lunes, 12 de noviembre de 2012

Tour du Mont-Blanc 2012. Día 1: Les Houches - Les Contamines


Massif du Mont-Blanc, Haute-Savoie, France. 4 de septiembre de 2012.

Finales de agosto. Apenas un par de ascensiones interesantes y todavía mucha energía en las piernas, problema. Durante varias semanas mi cabeza valoraba la posibilidad de hacer algo grande, una travesía larga, dura, solitaria, algo que me hiciera volver a sentir montañero. Y la encontré, cerca de casa, en el macizo del Mont-Blanc.

El TMB es un sendero de gran recorrido clásico, una ruta circular que, atravesando tres países (Francia, Suiza e Italia), rodea el macizo del Mont-Blanc. Esta travesía de 166 km y casi 10.000m de desnivel positivo (y negativo) acumulado tarda en completarse entre siete y diez días, aunque los mejores corredores del Ultra-Trail del Mont-Blanc (UTMB) que se disputa sobre el mismo recorrido, cubren esta distancia en menos de 24 horas.

Las próximas seis entradas, una por etapa, van dedicadas a relatar esta experiencia increíble e inolvidable, el Tour del Mont-Blanc en solitario, que realicé entre el 4 y el 9 de septiembre de 2012. 


RUTA

La ruta empieza en el pueblo de Les Houches, concretamente el primer panel se encuentra al lado de la estación de ferrocarril. Desde aquí, atravesamos el puente sobre el Arve y continuamos por la acera hasta el pueblo de Les Houches. Atravesamos el pueblo por la carretera principal hasta el complejo residencial 'Le Grand Balcon', donde subimos por unas escaleras verdosas hasta llegar a otro tramo de carretera. Pisamos asfalto y gravilla en nuestra subida por las laderas del pueblo, siempre siguiendo las indicaciones precisas de los numerosos paneles que vamos encontrando en nuestro camino. Abandonando ya de la parte alta de Les Houches llegamos a una instalación de telesilla. Desde este punto la ruta consiste en seguir las pistas de esquí hasta el Col de Voza, que se hace visible tras atravesar un prado que sale a la izquierda de nuestra pista, en la cota 1650 aproximadamente.

Llegados a Voza, descendemos por la pista convenientemente señalizada hasta la aldea de Le Crozat y después hasta el pueblo de Bionnassay, donde tomamos el camino que sale a la izquierda de la capilla y descendemos hasta Le Champel. Saliendo del pueblo se puede divisar el Val Montjoie. Continuamos por pista y pista asfaltada hasta La Visaille y, cruzando la carretera principal del valle, hasta Le Quy. Ya no abandonamos el lado O del valle hasta el pueblo de Les Contamines, que ignoramos para continuar por la vera del río hasta el camping 'Le Pontet'.


DIFICULTAD

Ninguna en particular.

Es una ruta que discurre siempre por buenos caminos, pistas de esquí y pistas asfaltadas. Hay que tener en cuenta la distancia y el desnivel de la etapa, pero es la etapa más fácil de las seis. Pensad en llevar buen calzado.

La orientación es sencilla merced a una muy buena señalízación, en general. Si bien cabe reseñar dos pequeñas dificultades: la primera consiste en encontrar el desvío para el Col de Voza, que es un pequeño camino que sale a la izquierda de la pista de esquí, hacia un claro, un prado, que esconde tras de sí el dicho collado. La segunda dificultad reside en la localización del cámping, que no está en la orilla del río, sino que hay que buscarlo cerca de la carretera que surca el valle. Es una buena idea llevar un mapa preciso de la zona.


DESNIVEL POSITIVO / DISTANCIA

900 metros / 17,3 Km.


TIEMPO

Nublado, lluvia al final del día. Sin viento. Temperatura en torno a los 20°C durante toda la jornada.


CROQUIS

Primera parte de la etapa: Les Houches - Col de Voza.

Segunda parte de la etapa: Col de Voza - Camping Le Pontet.

Etapa completa: Les Houches - Camping Le Pontet.



DESCRIPCIÓN

Último trabajo del Máster. Se acabó, lo he entregado, soy libre. Me evadiré de todo lo que me ha rodeado durante las últimas semanas en la montaña, solos, mi mochila y yo. También mi pulsera 'de la amistad', un modelo de pulsera que compramos Aitor, Pablo, Gorka y yo en Granada, recién descendidos de nuestro periplo por Sierra Nevada

Hoy comienza la aventura y no quepo en mi cuerpo de la felicidad. Tengo en mente hacerla en semi-autonomía, así que cargo conmigo lo esencial: comida liofilizada, barritas, cartera, gafas, botiquín, tienda, saco, ropa para cambiarme y de abrigo, cámara, teléfono móvil, hornillo, gas y poco más. He reducido al máximo lo que debía llevar para hacer la ruta medianamente confortable y, a la vez, poder hacerla en menos días de lo habitual. El agua la tomaré de las abundantes fuentes y riachuelos (previa potabilización) y dormir lo haré en mi tienda tantas veces como sea posible, aunque en esta primera noche, como llueve con intensidad, he decidido dormir en la cabaña del cámping. No tengo ganas de mojar mi material la primera noche. Volveré sobre este punto.

Hoy me he levantado tarde, como de costumbre, salvo que hoy no debía retrasarme. Sin duda, acumulo fatiga desde hace unos días y no ha sido fácil saltar de la cama. En realidad, el despertador no ha sonado. Así pues, he salido tarde de casa, a las 10h15, y no he llegado a Les Houches hasta las 14h33, cuando el pequeño tren rojo que comunica Saint-Gervais con el valle de Chamonix me ha dejado en el punto de inicio de mi ruta. Nada más bajar del tren me embarga una intensa emoción por la aventura que estoy a punto de comenzar. Saco algunas fotos de la estación y de las bonitas vistas sobre la Aiguille du Midi y la Aiguille du Gouter, visibles a pesar de las nubes que poblaban las cimas.

Acto seguido me topo con el primer panel de señalización del TMB. ¡Tiene el número 1! Eso para que no haya dudas. Así, empiezo a andar en dirección al pueblo des Les Houches cruzando el puente sobre el Arve y subiendo al lado de la carretera. En el pueblo continuo por la acera izquierda, atravesando el pueblo,  sus supermercados, telesillas y tiendas de deporte, y siguiendo los paneles que me indican el camino hacia el Col de Voza, collado por el que pasaré del valle de Chamonix al Val Montjoie. No me paro en el pueblo, no tenía necesidad, pero también tenía prisa. Prisa porque había salido tarde de casa. Prisa porque tenía que volver a casa el día 9 por la noche. Así, se puede decir que mi TMB iba a hacerse a buen ritmo. 

En pocos minutos, abandono la carretera a la altura de un complejo residencial llamado Le Grand Balcon, al principio tengo alguna duda, pues parece una propiedad privada, pero dos paneles de señalización indican certeramente la ruta que continúa por unas escaleras de madera que atraviesan un prado y que son bastante verticales. Aquí empieza mi corazón bombear de verdad. La subida es ahora contínua, a veces sobre el asfalto de la carretera que sube a lo más alto de Les Houches y a veces sobre algún tramo de pista o de camino que sube abruptamente a modo de atajo, para librarnos en lo posible del negro betún.

Hacia las 15h10 llego a la última estación de telesilla del pueblo. Aquí me paro a comer, pues había desayunado poco y estaba empezando a notar la falta de energía. Me zampo un delicioso (sic) puré de patatas con queso, debidamente rehidratado con agua caliente. No era muy bueno, pero podía haber sido peor. Hizo las veces de almuerzo energético, completado con unos sorbos de bebida isotónica.

Tras esta pequeña pausa, continuo subiendo por pistas de esquí, que es algo que aborrezco, pero que es bastante habitual en bajas cotas aquí en los Alpes. Sin embargo, no quiero acostumbrarme a esto... bueno, ¿acaso es posible aceptar con naturalidad estos monstruos de metal y grava? No lo creo. Quizá porque voy haciendo por enésima vez esta reflexión conforme subo, la dicha pendiente se me hace dura, interminable, horrenda. Esperaba con todas mis fuerzas que fuese el tramo más feo de todo el TMB. Y cuando parecía que nada podía ser peor que eso, veo que empieza a subir por la pista un tractor, cuyo ruido y dióxido de carbono también tengo que soportar antes de encontrar el desvío, sutil, que me conduce sobre un prado de hierba alta que esconde tras de sí el Col de Voza (1.650m). Estoy contento, esto era lo más duro de la primera etapa y no he llegado demasiado cansado. En realidad, me ha costado poco menos de hora y media.

Es el punto más alto de hoy. Ahora es todo bajar. Pero, todo bajar no significa que el destino final esté cerca. De eso me daré cuenta más tarde. El tiempo tampoco ha mejorado nada en el transcurso de la jornada y la lluvia está a la vuelta de la esquina, no se ven las cimas ya, ni siquiera el cercano glaciar de Bionnassay. Una pena. En cambio, los senderos y las pueblecitos (en realidad aldeas) de montaña que voy recorriendo son magníficos: Le Crozat (1.420m), Bionnassay (1.300m) y Le Champel (1.225m) son lugares imbuidos de una belleza simple, natural, que enamora. Cuando llego a Le Champel llevo dos horas y media de caminata.

Empieza a hacerse tarde, son casi las 18, y aprovecho el descenso y lo relativamente llano del terreno para apretar el paso un poco más para llegar lo antes posible al camping. Desgraciadamente, se pone a llover, no muy fuerte, pero de forma continua. Me paro para ponerme el chubasquero, pero no lo hago en en pueblo de Les Contamines, villa que ignoro siguiendo la orilla del río. Ya pasé por aquí una vez además, cuando hice la ascensión, en dos días, de los Dômes de Miage y la Aiguille de la Bérangère con Radek.

Cuando ya estoy dejando atrás el pueblo de Les Contamines me cruzo con un senderista inglés, John Horn, que estaba buscando un lugar donde dormir. Es la única persona que está haciendo el TMB que me he encontrado en todo el día. En efecto, lo bueno de empezar tarde, y además en un día de lluvia, es que uno tiene el camino para sí, sin hormigueo de senderistas (es el único día que disfruté de la soledad de la montaña). Con el bueno de John recorro la última parte del camino y con él me tomo una pinta de cerveza en el camping para rematar bien el día mientras me cuenta cómo piensa afrontar esta bonita aventura de 166 km que acabamos de empezar.

Salud y Montaña


Reportaje fotográfico: Javier Rodríguez


¡Billete al TMB!

Mi compañera para esta aventura (a falta de Kattis :p)

Aquí empieza (y acaba) todo.

Pintoresca estación.

Pequeña presa sobre el río Arve

Primer panel de señalización de la ruta.

Una torrentera bien acondicionada para encauzar las aguas del deshielo.

Una vista sobre la Aiguille du Gouter, vía normal al Mont-Blanc.

La bonita iglesia de Les Houches.

El primer desvío. Se ven a la izquierda las escaleras que se han de subir.

Las escaleras rompepiernas (mala distancia entre peldaños).

Le Tremble, en la parte alta del pueblo de Les Houches

Alternamos pistas con asfalto.

Foto importante: Este es el aspecto del camino que lleva al Col de Voza desde las pistas de esquí.

He atravesado el prado que se ve detrás de esta casa.

Col de Voza con su trenecito (sube al Nid d'Aigle, inicio de la ruta normal al Mont-Blanc) y su cantina.

Entre las nubes se intuyen los hielos del glaciar de Bionnassay.

¿A medio camino?

Aldea de Le Crozat.

Ambiente pastoril.

Escuela de Bionnassay.

Capilla de Bionnassay.

Cruzando las aguas que vienen del glaciar.

Dejo atrás la aldea de Le Champel y me adentro en Val Montjoie.

Guía de conducta para excursionistas.

Estoy casi en destino. Se pone a llover y guardo la cámara. Hasta mañana.

PS: Los comentarios son fuente de motivación para la existencia de un blog. Si algo te gusta (o si no), coméntalo para que en el futuro siga habiendo nuevas entradas. Gracias.


sábado, 10 de noviembre de 2012

Palas (2.974m) por la chimenea Ledormeur. Descubriendo al hermano menor del Balaitús.


Pico Palas, Pirineo Aragonés, Huesca, España. 29 de Julio de 2012

El Pico de Palas (o Pallás, 2.974m) es una montaña singular pues su cima marca no sólo la frontera política entre Francia y España sino que separa los departamentos franceses de Pyrénées-Atlantiques y Hautes-Pyrénnées. Este carácter de frontera corresponde bien a la morfología de la montaña, que presenta tres caras abruptas de granito grisáceo oscuro pulidas por los hielos cuaternarios. Los antiguos glaciares dieron lugar a la abundancia de lagos de origen glaciar que podemos encontrar en las tres vertientes del Palas.

El Palas fue ascendido por primera vez por casualidad. Fueron los geodésicos franceses Peytier y Hossard quienes, en 1825, ascendieron a esta montaña por la vía clásica francesa, hoy llamada 'brèche des géodésiens' en su honor, cuando intentaban alcanzar la cumbre del Balaitús para efectuar mediciones científicas. La otra vía clásica de ascensión es la que nosotros recorreremos, la chimenea Ledormeur, a la que se accede desde la vertiente española de la montaña. 

Pocos días antes Aitor, Gorka y yo, habíamos decidido ascender esta vía en el día de nuestro reencuentro. Así pues, con los macutos preparados para una larga ruta con una interesante trepada y una bonita arista por recorrer, nos encaminamos para otra aventura juntos. 


RUTA

Desde el aparcamiento de La Sarra se toma el sendero GR.11 (marcas blancas y rojas) y se recorre en dirección a Respomuso hasta el desvío que indica claramente "Ibones de Arriel". Continuamos por un sendero más estrecho que se eleva por bosque brevemente y por pedregal después hasta alcanzar el ibón inferior de Arriel. Aquí rodeamos los ibones por el E, hasta llegar a las inmediaciones del Pico de Palas, al final del ibón superior de Arriel. En este punto empezamos a subir por trazas de senda hacia la pared SE del Palas, a la que debemos acercarnos en su parte central para divisar la placa amarillas y las marcas de pintura roja que conducen a la chimenea Ledormeur. Ascendemos la canal inclinada utilizando las buenas presas de que disponemos y, una vez en la parte superior de la misma, seguimos la senda evidente por la arista SO hasta una canal de piedra blanquecina descompuesta, que nos conduce directamente a la cima del Palas.

El mismo itinerario para descender. Existen tres puntos de anclaje equipados para rapelar la chimenea.


DIFICULTAD

Las propias de la distancia y el desnivel (1.536m), más la dificultad especifica de la vía de acceso, la chimenea Ledormeur. Su cotación es PD- II°, siendo la parte inferior la más inclinada y difícil. Otra dificultad inherente a esta vía consiste en la identificación de la buena chimenea, puesto que existen otras canales susceptibles de ser confundidas con la vía aquí descrita.

Recomendable casco, arnés, cuerda y demás material para rapelar, especialmente para montañeros inexpertos. La caída no perdona.


DESNIVEL POSITIVO

1.536m


TIEMPO

Nublado, despejándose conforme avanzaba el día. Viento débil. Temperatura en torno a los 15°C en la cima de Palas y 25°C en La Sarra.


CROQUIS


La Sarra - Ibón inferior de Arriel

Ibón inferior de Arriel - Chimenea Ledormeur - Palas


DESCRIPCIÓN

Ginebra quedó atrás y durante mi viaje a España, conforme sobrevolaba los Pirineos, pensaba para mis adentros: 'qué bien sienta volver a casa, aunque sea de vacaciones'. Con esa ansiedad pueril de quien quiere llegar ya y una vez en destino hacer todo lo que quiere hacer al mismo tiempo. Sin embargo, el reencuentro con la montaña y con mis buenos amigos Aitor Askargorta (al que no veía desde hacía mucho, pues pasó una temporada en Nueva Zelanda) y Gorka Sanz tuvo que esperar más de lo que hubiese querido.

Los días pasaban, rápido, visitando a amigos, saliendo a cenar, yendo a la playa, pero llevaba en Pamplona más de una semana y seguía sin pisar esa tierra especial, la del Pirineo, que tantas emociones nos tiene siempre reservadas. Hice una salida, el 23 de julio, con mi chica. Subimos a San Miguel de Aralar desde Uharte-Arakil, para seguir preparando las piernas para desafíos mayores y quitarme un poco el mono de montaña que estaba empezando a apoderarse de mi.

Cuando un par de días antes de nuestra excursión nos pusimos de acuerdo para subir los tres al Pico de Palas, no podía estar más contento. Habíamos estado discutiendo si era mejor hacer las Frondellas, el Balaitús por la Gran Diagonal o el Palas. Debo decir que yo era el menos convencido por esta última opción, pues sabía que tendríamos que encontrar, primero; subir, después; y finalmente, descender la chimenea Ledormeur. Y no tenía ganas de meterme en berenjenales, máxime después de haber comprobado, unos días antes con Aitor, como mi nivel de escalada había caído hasta el nivel del suelo. 

Evidentemente, como estaba en minoría y, además, íbamos a llevar material, elegimos la ascensión al Palas.

Salimos el 29 de julio temprano por la mañana de Pamplona, y en poco más de 2 horas estábamos aparcando el coche en el aparcamiento del embalse de La Sarra, cerca de Sallent de Gállego. El viaje, como siempre, especialmente cuando es un reencuentro de amigos que no se ven a menudo, fue una sucesión de bromas, historias más o menos antiguas y muchas risas. Es una parte imprescindible e insustituible de toda excursión montañera, no me cabe la menor duda. Ir sólo al monte no tiene nada que ver. Así que, entre risas y predicciones, nos pusimos en marcha en torno a las 10 de la mañana e impusimos (impusieron, si os soy sincero) un ritmo exigente para acortar al mínimo posible el largo trecho por el GR.11 que hay entre La Sarra y el desvío a los Ibones de Arriel.

En efecto, no hay que confundirse: hay un desvío previo hacia el N que lleva al Pico de Arriel. Nosotros tomamos el segundo desvío, el que conduce a los Ibones de Arriel, Pico de Palas y Balaitús por la Gran Diagonal. Y a Francia, también. La subida se hace pesada, pues es larga y la hemos recorrido varias veces. Recuerdo especialmente que en una de mis primeras salidas montañeras de entidad, cuando mi hermano Eloy y yo hicimos la ascensión de la Gran Facha desde La Sarra, habíamos caminado durante horas por este largo valle y este camino, en ocasiones pedregoso, que llegamos a creer que era interminable. 

Nada más lejos de la realidad, en poco menos de una hora nos encontramos en el desvío hacia los Ibones de Arriel. Ahora empieza otra tediosa parte del recorrido, por un pequeño bosque al principio y una gran pendiente pedregosa a continuación. Esta zona es barrida frecuentemente por avalanchas durante el invierno y la primavera, coladas de nieve que pueden resultar peligrosas no solo en esta zona en sí, sino también en el GR.11, pues suelen terminar en el curso del río Aguas Limpias. Numerosos paneles nos avisan de este peligro objetivo a lo largo de este sector del camino de gran recorrido por excelencia del Pirineo.

Decía que recorrer la pendiente pedregosa, yerma y devastada, que se extiende a los pies de los primeros contrafuertes del Pico de Arriel, es tedioso y, si no fuese por el aliciente de conducir a los magníficos Ibones de Arriel y a las grandes cumbres de este sector, no tendrían ningún interés especial. Salvando las distancias (que no son muchas), me recuerda a las Mallatas del sector de Panticosa. Esta pendiente ya la conocíamos Aitor y yo, pues habíamos acometido, un par de años antes y en compañía de Eloy, la ascensión al Balaitús por la Gran Diagonal. Esta vez, me encontraba más cansado, menos entrenado. Las dos primeras horas de ascensión, hasta los ibones, fueron bastante duras para mi, mientras que mis compañeros se encontraban bastante mejor de forma. 

Rodeamos los ibones en nuestro camino al Palas. Llegados al último ibón, el superior, lo rodeamos por la vertiente E y empezamos a subir por trazas de senda una pendiente de piedra descompuesta que nos conduce, tras una travesía serpenteante, al pie del Pico Palas. Aquí sobrevivía un pequeño nevero con su correspondiente rimaya, que tuvimos que evitar para pasar hacia el inicio de la vía. Sin embargo, no sabíamos cuál era la vía, puesto que no la habíamos identificado con precisión. Aitor opinaba que debíamos subir por una chimenea que estaba muy cerca del Pitón Von Martin; Gorka y yo pensábamos que debíamos continuar buscando, hacia el centro de la pared, la famosa chimenea herbosa conocida por chimenea Ledormeur. Mientras seguíamos preguntándonos cuál sería la buena ruta una pareja de montañeros italianos descendieron por lo que parecía la vía correcta, así que partimos a su encuentro. Ellos nos indicaron que había que subir un pequeño corredor de piedra más blanca marcado con pintura roja antes de encontrar la chimenea Ledormeur, que está relativamente escondida.

Ese día, me encontraba bastante a disgusto con mi cuerpo y mis sensaciones. Llegó el momento de ir al excusado, operación harto complicada/delicada en montaña, nunca me cansaré de decirlo, y efectivamente, mi situación mejoró ostensiblemente. Aunque ahora quedaba subir aquella chimenea verdosa, más vertical de lo que hubiera imaginado, pero que resultó realmente fácil a la subida y nada difícil a la bajada. Eso sí, siendo consciente de que una concatenación de malos pasos puede ser fatal, pero esa es la realidad de muchas vías clásicas como ésta, y no por ello son menos frecuentadas. Poco a poco, con la imponente cara O del Balaitús a nuestra espalda y siguiendo el mandamiento de los tres puntos de apoyo simultáneos, ascendemos por aquel angosto resquicio, identificando los puntos de anclaje para su posible utilización durante la bajada. 

Una vez terminada la chimenea el camino se vuelve más aéreo, pero también más asequible y recorre la parte superior de la arista S, al principio por la vertiente E y después por la vertiente O. Superando una zona  de piedra más descompuesta cerca de la antecima, llegamos a los bloques finales de ésta y, finalmente a la cima del Pico de Palas (2.974m). Hemos llegado juntos, charlando. En cima nos felicitamos por esta bonita ascensión, sabiendo que aún nos queda el otro cincuenta por ciento por recorrer, en sentido inverso. 

La cima del Palas ofrece unas vistas excepcionales sobre unos 300°, pues la parte NNE se encuentra tapada por la cresta cimera. Pese a ello tenemos unas vistas impresionantes sobre los vecinos Arriel y Balaitús, así como sobre los numerosos lagos que encuentran al pie de estas moles de roca. Entre ellos, los Ibones de Arriel, el Lac de Arrémoulit y el Lac d'Artouste. Por desgracia no podemos ver ni el Ibón Chelau ni los Lacs de Batcrabère. En la cima nos quedamos durante un buen rato, comiendo los bocadillos o, como ya viene siendo habitual para mi, un sobre de comida liofilizada. Acostumbrarse a comer caliente en el monte es algo que no tiene vuelta atrás...

Tras hacer unas buenas fotos y contemplar el bello paisaje, nos disponemos a descender por el mismo camino que a la subida. La bajada no presenta ninguna dificultad hasta la chimenea, y me quedo un poco atrás para fotografiar a mis compañeros desde la lejanía. Éstos me esperan en la parte alta de chimenea, para comenzar el descenso juntos. Como no tenía muchas ganas de pasar momentos de tensión, decidí ponerme el arnés, aunque fue en vano, porque nunca sacamos las cuerdas ni los reversos. Aitor se preguntaba jocosamente para qué me había puesto 'el pañal'... Bueno, después de unos metros bajando por la pared, vi que no era tan delicada como pensaba y que se podía destrepar con cuidado. Eso hicimos durante los 80 o 90 metros de chimenea, hasta llegar a su base y respirar más tranquilos: el tramo delicado se había superado sin problemas.

Fue entonces cuando pusimos rumbo a La Sarra a buen ritmo otra vez, primero bajando por el pedregal que se extiende bajo la cara S del Palas y después rodeando los Ibones de Arriel, donde volvimos a apreciar presencia humana (incluso alguna tienda ya montada pese a lo temprano de la hora). El descenso se hizo largo, pero las miradas atrás, para fotografiar nuestra montaña de hoy, más y más libre de nubes conforme avanzaba la tarde, se sucedían. Me fui quedando atrás fruto del cansancio también y llegué muy vacío, pero muy contento, junto a mis compañeros, que me habían esperado cerca del empalme con el GR.11, al aparcamiento de La Sarra. 

Había sido un bonito reencuentro entre amigos y una excelente experiencia montañera. Una  ascensión para recordar cuando empiece a echar de menos a mis amigos y a este precioso entorno.

Salud y Montaña.


Reportaje fotográfico: Javier Rodríguez / Gorka Sanz


Primera vista sobre el Palas.

Ibón superior de Arriel.

Pico de Arriel (2.824m).

Esta placa y las marcas rojas nos indican el camino a seguir.

El Balaitús y las Frondellas desde la base de la chimenea.

Chimenea Ledormeur (II°), desde su base.

Subiendo la chimenea (I)
Subiendo la chimenea (II)

Subiendo la chimenea (III)






































Cima del Palas (2.974m), Javier, Aitor y Gorka.

Pico de Arriel (2.824m), cara N.

Midi d'Ossau (2.884m)

Balaitús (3.144m), cara O.

Panorámica E desde la cima del Palas.

Empieza el descenso: Zona descompuesta próxima a la cima.

Bajando por la arista SO

La arista es ancha en una parte del recorrido.

Descenso de la chimenea.

Mirando la impresionante cara SE del Palas.

Una vista atrás hacia nuestra montaña de hoy.

Una señora marmota posando ante tres bípedos que la observan.

La amplia ladera S que se extiende a los pies del Pico de Arriel.

Este es el desvío hacia los Ibones de Arriel.

Volvemos tranquilamente por el GR.11.

PS: Los comentarios son fuente de motivación para la existencia de un blog. Si algo te gusta (o si no) coméntalo para que en el futuro siga habiendo nuevas entradas. Gracias.