domingo, 4 de marzo de 2012

Invernal al Vértice de Anayet (2.559m) por el Corredor NE: Pequeña montaña, gran día.



Anayet, Pirineo Aragonés, Huesca, España. 19 de febrero de 2012.

Acabada la cuesta de enero (y parte de febrero) de los exámenes, quizá los últimos de la universidad, lo que queda del mes más corto del año suele ser un placentero período de vacaciones. No podía ser de otra forma en este 2012. Aprovecho estos pocos días libres para irme al Pirineo con mi amigo Gorka, con mis esquís (casi) a estrenar y muchas ganas de marcar una bonita invernal al Vértice de Anayet (2.559m). 

El Vértice de Anayet (2.559m), nuestra elección final, es una bella montaña de tonos verdes y ocres, cuando no la recubre la nieve, que vive en la sombra de su hermano mayor, el Pico de Anayet (2.574m), antigua chimenea volcánica que recuerda al vecino Midi d'Ossau. En realidad, este macizo, que incluye la preciosa zona de los ibones de Anayet, estaría formado por los restos de una caldera volcánica del Pérmico que ha ido perdiendo sus características originales por los efectos de la erosión.

Este bello paraje es uno de los más visitados del Pirineo occidental, no solo por su relativamente fácil accesibilidad desde el aparcamiento de las pistas de esquí de Formigal, sino también por las increíbles vistas de Canal Roya y del Midi d'Ossau que se disfrutan desde los Ibones de Anayet.

Para nosotros, sin embargo, es una cima inexplorada, de ahí nuestro enorme interés, a pesar de una meteorología regular, en subir al Vértice de Anayet. Será nuestra primera salida en esquís de travesía juntos, una experiencia increíble.


RUTA

Llegamos al aparcamiento de Anayet (1.740m), en la estación invernal de Formigal, donde aparcamos la furgoneta y pernoctamos. Por la mañana, subimos por la zona central de la estación, hacia el SO, por el barranco de Culivillas, que poco a poco toma una orientación O plena. Remontamos por huella evidente el fondo de valle hasta una última pendiente acusada que cierra el barranco (30°), que ascendemos haciendo zetas. Ya en los llanos de los ibones de Anayet, seguimos pleno O, evitando el ibón superior por el N, hacia un evidente corredor (orientación NE, max 55°) que asciende directamente, a media pared, hacia la arista del Vértice de Anayet (2.559m). Recorremos esta amplia cresta, hacia el SO, hasta la cima. El descenso se hace por otro corredor, situado al N del primero, menos inclinado. Una vez en los ibones de Anayet descendemos,  rodeando por el S el ibón superior, hacia una comba orientada al N que baja desde el pico Arroyeras, que utilizamos para nuestro descenso hacia el barranco de Culivillas. Recorriendo el camino de subida, llegamos al aparcamiento de Anayet.

DESNIVEL POSITIVO

820 metros


TIEMPO

Cambiante: Nublado y nevando ligeramente por la mañana. Pequeño claro a mediodía y vuelta a la ventisca de nieve al principio de la tarde. A partir de las 16h, cielo prácticamente despejado hasta la noche. Temperatura de 2°C en el aparcamiento de Anayet por la mañana, en torno a 0°C durante toda la ascensión.


CROQUIS




DURACIÓN

Aparcamiento Anayet - Inicio del barranco de Culivillas (30min) – Ibones de Anayet (2h30) – Inicio Corredor NE (3h30) - Cima del Vértice de Anayet (4h45) - Ibones de Anayet (6h) - Aparcamiento Anayet (7h45).


DIFICULTAD
 

Esquí: Ningun problema de orientación, ni siquiera con mal tiempo, el camino es evidente. Pala inclinada y parcialmente helada al llegar al final del barranco de Culivillas. Sortear los ibones escondidos bajo la nieve. 

Corredor NE: Nieve blanda, hielo y algún resalte mixto. Corredor evidente de unos 150 metros, con una inclinación media de 45° y resaltes de 55° máximo. Hielo de baja calidad, quebradizo.


DESCRIPCIÓN

Acabo de llegar a Pamplona y mi primera llamada es a mi amigo Gorka: Tenemos que hacer algo gordo este fin de semana, toca una invernal interesante, con los esquís, que he cargado ex profeso desde Ginebra. Nos apetece quitarnos la espina del Balaitous por la chimenea de las Néous, pero el mal pronóstico de aludes nos quita, según pasan los días, la idea de la cabeza. Poco a poco, pues veníamos hablándolo desde hacía unas semanas, nos hicimos a la idea de hacer una cumbre más baja, en una orientación más favorable. Surgió así la idea de partir hacia el bello entorno de Anayet (menos bello desde que los cañones de nieve contaminan visualmente el paisaje), donde podríamos ascender un corredor interesante, "Marchando una de vermút", al pico Culivillas (2.528m).

Con esa intención, y cargados con todos nuestros trastos, nos pusimos en marcha, el sábado por la tarde, hacia el aparcamiento de Anayet, donde pasaríamos la noche, esperando iniciar nuestra actividad con las primeras luces del día. Pasamos una buena noche, en la recién remozada furgoneta de Gorka, mucho mejor que aquella noche la vez que intentamos el Balaitous por las Néous, en la que, para dormir, hubo que hacer un ejercicio surreal de contorsionismo, sobre todo para uno que pasa de 1'80. Eso sí, esta vez dejamos las ventanas quizá demasiado abiertas, y amanecimos a dos grados el interior del vehículo. Tampoco se estaba tan mal, a decir verdad.

Poco a poco nos vamos espabilando y salimos, a regañadientes, de nuestros cálidos sacos de dormir. Cuando salimos de la furgoneta, hacia las 8, no hay nadie en el aparcamiento, aparte de algunas furgonetas, que como nosotros, habían pasado la noche allí. Todo esto cambió en pocos minutos, cuando el aparcamiento se llenó de vehículos ávidos por conseguir un sitio cerca de la cantina y de los que salían personajes con todo tipo de, por así decirlo, disfraces. No es por ser malo, pero nosotros, que estamos poco acostumbrados a la "moda" de las estaciones de esquí, no pudimos contener la risa ante según qué personaje. Qué espectáculo.

Desayunamos algo caliente y nos pusimos en marcha tarde, hacia las 10h. Por suerte, había un grupo de esquiadores de travesía delante nuestra en las pistas que pudimos seguir hacia el interior del barranco de Culivillas. Imaginamos que irían hacia alguna de las cumbres de Anayet o, quizá, hacia la Punta de la Garganta. Poco a poco empezamos a subir con nuestras pesadas mochilas llenas de tornillos de hielos, cordinos, fisureros, cuerda y demás parafernalia que, a la postre, no usaríamos, como nos ya había sucedido en aquella bonita ascensión a la Cara Norte de la Alcazaba, en Sierra Nevada. En fin, como se suele decir, más vale prevenir que lamentarse, y el peso, al menos, nos sirvió para ejercitarnos.

Sea como fuere, nuestros esquís daban un confort a la marcha, sobre la nieve blanda del fondo de valle, que ya hubiésemos querido en otras ocasiones. Subimos bien, a un ritmo aceptable, aunque parándonos a menudo, intentando localizar el famoso corredor del Culivillas. Como se nos hacía tarde y no lo acabábamos de encontrar por la persistente niebla que se había instalado en el valle, nos fuimos hacia los ibones de Anayet. Estaba seguro que podríamos intentar el Vértice de Anayet (2.559m) y de que otros iban en esa dirección, así que no nos lo pensamos dos veces, les seguimos y después "rock 'n roll".


Poco a poco fuimos alcanzando un grupo que nos precedía a la altura de la última pala (30°) que da acceso a la llanura de los ibones. Aquí la nieve polvo reinaba, y nos pudimos deslizar rápidamente hasta el pie de la muralla que cierra este bonito paraje por el O. Fue en este punto, en un ventisquero que se había formado junto a una enorme roca, donde, entre loncha de jamón, trozo de queso y sorbo de bebida isotónica, decidimos acometer la ascensión de un corredor evidente, no muy largo, que ascendía por una línea interesante hacia la arista que conduce al Vértice. Este corredor tiene una inclinación media de unos 45° y máxima de 55°. Es muy sostenido y, en ocasiones, estrecho, debiendo superarse algún tramo de mixto sin mayor dificultad. A nuestra derecha, hacia el N, quedaban el collado de Anayet, de donde asomaban enormes cornisas, y otro corredor, que dibujaba una zeta, más suave y ancho, que es el que emplearíamos a la bajada.

Con la mente ya clara acerca de los objetivos y la vía del día, dejamos los esquís y los bastones en nuestro ventisquero y emprendemos la ascensión de este bonito corredor NE, del que no he encontrado ninguna referencia en la red, al Vértice de Anayet. Los primeros metros discurren por una pala de nieve inclinada a 40°, que se va estrechando poco a poco para dar paso al corredor. La nieve, blanda al principio por la acumulación provocada por los fuertes vientos, va transformándose en nieve dura y hielo, generalmente de baja calidad, conforme ganamos altura. Son esos primeros pasos los que van a darnos una idea de lo que va a ser el resto del corredor.


Gorka avanza veloz, yo le sigo a pocos metros, más despacio. Por alguna razón, me encuentro cansado, y además la calidad de la nieve me lleva a extremar la prudencia. Así que subo a mi ritmo, clavando bien crampones y piolets, y descansando cuando el cuerpo lo requiere. Transcurre así la subida al corredor, en cuya parte intermedia existe un rellano, al abrigo de una gran roca, en el que se puede descansar e incluso vivaquear. Sacamos unas fotos, pero rápidamente nos ponemos en marcha, que el tiempo apremia.

En pocos minutos ganamos la arista que conduce a la cima, no sin antes haber recibido, como premio al esfuerzo realizado, la fuerte ventisca de nieve que traía el viento de O en nuestros rostros. A pesar de ello y de la sensación térmica, que había descendido drásticamente en los últimos metros de la ascensión, alcanzamos la cima del Vértice de Anayet (2.559m) recorriendo la última parte de la arista. Aquí estamos, Gorka y yo, haciendo una cima invernal, pero sobre todo disfrutando de la montaña juntos de nuevo. Estamos contentos, el entorno es muy bello, el corredor ha sido muy entretenido y la subida con los esquís, puro disfrute. Por arte de gracia, además, se empieza a despejar el cielo de nubes y la ventisca se detiene por momentos, lo cual nos permite tomar unas impresionantes instantáneas de la cima y del área circundante, sobre todo de los picos Arroyeras y Anayet.

Como sigue haciendo fresco, decidimos bajar. Seguimos la arista hacia el N, hasta el inicio de un corredor que traza una zeta, con una especie de terraza en su parte superior, y que desciende hacia los ibones de Anayet. Sin dificultad llegamos a nuestro ventisquero, donde nos ponemos los esquís, después de haber quitado las pieles. Error de novatos. Algunas pequeñas pendientes, en la zona de los ibones, nos harán sudar y remar más de lo necesario. No volverá a pasar, o eso espero.


En realidad, la bajada es una sucesión de despropósitos, imagino que los propios de una primera salida en esquí de travesía: gasto de energía superfluo, quitar las focas cuando no toca, las "vueltas-maría" son un ejercicio de equilibrismo, el descenso es un concurso a ver quién hace la "bañera" más grande. Todo con buen ánimo y muchas risas. Como en todo, en el esquí también se hace camino al andar, y lo que nos falta es práctica, que no ganas.

Así que, parando de vez en cuando para desenterrar los esquís o quitarnos la nieve de las gafas, avanzamos poco a poco hacia el final de nuestro día, en el aparcamiento de Anayet, al que llegamos poco antes de las 18h y bastante cansados. Hemos pasado un día muy divertido, en el que hemos hecho de todo: esquí, corredor, arista. Esta invernal al Vértice de Anayet quizá no sea una gran ascensión, pero sin duda nos ha servido para seguir aprendiendo y para seguir disfrutando de la montaña como la primera vez, y además en buena compañía. Pequeña montaña, gran día.

Salud y Montaña



Cuervos mañaneros

En ruta: Gorka (d) y yo

Qué gozada de esquís

Os preguntareis por ese ángulo un poco raro... Gorka, el fotógrafo, se había caído por enésima vez 

Aquí está, el gran Gorka Pirineo


Y, cómo no, liderando en el corredor NE al Vértice


Otra más del corredor, y mientras, nevando

Vamos hacia arriba

Aquí se pone un poquito más tieso...

Gorka en su salsa

Poco a poco... buscando apoyos seguros

A ver esa foto...

En el "vivac" a media pared

Algún estrechamiento fácil

La parte final es más empinada

La salida (1)

La salida (2)

La salida (3)

Y ahí es donde me como toda la nieve...

Gorka conjurándose con los elementos


Cima del Vértice de Anayet (2.559m). Ni un alma en los alrededores.

Qué grande es Gorka Pirineo!

Detalle de la nieve sobre las rocas de Anayet

Bajando de cima

Suplicando al viento


Pico de Anayet (2.574m)



Hora de disfrutar (aún más)

Pico de la Garganta

Gorka exhausto. Fin.
Fotos: Gorka Pirineo / Miradores

PS: Los comentarios son fuente de motivación para la existencia de un blog. Si algo te gusta (o si no) coméntalo para que en el futuro siga habiendo nuevas entradas. Gracias.

3 comentarios:

Gabi dijo...

Bonita forma de hacer cima...... Las fotos guapisimas.
Un saludo y a seguir disfrutando.

Javier Rodriguez dijo...

Muchas gracias Gabi!

Improvisación 100%, ya ves, a veces salen actividades de lo más interesantes.

Saludos

JonyMao dijo...

Convertísteis esa "pequeña" en una gran montaña. Preciosa actividad y muy completa.
Saludos