jueves, 3 de diciembre de 2009

Peña Itzaga (1.361m). Entrenando para las invernales.

Peña Itzaga


Parecía que la nieve se iba a quedar con nosotros desde principio de noviembre, pero un tardío verano de San Martín nos ha privado de disfrutar del blanco elemento hasta finales de mes. Afortunadamente, la nieve ha llegado para quedarse y con ello damos por inaugurada la temporada de invernales, cuyo campo de pruebas va a ser, entre otras montañas menores, Peña Itzaga.

Itzaga es un monte que separa los valles navarros de Izagaondoa y Unciti, al norte, del de Ibargoiti al sur. Sus 1.361 metros de altitud sobre el nivel del mar hacen de esta cumbre una de las mayores elevaciones del entorno de Pamplona, pero destaca especialmente por su prominencia de casi 800 metros, que le otorgan vistas sobre la Cuenca del Pamplona y el Pirineo impresionantes.

Con ganas de probar parte del material de invierno que he adquirido me encamino a esta montaña fetiche del montañero pamplonés, donde muchos de nosotros entrenamos en vistas a actividades más serias en la cordillera pirenaica. Un buen aperitivo para lo que viene. ¡A pisar nieve!



ASCENSIÓN


Ascensión cuyo punto de partida se sitúa en el pueblo de Reta (660m), donde aparcamos el coche en su salida sur, en un rellano herboso. Desde aquí tomamos la calle que asciende hacia el S y luego se convierte en pista en esa dirección. La pista atraviesa campos de cultivo durante un buen rato hasta que llegamos al área de desbroce, donde seguimos los cortafuegos hacia el SO, a mano derecha veremos una senda que se interna en el bosque. La senda asciende entre los árboles y salva una estribación rocosa que nos da acceso a la zona superior de la montaña. Llegamos por este camino a la Ermita de San Miguel, donde se muere la pista que viene de Zuazu. Un paseo por la amplia cresta somital nos lleva a la cima sin mayor dificultad.

Desnivel positivo acumulado: 700 metros

Tiempo: Nublado y bancos de niebla, temperatura de 5ºC en Reta, 0ºC en cima. Viento a 35km/h en cumbre.

Ruta: http://www.gmap-pedometer.com/?r=3348893


DURACIÓN

Reta - Inicio de la senda del bosque (20 min) - Ermita de San Miguel (55 min) - Cima de Itzaga (1h05 min). Ritmo normal. Sin paradas.


DIFICULTAD

Ninguna aparente, se camina desde el pueblo hasta la cumbre sin tener que superar ningún paso complicado. Desnivel asequible. Las únicas dificultades son las referentes a la orientación, que puede resultar complicada antes de entrar en el bosque, puesto que la zona está en proceso de desbroce. Dentro del bosque la senda se une con otras y solo la intuición y los escasos hitos nos ayudarán a seguir el buen camino.


DESCRIPCIÓN


La última semana de noviembre ha sido muy desapacible, el viento y la lluvia se han apoderado del cielo y han barrido cualquier evidencia de buen tiempo pasado. Hacía falta que llegasen las precipitaciones, para la tierra y para el hombre. Precisamente quien suscribe estas líneas estaba ya deseando ver nieve y acercarse a la montaña en condiciones propias de la época del año en la que nos encontramos. Tan pronto como el tiempo ha abierto un paréntesis de estabilidad, me he lanzado a entrenar a una de mis montañas fetiche, que conozco como pocas por ser muy próxima a Pamplona.

La Peña Itzaga lució su manto nivoso en la lejanía, visible desde la Cuenca de Pamplona, y atrajo mi mirada el día anterior. La mañana siguiente, salgo de Pamplona por la autopista, primero dirección Zaragoza, luego Jaca y, posteriormente me desvío hacia Urroz. En pocos kilómetros dejo la carretera autonómica para entrar en una comarcal que me conduce a Reta. Aquí aparco mi coche y me preparo con la ropa de invierno, básicamente una malla interior y calcetines gruesos, no está el día para más.

Me pongo en marcha a una hora ya tardía siguiendo la pista que asciende hacia el S, que estaba bastante embarrada, con lo que la progresión, aparte de penosa, es lenta. Conforme voy dejando atrás el pueblo y los campos de cultivo, voy tomando consciencia de la magnitud del incendio que devastó buena parte de la montaña este último verano. Al parecer un rayo impactó en la zona de matorral durante una tormenta eléctrica, en julio, y las llamas se propagaron con violencia, dejando más de 900 ha calcinadas. Recuerdo con pena el día que tuve conocimiento de aquel hecho, Itzaga ha sido y es una montaña que significa mucho para mí.

La realidad del lugar, hoy en día, es que las máquinas han tomado la parte baja del monte, en su vertiente norte, para desbrozar toda aquella naturaleza muerta durante el estío. La imagen es dantesca, el manto arbóreo se ha retraído unas decenas de metros y las herbosas pistas son ahora grises cortafuegos. La ceniza se ha disuelto en las capas superiores de la tierra, dándoles un aspecto negruzco nada familiar. En este escenario, desesperante, estaba yo buscando el inicio de la senda del bosque. Era como buscar una aguja en un pajar, donde antes había 2 pistas ahora hay 10 cortafuegos, árboles marcados de todos los colores y ninguna huella de montañeros. Después de haber estado divagando, y contemplando la posibilidad de retirarme ante la neblina y el frío imperantes, encuentro el camino de casualidad. Cambio de planes otra vez, me voy hacia arriba.

El inicio de la senda del bosque está marcado con una señal de unos 30x15cm, clavada en un árbol. No es fácil verla hasta que no se está a pocos metros. El camino aparece cubierto con un espeso manto de hojas humedecidas por las precipitaciones de los últimos días y por la niebla que envuelve la montaña en esos momentos. El matorral que puebla las bases de los árboles refuerza esa imagen de abrigo que desprende el bosque, cuyas hayas, por el contrario, están ya desnudas atestiguando la entrada de la estación fría.

Siguiendo el camino casi de memoria, ya que nadie ha pasado por allí en las últimas horas y la tupida alfombra de hojas aparece uniforme, progreso hacia la cima. La senda se une con otra que asciende desde la vecina población de Ardanaz, situada al O de Reta, y sigue un perfil sinuoso para salvar una pared de considerables dimensiones que, a primera vista, parece proteger el acceso a la parte superior de la montaña.

Saliendo del bosque entramos en un tramo que solía ser de matorral y ahora se ve convertido en testigo de la destrucción causada por el fuego. Sea como fuere, de las inertes ramas negras de aquellos arbustos están saliendo pequeños brotes verdes, desconozco si de la misma variedad arbórea o de otra distinta, pero la vida vuelve al lugar. Tras un breve paso por esta zona alcanzamos la Ermita de San Miguel de Izagaondoa, cuidadosamente restaurada y perfectamente visible desde las poblaciones del valle al estar en el perfil de la montaña.

Hace un rato que me he puesto el gorro cortaviento de forro polar debajo de la capucha, al salir de la zona protegida por la vegetación, las ráfagas de viento se hacen notar, máxime teniendo en cuenta la baja temperatura. La nieve hace acto de presencia también poco después de abandonar la ermita, pero está poco asentada por la continua acción del viento. En pocos minutos alcanzo la cima, envuelta en niebla y con un viento que no invita a quedarse más de lo necesario.

Enseguida emprendo la vuelta, desandando lo andado y habiendo experimentado el viento frío y la nieve por primera vez esta temporada. Y esto solo es el principio.

Salud y Montaña




2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hombre... Yo estuve allí hará cosa de dos meses. Bonito lugar.

Saludos de un ex decathloniano y moncayista frustrado.

Javier dijo...

Miguel!! Vamos a ir al Moncayo el día 12 si hay nieve, sino a San Lorenzo, en La Rioja. A ver cuando subes a Pamplona y organizamos una salida pirenaica!! Saludos