domingo, 9 de mayo de 2010

Balaitous por la Chimenea de las Néous (AD-). Intento invernal.

Macizo del Balaitous, Parc National des Pyrénées, 16 de marzo de 2010.


Un mes después de mi última salida a la alta montaña, recuperado del duro invierno, me dispongo a calzarme las botas y los crampones de nuevo. La energía acumulada por el tiempo de inactividad me impulsan, incluso me precipitan, hacia un objetivo ambicioso, que quizá no sea lo mejor para mi cuerpo todavía. Pero en esto, como en muchas otras cosas, la cabeza manda.

Ésta es mi segunda visita al Balaitous, que ya coroné con Aitor Ascargorta y mi hermano Eloy en agosto de 2009. En aquella ocasión elegimos la ruta de la Gran Diagonal, una ruta F+, que se inicia en La Sarra y transcurre por la cara O de la mole del Balaitous, buscando el paso más fácil por la enorme hendidura de esta vertiente.

El Balaitous tiene varias rutas, frecuentadas en diferentes épocas del año. La Gran Diagonal (F+) es la vía clásica desde España en verano, siendo la ruta de la Brecha Latour (PD, II+) la normal el resto del año para los ataques desde el sur de los Pirineos. La vía francesa por excelencia para los meses fríos es la de la chimenea de las Néous (AD-). Ésta va a ser la elegida, pues tanto Gorka, mi compañero en esta ocasión, como yo mismo ya habíamos frecuentado las otras vías de acceso a la cumbre.

Con muchas ganas y con mucho respeto, en este especialmente duro invierno, nos encaminamos a la conquista de esta gran montaña, que medirá nuestra capacidad de acometer una invernal por una vía prestigiosa.


RUTA

Nuestro punto de partida se encuentra en el kilómetro 4 de la pista que conduce hacia el  Centro de Interpretación desde Arrens. Remontamos la carretera hasta dicho refugio, donde se inicia nuestro trayecto en senda hacia el SE, primero en zig-zag por un bosque y después por el valle. Hacia la cota 1750 se gira hacia el SO, para ganar altura con rapidez a través de palas inclinadas de nieve, alcanzando un valle elevado que se encauza progresivamente hacia el O. En la cota 2500 se inicia el Glaciar de las Néous, en este momento nevado y con sus grietas y rimayas cubiertas. Remontando dicho glaciar llegamos a la base de la chimenea, que es la segunda por la derecha. Existe un primer resalte de cierta dificultad, en mixto. El camino de regreso es el mismo que el de subida.


DESNIVEL POSITIVO

1900m


TIEMPO

Espléndido día azul, con temperaturas que variaron entre los -5ºC y los 5ºC. Viento nulo.


CROQUIS



DURACIÓN

Km 4 – Centro de Interpretación (1h15) – Desvío hacia Ledormeur (3h45) – Glaciar de las Néous (5h) – Chimenea de las Néous (7h15) –  Centro de Interpretación  (13h45)- Km 4 (15h). La ascensión en nieve y el desnivel acumulado son elementos muy importantes a tener en cuenta, esto tiempos se refieren a ellos. En condiciones de menos nieve, distinta cota de aparición de ésta o estivales, los tiempos pueden variar notablemente.


DIFICULTAD

La principal dificultad viene dada por la longitud de la aproximación y de la ruta en sí, sumados al desnivel que hay que salvar para llegar a la vía de acceso a cumbre. Todo ello requiere de una forma física excepcional para acometer dicha empresa en una jornada. La dificultad técnica principal es el resalte mixto de la entrada en la chimenea de las Néous (75º, 4m) y la propia chimenea helada (50º).


DESCRIPCIÓN

Salgo de trabajar y estoy eufórico, hemos estado esperando muchas semanas una oportunidad así: ir a la montaña en buenas condiciones meteorológicas y nivológicas. Habíamos empezado a pensar que necesitaríamos poco menos que una conjunción astral para ver a nuestro Pirineo bajar la guardia.

Los antecedentes hablaban por sí solos, este invierno estaba siendo muy duro en lo climatológico y en lo personal. Desde mediados de diciembre las condiciones no habían hecho sino empeorar, con gran inestabilidad atmosférica y dejando las montañas con condiciones de innivación superiores a otros años. La ida y venida constante de borrascas no habían permitido una estabilización duradera del manto nivoso en tres meses. Tiempo en el que no habíamos podido hacer más que dos incursiones invernales de poca entidad: Lakartxela y Moncayo.


En lo personal también habían sido unos meses duros viendo caer uno tras otro montañeros en las cordilleras de nuestro país, muchos de ellos muy experimentados, añadiendo una gran aflicción a la lógica impotencia que genera no poder salir a practicar nuestra actividad favorita con seguridad.

El trago más amargo lo tuve el día 23 de febrero, cuando mi buen amigo Lucas me comunicó por teléfono, con una una voz que apenas disimulaba su gran ansiedad, que su tío Alfonso había desaparecido en las inmediaciones del Pico Billare, en Lescun, Francia. Me pidió ayuda para ir a la zona. Alfonso era el hermano gemelo del padre de Lucas, un hombre del que había oído que era alpinista y escalador, y cuyas hazañas alimentaban mi imaginación cuando era adolescente. Ese alpinista capaz de ascensiones como el Mont Blanc o el Cervino, y de escaladas clásicas en el Pirineo, había desaparecido en este fatídico invierno junto a su compañero de cordada Armando.

Por casualidades de la vida, mi compañero de cordada Gorka estaba conmigo en el momento de la noticia. En cinco minutos confirmé a mi amigo que estaría con él al día siguiente. El infortunio ha hecho que a día de hoy aún no hayamos podido recuperar los cuerpos.

La montaña te lo puede dar todo, pero te lo puede quitar todo, y es ese ansía de superación y descubrimiento, de vuelta a los orígenes y de experimentación de los límites humanos, la que nos lleva a medirnos en la naturaleza. Es la belleza de la idea, de lo incólume contra lo liviano, de lo impertérrito contra lo corruptible, de la montaña y el hombre. A decir verdad, no hay razones para ir a la montaña, pues el alpinismo no es sino una pasión. Una pasión que colmata el espíritu humano, pero una pasión que puede acabar con nuestra temporalidad.


Buscando ese elixir de vida me encuentro preparando mi material de alpinismo al son de la música contemporánea que voy a aparcar dentro de poco tiempo. Hago una llamada a Gorka para avisarle de que pase por mi casa y me dejo llevar por los pensamientos mientras organizo el macuto. Llega mi compañero en pocos minutos. Aquí está casi todo listo. Solo me queda por repasar la lista de imprescindibles, cuando hablando descubro que Gorka tiene medio día más de lo previsto. Enseguida le propongo cambio de planes, tenemos hambre de algo grande: El Balaitous por la chimenea de las Néous, una vía AD muy conocida, sobre todo al otro lado de los Pirineos.

Con la excitación propia de comenzar una empresa improvisada nos dirigimos a una tienda de montaña a por el mapa 1:25000 que nos falta. Después todo será carretera, de noche. El viaje se hace entretenido, charlamos y bromeamos, hablamos de la ruta, del inmejorable tiempo y de las ganas que teníamos de ir. En esto se nos hace tarde para cenar y, ya se sabe, en Francia todo está cerrado a las 22:30. Tras intentarlo en vano en Oloron y Pau, va a ser en Lourdes donde el milagro ocurre. La virgen nos deja un Kebab abierto para que satisfagamos nuestros estómagos y tranquilicemos nuestros ánimos, pues ninguna empresa en la montaña puede tomarse en serio sin estar bien alimentado, o por lo menos bien lleno. Resultó ser un lugar muy agradable, buena y barata comida y unos dueños especialmente acogedores y simpáticos. Tanto que volveríamos a cenar allí al día siguiente. Pero esto es adelantarse a los hechos.

Ahora solo nos restaban unos minutos para llegar a destino, un aparcamiento al final de la Gave d'Arrens, en pleno Parc National des Pyrénées, ese espacio que vuelve sorprenderme. Sin duda es un lugar mágico, una reserva de vida salvaje excepcional que esconde muchas de las más bellas formaciones montañosas de toda la cordillera pirenaica, amén de una gran cantidad de variedades botánicas y animales, que son tesoros de un valor incalculable.

Y es que cuando un hombre moderno arriba a un sitio como éste se ve desbordado por la increíble serenidad de la naturaleza y por la armonía de sus formas, una calma que se ve sacudida esporádicamente por espasmos de realidad. Y ese hombre que sueña despierto reconoce una fragilidad que había dado por olvidada. Neutralizada por el progreso material y la accesibilidad a los recursos básicos, ignorada por el conocimiento científico y el desarrollo tecnológico, y despreciada por nuestra soberbia, la montaña nos devuelve a nuestro lugar en el orden natural, aunque sea temporalmente.


Sin embargo, fue una valla lo que nos dio, inesperadamente, una dosis de realidad. El paso se encontraba cortado en el cuarto kilómetro de la pista asfaltada que comunica Arrens con el Centro de Interpretación del Parque, donde esperábamos aparcar el coche. Esto suponía alargar la ascensión del día siguiente en cinco kilómetros y cuatrocientos metros de desnivel, una hora y cuarto a buen paso. Sin embargo había un motivo compartible detrás del bloqueo de la ruta, se trata de un área protegida y está cerrado su acceso desde noviembre a mayo para vehículos a motor. Y como amantes de la montaña asumimos el papel que nos tocaría interpretar al día siguiente y el desgaste extra, lo cual nos motivaba pero también nos preocupaba: la inactividad en alta montaña se nota. A las dos de la mañana apagamos la luz y nos metimos en los sacos de dormir, a la sazón en el maletero del coche.

Seis de la mañana, suena el despertador cuando me encuentro en la fase más profunda del sueño. En realidad no sé si estoy en el fondo o solo en la superficie de este océano onírico, pero la alarma me arranca violentamente de mi descanso. Estoy al caliente unos instantes más, solo para comprobar que mi compañero se despierta y que el sol empieza a iluminar las cimas circundantes. El aire dentro del habitáculo sigue siendo razonablemente respirable y la temperatura bastante suave, claro que solamente hemos estado dormitando durante cuatro horas. Tiempo que va a ser parte de nuestro combustible para acometer una empresa más ambiciosa de lo que habíamos imaginado.


Con el fresco de una mañana de invierno guardamos nuestro sacos y nos vestimos. Enseguida le toca el turno al desayuno y a las siete y diez de la mañana atravesamos la valla verde, punto de inicio y de final de nuestra aventura. Estamos ilusionados y con energía a pesar del largo viaje, el objetivo es ambicioso y el camino, largo. Nuestro ritmo es bueno desde los primeros compases, que transcurren por la carretera que termina en el  Centro de Interpretación . Son unos buenos cinco kilómetros que hacemos en zapatillas de trekking para mayor comodidad, una vez llegados al caserón cambiamos de calzado para ponernos las botas de invierno. Empieza la nieve, no tanto en una primera parte de bosque por la cual progresamos bastante rápido, sino una vez en valle abierto.

Conforme el sol se yergue sobre el magnífico cielo azul que nos contempla, las abruptas formas que nos rodean se muestran brillantes, envueltas en nieve y hielo. El escenario es grandioso y queremos corresponderle con nuestro esfuerzo. La penetración en el valle es larga, casi hasta el collado fronterizo,  giramos por inclinadas palas de nieve helada hacia nuestra derecha, dirección SO, en la cota 1750 aproximadamente.

Gorka va delante, abre huella con el paso animado de quién ama la montaña, la nieve está bastante practicable y solo nos hundimos unos centímetros. Después de un inicio de año un poco duro para mi salud no estoy para nada en forma y me cuesta progresar, dar el cien por cien puesto que mi garganta se reseca rápidamente y no quiero volver a pasar penurias. Amén de esto llevamos la mochila muy cargada de material. Pero estamos motivados, y la dificultad, el desnivel y el estado de la nieve no nos echan para atrás en ningún momento. Tampoco los restos de grandes coladas de nieve, que barren literalmente nuestra ruta, nos intimidan hoy.

Después de salvar un fuerte desnivel paramos en una roca al sol para descansar y comer algo. El sol nos baña en su calidez, nos recarga de energía, pero no nos reconforta en nuestros pensamientos y es que a estas alturas deberíamos haber encontrado un refugio libre que está por la zona, aproximadamente en la cota 1900, pero no damos con él, no hay ni rastro. “Lo veremos en el descenso”, nos decimos. Pero no, aún hoy sigue siendo un enigma su posición. Cuando volvamos por la zona esperamos encontrarlo.

Tras un breve alto en nuestro camino nos ponemos en marcha, el tiempo apremia. Ahora abrimos huella alternativamente, poniendo todo de mi parte para despejar el camino a mi compañero. La ascensión es pausada y no puede ser de otra manera pues estamos muy cansados. El camino es largo, llevamos más de 7 horas andando, con unos 1600m de desnivel encima y nuestras cabezas empiezan a trabajar en modo automático, solo nos mueve la voluntad, asistida por una razón que mira constantemente al reloj. Los últimos 400 metros de ascenso del Glaciar de las Néous fueron muy duros, pero finalmente, sorteando algunas placas sospechosas de romperse a nuestro paso y ascendiendo palas de 45º llegamos a la base de la chimenea que pretendemos atacar.


Lo hemos conseguido a base de tesón, de fuerza y resistencia física, pero sobre todo mental. Es el momento de preparar el material, las cuerdas, arneses, tornillos de hielo, sistemas y demás. Tardamos mucho, nos cuesta maniobrar en terreno muy inclinado y helado, hace frío, estamos ateridos haciendo equilibrios en el labio de una rimaya. Los dedos están con poca sensibilidad, efecto de la exposición al frío y a la deshidratación, ante lo cual decido beber y ponerme los guantes interiores de seda, con lo que la situación mejora ostensiblemente.

Transcurrido un buen rato nos acercamos a la base de la chimenea, que presenta una entrada en mixto, un resalte de unos 75º que Gorka escala de primero, con la doble cuerda asegurándole. Muy estética escalada. Mi turno, paso por el obstáculo sin pena ni gloria, ansiando atacar el primer largo de una chimenea de hielo de unos 50º y 120m de largo, pero mi cabeza me dice que no, que es el momento de renunciar. Estamos a 100 metros de la cima del Balaitous, tocando el triángulo metálico de su cumbre, pero no podemos permitirnos seguir por el cansancio acumulado y la hora tardía. Son las cuatro de la tarde y anochece pronto. Así que después de la paliza física y de la lucha mental, no hay recompensa en forma de cima. El alpinismo, a veces, es así. Y es bueno que sea así.


Emprendemos el descenso con celeridad, no queremos que se nos haga de noche en el glaciar, bajamos sin descanso hasta el valle, por nieve blanda. Se hace largo y duro, además pronto tenemos que encender los frontales y ponernos más ropa, conforme el sol desaparece por el horizonte. Hablamos, valoramos nuestras decisiones, nuestro esfuerzo, y se impone la idea de satisfacción con el enorme esfuerzo realizado, con la belleza del recorrido. Ha sido una jornada extraordinaria en todos los sentidos, una ruta para repetir. Sin embargo no hay muchas fuerzas para cavilaciones, pronto solo pensamos en regresar al coche lo antes posible. Una vez llegados al Centro de Interpretación nos ponemos las zapatillas y descendemos la larga carretera al límite de nuestras fuerzas, buscando una valla verde que nunca parece llegar, pero que al fin encontramos con alivio.

Hechos polvo nos dirigimos a Lourdes, donde cenamos de nuevo en el Kebab, donde nos reciben sonrientes y se interesan por nuestra actividad. Nuestras caras lo dicen todo, hay sonrisa, pero también mucho cansancio y la conversación es menos animada que el día anterior. Reponemos energías con una cena abundante y sabrosa que nos permite mantenernos despiertos para el viaje hasta Pamplona, que emprendemos acto seguido, llegando a las 3 de la mañana a la capital foral.


Por esta vez, la apretada disponibilidad de tiempo, la corta ventana de buen tiempo y el tratarse del último fin de semana antes del fin del invierno (para poder firmar una invernal), precipitaron nuestra elección de ruta y condujeron a la no consecución del objetivo (en dos días hubiera sido más que factible en la forma en la que nos encontrábamos). No obstante, la experiencia fue espectacular y volveremos, en breve, a presentarnos ante la chimenea de las Néous para acceder a la cima del Balaitous. Hasta entonces, será una cuenta pendiente.


Salud y Montaña


PS: Los comentarios son fuente de motivación para la existencia de un blog. Si algo te gusta (o si no), coméntalo para que en el futuro siga habiendo nuevas entradas. Gracias.


5 comentarios:

Miranda dijo...

Si vas a poner la misma pasión en explicar la experiencia cuando lo consigas, te diré que me alegro que no hicieras cima ese día.....

Me has hecho disfrutar muchísimo co tu relato.

Saludos

Bil dijo...

Aúpa Javier

Todavía no han encontrado a Armando y a Alfonso??

Yo estuve en el Anie el fin de semana anterior. Estaba petadísimo de nieve...

Pero ha pasado muchísimo tiempo,¿cómo es posible que todavía que en 3 mese todavía no los hayan encontrado?

Javier dijo...

Hola Bil,

Lo único que sé es que siguen yendo a la zona y que hay algunos depositos de nieve de grandes dimensiones, debajo de uno de los cuales deben estar. Espero que funda pronto y que puedan darles sepultura como es debido.

Un saludo

Jorge García-Dihinx dijo...

Enhorabuena Javier, por el esfuerzo y por la decisión de renunciar a tiempo, como bien hicísteis.

Consejos: Partir la etapa en dos, durmiendo en el ref de Ledormeur.

Subir con esquís de travesía (por supuesto, a pie se tarde el triple, tanto subiendo como bajando).
Subir en Abril o inicios de Mayo, con día largo y la chimenea más llena de nieve.

Un abrazo,
Jorge García-Dihinx
www.lameteoqueviene.es

Javier dijo...

Gracias Jorge por tus palabras.

El año que viene volveremos a intentarlo en dos días, en invernal, a ver si la chimenea está formada para navidades.

Enhorabuena por tu blog, herramienta básica de mis planificaciones cuando estaba por el Pirineo, y por tus ascensiones.

Un saludo

Javier