domingo, 18 de diciembre de 2011

Tres días en Chamonix: Massif des Aiguilles Rouges

Massif des Aiguilles Rouges, Chamonix, Haute-Savoie, France


Érase una vez el verano de 2011. Un estío que ahora parece lejano, ahora que nos vemos envueltos en panoramas grisáceos día sí y día también, en estos días de transición sin la blanca serenidad de la nieve, sin el abrazo cálido del sol. Y a pesar de la inactividad de este blog, un servidor ha podido realizar bellas actividades este verano. Las próximas entradas tratan sobre ellas.

La primera aventura del verano fue dedicada a satisfacer una vieja idea: pasar unos días en Chamonix con mi pareja. Y como no podía ser de otra forma, escogimos un recorrido privilegiando la accesibilidad técnica, la belleza paisajística y el esfuerzo asequible. Así, decidimos trazar un recorrido de dos días por el Massif des Aiguilles Rouges, el macizo que cierra el valle de Chamonix por el noroeste, y que se sitúa justo en frente del Massif du Mont-Blanc.

Nuestra elección es, pues, sencilla, un macizo que no sobrepasa los 3.000 metros de altura en ningún momento, donde los senderos balizados abundan y la nieve es prácticamente inexistente en condiciones estivales. Una buena forma de empezar el verano y una buena introducción a la montaña para Katarina.


ASCENSIÓN

Llegamos a Chamonix en tren, cruzamos el pueblos hacia el O y tomamos una pista que sale del lado derecho del teleférico de Planpraz. Ascendemos por camino balizado los poco menos de 1.000 metros de desnivel que nos separan de la estación de Planpraz (2.000 m), el sendero es evidente, bien balizado con señalización vertical. Una vez en la estación, nos dirigimos al NNE por una amplia pista que desciende primero y asciende después hacia La Flégère. Plantamos la tienda de camino. Por la mañana continuamos hacia el refugio de La Flégère y después tomamos la senda del Lac Blanc. Desde este punto es todo bajar, siguiendo en dirección NNE hacia el Col des Montets, donde termina nuestro itinerario.


DESNIVEL POSITIVO

1.350 metros


TIEMPO

Excelente. Soleado y templado. Temperatura entre 25°C y 15°C bajando a 8 °C a 2.000 metros por la noche. Viento flojo variable.


CROQUIS:



DURACIÓN

Chamonix - Planpraz (3h) - Vivac (45min) - La Flégère (2h) - Lac Blanc (2h) - Col des Montets (2h30).


DIFICULTAD

Ninguna dificultad técnica. Hay un par de pasos equipados con escaleras, poco expuestos y fáciles. Caminos balizados, amplios, sin pérdida. Se nota que están muy transitados. El primer día se salva casi todo el desnivel, unos mil metros: a tener en cuenta.


DESCRIPCIÓN

Acabé los exámenes el 9 de junio, y la olla a presión que era mi cabeza tenía necesariamente que soltar de golpe una buena nube de vapor, una tensión que debía disiparse en el mejor entorno posible, la montaña. No pude satisfacer directamente mi necesidad de acercarme a Chamonix para explorar los macizos que rodean a esta capital mundial del alpinismo, y es así como, en un ejercicio de incontinencia digamos que sana, me escapé un buen día a las montañas del Jura que rodean la ciudad de Calvino.

Lo necesitaba de verdad, para volver a una montaña que abandono con demasiada frecuencia últimamente y que visito con una intermitencia que a veces me olvido de lo que es sentir el aire fino, observar un grupo de sarrios o escuchar el crujido de los glaciares en su perpetuo devenir. Se desdibujan esas experiencias que tanto me hacen sentir, y quizá por eso las experiencias son más intensas cuando vuelvo a la actividad. Quizá sea mejor así, no lo sé.

La cuestión es que esta vez quería compartir esos sentimientos con quien es mi media naranja. Hace tiempo que quería llevarla a la montaña y así hacerle vivir, en cierto modo, mi pasión. Por mucho que relate mis experiencias, mis aventuras y desventuras, mis penas y glorias, y aunque ella se adentre en este mundo de mi mano, nunca vivirá la montaña como yo la puedo vivir. Simplemente porque somos personas distintas, de culturas distintas, de entornos distintos. Pero no me preocupa: me importa que viva la montaña a su manera, que cree su propia intelección, que sienta sus propias sensaciones. En definitiva, que tenga una experiencia íntima de la montaña y, de paso, de quien comparte su vida. Éste es el fin. Por ello, esperé hasta el día 19 de junio, un domingo, para lanzarme a la aventura con Katarina. La previsión meteorológica era buena, cielos azules y temperaturas fresquitas. Perfecto para una primera vez.

Nos levantamos muy temprano ese domingo, y con nuestros grandes macutos a cuestas nos dirigimos a la parada de autobús. La estampa era particular, el periplo matutino por Ginebra en mallas de forro polar, botas de alta montaña y bastones de travesía en la mano era, cuando menos, inusual. Así pasamos del bus al tranvía y, después de una pequeña caminata tonificante hasta la estación de Annemasse, a un tren regional que nos llevaría hasta Saint-Gervais. Aquí tomamos el tren rojo de cremallera del valle de Chamonix, que hace el trayecto entre Saint-Gervais y Vallorcine, un transporte moderno, cómodo y perfectamente adaptado para llevar bicicletas de montaña, esquíes y todo tipo de material voluminoso. Los parajes por los que pasa son asimismo impresionantes, como lo es la visión grandiosa del Glacier des Bossons, cuya lengua terminal desciende al valle hasta el punto de poder tocarla con nuestra mirada. Katarina, que estudia Geografía en la Universidad de Estocolmo, disfrutaba con la magnífica entrada al valle de Chamonix, y no es para menos. La primera vez que llegué a este lugar también tuve la impresión de que todo estaba sobredimensionado respecto a ese mundo que era lo que había visto anteriormente, mi querido Pirineo.

Nos bajamos del convoy colorado en la estación central de Chamonix con la mente puesta en almorzar, ya eran más de las 13 y nuestras bocas se aguaban con solo pensar en una rebanada de pan. Dicho y hecho, necesitábamos algo rápido e hipercalórico, y lo encontramos: McDonald’s. El restaurante, por llamarlo de una manera generosa, está situado en las proximidades de la estación de tren. La decoración interior, con cuadros de gran formato de los mitos de roca del lugar, evoca la condición de Meca del alpinismo de Chamonix. La terraza exterior ofrece, con toda la intención, una vista directa al Mont-Blanc.

Con un propósito igualmente determinado había pensado en ingerir las máximas calorías posibles. Es mejor prevenir que lamentar, y quizá las fuerzas podían fallar allí arriba, especialmente las de quien afronta una actividad exigente como es el senderismo de alta montaña por vez primera. Así que llenamos el buche a discreción, y sin más demora nos dirigimos hacia la parte alta del pueblo, donde tomaríamos el camino que lleva a Planpraz.

En efecto, siendo ésta una excursión iniciática, busqué un recorrido asequible físicamente y bien balizado, que además estuviera libre de nieve y no tuviese ninguna dificultad técnica. Una breve incursión en el macizo de las agujas rojas (Aiguilles Rouges) cumpliría esos requisitos y nos ofrecería unas vistas excepcionales del macizo del Mont-Blanc, situado justo en frente. El plan se dividió inicialmente en tres días de travesía, el primero subiendo hasta las inmediaciones de Planpraz, el segundo recorriendo la ladera de nuestro macizo de SO a NE, siguiendo longitudinalmente el valle, y el tercero descendiendo al valle por el Col des Montets. Finalmente pudimos hacer el recorrido en dos días, porque pudimos, pero sobretodo porque tuvimos que hacerlo por alguna que otra razón de peso. En fin, me sirvió para confirmar que era posible, pues ya lo había contemplado cuando hice el plan original.


Empezamos a subir por un camino amplio y balizado que sale a la izquierda (S) del teleférico de Planpraz-Brévent. Ya desde los primeros metros Katarina me toma el pelo preguntándome por qué ella no puede ser una de las personas que sube en teleférico y confesando que le gustaría ser una jubilada japonesa. El buen humor, siempre presente, preside, ahora que aún estamos frescos, nuestros primeros pasos por el camino que debía llevarnos, mil metros después, a nuestro punto de destino de esta primera jornada. En realidad, salvo un primer momento en el que cuesta entrar en calor, el ritmo fue lento pero muy sostenido durante todo el trayecto. Con la tranquilidad de los largos días de junio, las buenas condiciones meteorológicas, la serenidad del paisaje y la perfectamente balizada vía, nos dimos el placer de caminar, charlar, reposar, sacar fotos, bromear, beber y cuantas cosas se pueden hacer para disfrutar al ciento por ciento del inicio de nuestras vacaciones en tan magnífico paraje.

No obstante, poco a poco el esfuerzo va haciendo mella, sobre todo en mi compañera, que no acostumbra a caminar en altitud, ni a salvar desnivel alguno, y menos aún con siete u ocho kilogramos sobre los hombros. Por mi parte todo bien, aunque ya deseando preparar la comida y plantar la tienda para poder darle a mi chica un descanso que su rostro empezaba a pedir en silencio. Hacia las cinco y media de la tarde llegamos a la estación del teleférico de Planpraz, a 2.000 metros. Poco antes nos habíamos cruzado con dos simpáticos franceses y con unos rebecos de lo más pacíficos, aunque no dejasen de impresionarnos con sus poderosas cornamentas. Como decía, nos instalamos finalmente en las mesas exteriores del restaurante de la estación. No hay ni un alma, nadie. Así que, haciendo caso omiso a un cartel que prohibía el picnic, saco hornillo, carga de gas, agua, cuchara y sobres de comida liofilizada, y en cinco minutos empezamos a comer con avidez. Katarina tiene sed, pero también come bastante, ha hecho un gran esfuerzo y quedan, en teoría, dos días de travesía. El cómo asimile el primer día, que es el más duro físicamente, es fundamental para el desarrollo de la travesía, así que pienso en todo aquello que pueda hacerle la vida más fácil en la montaña. Enseguida busco un lugar para colocar la tienda de campaña, pero como es un espacio protegido y debemos instalarnos al anochecer, convenzo a mi compañera para caminar, ahora en llano, durante una hora más. Es así como encontramos un emplazamiento decente, ya en el camino que tomaremos al día siguiente.

Hacia las nueve y media, una vez instalado y preparado todo lo que debía hacerse, nos metemos en los sacos esperando descansar lo mejor posible. Amanecemos hacia las 7. Estamos descansados, con alguna agujeta de pretemporada, pero muy bien en general. Así que preparo un pequeño tentempié para Katarina, dándole prácticamente todo lo que nos quedaba de barritas y bebida. Sé que hay un refugio a una hora y media de camino y allí podemos desayunar como es debido, así que nos apañamos con lo que hay y esperamos hasta llegar a La Flégère.

El camino es más largo de lo que cabía pensar puesto que a vista de pájaro había calculado una hora y cuarto, pero no había reparado en las hendiduras, en las canales, que debemos atravesar para llegar a nuestro siguiente destino. Así, salvando zig-zags, por unos caminos muy bellos, y sacando fotos del amanecer y los glaciares que tenemos a Levante, hacemos hambre. En este tramo que va de Planpraz a La Flégère se pasa por senderos estrechos, expuestos pero fáciles, por conos de derrubios no siempre muy agradables de recorrer, y por alguna pequeña escalera sacada de otro tiempo. Muy entretenido.

No obstante, lo mejor de la mañana (que no de la jornada) estaba por llegar: Un excelente desayuno en el Refugio de La Flégère, eso sí, a las 9h30. Casi no nos dan de comer, pero finalmente les quedaban tostadas y demás, y nos prepararon el desayuno en un momento. Aquí repusimos fuerzas y descansamos un poquito, nos había costado una hora y media aproximadamente el llegar de nuestro lugar de pernocta hasta el refugio. En este punto, situado a 1.877 metros, hay también una conexión por teleférico con Chamonix, así como remontes hasta la cota 2.300. De ahí que volviésemos a ver una enorme cantidad de turistas y excursionistas de nuevo, ascendiendo gracias a medios mecánicos, en nuestro camino a nuestro siguiente objetivo: el Lac Blanc (2.352 metros). Ese sería, precisamente, el punto culminante de nuestra excursión "chamoniarde".

Con las pilas cargadas nos encaminamos pues, por una pista que se convierte en senda pasados unos cientos de metros, hacia el lago blanco. La caravana de excursionistas es impresionante, y Katarina, tras una pequeña vacilación inicial, emprende la marcha con ánimo. Tuve que ayudarla un poco cargando su mochila hasta el destino, pero eso la animó, y a mí me venía bien exigirme un poco más. Vamos, negocio redondo. Poco a poco íbamos ganando altura, pero la progresión era más bien en distancia.

Pronto llegamos al Refugio del Lac Blanc, en cuya terraza tomamos asiento y pedimos el almuerzo: Una “Assiette savoyarde” para Kattis y para mí una “Omelette aux lardons”, con un zumo de manzana y una cerveza, perfecto (y merecido). Las vistas son espectaculares hacia la Mer de Glace que se encuentra justo enfrente, y hacia todo el Macizo del Mont-Blanc en general. Vale la pena acercarse aquí, pero no solo por esto sino también por el magnífico lago blanco y el entorno, enclavado entre picos de casi 3.000 metros, en que se encuentra. Magnífico.

Después de haber repuesto fuerzas a base de bien, nos encaminamos hacia el Col des Montets, donde acabaría nuestra excursión de dos días por las montañas. Lo decidimos sobre la marcha, y habida cuenta de nuestra relativa falta de víveres, así que intentaríamos llegar al camping de Argentière al atardecer. El trayecto se hace ameno, mi chica está animada, restablecida, caminamos en llano y suave bajada, pero también bajamos una pequeña ferrata de clavos y escaleras para alcanzar el Lac des Chéserys. Todo marcha sobre ruedas hasta la bajada final al Col des Montets.

Poco tiempo después de haber visto, por enésima vez, a unos bellos rebecos, los pies de Katarina empiezan a dolerle, con lo que vislumbro que la bajada va a ser un calvario. Poco a poco descendemos, con paradas intermitentes pero necesarias. No hay prisa. Es a mitad de bajada cuando una pareja francesa de montañeros nos pregunta si todo va bien, y nosotros les contamos lo que hay. Nos proponen esperarnos abajo, pues han aparcado el coche allí, y llevarnos al camping de Argentière, donde ellos también van a pasar la noche. Eso anima a Kattis, y ya la bajada se hace más placentera.

Unos 10 minutos después de la llegada de nuestros nuevos amigos, nos encontramos en el Col des Montets, y unos minutos más tarde, en el camping, donde nos damos una merecida ducha y nos preparamos nuestros últimos sobres de comida liofilizada. El día siguiente lo dedicaríamos a hacer un poco de turismo por Chamonix: tiendas de montaña, de gastronomía, hacer fotos y escribir postales. Con un sol radiante luciendo en el cielo saboyano, nos despedimos de este bello paraje, después de haber pasado tres fantásticos días en el Valle de Chamonix.

Salud y Montaña


Las fotos de la excursión :-)

Estación de tren de Chamonix


Kattis y yo en Chamonix


Subiendo hacia Planpraz


Kattis se toma un descanso


Un árbol peleando por conseguir la vertical


Las vistas empiezan a ser impresionantes


Bosque


Contento de estar al fin en la montaña


Kattis posa con el Mont-Blanc


Vista desde Planpraz (2.000m)


Hora de cenar en Planpraz: Estofado de caza


El camino del día siguiente


Amanece en las Aiguilles Rouges


Sorteando pedreras


Refugio de la Flégère (1.877m)


Señalización vertical


Vistas hacia la Mer de Glace

Chamonix desde La Flégère


Glacier des Bossons y Chamonix


Mer de Glace


Detalle


Las agujas de Chamonix con el Mont-Blanc al fondo. En primer plano, el refugio de la Flégère.


Omnipresente Mont-Blanc


Detalle de la Mer de Glace y su morrena terminal


Bella estampa con las Grandes Jorasses al fondo a la izquierda


Glacier d'Argentière y Glacier du Tour


Casi tresmiles que dominan el Lac Blanc




Refuge du Lac Blanc (2.352m)


Lac Blanc


Glacier du Tour


Lac des Chéserys

Rebecos observando


Bifurcación


Glacier du Tour


Rebeco


Glacier d'Argentière


Más rebecos


Bajada al Col des Montets

PS: Los comentarios son fuente de motivación para la existencia de un blog. Si algo te gusta (o si no) coméntalo para que en el futuro siga habiendo nuevas entradas. Gracias.

4 comentarios:

Gabi dijo...

Ruta muy guapa con fotos espectaculares...
Un saludo y a seguir disfrutando.

Carlos dijo...

Mola. Buen reportaje y buena ruta.

Javier dijo...

Gabi, Carlos: Gracias por vuestros comentarios. Me alegro de que os guste, es una ruta bonita y muy fácil. Saludos

Anónimo dijo...

A ver si me puedo escapar yo por allí en las próximas semanas.
Por cierto no son rebecos, son íbices.
Saludos