueta de fibra puesta.

Van pasando todas las personas que he adelantado y Radek aparece media hora más tarde, estaba claro que algo no iba bien. El día anterior había cenado poco, quizá también había dormido poco como yo, y luego también cada uno tiene un ritmo diferente. Cuando llegó me confirmó que tenía algunos problemas estomacales y que se sentía cansado, probablemente por la altitud. Como aquí empezaba la zona técnica de la travesía, nos encordamos a 7 metros y empezamos a bajar, justo cuando estaba empezando a sentir, en forma de frío, la inactividad en la cima. Radek va primero y yo le sigo con dos aros de cuerda en la mano. Bajamos con precaución la arista mixta, que si bien es fácil técnicamente y ofrece buenas posibilidades de asegurar, es aérea y expuesta. Con paciencia llegamos al Col de la Bérangère, desde donde empezamos la ascensión al punto culminante de la ruta. La huella es buena y la pendiente no pasa de 35°, pero estamos a más de 3.350m y Radek no siente ninguna mejoría, de hecho nuestras paradas son cada vez más frecuentes, ante lo que empiezo a desesperarme, pero somos un equipo y nuestra seguridad depende del otro, así que intento ayudarle.

Poco a poco seguimos nuestro camino y alcanzamos la cumbre del Dôme W (3.670m), desde el cual descendemos por una afilada, aérea y expuesta arista, en medio de una niebla que no deja ver a más de 20 metros. Hasta el momento la bella travesía estaba siendo una sucesión de despropósitos, pero en la montaña hay días así. Bajando por la arista, cuya huella era estable solo sobre 40cm de ancho, llegamos a un pequeño collado y enseguida remontamos hacia el Dôme C (3.666m), para descender por una pendiente acusada, pero poco expuesta, hacia el Col des Dômes (3.564m).

Aquí el día se despeja mínimamente y nos permite observar los relieves circundantes, antes de volver a cubrinos con un espeso manto de nubes y devolvernos a la realidad de un día gris. Llevamos un retraso impresionante respecto al horario previsto, lo cual, al atravesar un glaciar, es más bien peligroso, así que insisto en que bajemos lo antes posible. Por suerte la huella es buena y podemos descender a buen ritmo entre los enormes seracs y grietas que nos rodean. Entre la niebla todo aquel escenario colosal parecía irreal, aterrador, especialmente cuando, ocasionalmente se oían crujidos que parecían salir de las entrañas del hielo. Con la cuerda tensa y la atención fijada en la ruta, descendemos con celeridad para alcanzar una parte más palna del glaciar, pero expuesta a la caída de todo lo que cuelga de las paredes de hielo y roca de nuestra derecha. Seguimos bastante rápido, pues la bajada de altitud y los peligros objetivos reaniman a Radek.

Hacia las 14h30 salimos de la niebla y nos encontramos un cielo con nubes y claros, en una zona más segura descansamos para comer algo y beber. Seguimos una buena huella que parece conducir al refuge des Conscrits, pero nuestro deseo es bajar al glaciar y alcanzar su zona terminal, para evitar las escaleras a la bajada. Esto se convierte en una odisea de destrepes por el lateral de la morrena que acaba por fatigarnos enormemente. En este punto del recorrido ya estoy un poco de mala uva porque hemos acumulado aún más retraso del que ya llevábamos, sobre todo por no seguir hacia el refugio, como yo quería, y complicarnos la vida sobremanera.

Por fin llegamos a la pared del glaciar, después de sortear muchas grietas y otros peligros. Poco después nos estaríamos quitando los crampones, pantalones de gore y demás parafernalia que ya no nos hacía falta. Encendidos por la sed y el retraso empezamos a caminar rapidamente hacia el refuge de Tré la tête, donde tomamos unos refrescos y descansamos un poco. Después nos quedaba aún toda la bajada hasta el aparcamiento de Cugnon, que se hace larga y deja 2500 metros de bajada, por momentos tensa.

Caída la noche llegamos al coche, con el frontal en la cabeza de nuevo, donde nos despedimos hasta una próxima ruta en los Alpes. Radek se queda por Chamonix, yo regreso a Ginebra. Por encima de todo, ha sido una experiencia interesante, y un punto de partida en un universo de roca, hielo y nieve que poco tiene que ver con mi querido Pirineo.

A la prochaine!



























































































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